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Madre e hijas cojidas por el mismo hombre

Publicado por fercho212 en Agosto 21, 2009

No es muy fácil para una mujer venir y redactar su vida sexual sin que nos llamen mujeres fáciles o putas- por todas las barreras de tabúes sexuales y  sociales -impuestas en nuestra sociedad.   La misma sociedad que habitamos no juzga por igual a hombres y mujeres.  Si la mujer engaña al marido es una puta- una piruja- pero cuando el hombre es el que engaña es un garañón- un mujeriego.  Quise aclarar esto por que el tema que a continuación les narro es un tema tabú.

Conocí   a un hombre que ha despertado mi instinto de mujer –  estoy atada a este macho  por el deseo sexual que ha despertado en mi y en mis hijas. Mis hijas fueron desvirgadas – desfloradas –abiertas – rotas – como vulgarmente se le dice por mi macho.

Me llamo María. Tengo 37 años. Casada con un hombre de edad madura es un buen marido no tengo la menor duda pero no me satisface en la cama.  Son esporádicas  las noches que me hace el amor  pero no me llena y yo lo busco con desesperación solo para terminar con más ganas.

Por causas del destino, o por que simplemente estaba escrito en mi vida conocí a Juan Carlos. Un tipo al cual llamaban el negro.  Cuando salía  a comprar o a la calle comencé a notar  su mirada sobre mi persona y ala vez  varios tipos comenzaron a seguirme  a donde fuera y cada vez era más estrecho el contacto  no disimulaban  su presencia ni se escondían.

Somos comerciantes con mi esposo, tenía miedo – le comenté a mi marido pero no pasó nada. Cuando menos lo pensé, se me acercaron, uno de ellos vino hacia mí y me dijo. -Señora Juan -el jefe  quiere hablar con usted. No  podía negarme, no tenía alternativa, quería acabar de una vez por todas con el acoso.  Me fui a verlo, tenía miedo, pero no quería demostrarlo, tenía que ser valiente. O al menos  quería demostrar, seguridad.

Cuando llegué a una de tantas bodegas de las muchas que hay  por este barrio, me llevaron por tantos laberintos que nunca supe, en donde realmente me encontraba.  Por fin salimos a un pasillo el cual se conectaba a una puerta, entre y me senté a esperarlo, pensando en todo lo que antes escuche decir sobre su persona, nunca escuche cosas buena, todo lo que se platicaba de el  era,  miedo, temor, odio, rencor, violaciones, muertes, asaltos, robos etc. No entendía para  que le podía servir, si mujeres le sobraban, putas y decentes, casadas y solteras, señoras y jovencitas, escuche muchos mitos sobre su persona, pero no tenía la seguridad de saber si todo era cierto o solo chismes.

Cuando lo tuve enfrente de mi  lo puedo describir como un hombre joven, moreno claro, de un metro noventa, de 30 años,  de 89 kilos, vigoroso. De mirada penetrante, con un olor de loción fina, no vulgar, pero tampoco  de aspecto fino, sino más bien de clase media.  Se me quedó viendo,  se acercó, con paso lento, enfundado en un pantalón de mezclilla, y una playera blanca, con una chamarra negra. Como olvidar ese día si lo tengo muy presente en mi memoria. Ese encuentro marcó el comienzo de una relación entra él y yo,  me convertí en  su amante, en su mujer, en su puta. En las madre de sus hijos.

Puedo dar muchas explicaciones, de cómo lo rechacé, de cómo traté de evitarlo, pero en el fondo no explicaría nada y  me acosó de una forma que no tuve escapatoria, por más que traté de evitarlo y luchar contra mis principios morales de mujer casada, no logré evitar terminar abierta de piernas y ensartada por su verga.

Mi historia.

Comenzó a ir a la casa a visitarme – fue una relación extraña – tenía miedo y morbo, miedo por mi  marido que lo fueran  a golpear o que mandara a que le hicieran algo y morbo de saber que  a pesar de mis 2  embarazos le gustaba a este hombre -  simplemente él me tomó como  su mujer sabiendo que yo era una mujer casada y mi esposo  estuvo de acuerdo.

Como  comenzamos ni yo misma lo puedo explicar, lo único que puedo decirles es que me dejé  llevar por lo que mi  cuerpo a gritos me pedía  y no era otra cosa que sexo. La primera vez que me entregué a él fue un fin de semana,  lo recuerdo como el primer día,  como olvidarlo, si me encontraba nerviosa, asustada, vino a la casa, ya lo esperaba, unos dias  antes había estado con él pero no me penetró,  solamente me estuvo preparando para el momento.   Llegó cerca de las 11 de la noche, le di de cenar, lo atendí como si fuera mi marido, mientras él me recorría con la vista, todo mi cuerpo. Su presencia me daba miedo, pero no podía evitar mirarlo a los ojos cada vez que me acercaba a él.

Terminó de cenar, se metió a bañar, cuando salió del baño  se fue a sentar  a la sala. Me senté a su lado  y comenzamos a platicar, descubrí que en el fondo no era un mal hombre,  estuvimos horas platicando y cuando me besó mi cuerpo comenzó a temblar, mis sentimientos  comenzaron   a traicionarme.  Miles de ideas cruzaron mi mente, pero cuando sus dedos y manos comenzaron a recorrer mi cuerpo,  cerré  mis  ojos. Y me dejé llevar por el momento, por un lado estaban mis sentimiento de madre y de mujer casada y por el otro mis sentimientos de mujer, los cuales afloraron y comencé a besarlo, a cooperar con él,  mis nervios y mis temores se fueron desvaneciendo y  poco a poco  logró vencer la breve resistencia que al principio opuse. Además no tenía escapatoria, de todas formas él quería cogerme y no se iba a detener hasta haberme hecho suya.

Sus caricias y sus besos me excitaron  de una forma que me hizo perder el control. Me llevó en brazos a la habitación, en la misma cama matrimonial que compartía con mi marido en el lecho conyugal- me desnudó sin prisas, sin violencia, cuando me tuvo desnuda, me comenzó a besar todo el cuerpo, mis senos, mi sexo,  toda  me besó y me acarició lentamente. Era la primera vez lo que lo miraba desnudo, y supe por que le decían el negro,  el color de su piel era oscuro claro,   no quiero caer en el estúpido error de contar lo que todo el mundo narra en estos relatos, pero si hay algo que sobresalía de su cuerpo eran sus huevos y el tamaño de su verga. Era considerablemente gruesa y grande en comparación con el de mi marido. Me fue imposible meterme todo su pene  en la boca cuando se la mamé, por más esfuerzos que hice, nunca logré metérmelo completo a la boca. Comencé a toser por el esfuerzo – pero hice mi mejor esfuerzo al mamarle su verga.  El miró en mis ojos,   el miedo y supo calmarme, a diferencia de otros, que presumen de tener una verga grande  él nunca  presumió el tamaño.

Esa noche que me hizo suya, algo dentro de mi quedó ligada a él, en el fondo no quería reconocer que me había gustado la forma de cómo me hizo el amor, tenía una lucha interna, bastante fuerte. Decirles que no gocé sería mentirles, tuve miedo al principio, pero poco a poco vencí mi miedo y me abrí de piernas para que él me poseyera, me fue penetrando lentamente, centímetro a centímetro fue abriendo las paredes de mi vagina hasta que logró ensartarme completamente.  Comenzó a moverse, rápido, con un mete y saca que me ponía  loca, hasta que logró hacerme explotar, mi primer orgasmo fue fenomenal, comencé a gritar, a mover mi pelvis, a rotar mis caderas de un lado para otro, hasta que lo senti explotar, dentro de mi vagina.

Al principio, cada vez que él me penetraba  lo hacía con  preservativo,  después conforme pasó el tiempo me penetraba sin condón. Mi esposo  me compró unas inyecciones para que no fuera a quedar preñada.

Mi vida dio un  giro  enorme,  me convertí en su mujer. Me cogía en cualquier lugar de la casa, en la cocina, en la sala, en la cama, en el baño, por más que trataba de no gritar cuando él me estaba cogiendo, no podía evitarlo, cuando su verga comenzaba a penetrarme me ponía loca, comenzaba por estimular mi clítoris, con sus dedos y con su lengua haciéndome estallar de placer. Para después comenzar a penetrarme, se subía sobre mi y me abría toda de piernas  y comenzaba mi lucha por alojar toda su verga en mi vagina, comenzaba a penetrarme despacio, y me besaba, me mamaba los senos, hasta que yo comenzaba a mover mis caderas, él me ensartaba por completo, hundiendo toda su verga en mi vientre  y comenzaba a cogerme.

Al principio lo hacía despacio pero una vez que estaba dentro de mí comenzaba con un mete y saca que me volvía loca, me cogía bocabajo tomando mis caderas con sus manos de perrito y comenzaba a meterme toda su verga, me impulsaba hacia delante cada vez que me ensartaba, sentía que su verga me saldría por la boca y terminaba dentro de mi matriz, bufando, gritando como poseído, descargando todo su semen en lo más hondo de mi vientre.

Cuando él estaba en la casa siempre andaba desnudo, o  en ropa interior, yo le pedía  que me cogiera cuando mis hijas no estuvieran en la casa, o las mandaba a comprar, tratando de protegerlas. Comenzaron los rumores en el barrio y todo el mundo me comenzó a señalar  como la nueva puta del jefe. No me lo decían directamente por temor a él,  pero los chismes comenzaron a circular, que opté por  salir  a la calle lo menos posible. Mi esposo se hacía cargo del negocio solo.

Juan Carlos, el negro,  se ausentaba de la casa por semanas y meses,  en una ocasión tardo más de un mes en regresar. El hecho de que se ausentara tanto tiempo me molestaba, me ponía celosa, histérica. Andaba de mal humor.

El día que regresó,  venía  con olor a licor,  intentó besarme y me resistí,  me siguió hasta la cocina y me pegó contra la pared, hice el intento de resistirme, pero de nada me sirvió, comenzó a tocar mi cuerpo, a besarme lo empujé para que me dejara y me dio una  cachetada que me hizo trastabillar, comencé a llorar, me tomó en sus brazos y me besó. Con sus labios secó mis lágrimas, tenía que reconocer que estaba celosa.

Me cargó en vilo como si fuera una muñeca y me llevó a la cama. Me despojó de mis ropas, sus manos comenzaron a tocar  mi cuerpo, bufaba como un animal, miré su verga rígida, dura, impresionantemente grande. Cerré mis ojos y me dejé llevar, por los impulsos de la carne, sus manos me acariciaban y  lo dejé que me hiciera lo que él quisiera.  Mi corazón latía a una fuerza desmedida. Me senté sobre la cama. Se tomó su verga con las manos y se dirigió a mí con ella. Abrí mis labios y  comencé a mamarle su verga. Al último fui yo la que lo buscó, no me importó nada más que tenerlo dentro de mí.  Me tendí sobre la cama y al momento  me abrí de piernas.

Comencé a temblar  cuando sentí su lengua en mi panocha,   me mamó  completa,  separaba los labios de mi gruta con sus manos dejando mi rajada a merced de su lengua. Comencé a gemir, a retorcerme, a gritar como una  putita,  que  me olvidé de mis hijas de mi esposo.  No me importó que ellas escucharan mis gemidos mis gritos. Estaba en ese momento poseída por el deseo. Sus manos me separaron mis nalgas y su lengua comenzó recorrer la separación  de ellas provocándome un gemido, su lengua continuó con su recorrido y llegó a mi  culo,  me sentía en el paraíso jamás imaginé que esa área del cuerpo diera tanto placer. Sus dedos trabajaban mi concha que exploté en un orgasmo y comencé a gemir, a rotar mis caderas buscando que su verga me ensartara.  No Importaba nada en ese momento que no fuera otra cosa que sentir como su verga me penetraba.

Hice el intento de levantarme de la cama y tomar la pastilla por que había dejado de inyectarme – pero no me dejó – por favor le volví a decir, déjame tomar la pastilla, ya no me estoy inyectando, puedo quedar embarazada, me puedes preñar, no me hizo caso,  solo me dijo,  si te preño, pues te preñé, no serás la última ni la primera.

Se subió sobre la cama y con sus manos me abrió de piernas y me empezó a coger de una forma que me transformé  y comencé a gemir y gritar como loca cada vez que su verga me ensartaba  con un mete y saca que era lento y la vez fuerte, lo sentí llegar a lo más hondo de mi vagina,  perdí la noción de las  horas, no me importaba nada. Solo que nunca terminara.

Un remordimiento cruzó mi mente,  al acordarme de mi esposo y de mis hijas, pero al sentir  sus  embestidas dentro de mi concha me olvidé por completo y me entregué a él sin recato alguno. Lo rodeé con  mis piernas por su cintura evitando que su verga se  saliera de mi concha, lo quería todo dentro de mi cueva,  no me importó comportarme como una puta. Y lo alentaba a que me clavara hasta el fondo. Mientras me cogía trataba de meter sus dedos en mi culo,  era una sensación nueva en mi cuerpo, nunca antes un hombre trató de meterme algo por mi ano que aventé mi culo con fuerza para que su dedos entraran.

Estuvimos en la cama cogiendo como animales en celo como  una hora y por fin estalló    y  explotó dentro de mi vagina.

Terminé agotada pero contenta…

Continuará

Autora. Maria Hdz

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Tratame como a una puta

Publicado por fercho212 en Julio 29, 2009

Eran más de las 8:30 pm y yo apenas iba saliendo de la oficina. Me llamo Daniel y trabajo en el DF, en el sur de la ciudad, pero vivo en Cuernavaca (CIVAC), así que viajo diario de la casa al trabajo y bis. Hoy tenía mi esposa una reunión con sus compañeros de trabajo y le había prometido llegar más temprano a la casa, pero las cosas en el trabajo se complicaron y para colmo era viernes, el periférico estaba lento como una tortuga.

Por fin después de más de una hora de viaje llegué a la casa, eran casi las 10 pm y yo había quedado de estar a las 8.00, saludé a los invitados y a mi esposa que me echó una mirada de pocos amigos de lo enojada que estaba. Yo disimulé como si todo estuviera bien y me disculpé por la tardanza, para el colmo estaba a tomando un medicamento que no se llevaba con el vino y tuve que tomar solamente refresco.

Como vi a mi esposa enojada me integré a la plática de los invitados, eran dos matrimonios, mi esposa y una amiga que iba sola y yo. Todo fue bien, la reunión se animó, bailamos, uno de lo invitados llevaba su guitarra, así que hubo momento bohemio y cantamos, hasta que nos dieron las 3 de la mañana. Mi esposa y todos los demás le entraron duro a la bebida así todos sin excepción estaban entonados.

Los dos matrimonios se despidieron y se fueron, la amiga de mi esposa de nombre Diana, se sirvió otra copa y platicaba con mi esposa mientras mi esposa le pidió un taxi, yo me subí a mi recámara dispuesto a dormir, apenas me estaba quedando dormido, cuando mi esposa me habla. Yo más dormido que despierto le pregunté que pasaba, ella me dijo que llevaban más de una hora y que el taxi no aparecía y en sitio ya no le contestaban, así que quería que llevara a su amiga hasta su casa.

Puse cara de enojo por que Diana vive hasta el otro lado de la ciudad (Rancho Cortes) y me haría como una hora en ir y regresar, pero me amenazó diciéndome, me las debes, no creas que sAñadir una imagene me ha olvidado que llegaste tarde. Tuve que vestirme a regañadientes, pero ni modo tenía que complacerla para no discutir.

Bajé y Diana estaba muy tomada, se le notaba en la cara, se disculpó y yo le dije que no se preocupara, la ayudé a subir al auto en el asiento de adelante y le abrí la puerta a mi mujer, ella me dijo que no se sentía muy bien (también se sentía ebria) así que me pidió que la llevara yo solo, que ella se iba a dormir. Ni modo me arranqué y tomé el rumbo de la casa de Diana.

Ella me daba plática y yo hacía como que le hacía caso, pero en verdad iba muy encabronado. Diana buscaba en su bolsa sus cigarros, pero al parecer los había olvidado en mi casa, así que en el trayecto me pidió que detuviera al frente de una vinatería que atienden las 24 hrs.

Cuando me paré, le pedí que no se bajara, y yo me bajé a comprarle los cigarros, aún lado de la vinatería se encontraban tres prostitutas, vestidas muy provocativamente, no pude soportar la tentación de mirarlas y al ver que las estaba viendo una de ellas se me acercó ofreciéndome sus servicios. La verdad me dio pena, por que sabía que Diana me estaba viendo, y le dije que no, la prosti insistía al grado que me se me acercó y me decía que calara la mercancía y me señalaba sus nalgas.

Yo me di la vuelta y compré los cigarros, el tendero se reía de mí, pues había visto la escenita. Todavía pasé a un lado de ella y me dijo “ándale papacito anímate, te cobro barato” yo me hice el tonto y me subí al auto, lo arranqué de prisa y seguí mi rumbo, ni siquiera volteé a ver a Diana, si no que solo le di sus cigarros.

De reojo vi que Diana se reía, más encabronado me puse, ella me dijo “¿tienes tu pegue eh?” y se seguía riendo mientras encendía su cigarro, yo no le hice caso y seguí manejando. De repente Diana me dice “me gustaría ser puta”, yo me quedé anonadado por lo que acaba de escuchar, y la vi con ojos de incrédulo (pensé esta vieja está muy tomada).

“Si”, me repitió, “me gustaría ser puta, una de mis más anheladas fantasías es ser poseída por un desconocido, que utilice mi cuerpo como fuente de su placer y me de el trato de una puta, que me haga suya sin importarle si me satisface o no”, “por si no lo sabes es una fantasía muy común entre las mujeres”. “Crees que no la haría de puta, veme no estoy muy jodida que digamos, mira mis senos están todavía muy bien sin sostén se sostienen muy bien.

Yo me hice nuevamente el tonto, ella se agarraba las tetas, las tomaba con las manos y se los veía. No me crees me preguntó yo la volteé a ver”, “checa”, me dijo y me tomó mi mano derecha y se la puso en uno de sus senos, toca para que sientas, yo retiré mi mano y le dije que si con la cabeza. Eso me hizo entre gracia y asombro, lo que si logró es que me calentara.

Seguí manejando y ella seguía viendo sus senos, luego me dijo mira mis piernas, no están mal, hago bastante ejercicio, desde que me divorcié me metí a un gimnasio y me conservo bastante bien, se subió su vestido hasta casi vérsele la panti, me hizo nuevamente que le tocara las piernas para comprobar lo que me decía, esta vez no me dejé inhibir y le acaricié las piernas, ella no hizo nada solo seguía fumando, metí mi mano en medio de sus piernas y hasta se acomodó para que mi mano entrara más, le sobé su sexo y sentí como mi verga se ponía erecta.

Le frotaba su sexo por encima de su panti y no decía nada, hasta que me animé y le hice a un lado el panti, le toqué su sexo, estaba húmeda, mis dedos se perdieron en él, mi dedo medio buscó su clítoris, y lo empezó a estimular, ella cerraba los ojos y fumaba, yo estaba realmente caliente, así que busqué un lugar para pararme, me metí a una calle cerrada y apagué el auto.

Le empecé a besar el cuello y cambié de mano, ahora la estimulaba con la izquierda, bajé mi cara hasta sus senos y se los empecé a besar, le bajé el vestido hasta sus hombros y el sostén, hasta descubrirle sus tetas, le empecé a chupar sus pezones y entonces hasta del cigarro se olvidó, me tomaba de la nuca y me atraía hacia ella, lo malo de todo es que estaba muy incómodo dentro del auto y no podía hacer más, ella también se dio cuenta y me dijo, por que no esperas a llegar a mi casa ya esta aquí a la vuelta, mi muchacha no está y podemos utilizar el cuarto de servicio. Yo asentí y volví a mi lugar, prendí el auto y me apresuré a llegar a su casa.

Nos bajamos sin hacer ruido, ella abrió la casa, pero no prendió la luz, me tomó de la mano y me guió en la oscuridad, hasta llegar a una habitación, prendió la luz de la habitación y nos metimos, cerró la puerta.

Yo me lancé sobre de ella, nuevamente le bajé el vestido y el sostén hasta sus hombros, y me ensimismé sobre sus tetas, con mis manos le sobaba sus nalgas bajó su panti, ella cerraba los ojos y me atraía hacia ella con sus manos en mi nuca, lo volteé me puse a su espalda de ella, le besé el cuello y desabroché sus vestido y el sostén, ella me ayudó quitándoselo por debajo de las piernas, solo se quedó en zapatos y con su panti.

Se dio la vuelta yo me le quedé viendo, su cuerpo estaba bien conservado, las piernas estaban bien torneadas y sus tetas como ella ya lo había mencionado estaban firmes, eran de tamaño regular, tenía los pezones pequeños, pero bien erectos.

“Bien putita”, le dije, ahora vas a ver que se siente. Ella hizo una mueca de risa pícara, me desabroché mi pantalón y me lo quité, mi verga se quería escapar de mi calzón, me quité también el calzón y la hice que se hincara, ella entendió bien el mensaje y directamente tomó con una de sus manos mi miembro y empezó a masturbarlo, luego utilizó su lengua.

Se ve que le encantaba hacer aquello, pues me provocaba unas sensaciones bastantes intensas, yo le tomaba la cabeza por la nuca y hacía que se lo comiera todo, y le decía “cómetelo todo putita, saboréalo”, “vamos, se ve que te encanta mamármelo”, y las palabras hacían su efecto, pues ella hacía gala de su experiencia.

Después de un rato, le hice la seña que se pusiera de pie, le quité su panti y la hice que se pusiera en cuatro sobre la cama, me puse detrás de ella y le empecé a besar sus nalgas y a utilizar mi lengua sobre su ano y su sexo, “estás buena putita”, mis dedos acariciaban sus labios vaginales mientras con mi lengua le recorría las nalgas y su ano, sentía sus estremecimientos cuando pasaba mi lengua sobre su ano, mis dedos jugaban con su clítoris, podía ver como su vagina se abría toda llena de baba, combinación de mi saliva y de sus fluidos.

Después de un rato de dedearla y lengüetearla me decía “ya métemela papacito, ya métemela”, así que al cliente lo que pida, se la dejé ir de un solo golpe, le entró fácilmente y sentí como su cuerpo se contrajo para recibir mi miembro. La tomé de la cintura y la penetraba con fuerza, el golpeteo de mi pelvis contra sus nalgas se oía de manera estupenda, ella me decía, “así papacito no te pares, no te pares”, yo le daba con más fuerza, de vez en cuando pasaba mis manos sobre sus tetas y le pellizcaba los pezones.

Luego la tomaba del pelo y hacía fuerza para penetrarla más al fondo, “te gusta putita”, “te gusta sentir mi verga hasta el fondo”, ella me contestaba “así, así papacito, métemela, no te pares”, solo vi como sus manos apretaban contra la colcha de la sábana.

Mi cuerpo sudaba copiosamente y el de ella también. Me cansé de penetrarla de esa manera así que me salí de ella y le dije “ahora te toca arriba”, me acosté en la cama y ella se colocó por encima de mí, pero antes de dejarla que se insertara mi miembro, bajé mi cara a la altura de su sexo y le volví a dar una mamada su vagina, le succionaba el clítoris, mientras con mi mano derecha le hundía un dedo en su ano, se empezó a mover su pelvis tratando de restregar su sexo en mi cara, yo no dejaba de utilizar mi lengua y de chupar su vagina hasta que se vino.

Se le puso la piel chinita, chinita y retiró su pelvis de mi cara, eso lo aproveché para acomodarme y hacer que ahora se insertara mi verga, comencé a moverme muy despacio, pues veía que se estaba recuperando de su orgasmo, luego sentí como poco a poco ella empezó a menearse a mi ritmo, le sobaba sus tetas, retorcía sus pezones, ella apoyaba sus manos en mi pecho y contoneaba sus caderas, así estuvimos buen rato, hasta que me dijo, “Quiero que termines en mi cara”

Yo ya tenía ganas de terminar así, que la hice que se me quitara de encima y se sentara el borde de la cama, yo me puse de pie enfrente de ella, me tomó del miembro y empezó a masturbarme, me daba pequeñas mamadas y no dejaba de sacudirme el pito, yo mientras le acariciaba las tetas y sus pezones, me besaba el pecho, hasta que le dije “me voy a venir”, me intensificó el masaje hasta que empecé a aventar chorros de semen, cerré los ojos y sentí como todos mis músculos se tensaron, me vine de una manera deliciosa, cuando abrí los ojos vi que toda mi leche la tenía en la cara, sacudía mi verga sobre sus mejillas, con todo mi semen embarrado.

“Que rico papacito, nunca había hecho esto, lo había visto en películas XXX, pero nunca habían terminado en mi cara”, “eres un amor”. Yo solo esbocé una sonrisa, por lo menos le había gustado. Me vestí de prisa, miré el reloj eran las 4 de la mañana. Me despedí, no sin antes advertirle que no había pasado nada, ella se sonrió y me dijo “no te preocupes, nadie sabrá nada”.

Me subí a mi auto y me fui a la casa, de regreso volví a ver de pasada a las prosti que seguían a un lado de la vinatería y solo me reí. Llegué a mi casa cerca de las 5 de la mañana, me acosté y me que bien dormido. La luz del sol me despertó, estaba todo adolorido, mi esposa no estaba ya en la cama, me levanté y fui al baño, mi esposa se estaba bañando, la saludé y me dijo uyyy, me duele la cabeza horrible, luego que te fuiste a dejar a Diana me quedé dormida, ni sentí cuando llegaste, ayer se nos pasaron la copas, Diana estaba muy tomada.

Yo solo me reí y le dije, tomate unas aspirinas y un té de manzanilla, yo voy a seguir durmiendo un rato más.

Autor: Gato Negro

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mi primera vez con mi cuñadita

Publicado por fercho212 en Julio 21, 2009

Pues es la primera vez que escribo un relato y siempre me gusta leer relatos de sexo de infidelidad con las cuñaditas e intercambios y me caliento mucho al leerlos e imaginarme las historia y a decir verdad muchas veces me masturbo con los relatos.

Este relato es 100% real y sucedió un sábado pues estoy soltero y tengo una novia que de nombre le pondré Jennifer, tiene 24 años encantadora, no es flaca pero ni muy gorda, es hermosa tiene grande senos, buen trasero y su cuerpo es riquísimo y hacemos el amor siempre que podemos.

Soy de Honduras C. A. mi nombre es Antonio, tengo 26 años, mido 1.69 trigueño claro, pelo castaño, ojos verdes y tengo un buen cuerpo, mi novia tiene dos hermanas, una se llama Ruth de 22 años y la otra Anita, de 19 años, las dos son flacas pero tienen un lindo cuerpo, yo las admiro mucho y siempre la que me llama la atención es Ruth, una morena, flaca, pechos pequeños pero paraditos, un trasero lindo, pelo castaño, siempre que iba a donde mi novia platicaba con ella y mis cuñadas, y ya cerca de las 6:00 de la tarde mi cuñadita Ruth se iba a bañar, ya que ellas siempre se bañan tarde, y en su casa había un patio, yo siempre me iba a tomar aire fresco, era la excusa perfecta para ir a espiar a mi cuñadita, en su cuarto había una ventana, después de bañarse mi cuñadita se iba a su recámara a cambiarse…

Ese día yo me acerqué a la ventana y cual fue mi sorpresa, miré a mi cuñadita desnudita, con gotas de agua en su cuerpo, secándose, y yo estaba super excitado y a la vez nervioso de que me fueran a ver y me tocaba el pene ya erecto por encima del pantalón, le miraba su pechos hermosos y un pezón oscurito, su vulva la tenía depiladita, solo con un poquito de pelitos, fue riquísimo verla así desnuda, ahí estuve hasta que ella se puso una tanga negra y sostén, se cambió y yo me fui para dentro de la casa para que no sospecharan nada, ese mismo día la otra hermanita de mi novia, que se llama Anita se fue a bañar y fui a mirarla desnudita, tenía su concha peludita por completo, se miraba rica y yo estaba super excitado y caliente de ver esas dos mujeres desnudas.

Yo siempre que podía me metía al cuarto de mis cuñadas, supuestamente a secarme la cara, y miraba sus calzones e hilos de mis cuñadas en su cama, y me llevaba uno de Ruth a mi casa a olerlos y a pajearme en ellos y al día siguiente  los devolvía y a  veces le hacía el amor a mi mujer pensando en mi cuñada.

En febrero del 2007 mi novia y mi cuñada Ruth se fueron a la capital a estudiar en la Universidad, me puse triste porque mi novia se iba para a estudiar, pero quedamos que yo iría todos los fines o ella vendría.

Un sábado me fui a la capital a verlas y llegué a su apartamento les toqué la puerta y salió mi novia a recibirme mientras mi cuñada se despertaba y platicamos y ya como a las 8:00 PM, nos pusimos a jugar naipes (el famoso con quien) y yo casi siempre le ganaba a ellas, mi novia ganó varias veces y mi cuñada solo ganó como dos.

Llegó la hora de cenar y dejamos de jugar y cenamos y ya como a las 11:00 PM como solo había una cama quedamos que dormiríamos los tres en la misma cama y se imaginaran yo emocionado de dormir con ellas dos, pues yo empecé a tocar a mi novia que dormía  solo en hilo color negro y yo decidí dormir solo en bóxer, le empecé a besar la concha de mi novia, que tenía un olor riquísimo, y me dijo que no hiciera ruido para no despertar a mi cuñada, ya excitada mi novia le dije que me la mamara…me dijo que la tenía grande con mis 19 cm y gruesa, después me la cogí por la concha y ella gemía, ahaaaa, ummmmmmmm, si papi…Másssss. Que rica la tienes…

Yo estaba super excitado pensado en mi cuñada y a la vez que me cogía a mi novia le tocaba el trasero a mi cuñada por encima de su short pero con cuidado para no despertarla y terminé en los pechos de mi novia tocando a mi cuñada, le dije a mi novia, -Que rico hacer el amor estando otra persona y ella dijo que Siiiiiiii.

Después nos dormimos pero yo decidí dormir en medio de las dos y ya en la mañana abrí los ojos y para mi sorpresa mi cuñadita tenía su cabeza encima de mí, aun dormía y mi novia se despertó y me preguntó, ¿Que está pasando? Le dije, No se porqué está encima mío. Y mi novia se fue a comprar cosas de comidas, me quedé solo con mi cuñada, estaba acobijado sin bóxer y me quedé dormido unos 5 minutos,  abrí los ojos y miré a mi cuñada sentada viendo a mi entrepierna y para mi sorpresa yo estaba sin cobija y con el pene parado, mi cuñadita sorprendida, al ver mi pene erecto, y yo me hacía el dormido para verla que hacía.

Recordé que una vez me dijo mi novia que mi cuñadita Ruth estaba enamorada de mí, para mi sorpresa ella empezó a tocarme el pene erecto, me desperté y ella se asustó, le dije, cálmate que si quieres  puedes seguir tocándomelo, puedes hacer con el lo que quieras, ella me respondió ¿En serio?…Ssiii, y empezó a manármela muy rico y llenármela de saliva, ella me dijo que siempre quiso hacer eso y que su hermana disfrutaba con ese mazo tan rico, le pregunté  si quería disfrutar con mi herramienta y ella respondió que Síííí, sin perder tiempo le susurré…que era mi turno, la desnudé y le besé todo su cuerpo, sus pechos, su concha, que ya estaba muy húmeda…

Así estuve un buen rato y me gritó… Metémela, aaaaaaaaa, por favor, yaaa, ¡que quiero sentirla dentroooooo!, empecé a metérsela muy rico y sin condón, ella gemía de placer y excitación y de ahí se sentó en mi pene y ella gemía de gozo de la riquísima cogida que yo le estaba dando. Y me decía cogete a esta rica  puta. Si putita, golosa, te la meteré duro como te gusta.
Uhhhhhhhh, estás riquísima cuñadita, siempre quise cogerte, y darte una pisadita rica y la muy puta me dijo… Siii papi, cogeme por la concha  y la puse de torito, se la metí hasta el fondo y ella gritaba, Aaaaaaaaaghhhhh, que rico  papiiiiiiiiiiiiiiiii, si mássssss, másssssssss,  le di vuelta y la puse con los pies en mis hombros y se la metía duro y rico gozando de mi amada cuñadita por más de una hora,  siempre la deseé, terminamos al mismo tiempo, yo en su rica cuca llena de semen y me dijo…No hay problema por un embarazo porque se le acabada de terminar la regla y le susurré en su orejita… Cogés más rico que tu hermana, y nos reímos.

Nos fuimos a bañarnos los dos y  volvimos a hacer el amor rico, nos cambiamos y mi novia llegó como a los 5 minutos, nos preguntó que estuvimos haciendo… Jugando naipes y que mi cuñadita Ruth me ganó, mi novia le dijo… Hermana eres buena jugando y yo les dije ¡muy buena!

Ahora ellas están aquí en la ciudad y siempre que podemos cogemos con mi cuñadita rica y hermosa, siempre mi cuñadita camina en mini falda y short en su casa y ya me la he cogido en su cama y en la cama de mi suegra. Es riquísimo coger a una cuñadita.

Espero su comentario o ideas.

Autor: Tarzan

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Mi relación con “Peque”

Publicado por fercho212 en Julio 16, 2009

Hola amigos, me llamo Javier y quiero compartir mi relación con mi hermana Peque (omito su nombre pero en casa la llamamos así).

Tengo 32 años y soy de Madrid, todo comenzó hace 7 años, yo tenía 25 y ella 18. Ella ha sido siempre la niña de mis ojos, debido a la diferencia de edad pude ir viendo como mi “muñeca” se iba convirtiendo poco a poco en una jovencita preciosa, mide 1″60 m. y tiene un cuerpo precioso, sus piernas están muy bien torneadas de haber jugado al balonmano, su cintura es de la talla 38, tiene el culito duro como una piedra, un poco respingón, su cabello es oscuro, melena hasta el hombro, unos ojos azules inmensos y unos labios que son regordetes, carnosos y sus tetitas… perfectas, sus pezones son de un color marrón claro, redonditos, de unos 7 centímetros y una talla 90 de sujetador, una preciosidad, es una locura verla embutida en un pantalón de cuero o en una minifalda… podéis haceros una idea que muñequita tengo por hermana. Vivimos en un piso no muy grande, de unos 100 m2 y las apreturas son frecuentes. Cuando era jovencita no era inusual verla al salir del baño con una toalla que medio la tapaba o vestirse en la habitación con la puerta entreabierta.

Mis pensamientos no fueron nunca más allá de ver la bella mujer en la que se estaba convirtiendo. Llegó un día que al regresar a casa de trabajar, alrededor de las cinco de la tarde, entré disparado al baño, estaba toda la casa con las persianas a medias, todo a media luz y en silencio y no se oía un solo ruido, fui corriendo hacia el cuarto de baño como casi siempre, abrí la puerta de golpe, pensé que no había nadie, yo tampoco hago mucho ruido, así que mi hermanita no se dio cuenta y siguió arreglándose tranquilamente. Al entrar ella estaba completamente desnuda frente al espejo con los ojos cerca del cristal, con el cuerpo húmedo y al entrar con esa rapidez nos quedamos los dos sorprendidos, ella se giró rápidamente hacia mí y se tapó el pubis con las manos intentando taparse los pechos con los brazos, pero le sobresalían y tenía al descubierto sus pezones, redondos, duros, bonitos, un color chocolate claro. Nos quedamos mirándonos durante unos segundos, ninguno reaccionaba, me miró sonriendo y me dijo: – ¿Qué…, está buena tu hermana? Yo me quedé mirándola a los ojos a través del espejo y le contesté: – Muchísimo.

Miré hacia abajo (soy más alto que ella, mido 1″80 y miré sus pechos adelantados, firmes, duros, bajé los brazos acariciando los suyos, era un momento de una tensión erótico importante para los dos, me había percatado que mi hermana también se estaba excitando, rodeé con mis brazos su cintura, subí las manos hacia arriba y le cogí sus pechos, me acerqué a besar el cuello de mi hermana dulcemente, me apartó las manos suavemente se giró, me abrazó y me dio un beso en la boca, largo, dulce, apasionado mientras se apretaba contra mí, yo le agarré el culo, me llamó la atención lo duro que lo tenía, aplastaba su vientre contra mi polla, estaba que se me salía del pantalón, separamos nuestros labios y nos miramos, se quedó sonriendo, la miré a los ojos y le dije: – Peque…, esto es una locura. Ella contestó: – Hermano, que bueno estás y ¡cómo besas!

Yo me quedé perplejo, sonreí, la di un beso en los labios y le dije: – Anda arréglate que te están esperando. Cuando terminó de arreglarse estaba yo en la cocina y ella se iba. Me dijo: – Hasta luego hermanito. Se acercó a mí me dio un abrazo, me besó dulcemente en los labios y se fue. En tono de broma mientras salía le dije: – Ten cuidadito y el que se arrime a ti lo capo. Ella sonrió y bajó por las escaleras. En un principio la cosa quedó ahí, ni que decir tiene que tuve que correr a hacerme una paja entes de tomarme el café.

Durante los días y las semanas siguientes todo se reducía a que ella me tocara el culo al cruzarse conmigo y cuando se iba a dar un paseo con sus amigas a darme un beso en los labios, algunos abrazos y a un juego de seducción por parte de ella. Empezó a pasear ostentosamente en ropa interior, se levantaba más tarde que yo y cuando me quedaba yo en la cama ella se acercaba a mi habitación con sus braguitas y sus sujetadores provocativos para despertarme.

Un par de meses después cumplió los 19 años y se fue con unas amigas a una playa de Valencia. Volvió quince días más tarde y yo estaba solo en casa, todos estaban trabajando, total que fui yo quién la recibió en casa. Se la veía que venía muy bronceada y se lo dije. Ella contestó: -¡Vengo negra! . Yo me iba a ir con mis amigos a dar un paseo y estaba en el recibidor de la casa. Se me presentó en ropa interior muy sexy y me dijo: – Mira cómo vengo…

El sol se le había pegado mucho, me fijé en sus pechos y por encima del sostén se la veían dos triángulos blancos, las marcas de su bikini, me quedé un poco alucinado y le dije: – No me digas que no has hecho topless…

Me dijo que no que una de sus amigas se había llevado al novio y no hacía más que mirar a todas con cara de salido y le daba corte. Seguimos hablando mientras nos mirábamos en el espejo del recibidor, un espejo de unos 2×1″20 metros y me dijo: – ¿Y la espalda qué? mientras se bajaba la braguita hasta la mitad y me mostró su culito blanco, respingón, el ambiente se iba cargando, ya era visible la tensión erótica en los dos otra vez, le acaricié el culito y mi hermana se quedó fija mirándose al espejo, la abracé por la cintura y subí mis manos hasta su pecho, acariciando su piel, le dije: – Que boba has sido, teniendo el cuerpo que tienes no me lo hubiera pensado dos veces, mira, te han quedado esas marcas y tienes un pecho maravilloso.

Mientras tanto le había bajado los tirantes del sostén y estaba empezando a dejarle sus tetitas al descubierto. Se los agarré con ternura, se los acaricié mirándola al espejo, mi pene estaba empujando hacia fuera del pantalón, mi hermana lo notó y empezó a apretar su culito contra mi paquete. Pasaron así unos dos minutos, no decíamos palabra, la quité el sostén y la dejé sólo con las braguitas, la giré hacia mí y me abrazó, empezó a besarme en la boca, dulcemente, estábamos acariciándonos, me parecía mentira que eso volviera a estar pasando con mi hermanita, con mi Peque…

Empecé a bajar mi boca hacia su cuello, sus pechos, la besé por todas partes, la besé los pezones, se los lamía apasionadamente, como si no lo hubiera hecho nunca, con dulzura, se le pusieron duros, preciosos, empezó a emitir unos gemiditos mientras la recorría con la lengua, ella me sacó la camiseta, me acariciaba, agarraba mi culo,  me besaba por donde podía. Estábamos los dos en el recibidor de la casa terriblemente excitados, empezamos a dirigirnos hacia su habitación poco a poco mientras nos besábamos, cuando llegamos a su habitación le dije:

- Peque, yo no sé que pensarás pero tengo unas ganas locas de hacer el amor contigo, esto no lo hubiera imaginado nunca. Ella me contestó: – Javi, no lo he hecho nunca, soy virgen.
Me dejó descolocado, yo pensaba que por lo menos alguna vez lo habría hecho con algún chico, pero allí estaba en aquel instante, casi desnuda diciéndome que no, que nunca. Le pregunté si quería hacerlo, que si no quería que ahí se acabara todo y no pasaba nada.
Ella accedió dijo que sí, que desde algún tiempo le rondaba la cabeza, desde que la vi en la ducha, desde que me besó, que quería que fuera yo quien le hiciera perder su virginidad, le dije que no me lo creía que fuese virgen y su contestación fue que no se había hecho la miel para la boca de un cerdito. Empezamos a besarnos con más furia, más dulzura que nunca, la tumbé en la cama y mientras besaba sus pezones empecé a bajar sus braguitas, estaban empapadas, le sequé un poco su coñito con las bragas y empecé a besarla por el vientre, ella gemía sin parar, le pasé la lengua por la cara interior de los muslos, besándola por todas partes, mientras ella decía: – Así, Javi, así, bésame, tócame, acaríciame, chúpame, umm, que rico…, ssiiiiii.

Estaba recorriendo con mi lengua todo su cuerpo y me acerqué a su almejita, tenía una almeja pequeñita, rosada, sin mucho pelo, peinado hacia el centro, su olor me volvía loco, empecé a lamérsela como si fuera la cosa más exquisita que hubiera llevado a mi boca jamás, introduciendo la lengua en el orificio de su vagina, besándola el clítoris, chupando sus pequeños labios, bebiendo los jugos que me brindaba, disfrutando como loco de comerme el coñito de mi Peque, ese coñito virgen, nuevo, sin usar, siendo el primero que gozara de ella, sentí que tuvo su primer orgasmo en mi boca, me apretó la cabeza contra su almejita mientras se estremecía, bebiendo su oleada de jugo, la seguí dando con mi lengua, no quería introducirla ni un dedo, me incorporé, la miré a los ojos, estaba casi desencajada, me dijo “Javi, ¿que me haces?” La besé en la boca y le transmití sus jugos.

Estaba en una nube, me arrodillé frente a ella, me acariciaba mi miembro, me besaba por todo el cuerpo, veía que le daba vergüenza metérsela en la boca, le dije que me la besara, que la disfrutara y ella me contestó que no sabía, yo la expliqué que la chupara como si fuera un helado que tuviera muchas ganas de comer, despacio, poco a poco. Acercó sus labios, la empezó a lamer poco a poco, yo me retorcía de placer al ver esos labios carnosos y sensuales alrededor de mi polla, estaba que reventaba, poco a poco fue cogiendo el truco a eso del francés y era una delicia cómo la chupaba. Estábamos los dos retorciéndonos como dos culebras y estaba a punto de correrme, le avisé que me iba a correr y no apartó su boca, siguió chupando con más fuerzas.

No pude aguantar más, me corrí, una corrida bestial, dentro de su boca, ella se tragó hasta la última gota, le aparté la boca y me dio un beso, sabía a mi semen, descansamos un par de minutos y volvimos a empezar a besarnos, bajé otra vez hasta su almejita y empecé a lamerla con locura, volvió a empezar a gemir y se corrió de nuevo en mi boca. Me aparté y la dije que esperara un momento que iba a por un preservativo. Me dijo que no, que no hacía falta, que quince días después del primer roce empezó a tomar la píldora, que me quería sentir en toda mi plenitud. La tumbé en la cama, me coloqué encima de ella y la calenté un poco más, acariciando con mi polla su almejita, tapé con la cabeza de mi pene su entradita, la di un beso cuando la tuve encajada y la dije: – Mírame a los ojos, relájate.

Empecé a empujar poco a poco, despacito y mi hermana gimiendo, dando grititos entre el dolor y el placer, se la metí un poquito hasta que noté la barrera de su himen, mientras ella se tapaba la boca con las manos, seguí bombeándola, con mucho cuidado, no quería hacerle daño, (no es que yo sea ninguna cosa de otro mundo pero 20 cm. para una primeriza hay que tener un poco de cuidadito) Le seguí empujando hasta su barrerita, apreté un poco hasta que cedió y paré, descansé un instante y se la metí hasta el fondo, mi niña no pudo aguantar más, destapó su boca y empezó a gritar: – Siiiii, fóllame hermanito, destrózame, que dolor más rico… métesela a tu hermanita pequeña… me gusta… mi Javi…

Qué maravilla, yo callaba, sólo quería disfrutar ese momento tan maravilloso, empezó a desbocarse, tuvo un orgasmo tremendo, se le estremeció la vagina, vibraba, ella chillaba de placer, me corro… me corro… empezaba a decir, cambiamos de postura, empezó a cabalgar sobre mí, la puse a cuatro paras, la tumbé de espaldas a mí en la cama, se la metí en todas las posturas que se me ocurrían, de pie, la tenía en vilo y la metía hasta que chocábamos con la pelvis, chillaba como una loca, me la estaba follando viva, era una máquina de tener orgasmos, yo alucinaba, me estaba follando a mi hermana por primera vez, su primera vez y vi que era multiorgásmica, yo ya había tenido relaciones con unas cuantas chicas pero con ninguna había disfrutado como estaba disfrutando con mi hermana, estaba a punto de reventar y vi que se iba a correr ella por quinta o sexta vez y la pregunté: – ¿Dónde quieres me corra? A lo que ella contestó: – Dentro, lo quiero dentro…, dentro…, dentro…

Aceleré el ritmo para correrme con ella, empezó a gemir con locura, que me corro… que me corro…
Javi, te quiero… te quiero… Y yo le contesté peque que me corro… nos abrazamos fuertemente y la inundé de esperma… nos quedamos un par de minutos abrazados, con la respiración acelerada, relajándonos, sintiéndonos, nos abrazamos en la cama y nos paramos un poco para reponernos.
- Ha sido maravilloso hermano, acabo de hacerlo y ya estoy deseando volver a repetirlo contigo…
Yo la miraba y decía: – Joder, que pasada, como estás de buena, que follada tienes Peque… repite cuando quieras pero ni palabra a nadie, que sea tu mayor secreto…

Fui a la nevera a por un par de refrescos… le acariciaba su cuerpo con un dedo mientras nos tomábamos la coca-cola tumbados en la cama, estaba alucinando de la mujercita que tenía en casa, de la preciosidad que había crecido a mi lado y que acababa de tener uno de los momentos más importantes de su vida conmigo. Ella decía que le había encantado hacer el amor conmigo, que era increíble, que sus amigas que habían hecho algo lo contaban, y algunas decían que no habían sido unas experiencias gratas. Me dijo: – Javi, te imaginas si se enteraran mis amigas… las tienes coladitas… si encima se enteran que haces el amor así… uff… yo no sé ni que pasaría… jajaja.
Volvimos a besarnos otra vez, ya nos habíamos recuperado y nos duchamos juntos. Se acercaba la hora de que volviera todo el mundo a casa… me dijo que si lo volveríamos a hacer y le contesté que siempre que quiera pero con discreción…

A partir de entonces empezó una relación intermitente, no hacíamos el amor muy a menudo pero cuando lo hacíamos disfrutábamos al máximo. Me enrollé con una de sus amigas y nos acostamos. Ella se lo dijo a mi hermana y me lo contó y no le desagradó para nada, le dije que sí, que seguiría haciendo el amor cuando ella quisiera pero que deberíamos llevar vidas normales. Ella lo aceptó, es lógico y seguimos haciéndolo con toda la normalidad del mundo. Más adelante os contaré momentos significativos de mi relación… hay mucho que contar.

Espero que os haya gustado mi vivencia, mi relato. Disfrutad con ella, hasta pronto.

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con la novia de mi hermano

Publicado por fercho212 en Enero 20, 2009

Cuando mi hermano trajo por primera vez a su novia a casa para presentarla a la familia, yo acaba de romper con mi novio poco tiempo atrás. Lidia era un encanto de chica; dulce, reservada, con unos ojos oscuros enormes y una boca sumamente atractiva.

No era muy alta, y tenía un cuerpo de líneas suaves y muy bien proporcionado. Las novias que había tenido mi hermano hasta el momento habían sido muy guapas, pero ninguna igualaba el encanto de Lidia.

Congeniamos desde el principio. Nos hicimos muy buenas amigas, cosa que agradó mucho a mi hermano. Al poco tiempo de la relación, Lidia comenzó a quedarse a dormir en casa los fines de semana, después de salir con mi hermano, pero lo hacía en mi habitación, por respeto a mis padres.

Una noche escuché como llegaron de madrugada. Me desvelé y escuché como discutieron. Lidia quería que la llevara a su casa, pero mi hermano le dijo que ya era muy tarde. Al parecer habían discutido (por lo que llegué a saber más tarde) por un tema de celos, nada importante, pero Lidia entró a mi habitación llorando. Yo me hice la dormida, y cuando se hubo cambiado y metido en la cama, hice ver que sus leves sollozos me habían despertado.

-¿Qué te ocurre Lidia? -Nada, tu hermano es un burro. -Ay cariño, no has tardado mucho en darte cuenta.

Me levanté y me senté en la cama de al lado, donde estaba acostada Lidia. Le acaricié su sedoso pelo para consolarla.

-Estas peleas son algo normal, tu no te preocupes, mañana ya estaréis bien- le dije.

Lidia se encogió para abrazar la almohada. El instinto protector me llevó a tumbarme a su lado y abrazarla. Ella seguía llorando, pero poco a poco se fue tranquilizando. En un momento abandonó la almohada y me abrazo. Noté sus ojos húmedos por las lágrimas en mis pómulos. Yo le besé la mejilla.

-Ya está, tranquila… tranquila…

Mientras le decía esto, noté como su cara se deslizaba por la mía. Al poco noté sus labios al borde de los míos. Un enorme escalofrío recorrió mi cuerpo. Yo continuaba acariciándole el pelo. Lidia me dio un beso cerca de la comisura de mis labios. Yo le respondí con otro, pero ella acercó más aún sus labios a los míos, hasta ponerlos a la misma altura, y volvió a besarme. En esa ocasión yo me quedé paralizada.

El escalofrío que había sentido hacia unos segundos se intensificó, y un fuerte calambre se instaló en mi barriga y en mi sexo. Estaba excitada. Lidia volvió a besarme suavemente, y otra vez, y otra vez, hasta que al final reaccioné y le correspondí de igual manera.

Después sus labios se engancharon con los míos, y poco después sentí su lengua resbaladiza hacerse hueco entre mis labios. Abrí la boca y le facilité la entrada. Estaba muy excitada. Moví mis piernas y sentí la humedad en mi ropa interior. Introduje mi brazo por debajo de la camiseta que usaba para dormir y le desabroché el sujetador. Levanté su camiseta y comencé a acariciar sus pechos y pezones con suavidad. Ella hizo lo mismo conmigo.

Sus besos se fueron deslizando hacía abajo hasta situar su lengua sobre mis pezones. Los besó y los chupó entre jadeos contenidos. Yo guié su cabeza de un pecho a otro, y ella chupó cuanto rato yo quise. Después le correspondí yo de la misma manera.

Las dos estábamos increíblemente excitadas, y al mismo tiempo nos deshicimos de toda prenda que llevábamos puesta, a excepción de las bragas. Ella se quitó la ropa estando tumbada, y yo de rodillas sobre ella. Me cogió la cabeza y me la llevó nuevamente a sus preciosos pechos.

Yo lamí al tiempo que mi ropa interior se iba humedeciendo más. Noté que Lidia empujaba mi cabeza hacia abajo. Yo sabia lo que quería, así que fui deslizando mi lengua por su vientre, bajando hasta la ingle, recorriéndola con mi lengua y deslizándola por su pierna. Ella dobló su rodilla, y yo seguí lamiendo hasta llegar a los dedos de su pie.

Agarré con ambas manos el diminuto pie de Lidia y me lo introduje en la boca. Jugué con mi lengua haciéndola pasar por sus dedos, y eso debió excitarla mucho, porque los gemidos se intensificaron. Eso me hizo dejar el pie. No quería que nos oyeran.

Volví a recorrer su pierna con mi lengua, esta vez me detuve en la ingle, y apartando con el dedo la goma de sus bragas, fui lamiendo hasta encontrarme por primera vez con un sexo como el mío. Su tacto me pareció suave y resbaladizo, se me hizo extraño lamer algo con lo que había fantaseado tanta veces. Rodeé el sexo con mi lengua y después me detuve largo rato sobre el clítoris.

Mi lengua recorrió, lamió, chupó y succionó durante un tiempo indeterminado el clítoris de Lidia, mientras esta se desvanecía de placer. Después me fui un poco más abajo y separando con mis dedos sus labios, introduje mi lengua. Con la otra mano estimulaba el clítoris humedecido. Metí y saqué mi lengua de entre sus pliegues buscando su orgasmo.

Finalmente llegó. Después intercambiamos posturas, y fue ella quien me brindó ese placer.

Al día siguiente mi hermano y Lidia se pelearon, por lo que no la volvía a ver más, aunque mis deseos de tener experiencias con otras mujeres aumentaron notablemente.

Este relato es ficticio, nunca he tenido relaciones con otra mujer, aunque me gustaría probarlo. Soy de Málaga.

Autor: Patricia S.

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solita sin marido

Publicado por fercho212 en Enero 20, 2009

El relato que les contaré, me ocurrió cuando fui a despedir a mi esposo al aeropuerto, y lo que sucedió luego de que su avión partió.

Debido al trabajo que realizaba mi marido, yo ya estaba acostumbrada a sus continuos y sorpresivos viajes. De un momento a otro su jefe le indicaba que debía abandonar la ciudad, y esta situación me daba cierta libertad para poder salir a algún lado cuando él se ausentaba de la ciudad.

Fue así que una tarde que me encontraba en la oficina, recibí la llamada de mi marido, pidiéndome que llegara rápido del trabajo para llevarlo al aeropuerto. Llegué lo más rápido que pude, y no me dio tiempo ni para cambiarme de ropa. Además de eso yo tuve que ir conduciendo el coche, porque mi marido se ponía muy nervioso cuando debía viajar.

Al llegar se registró en el counter, y me dijo que fuésemos al restaurante del aeropuerto a tomar un café. Estando ahí se puso a revisar unos documentos y casi ni me hablaba, por lo que yo comencé a mirar a la gente que había alrededor. Pude ver que en una mesa que se encontraba al frente de nosotros, había un par de hombres jóvenes. Ellos me miraban con descaro, aprovechando que mi marido les estaba dando la espalda.

Yo estaba vestida como siempre voy a la oficina, y en ese momento tenía puesto un conjunto, de chaleco y falda color crema, además de una blusa blanca. La falda era corta como las que siempre uso, y tenía puestas unas pantyhose cubriendo mis piernas, las cuales eran el centro de atención de los que tenía al frente. De pronto mi marido me dio el teléfono del hotel donde se hospedaría, y me dio también algunas recomendaciones.

Mientras escuchaba a mi marido, de vez en cuando volteaba hacía donde estaban ellos, y vi que uno movía la boca como tratando de decirme algo. Me estaba poniendo un poco nerviosa, ya que si mi esposo se daba cuenta que me estaban coqueteando, empezaría nuevamente con la cantaleta de que uso faldas muy cortas, y que me gusta provocar a los hombres con eso.

De pronto por el altavoz anunciaron la salida del avión, y nos paramos para ir hacia la puerta de embarque. Pude notar que los chicos que habían estado mirándome, se pararon también. Supuse que viajarían en el mismo avión, y en verdad era una pena que se fueran, ya que ambos eran muy guapos y grandes como a mí me gustaban.

Mi marido me dio un beso de despedida en la mejilla, ya que no era muy cariñoso. Cuando estuvo dentro me hizo adiós con la mano, y mientras yo le respondía voltee la cabeza a un costado, y vi que los dos chicos también movían sus manos como despidiendo a alguien. Me di cuenta que le decían adiós a mi marido, y no pude aguantar y comencé a sonreír de su ocurrencia.

Cuando me disponía a irme de ahí, uno de ellos se acercó y me dijo que me había estado observando en el restaurante, y que le permitiera decirme que era una chica muy linda. Le agradecí el cumplido, y ambos me solicitaron que aceptara tomar una copa con ellos. Como no tenía nada que hacer después, acepté acompañarlos y volvimos al restaurante donde habíamos estado.

Ya ahí conversábamos y pude notar que su conversación era muy amena, y en un momento uno de ellos propuso hacer un brindis por mi dentista. Cuando le pregunté que porque por mi dentista, él me respondió que yo tenía los dientes más perfectos que nunca había visto.

Por lo visto estos dos eran unos expertos en hacer sentir bien a una chica, y los invité a mi casa para seguir la conversación. Ellos aceptaron de buen grado, y nos fuimos los tres en mi coche. Cuando nos dirigíamos a mi casa, sentía sobre mis piernas las miradas del que tenía al costado, y yo tenía las piernas un poco separadas para utilizar los pedales. El que estaba en el asiento de atrás, se acercaba hacía delante, seguramente para poder ver mis senos a través del escote de la blusa.

Llegamos al edificio donde vivo, y subimos las escaleras hasta el tercer piso. En todo momento yo iba delante de ellos, y seguramente podían apreciar mis piernas mientras subía. Mi falda no era tan corta como para que pudiesen ver por debajo de ellas, pero seguramente habrían apreciado buena parte de mis muslos desde su posición.

Cuando llegamos a mi puerta saqué las llaves de mi cartera, y al parecer el sonido de estas, hizo que la chismosa de mi vecina saliera para ver quien había llegado. La saludé y mis amigos también, y la malcriada no se digno en responder, y se metió a su departamento nuevamente. Esperaba que no le fuera con el cuento a mi marido, de que estaba metiendo hombres a mi casa en su ausencia.

Al entrar los invité a sentar en la sala, y serví unos tragos para los tres. Me sentía bien ya que estaba acompañada, y mucho más ya que era compañía masculina. Puse música y después de un rato parecíamos grandes amigos, y ellos en todo momento me piropeaban y me hacían sentir muy bien. El que estaba sentado a mi costado, en un momento me acarició la oreja y yo le dije que no hiciera eso porque me daba cosquillas.

El que estaba al frente mío, me miraba como si me desnudara con los ojos, y no era que yo quisiera que algo sucediera, pero con la dieta rigurosa de sexo a la que me tiene acostumbrada mi marido, no es fácil disimular lo que una siente cuando un hombre te pasa la mano.

Nuevamente el que tenía al costado, puso su mano en mi pierna izquierda y apretó mi muslo, de tal forma que me puse caliente de solo pensar que tenía a esos dos chicos para mí. Algo desinhibida por el licor, les pedí que me dijeran sinceramente que cosa deseaban hacer. El que estaba al frente mirándome a los ojos me dijo, Yo lo que más quiero en este momento es lamerte el ojete ricura. Sus palabras hicieron que los colores se me subieran al rostro, por la franqueza de su pedido.

De pronto el que estaba a mi lado, me abrazó dándome un beso en la boca, y debido al apretujón que me dio yo separé un poco mis piernas, para que el que estaba al frente, pudiera ver por en medio de mi falda. Poco a poco desabotonó mi chaleco y mi blusa, quedando a la vista mi sujetador. Sus manos amasaban mis pechos, y el otro se acercó a mí para acariciar mis piernas y poner su cabeza entre ellas. Me besaba encima de las pantimedias, y podía sentir su boca que trataba de comerse mi coño con todo y braguitas.

Mientras uno me acariciaba y me besaba, el otro aprovechaba para desnudarse.
Poco a poco nos fuimos quedando sin ropa, y pude ver sus vergas gruesas ansiosas de penetrarme. Estando echada en el sillón uno de ellos me empezó a lamer la concha, mientras yo me metía la verga del otro a la boca. Sentía mis fluidos vaginales salir, mientras el que estaba entre mis piernas, chupaba y jalaba los labios de mi vulva.

El placer que en ese momento sentía, solo podría ser superado en el momento en que me penetraran, así que al que me chupaba lo jalé del cabello, para que subiera y me clavara con su tranca de una vez. Él entendió mis deseos, y puso la cabeza de su verga en la entrada de mi concha, y me la empujó de un solo envío. Mientras me bombeaba yo seguía lamiéndole la verga al otro, logrando con esto sentir un orgasmo que me provocó risa y llanto a la vez.

Daba gracias por el tipo de trabajo que tenía mi marido, ya que así yo podía gozar de cuanto macho supiera como lograr que le abriese las piernas.  Les dije que fuésemos a mi cama para estar más cómodos, y los tres nos dirigimos a mi habitación. Yo caminaba de espaldas y con cada una de mis manos les agarraba sus vergas, dirigiéndolos hacia el interior de mi cuarto. Estando ahí hice que uno de ellos se echara boca arriba, y yo me senté sobre su verga mirándolo de frente.

El otro se situó detrás de mí de rodillas, y puso su verga entre mis nalgas. En ese momento empecé a cabalgar sobre la verga que tenía dentro, y mis tetas empezaron a bambolearse para arriba y para abajo. El que estaba detrás mío, me abrazó agarrando mis tetas y las apretó fuertemente.
Le dije en ese momento que me penetrara por el culo, y puso la punta de su verga en mi ano, empujándola y haciéndome doler. El dolor que sentí no me importó, y seguí aguantando hasta que la tuve dentro. Me incliné un poco hacia delante, y así empezamos a movernos rítmicamente.

Nuestros cuerpos sudaban, y yo gozaba con la culeada que me estaban dando en ese momento. Al momento de elevarme, sentía como corrían las vergas casi al punto de salirse, y nuevamente me sentaba haciendo que entren hasta el fondo de mi concha y mi recto.

De pronto sentí que tendría otro orgasmo, y al parecer ellos también estaban por eyacular, así que empezamos a movernos rápidamente hasta que nos corrimos los tres en medio de jadeos de placer. Nos quedamos así un momento, y cuando me moví para recostarme, sentí que me chorreaba la leche que me habían dado. Vi que en la punta de sus penes había rastros de leche también, así que decidí limpiarlas chupándoselas.

Se quedaron toda la noche, y seguimos gozando hasta que se nos acabaron las fuerzas. Se fueron a las 6 de la mañana para que mi vecina no se diera cuenta que habían estado conmigo. Ya en mi cama me quedé pensando que si mi marido me diera el placer que yo tanto deseaba, no tendría la necesidad de ser tan puta con los hombres, ni de hacerlo cornudo.

Mientras cavilaba en mis pensamientos, llamó mi marido para ver si había alguna novedad, y le dije no y que solo esperaba que volviera pronto para que descansara, y viera su televisión. Me dijo que era una reina y colgó. Él regresaría luego de dos días, y mientras me dormía pensaba en lo que haría esos días en que estaría solita.

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el medico ruso

Publicado por fercho212 en Enero 20, 2009

Ha sido costumbre de mi esposo el estar presente en mis exámenes en el momento en que el médico los realiza. Ha presenciado exámenes donde he estado totalmente desnuda y pobremente cubierta con una bata de papel en manos de un doctor haciéndome un tacto vaginal, o insertándome una inmensa manguera por mi culito. Aún así lo que me acaba de pasar no logró entenderlo. Les cuento… Sentía una molestia en la cadera que parecía originarse en la columna y decidí visitar a un neurólogo. Mi esposo se encargó de conseguirme la cita con uno de origen ruso. Al llegar a su consulta y luego de esperar por mucho rato nos hace pasar y le explico el problema. El doctor era un hombre mayor, aún entrado en canas lucía muy bien y lo que me llamó la atención fueron sus enormes manos. Después de una conversación donde mi esposo participó activamente el doctor me manda a la salita de examen y a quitarme la ropa y quedarme en pantaleta y sostén, y colocarme una de esas batas de papel que apenas cubren y son prácticamente transparentes. Me acuesto en la camilla pensando que tenía puesto una tanga blanca de tela muy delgada en conjunto con un sostén muy sexy que me lucían muy bien. Nunca pensé que el médico me iba a examinar físicamente. Entra el doctor seguido por mi esposo quién se coloca en el otro lado de la camilla y observa muy callado las manipulaciones del médico. Comienza con el tradicional chequeo del corazón y me pide con mucha delicadeza que me quite el sostén. Mi esposo me ayuda y mis senos quedan descubiertos frente al médico. En estos momentos estoy de espalda a mi esposo, pero de frente a él. Siento sus enormes manos apoyarse en mi seno izquierdo mientras su otra mano se posa en mi espalda. Hasta ahora todo es normal, pero los duendes traviesos comienzan a brincar en mi mente. Me sonrojo en pensar que me encuentro casi desnuda frente a este inmenso hombre quien libremente me toca los senos con la excusa de querer oír mi respiración y mis latidos del corazón. Casi presiento que conoce el estado de excitación que está promoviendo por lo rápido que mi corazón comienza a latir. Manteniendo la posición mete sus manos entre mis muslos y los separa dejando expuesta a sus ojos esa zona donde el hilo dental se desaparece entre las nalgas. Me golpea con un martillito para revisar mis reflejos y a cada brinco de mis piernas solo sirve para exponer mi cuquita apenas cubierta por la delgada tela de la pantaletita ante sus ojos. Mientras palpa y acaricia con descaro la cara interna de mis muslos le explica a mi esposo su teoría sobre la debilidad de los músculos y como puede eso promover mis dolencias. Era una manera de justificar sus manos muy cercas de mi conchita y sus caricias que rozaban alegremente el borde de mi hilo dental. Continúa con el jaleo del martillito y me agarra los brazos manteniendo mis piernas separadas por posición de su cuerpo. Lo sentía muy cerca de mí, pero con la excusa de querer ver algo en mi espalda prácticamente se mete entre mis muslos y doblándome hacia delante le expongo la entrada del hilo dental en mis nalgas. Sus enormes manos bajan y comienzan a presionar algunos puntos en la cintura e inclusive le dice a mi esposo que lo ayude apretando algunas zonas y le describa lo que siente. Joder… las manos monstruosas del doctor, las manos de mi marido y estar doblada forzando la tela del hilo dental dentro de mis labios vaginales comenzaron a estimular mis sentimientos. Se me ocurría que la situación era sensual y sentía como mis jugos comenzaron a fluir. Me preocupaba porque siempre he lubricado en abundancia y lo menos que quería era mojar la tanguita. El doctor seguía dándole explicaciones a mi esposo mientras continuaba masajeándome la espalda y el comienzo de mis nalgas. Me manda a acostar boca arriba para revisar mis reflejos y la posibilidad de una lesión en la columna. Lo que parecía un examen tonto se convirtió en una verdadera deliciosa tortura. Nuevamente me separa las piernas y se coloca al final de la camilla para observar como las movía. Me ordena separar primero la pierna izquierda y hacer círculos. Cada movimiento solo servía para exponerme más a sus ojos. Podía sentir como la tela del hilo continuaba metiéndose entre mis labios depilados dejándolos expuestos al placer de la mirada del doctor. Mi clítoris se marcaba abultado en la tela del tanguita. De repente siento su mano acariciándome internamente el muslo y explicándole a mi esposo lo que siente. Mi reacción de rechazo no le pudo ganar al placer de la caricia prohibida y pienso que son solo exageraciones mías aunque el estímulo lo siento en el roce de la tela en mi vagina. El doctor continúa con su manoseo y le dice a mi esposo que coloque una mano exactamente encima de la línea donde el hilo dental es tragado con saciedad por mis nalgas. Ahora me pide que mueva las dos piernas como un abanico y me abra cada vez más. Él continúa haciendo preguntas sobre que siento y mete su mano entre la camilla y mi cintura mientras sus dedos buscan un contacto en el borde de la rajita del culo para verificar algo en la columna, pero realmente solo hurgan en la rajita muy cerca de mi huequito del culo. La mano de mi esposo reposa con timidez prácticamente en mi vagina, pero son las del doctor las que me tienen excitada. Detiene el movimiento de mis piernas y me indica que me quede en posición como si fuese a dar un hijo. Le pide a mi esposo que se ubique en la cabecera de la camilla y él se coloca en el otro extremo entre mis piernas. Saca una pequeña aguja y comienza a pinchar delicadamente la piel. Comienza con los pies alternado cada uno de ellos. Sigue subiendo por las piernas y se mete entre mis muslos… Coño… estaba segura que la mancha en mi pantaleta era obvia y por eso el desgraciado mandó a mi marido para la cabecera, para que no se diera cuenta. Charlaba sobre reflejos y daños neurales y muchas otras cosas que yo dejé de oír, pero que el manifestaba para complacencia de mi esposo. La aguja comenzó a subir y con el mismo desenfreno pidió permiso y haló mis pantaletitas con sus enormes dedos para descubrir mis labios exteriores de mi mojada vagina que los pinchó con la aguja que usaba. Me sobresalté, pero la ocurrencia era traviesa y el resultado fue un chorro de fluidos bajando apresuradamente por mi canal vaginal. Colocó de vuelta la pantaletita en su lugar y me la ajustó usando uno de sus enormes dedos como cuña directamente en el clítoris. No soporté y un orgasmo rápido y travieso se me presentó y traté de disimularlo, pero un grito se me escapó el cual expliqué con el cuento de que el corrientazo había regresado. Lamentablemente eso dio pie para que el doctor pensara en un tratamiento. Me ayuda a ponerme boca abajo mientras sus manos descuidadamente continúan agarrándome las nalgas. La bata de papel ya era un desastre y mis nalgas quedan expuestas y nuevamente me critico por haberme puesto el hilo dental el cual debe de estar mostrando mi humedad frente a los ojos del doctor. Mirando directamente a mi esposo le explica que lo que va a hacer es verificar un reflejo antes de hacer el tratamiento y mete su mano por debajo de mi cuerpo y me introduce un dedo entre la pantaleta y mi piel llegando directamente a mi clítoris. El movimiento es preciso y pego un grito de sorpresa. Mientras el doctor comienza a dar toda una explicación, su dedo se mueve rítmicamente y su otra mano reposa suavemente en mis nalgas para reafirmar el movimiento. Todo esto me trae otro orgasmo que me hace gemir de placer. Satisfecho saca sus manos y llama a mi esposo aparte. Al poco rato vuelven los dos y mi marido me susurra al oído con mucho cariño que lo que me van a hacer es un tratamiento y que el doctor ya me había pedido autorización para hacerlo. Confiando en él me puse en sus manos literalmente… Mi esposo me pide que me arrodille y me incline hacia adelante en una posición que a mí se me antojó muy sensual. De nuevo mi tanguita blanca se metió entre los labios y mi culito se relajó, efecto del roce de la tela. Veía a mi esposo como el enfermero que prepara a la paciente para que el doctor proceda a examinarla. Siento como él toma un instrumento largo y con forma de pene y lo engrasa ligeramente y el mismo me lo introduce en mi concha mojada. Wau, creo que mi querido esposo no tiene idea de lo que me está haciendo. Me relajo y me gusta que sea directamente mi marido quien me suministre el tratamiento. Me concentro en el instrumento que me tiene ensartada. No me doy cuenta cuando bajan la intensidad de la luz en la salita de examen. Entra el doctor y enciende un aparato que lo primero que hace es enviar una señal de vibración al aparato que tenía insertado en mi conchita. Con sus enormes manos y aprovechando la oscuridad siento como recorre mi espalda con una sensación más de caricia que de examen médico. Se acerca a mi oído y con voz de amante me dice que me relaje y me deje correr. En España ese término significa otra cosa, pero la suave vibración en mi concha decía a gritos que si. Sentí como sus manos abiertamente acariciaron mis nalgas de una manera lasciva y descarada, y todo frente a los ojos de mi esposo. Luego con la excusa del tratamiento uno de sus inmensos dedos encontró camino entre la tela del tanga y la rajita del culo tomando posesión de mi agujerito, penetrándomelo poco a poco acompañado de las vibraciones del instrumento que tenía en mi conchita. Su dedo en mi culito entraba y salía con mucho cariño, pero definitivamente firme y violador. Me pareció oír la respiración fuerte del doctor cuando me tenía metido el dedo hasta lo último y la otra mano me la acercaba a la boca y por reacción tomé uno de sus inmensos dedos y comencé a chupárselo. Mis orgasmos comenzaron a explotar y mis gemidos aumentaron en intensidad. El doctor explicaba que lo estaban haciendo bien porque esa era una reacción natural de alivio. Mentiras, eran mis orgasmos que brincaban de mi culito a mi clítoris y a mi punto G estimulado por ese aparato que inocentemente mi esposo había metido dentro de mí y era el responsable de metérmelo y sacármelo suavemente. La sesión duró poco, pero fue muy intensa. Poco a poco mis agujeros invadidos quedaron libres y mis sensaciones regresaron al normal. Mi culito me ardía, mi conchita todavía lubricaba a chorros y mi dolor en la espalda continuaba… pero realmente el rato fue muy agradable y excitante…

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follando con mi hermana y su amiga

Publicado por fercho212 en Enero 10, 2009

El otro día al llegar a casa me encontré a Sandra, la amiga de mi hermana, en el comedor. Esta tiene 18 añitos recién cumplidos, es un bomboncito listo para comer. Un culito respingón, cuerpo estilizado, unos pechos redonditos y puntiagudos. La verdad es que cuando venía a nuestra piscina a bañarse y la veía en bikini me ponía a cien.

- Hola Sandra, ¿que tal? -Bien, aquí esperando a Andrea. – ¿Donde anda?. -Ha ido un momento a casa de Ruth, vendrá en una hora, me ha dicho que la esperara aquí por si venía alguien y no tenía llaves para entrar. – Ah vale.

Yo la dejé viendo la tele y me fui a mi cuarto a cambiarme de ropa. Me desnudé y me puse a buscar unas bermudas para ponerme. En eso estaba yo cuando de repente se abre la puerta y entra Sandra.

-Oye Jose, ¿podrías?….. , perdón, perdón creía que estabas visible.

La verdad es que no, allí estaba yo desnudo y con la tranca al aire. Al ver a Sandra tan cerca y solo con su bikini y un top que cubría lo justo me comencé a empalmar. Sandra no dijo nada, solo miraba mi tranca. Los pezones se le comenzaron a poner de punta y las mejillas coloradas, pero no se iba.

- ¿Que pasa Sandra? ¿Nunca has visto un hombre desnudo?. -Si claro, pero es que … – ¿Que pasa que te has excitado? -No, no, que va. – ¿entonces porqué tienes los pezones de punta?. -Es que sabes, tu hermana Andrea ya perdió la virginidad y yo no sé cuando…- ¿Qué me quieres decir?

-Pues eso, estamos los dos solos, sé que te gusto por la forma que me miras cuando me baño en la piscina y eso, que si tú me hicieses el favor de… – Ven acércate. Tócala que no muerde. Tómala con las manos. -Uff, mira como crece. – Si acaríciala. Mueve las manos arriba y abajo.

-¡Que grande se ha puesto! – Ven arrodíllate, dale besitos. -Ummm, ¡que caliente está! – Ahora métetela en la boca y chúpala como si fuese un helado.

Joder, que bien la chupaba la niña, como siguiera así me iba a correr. La detuve y la tumbé en la cama, le quité el top y comencé a chuparle los pezones.

-Agggggggggg, que gusto, sigue, sigue. – Tócate el coñito con las manos, si frótate. Siiiiiiiiiiii.

Luego bajé las manos y le quité el bañador lentamente y comencé a chuparle encima del coño, luego seguí con los labios mayores, chupándolos, mordiéndolos con cuidado hasta que llego el momento y me dediqué a sus labios menores, comencé a chupar lentamente para pasarme a su clítoris, que parecía un pezoncito duro.

-Aaahhhhhhhh, Siiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii, me corro, que gusto. – Toma lengua… Si que coñito tan delicioso tienes. -Sigue, sigue.

Como se retorcía, acababa de tener su primer orgasmo. Los ojos se le quedaron en blanco mientras seguía retorciéndose.

-Ah sido fantástico. – Pues ahora viene lo mejor, te la voy a meter toda, voy a llenarte el coño de polla. -Si venga métela que me muero de ganas. – Espera que busque condones. -No, no, sin condón, no te preocupes, tomo la píldora desde hace tiempo, una es previsora. – ¿Seguro?.

-Si no te preocupes. – Pues vamos allá. Acércate que te ponga la almohada bajo el culo para que te entre mejor y te roce más la parte alta de la vagina. Así te entra mejor y te dará más gusto. -Si, pero métela ya que me muero de ganas. – Venga, la puntita, despacito.

Que maravilla ver como se iba enterrando mi polla en su coño. Que coño tan prieto y cerradito. Empecé a meter y sacar la puntita mientras ella se moría de gusto. Cuando ya estuvo bien lubricada empujé y le rompí el himen para entrar hasta el fondo y comenzar a meter y sacar toda mi polla en su coño.

- Siiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii, Siiiiiiiiiiii, que gusto joder esto es fantástico, sigue, sigue. – Joder chica que coño más precioso tienes, como me aprieta la polla. – Siiiiiiiiiiii, siiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii, la siento entrar, la siento abrirme, joder que gusto. – Ven gírate que te la voy a meter desde atrás. – Si, si métemela.

- Joder que espectáculo, me encanta verte el culito mientras te entra. – Y a mi sentirla dentro, empuja, empuja. – Aaaahhhh, me voy a correr, gírate que te la tire en la boca. – Si, en la boca. – Toma mi lechita, toma. – Ummm que rica, mira como me la trago.

- Joder chica, eres una viciosilla. – Si, ya lo sé, quiero disfrutar todo lo que pueda del sexo. – Pues siempre que quiera una polla lista puedes utilizar la mía. – Si ya veo como recobra vigor, así que no perdamos más tiempo y sigamos, tengo que recuperar todo el tiempo perdido, y tú me vas a ayudar. Así que por donde seguimos ahora.

- Bueno, para empezar chupa un poco que se ponga a tono, que me tengo que follar esas teticas tan ricas que tienes. – Ya sé que te encantan mis teticas, de hecho cuando me bañaba en la piscina y tenía que salir lo hacia cara hacia tu ventana porque sabía que estabas mirando, me encantaba exhibirme para ti.

En eso estábamos cuando de repente se abre la puerta de golpe y aparece mi hermana Andrea.

- Pero serás cochino Jose, y tu  Sandra, no te puedo dejar un momento a solas, a la mínima te tiras a mi hermano. – Lo siento, es que estaba caliente y la ocasión no se podía desperdiciar. – Andrea, esto no es lo que parece, esto… – No, si lo que me fastidia es que no me invitéis.

Andrea se quitó el bañador que traía de golpe, apartó a Sandra y se tiró sobre mi polla como una posesa. Yo me quedé sin palabras y la dejé hacer, no sabía que decir, y lo mejor es que esa morbosa situación me ponía más caliente.

Mientras Andrea seguía con mi polla yo me dediqué al coñito de Sandra, hasta que las puse una encima de la otra y comencé a follarme a las dos alternadamente. Metía en Sandra, sacaba y metía en Andrea.

-¡Joder que rabo tiene tu hermano!, y tú sin decirme nada. -Si, si, tú bien que te has aprovechado de él. -Veas, lo pillé en pelotas y no podía dejarlo escapar. -Pues a partir de ahora tendrás que pedirme permiso pues va a ser mío.

En eso estaba con Andrea cabalgándome y chupando el coño de Sandra cuando…

- Venga chicas no se peleen que hay rabo de sobra para las dos. Y dejen de hablar que me voy a correr.

En eso se giran las dos juntando las bocas para recibir mi cremoso regalo.

- Siiiiii tomen mi leche. -Leche. Venga dispara.

Les cubrí las bocas y la cara de leche, pero ellas no se lo pensaron en limpiarse con las lenguas y jugar con mi semen en sus bocas.

-Jose no se te ocurra desperdiciar nunca más tu leche, por aquí tienes dos perritas en celo cuando quieras.-Eso, eso, y una de ellas en casa. – Vale. Dejen de hablar y chupen, que hay que levantar mi polla para una nueva arremetida. -Yo prime…

-De eso nada, primera yo que para algo es mi hermano. – Venga, no se peleen, si hay rabo de sobra para las dos. -Siiiiiiiii, siiiiiii.

La verdad es que es un día que no podré olvidar. Dos guarrillas solo para mí. Lo que tendré que probar un día de estos es sus lindos culitos, pero eso ser otra historia.

Saludos.

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la mujer demi abuelo

Publicado por fercho212 en Enero 8, 2009

Mi abuelo era médico en un pequeño poblado del Estado de Guanajuato, en México, había contraído nupcias por segunda ocasión con una señora, a la que llamaré Martha, con la que había tenido tres hijas, que eran a la postre medias hermanas de mi padre y que eran mis tías, Esther la cual tenía 21 años en el tiempo en que se desarrolla el relato, mi tía Bety que tenía 19 y mi tía Rosita de 18, aunque aparentaba mucha menos edad, Martha en ese tiempo contaba con 39 años de edad y mi abuelo tenía 73, aunque  estaba muy fuerte aun en esa época, yo tenía 18 años, recién cumplidos, en ese entonces.

Cursaba el primer año de bachiller y mi tía Rosita el segundo en la misma escuela que yo. Con la señora de mi abuelo, que venía a ser mi abuelastra, no llevaba muy cordial relación por los prejuicios que mis tíos me habían creado, ya que no vieron con buenos ojos que mi abuelo se hubiese vuelto a casar, yo vivía en la casa de mi abuelo, no sé por qué razón, ya que aún vivían mis padres, pero desde que recuerdo ahí vivía, aunque no llevaba relación cordial con Martha, no le faltaba tampoco al respeto nunca. Un día que llegué del instituto, era jueves, bien lo recuerdo, estaba abatido, eran como las dos de la tarde, traía un reporte que me tenía que firmar mi abuelo y tenía, aparte, que ir a hablar con el director de mi comportamiento, como era jueves, yo sabía que mi abuelo no llegaría hasta entrada la noche, pero no sabía qué decirle ni cómo empezar.

Dieron las 3 de la tarde y Martha fue a hablarme para que bajara a comer, entró en mi recámara y yo estaba en la cama, con el radio encendido, pero sin oír la música, y ella me sacó de mis pensamientos diciéndome, ¿bueno qué no escuchas que te estoy hablando para que vengas a comer? ya sabes que es jueves, Pancho (que era mi abuelo) no va a venir, ya lo sabes, y Rosita de seguro está con mis padres (los jueves siempre se iba mi tía con sus abuelos), sólo estamos tú y yo, ya lo sabes, yo me disculpé diciéndole que no había escuchado que me hablaba y me dijo, oye ¿qué tienes?, ¿no crees que ya es tiempo de que seamos amigos?

Cuéntame lo que te pasa, me lo dijo, en un tono tan maternal que me convenció, y decidí platicarle que a otro compañero y a mí nos habían botado desde las 11 de la mañana de la escuela con un reporte que debía firmar mi abuelo y, aparte, ir a hablar con el director, a lo que ella me dijo y ¿qué hicieron?, a mí me dio mucha pena confesarle que habíamos estado espiando a las muchachas, escondidos debajo de una escalera que conducía al segundo piso de la escuela, para verles las pantaletas, ella se río y dijo conque ya andan de curiosos ¿eh?. Yo me desconcerté y ella me dijo, mira para que veas que soy tu amiga yo voy a la escuela mañana a hablar con el director y no le decimos nada a Pancho, y yo temeroso le dije ¿y el reporte?, me dijo, dámelo yo lo firmaré delante del director y disculparé a Pancho por no poder ir, esto me cambió el ánimo y le dije Gracias señora usted sí es mi amiga, entonces me pidió que le platicara cómo había estado lo de la espiada y ya le platiqué…

Ella me empezó a decir que era normal a nuestra edad y me hizo una pregunta que me desconcertó, me dijo ¿ya se te para? yo estúpidamente pregunté con un aire de inocencia ¿qué?, a lo que ya no me contestó, me metió la mano en los pantalones y agarró mi verga, hasta que logró la erección, yo no sabía qué hacer, estaba sorprendido y a la vez me gustaba, me quitó los pantalones y los calzones y empezó a darme fenomenal mamada que estaba a punto de venirme.

Ella también se excitó mucho y sólo se levantó la falda y se hizo a un lado las pantaletas color crema que traía puestas, y sin desvestirse, me montó y empezó a subir y bajar en mi pene, que en menos de 4 minutos, me vine en ella que seguía cabalgando hasta que el pito se me desinfló, luego se bajó y descansó unos minutos, y se empezó a desvestir y también me desvistió a mí, empezando a chuparme las orejas, sacándome el aire de las mismas y metiéndome la punta de la lengua en las mismas, luego me frotaba sus enormes tetas en todo mi pecho, me besó de una manera brutal…

Me metió la lengua en mi paladar, yo la sentía casi en mi campanilla, bajó al cuello, ya estaba yo excitado nuevamente cuando me mamó el palo ricamente y me puso su panocha en la boca, ordenándome Mámamela tú también a mí, yo empecé a lengüetearla torpemente, esa era mi primera experiencia, me dijo Saca toda tu lengua y métemela, así lo hice y ella me agarraba de los puros pelos y me arrimaba más a su panocha, hasta la nariz me hizo meterle, después de unos 15 minutos de que me tuvo mamándosela se vino en mi boca, la sentí y me volvió a montar y me dijo:

Vas a ver cómo el segundo palo va a estar mejor que el primero, y así fue, subía y bajaba, mientras sus enormes tetas brincaban sueltas, duró como 15 minutos hasta que yo me vine y ella también, cayó sobre mí y me abrazó, metiendo sus manos por debajo de mis axilas, y apoyándose en mis hombros, moviéndose muy fuerte hasta que se me desinfló el pito, todavía se vino dos veces, descansó nuevamente toda su humanidad en mí, me quedé dormido por el ajetreo, pero una nueva mamada me despertó aproximadamente una hora después de que me quedé dormido, me chupaba la verga apoyando la punta de su lengua en la rajada de mi pito y dándome unos lengüetazos en la cabeza del mismo que pronto estaba firme de nuevo mi palo y, otra vez, me puso su chocha en la boca y luego de volverse a venir en mi boca, ordenándome tragara sus jugos, me dijo:

Dame lengua por el culo, yo sólo obedecí y luego me dijo Dale duro papacito, y se acomodó mi verga en su culo, la cual se fue, sin ninguna dificultad, hasta la mitad y luego me dijo Empuja, empuja, métela y sácala, como no me movía al ritmo que ella quería, sin zafarse, se dio vuelta para quedar encima de mí nuevamente dando juego a un ritmo vertiginoso, subía y bajaba y me puso mis manos en sus tetas ordenándome No las sueltes ni las aprietes mucho Dimas, hazlo con cariño, tuvo dos fenomenales orgasmos que me vació en mis vellos, lo sentí y me dijo: Vente pronto que me matas, y en un rato corto me volví a venir en su culo, cayendo ella en mí, sin zafarse, mamándome las tetas y chupándome las orejas, hasta que mi pito se desinfló y salió solo de su culo, escurriendo de semen.

Me dejó descansar un rato, cuando nuevamente me lo empezó a chupar rico y me puso su panocha en mi boca para que le hiciera nuevamente el trabajito, ya estaba adquiriendo un poco de práctica y logré hacerla venir, esta vez, un poco más rápido que las anteriores, pero pedí más mientras ella mamaba toda mi verga, y esta vez me dijo Como ya estoy cansada y tú todavía no sabes montar ahora así, me subió encima de ella y se colocó mi palo en su vagina ardiente, el cual se fue hasta el fondo en el primer intento y luego que lo tuvo adentro me pasó las piernas por atrás y me abrazó como lo había hecho antes y empezó a moverse, yo sentía ya arder los hombros pero no podía decirle que me soltara, pues se movía tan rico, además de que movía las piernas tan rápido por atrás de mis caderas que pronto nos volvimos a venir los dos juntos, luego nos metimos a bañar por iniciativa de ella y ahí todavía me dio tremenda mamada que me hizo venirme en su boca, saliendo de bañarme me dijo:

Descansa, ahorita te traigo la cena, cuando yo estaba quedándome dormido por el cansancio, alcancé a escuchar que iban a ser las ocho de la noche, hasta entonces no me di cuenta del tiempo que había transcurrido haciéndole el amor a mi abuelastra, o mejor dicho haciéndomelo ella a mí, desperté un poco después al sentir un fuerte ardor en mi pubis, era mi abuelastra con una navaja depilándome todo mi pubis, yo le pregunté que qué hacía y me dijo Este es mi trofeo, mi niño, ahora que te inicié lo tendré muy bien guardado, lo cual me causó un tremendo ardor por tres días seguidos, hasta que me fui acostumbrando, me dijo que una amiga suya le platicó que eso les hacía a los muchachos que se metían con ella, diciéndome:

Pero tú Dimas no te preocupes, lo tú serás mi amante porque ¿sabes? tu abuelo me tiene muy abandonada en este terreno y tú lo sustituirás, pero éste también será nuestro secreto ¿te parece? y así seguimos por 5 años todos los jueves los primeros dos años y luego casi cada tercer día, hasta que me pilló con una hermana menor de ella, pero eso se los cuento en otra ocasión y también cómo estrené a dos de mis tías.

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compañera de trabajo

Publicado por fercho212 en Enero 7, 2009

Desde hace un corto tiempo me encuentro pasando por un infierno, soy o era hasta donde yo sé una mujer normal, decente, buena esposa, mejor madre, y una excelente profesional en el área de ventas, modestia aparte. Debido a mi trabajo, en ocasiones nunca falta uno que otro tipo, que pensando que como soy una mujer, y que deseaba hacer una jugosa venta, estaba dispuesta a irme a la cama con ellos. Pero conmigo se equivocaron, ya que a más de uno lo hice pasar una vergüenza, y en ocasiones me vi en la necesidad de hasta preferir, perder el cliente antes de llegar, a tan solo siquiera contemplar en la posibilidad de salir o acostarme con alguno de mis clientes.

Pero hace cosa de tres meses, me asignaron a una compañera nueva, que desde el principio que la vi, lo primero que pensé o se me vino a la mente fue, hasta donde había bajado la calidad del departamento de recursos humanos de la empresa, sí estaban contratando a personas como ella, que a simple vista se veía que era una buscona.

En otras palabras, tenía facha de ser una puta fina, pero puta al fin, que la habían contrataron con la idea, más que vender los productos, de seducir o acostarse con los clientes mientras les mostraba los productos que yo representaba, o por lo menos para serles franca, esa fue la impresión que me dio, desde que la vi el primer día que salimos juntas. Nada más de observar como caminaba, meneando sus caderas de un lado a otro, de la forma más provocativa que había visto en mi vida, en gran parte confirmaron mis temores. Además, usaba un ajustado vestido corto, de color rojo puta para completar el cuadro.

Cuando entrábamos a la oficina de un nuevo cliente, ya no me quedó la menor duda al respecto. Mientras que yo bien seria y circunspecta, me limité a resaltar las características técnicas de nuestros productos, y las grandes ventajas económicas de su uso, con respecto a los de la competencia. Bibiana se dedicó descaradamente a sacarle fiesta al cliente. Finalmente el trato se cerró, pero tengo la certeza de que ellos dos se habían puesto de acuerdo en verse luego. Por lo que le llamé la atención, discretamente mientras conducía con rumbo a nuestras oficinas. Bibiana solo se limitó a dirigirme una extraña sonrisa, digo extraña por ser de una mujer.

A los pocos días, me comisionaron para visitar clientes fuera del área metropolitana, con gastos de hotel transportación y alimentos a parte de un mayor porcentaje de comisión. Era casi como irme de vacaciones yo sola, sin pensar en hacer nada malo, sencillamente era que en lugar de llegar a casa a limpiar y atender a mis dos hijos, durante toda esa semana, estaría disfrutando de la comodidad de un buen hotel, cuando terminase de ver los clientes.

Mi madre y mi esposo, se las podían arreglar con las niñas muy bien sin mi presencia, por unos cuantos días. Pero como verán eso era lo que yo pensaba, hasta que me enteré que la tal Bibiana sería mi compañera de viaje. Lo primero que se me vino a la mente fue imaginármela corriendo desnuda por los pasillos del hotel y tras ella todos mis potenciales clientes, tratando de mantener una orgía con ella.

Por lo que la primera noche que pasamos juntas, no me sorprendió el ver que desde que llegamos a nuestra habitación, Bibiana sencillamente prendió el aire acondicionado, y sin la menor vergüenza de su parte, se quitó toda su ropa. Luego se dio una ducha, y  después de secarse se acostó tal como estaba. Aunque reconocí íntimamente  que ella tiene un lindo cuerpo, en esos momentos me pareció una desfachatez de su parte, permanecer del todo desnuda ante mí, pero lo que más me atrajo la atención de cuerpo, era que entre sus piernas no tenía ni un solo vello, a diferencia mía que nunca me he depilado esa área de mi cuerpo, ya que no veía que fuera necesario.

Cuando el botones nos trajo la cena, a nuestra habitación, Bibiana ni tan siquiera hizo el gesto de ocultarse bajo la sábana, por suerte yo recibí todo en la puerta. Cuando ambas nos sentamos en la mesa a cenar, discretamente abordé el tema de su desnudez una vez que las dos terminamos de comer. Pero ella en lugar de defenderse, digamos que me atacó. Sin tapujos me preguntó si yo no estaba orgullosa de mi propio cuerpo, mientras se levantaba de la mesa y caminaba junto a la silla donde yo me encontraba sentada, lo que en parte me puso algo nerviosa y confundida, sus expresiones.

Bibiana continuó diciéndome, que ella se sentía muy cómoda estando así, desnuda. Cuando después de un corto rato le respondí, que si estaba orgullosa de mi cuerpo, ella me comentó que no lo parecía, por la manera en yo vestía. Lo que tomé como un ataque personal, a mi gusto por la ropa, cuando le exigí que se explicase, Bibiana con una sonrisa me respondió, que yo parecía un transformista.

Al escucharla me quedé de una pieza, pensando en la caricaturesca imagen de un hombre vestido malamente de mujer, pero antes de que yo pudiera responderle, dijo. -Mírate no más, desde que llegué a la compañía, nunca te he visto con un vestido puesto. Siempre con esos serios conjuntos, de chaqueta y pantalón unicolor y oscuros, de camisa blanca con todo y corbata. De paso ni te maquillas, y para colmo cargas todo el tiempo tu cabello recogido con ese moño detrás de tu cabeza, de verdad, te digo que pareces un hombrecito.-

Cuando Bibiana tocó el tema de mi cabello, con un rápido movimiento de su mano, retiró la única horquilla que me sujetaba el pelo sobre mi nuca. Al tiempo que Bibiana se comenzaba a reír, como si hubiera realizado una pequeña travesura. Toda mi negra cabellera se soltó, y cayó sobre mis hombros y espalda, dándome una especie de sensación de libertad. Pero de verdad que me encontraba bien nerviosa, no sabía que decirle a ella, por lo que me quedé callada, sin saber cómo actuar ante esa situación.

Bibiana continuó diciéndome. –Ves ahora si comienzas a parecer, una verdadera mujer. Es más quítate esa austera chaqueta gris, y suelta el cuello nudo de esa corbata, que de seguro le va mejor a tu marido que a ti, ven siéntate frente al espejo para que yo te enseñe a maquillarte. A menos que seas de esas religiones, que no les permiten a las mujeres hacer eso, pero no lo creo, tampoco ahora que me acuerdo las dejan ponerse pantalones.-

Aunque me encontraba algo nerviosa, la risa de Bibiana me tranquilizó un poco, sobre todo cuando la escuché decir que me enseñaría a maquillarme, ya que yo no acostumbraba hacerlo, por esa misma razón, porque no sabía hacerlo bien, y no me gustaba como quedaba las veces que lo había trataba. Algo más relajada me levanté de mi silla, pero todavía algo nerviosa, por tenerla tan cerca de mí, desnuda. Me quité la chaqueta, y también la oscura corbata, y sin hacer ningún comentario me senté frente al espejo, mientras que Bibiana buscaba entre su cartera su estuche de maquillaje.

Al nuevamente verme comentó de manera alegre. -Ves ahora si pareces, casi toda una mujer.- cuando escuché la palabra casi, me dejó confundida, y nuevamente antes de que yo fuera a decir algo, mi compañera de habitación me señaló los pantalones, diciéndome. -Mejor te das una buena ducha, para que te relajes, y cuando estés lista te doy la primera clase de maquillaje.- Yo como si fuera toda una niña obediente, me levanté del pequeño taburete frente al espejo, y tomando mi toalla me dirigí a la ducha, donde terminé de quitarme toda la ropa y me dediqué a darme una relajante ducha. Mientras me bañaba, escuché a Bibiana decir algo, cuando le pregunté, me dijo que estaba haciendo un pedido por teléfono, que no me preocupase.

Durante el tiempo que estuve bajo la ducha aproveché y me depilé las piernas y brazos y axilas, que por lo general no lo hacía tan a menudo en honor a la verdad, ya que por lo general solo le mostraba mi cuerpo a mi esposo, y no me preocupaba mucho por eso. Aunque él de cuando en cuando me decía que yo era su osita de peluche, cuando lo escuchaba amorosamente llamarme de esa manera, que me sonaba tan chocante, entendía que ya era hora de depilarme, pero solo las extremidades. No como Bibiana que por lo visto, acostumbraba a depilarse toda, incluso totalmente hasta su monte de Venus, por lo que yo podía ver.

Antes de que saliera de la ducha, escuché tocar el timbre de la puerta, cuando me asomé Bibiana cerraba la puerta, y empujaba otro pequeño carrito con algunas botellas de cerveza. Por lo que vi me parece que los recibió de la manera en que se encontraba, ya que su toalla se encontraba sobre la cama al otro lado de la habitación, al verme soltó esa alegre risa, como de quien termina de hacer una pequeña travesura. Destapó una de las botellas y después de entregármela, colocándose su dedo índice sobre su barbilla y moviendo su cuerpo como una niña pequeña, al tiempo que imitaba la voz de una, dijo. -El pobre chico, solo dejó esto en la puerta y no dijo ni una palabra, ¿Por qué habrá sido?-

Yo me acuerdo que también, me causó bastante gracia la imitación que hizo de una niña traviesa, me imaginé la cara que habrá puesto el botones, al verla sin nada de ropa, y actuando como si fuera de lo más normal en el mundo, el estar toda desnuda frente a un extraño. Cuando terminé de salir del baño, envuelta en mi toalla y con la botella de cerveza en una de mis manos, Bibiana me pidió que me sentase nuevamente en el pequeño taburete frente al espejo.

De inmediato comenzó a darme una corta explicación sobre el tipo de piel que yo tengo, y como debería maquillarme. Los colores y tonos de las bases, que eran más recomendables, para mi tipo de rostro y piel. A medida que de cuando en cuando, ambas nos tomábamos un poco de cerveza. Luego se centró en mis ojos, que tipo de delineador y sombras debería usar, y la manera de hacerlo. Me fue sacando las cejas, y me dejó que yo terminase de hacerlo, bajo su experta dirección. Posteriormente me comenzó a explicar, la manera en que me recomendaba que me pintase los labios, y el porqué del color y tono que había escogido para ello, debido al color de mi piel.

Cuando pensé que ya habíamos terminado, me pidió que me quitase la toalla, para darme como dijo ella un pequeño retoque a mi busto. Un poco cortada, por quedar con mis senos al aire, frente a ella, retiré la toalla. Bibiana con una gran mota llena de talco, la comenzó a pasar por mi cuello, y parte superior de mi busto, al tiempo que me pedía que me pusiera de pie frente al espejo. Yo pensaba quedarme con mi toalla puesta alrededor de mi cintura, pero ella de manera suave me la desprendió, dejándola sobre el pequeño asiento.

Cuando terminé de pararme, Bibiana me indicó que me viera en el espejo y le dijera que le parecía mi nueva imagen. La verdad que me agradó mucho el verme como lucía, era como si me hubiera realizado una especie de cirugía plástica, en todo mi rostro en cuestión de minutos, y sin dolor ni anestesia alguna. Mientras yo embelesada admiraba el lindo trabajo, Bibiana me entregó otra cerveza, la que de inmediato me llevé a los labios con mucho cuidado para no despintarlos, y ella comenzó a pasar una de sus manos por sobre mi cabellera, a manera de arreglar su caída natural sobre mis hombros.

Cuando terminó, colocó sus manos sobre mis caderas y sin llegar a soltarme, se colocó tras de mí. Me preguntó al oído. -¿Cómo me sentía, con mi nueva imagen?- En ese momento era tal mi alegría, que me di vuelta y la abracé en señal de agradecimiento. Pero cuando sentí sus firmes pechos desnudos, contra los míos, y el resto de su piel en contacto con la mía, una rara sensación recorrió todo mi cuerpo. Por un corto momento me quedé turbada, en ese instante me di cuenta que jamás en mi vida había abrazado a otra mujer de esa manera, y mucho menos estando desnudas las dos.

Nuestras caras se encontraban una frente a la otra, y tuve el impulso de soltarme, pero sus labios, suavemente chocaron con los míos, mientras que sus manos sentí que me apretaban contra su cuerpo. No se realmente decir que más pasó, de momento cerré mis ojos y sentí divinamente, su lengua dentro de mi boca. Sus manos acariciaban mi piel, y yo no podía hacer nada o mejor dicho, no quería hacer nada por detenerla.

De joven siempre le tuve miedo a llegar a relacionarme con otras chicas, y de adulta ya ni pensaba en eso. Pero cuando Bibiana continuó besándome de esa manera que lo hacía, me sentí desfallecer en sus brazos. Sin soltarnos nos continuamos besando, y a medida que pasaban los segundos lo hacíamos con más pasión, hasta que de alguna forma llegamos a una de las camas, mirándonos a los ojos, volvimos a besarnos, sus dedos en cierto momento los sentí sobre mi vulva, y creo que yo a la vez también agarré la de ella.

Lentamente Bibiana, me recostó sobre la cama y a medida que comenzaba a besarme todo mi cuerpo, yo intuí a donde se dirigía su boca. Por un buen rato me besó los pezones, de manera única y divina mordisqueándolos ligeramente, causando más placer todavía, por medio de esa extraña sensación, que sentía cuando sus dientes se cerraban ligeramente sobre ellos, luego continuó pasando su lengua y labios por el resto de mi cuerpo, hasta que se detuvo finalmente sobre mi vulva, con sus manos separó mis piernas, y cuando sentí su caliente respiración sobre la piel de mi vulva me estremecí toda, pero casi hasta me orino encima de la felicidad que me produjo el sentir su lengua sobre mi clítoris, como con su boca me lo chupaba suave al principio, pero intensamente luego.

Como ya les dije, jamás en mi vida o por lo menos de adulta llegué a tan siquiera pensar el tener un encuentro o acostarme con cualquier otra mujer como yo, pero en el momento en que Bibiana me acariciaba, y me hacía sentir tan feliz, de la alegría que sentía comenzaron a salírseme las lágrimas. Creo que desde que antes que eso sucediera, perdí la noción del tiempo, se que ella por un buen y largo rato me hizo sentir extremadamente feliz, y no es que mi marido no lo haga, pero es algo definitivamente muy diferente o distinto.

Bibiana como sabía qué hacerme, cómo hacerlo y en qué momento, para que yo disfrutara al máximo de ese momento entre las dos. Durante esa noche Bibiana, me hizo sentir feliz de ser mujer, por medio de diferentes maneras, me hizo cosas que nunca llegué a pensar que me agradasen tanto. De cuando en cuando nos volvíamos a besar las dos, y en más de una de esas ocasiones, yo hacía con el cuerpo de ella, lo que ella había hecho previamente conmigo. Por primera vez en mi vida, ese término de una relación multi-orgásmica, verdaderamente tenía sentido para mí.

Durante el resto de la noche las dos nos divertimos la una con la otra, hasta que ya bastante agotadas, nos quedamos durmiendo juntas y abrazadas en la misma cama, con nuestras piernas entrelazadas. Cuando a la mañana siguiente nos despertamos creo que casi al mismo tiempo, me sentí sumamente avergonzada, hasta que Bibiana después de darme un lindo beso como saludo matutino, se levantó y me dijo que se nos hacía tarde para ver al próximo cliente.

Ambas nos bañamos juntas, nos comportábamos como un par de colegialas, nos vestimos y arreglamos y salimos sin desayunar, para comenzar a ver a nuestra clientela. A diferencia de cómo regularmente visto, Bibiana me convenció de que usara uno de sus lindos, pero cortos vestidos, de verdad que me sentía rara con eso puesto. Me molestaban un poco las miradas de la mayoría de los hombres y hasta de algunas mujeres con quienes nos entrevistamos, para realizar las ventas de nuestro producto.

Yo hablaba de los aspectos técnicos, y Bibiana se encargaba de tomar los pedidos, y vi con bastante asombro, como de dos cajas, que yo había recomendado comprar a un cliente, había subido a cinco. Después de que Bibiana astutamente hablaba con él. Al finalizar el día, al llegar al hotel pensábamos ir a la piscina, para relajarnos. Pero yo no había pensado en eso, al salir de mi casa, por lo que había dejado mi traje de baño de una sola pieza, y de color negro “clásico”, en mi casa.

Bibiana me ofreció amablemente uno de los suyos, pero cuando me lo fui a probar, me di cuenta de que como no me acostumbro a depilar entre las piernas, tenía  no una sino dos matas de pelos a cada lado del traje de baño. Bibiana antes de que yo me arrepintiese, se presentó ante mí con una crema depilatoria, y dándome un pequeño empujón sobre una de las camas, a manera de broma comenzó a pasarme sus dedos por sobre mi peluda vulva, desde luego después de que me quitó la parte de abajo del traje de baño o mejor dicho del tanga que me prestó.

Estuve a punto de pedirle que nos quedásemos en la habitación, pero como ella estaba tan deseosa de ir a la piscina, me callé la boca. Mientras que las dos nos encontrábamos en la piscina, sentí que cientos de ojos nos miraban, para mí fue algo nuevo, el estar prácticamente desnuda, apenas cubierta con dos pequeñas cintas de tela casi transparentes sobre mi cuerpo. Pero digamos que como nadie me conocía en ese lugar, no me preocupó tanto.

Antes de salir del área de la piscina, nos abordaron un par de hombres bastante simpáticos, Marcos y Tony, y vi como Bibiana sin consultarlo conmigo les dio el número de nuestra habitación y hasta había quedado con ellos en salir a cenar. Cuando ya en nuestro cuarto le reclamé lo que ella había hecho, me dijo con una gran sonrisa, que si yo no me quería divertir ese era problema mío, que su idea era salir a cenar, bailar y más nada.

Cuando escuché esos términos, realmente ya no me pareció tan mala la idea, y luego que me comuniqué con mi esposo por teléfono, y saludé a mis hijas nos arreglamos para salir, claro que sin decirle nada mi esposo, por supuesto. Nuevamente Bibiana me tuvo que prestar algo de su ropa, ya que la mía era demasiado formal para esa ocasión. Esa noche bajé vestida a cenar, usando un pequeño vestido color rosa, que Bibiana me había prestado, que de paso me quedaba bastante ajustado al cuerpo, tanto que tenía que jalar la ajustada falda, cada cierto número de pasos.

Cuando llegamos al restaurante nos esperaban los chicos, cenamos, bailamos, bebimos, y creo que en eso se me fue la mano. Los dos muchachos se estaban comportando de lo mejor, durante la cena charlamos sobre nuestros trabajos, y luego como si nos conociéramos de toda la vida nos fuimos a bailar. Bibiana como yo realmente, nos divertíamos bastante, pero en cierto momento, cuando fuimos al tocador de damas, en tono de broma Bibiana me dijo que si me atrevía hacer una apuesta, cuando le pregunté de que se trataba, con esa sonrisa maliciosa me dijo. -A ver quién es la primera en llevarse a su pareja para la cama.- yo en esos momentos le dije que si estaba loca o que, y lo dejamos así, pero a medida que pasaba la noche, ella me hacía señas y comentarios relacionados con lo que me había propuesto en el baño.

Pero al verla seduciendo tan descaradamente a Tony el joven con quien bailaba, de momento se me ocurrió competir con ella, pero sin la intención de acostarme con el tal Marcos realmente. Así que comencé a bailar, y actuar de manera un poco más suelta y seductora. Como mi acompañante no era retrasado, ni anormal, pensó que yo buscaba algo más que pasar un rato agradable bailando con él, por lo que en medio de la sala Marcos me ha comenzado a besar, y a tocar mi cuerpo mientras bailábamos de un modo tan especial, que algo se encendió dentro de mí.

De manera bien discreta, me invitó a su habitación. No sé si fue la cantidad de alcohol al que no estaba acostumbrada, los besos, las caricias, el ganar la apuesta a Bibiana o el hecho de estar haciendo algo, que yo bien sabía, que era algo que se suponía que no hiciera una mujer casada decente, como pensaba de mí en ese momento. Pero terminé subiendo a su habitación, que por casualidad quedaba en el mismo piso que la nuestra.

Apenas entramos, continuamos besándonos de manera más ardiente. En cierto momento sentí su miembro bastante duro, bajo la tela de su pantalón, no sé que me pasó realmente, pero al verlo a los ojos, sin que él me dijese nada, me he arrodillado frente a Marcos, y con mis manos saqué su miembro del encierro. En cosa de segundos, me encontraba chupando su miembro, como una verdadera desesperada.

Cuando él estaba quizás a punto de venirse, lo sacó de mi boca, y me pidió de manera bien lasciva. -ve quitándote la ropa, pero hazlo como una puta que quiere calentar a su cliente mostrándole el culo y las tetas.- Al escucharlo decir eso de forma tan sucia y vulgar, en lugar de aprovechar la ocasión para retirarme, molesta por la comparación con una puta, me agradó la idea, me di un trago de no sé qué cosa, que yo estaba bebiendo, y encantada de la vida le hice caso.

Lentamente al compás del ambiente musical de la habitación, me fui desprendiendo de todas las pocas prendas de vestir que estaba usando esa noche, lo primero en quitarme fue el ajustado vestido color rosa, por lo que de inmediato quedé en sostén y las pequeñas pantaletas, tipo tanga que se me enterraban dentro de mis nalgas y apenas ocultaban mi recién depilado coño.

Mientras que mi acompañante se acariciaba con una mano su miembro delante de mí. Luego me solté el broche del sostén, y por un corto rato jugué con el dándole vueltas con una de mis manos, mientras que con la otra bajaba la parte frontal o trasera del pequeño tanga, mostrando y ocultando rápidamente mi vulva y parte de mi culo, luego volvía a ponerlos en su lugar. Hasta que terminé por quitarme todo y quedar del todo desnuda frente Marcos sin un ápice de vergüenza de mi parte, moviendo mi cuerpo de manera erótica, abría las piernas, le mostraba mis nalgas, me acariciaba las tetas yo misma.

Me sentía orgullosa de que él admirase mi cuerpo desnudo y me desease, tanto como verdaderamente estaba deseosa yo de acostarme con él. Nuevamente hablándome de esa manera tan lasciva y sucia en que se dirigía a mí en esos momentos. –Así me gusta, bien putita mía, continúa mamándome la verga otro rato antes de que te la meta por ese coñito de nena que tienes.- Lo que hice de nuevo por un corto rato, hasta encontrarme de lo más entretenida chupando su aparato con mi boca, al tiempo que yo misma me acariciaba con mis dedos íntimamente, mi recién depilado coño.

En ese momento, se abrió la puerta de su habitación. Por unos segundos, me quedé sorprendida y avergonzada de que me hubieran encontrado así. Su compañero Tony, se encontraba de pie en la puerta de la habitación. No sé que se había hecho Bibiana, pero el recién llegado tras cerrar la puerta caminó directo hasta donde se encontraba el tal Marcos sentado en un sillón y yo agachada frente a él, manoseándome sabrosamente mi coño.

Marcos le preguntó cómo le había ido, y Tony comentó entre dientes que Bibiana tenía la regla y no se sentía bien. Cosa que yo sabía era mentira, ya que en cierto momento en que las dos nos bañábamos en la ducha, nos dimos cuenta que el período nuestro nos llegaba casi al mismo tiempo. Pero Tony realmente en ese instante no parecía molesto. Por lo contrario parecía estar contento con lo que se había encontrado en su habitación, lo digo porque con una gran sonrisa, se ha sacado su instrumento frente a mis ojos.

Al yo verlo, me quedé sorprendida, pero me vino a la memoria, esa oscura fantasía de hacerlo con dos hombres al mismo tiempo. Fantasía que siempre he tenido en secreteo, pero que a nadie se la he dicho ni siquiera a Bibiana hasta esos momentos. Por un corto rato continué mamando la verga de Marcos, hasta que él me preguntó del modo en que se había acostumbrado hablarme. -Vanesa putita linda, vamos los tres para la cama, para que sepas lo que es bueno, mientras que yo te doy por el chiquito, se refería a mi culo, el compadre te clava por el coño y luego cambiamos.-

El estar escuchándolo decir eso, al mismo tiempo que yo seguía acariciando mi coño y apretando mi clítoris con mis dedos, me hizo sentir un sabroso orgasmo. No tuve que responderle, tras sacar su verga de mi boca, fui la primera en acostarme en la cama. Marcos se terminó de quitar sus pantalones y su slip, y colocándose detrás de mí, sentí sus dedos acariciar mi esfínter, supongo que debió untarme algún tipo de crema, porque cuando comenzó a penetrarme por el ano, sentí como su miembro se deslizaba dentro de mi cuerpo.

En raras ocasiones, mi marido me ha hecho eso, pero siempre me duele al principio. Con Marcos no fue así, digo si me dolió algo cuando me lo metió, pero sencillamente me penetró divinamente por el culo. Por un corto instante nos movimos, hasta que Tony no tan solo se quitó el pantalón y el slip, sino que se desnudó del todo, para luego acostarse frente a mí y comenzar a introducir su verga dentro de mi coño. El resto de la noche no hubo cosa que esos dos no me hayan hecho, de manera alternada, cuando no me daban por el culo, me mamaban el coño o yo les chupaba su verga. En la mayor parte de las veces disfruté de sabrosos orgasmos, hasta que ellos finalmente terminaron por venirse sobre mí cuerpo.

Después de quedarme dormida, cuando me levanté y a duras penas me puse mi ropa y me marché a mi propia habitación. Al entrar en la habitación, me di cuenta que Bibiana me esperaba despierta, al ver en el estado en que me encontraba, se limitó a decir nada más. -Me ganaste la apuesta y por partida doble me parece.- Mientras que me conducía a la ducha me pidió que le contase todo lo sucedido, y yo en medio de mi borrachera le dije abiertamente que había hecho de todo, y hasta que me habían dado sabrosamente por el culo. A la mañana siguiente, tenía un soberano dolor de cabeza, producto de haber tomado tanto alcohol, cosa que no tengo por costumbre hacer. Ya Bibiana se había levantado, yo me di otra buena ducha, y a punta de pastillas para el dolor de cabeza, mi compañera de trabajo y yo seguimos con las ventas.

No fue hasta el medio día que Bibiana me comentó nuevamente, de manera jocosa que le había ganado de mano, al irme con esos dos tipos, a la habitación de ellos. Desde esa fecha a los momentos actuales Bibiana y yo mantenemos oculta nuestra relación, como también el sin número de veces que le he sido infiel a mi marido. Pero ese es el infierno a que me refiero, mi marido como que se está dando cuenta de que algo raro pasa conmigo, ya que me reclamó mi nueva manera de vestir, el hecho de encontrarse con mi coño depilado, y las muchas salidas de venta que tengo fuera de la ciudad. Además el gran aumento en mis porcentajes de venta. Lo triste de todo eso, es que todo me esta gustando cada día más y más y si mi esposo continua jodiendo tanto le voy a tener que pedir el divorcio.

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