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Tratame como a una puta

Publicado por fercho212 en Julio 29, 2009

Eran más de las 8:30 pm y yo apenas iba saliendo de la oficina. Me llamo Daniel y trabajo en el DF, en el sur de la ciudad, pero vivo en Cuernavaca (CIVAC), así que viajo diario de la casa al trabajo y bis. Hoy tenía mi esposa una reunión con sus compañeros de trabajo y le había prometido llegar más temprano a la casa, pero las cosas en el trabajo se complicaron y para colmo era viernes, el periférico estaba lento como una tortuga.

Por fin después de más de una hora de viaje llegué a la casa, eran casi las 10 pm y yo había quedado de estar a las 8.00, saludé a los invitados y a mi esposa que me echó una mirada de pocos amigos de lo enojada que estaba. Yo disimulé como si todo estuviera bien y me disculpé por la tardanza, para el colmo estaba a tomando un medicamento que no se llevaba con el vino y tuve que tomar solamente refresco.

Como vi a mi esposa enojada me integré a la plática de los invitados, eran dos matrimonios, mi esposa y una amiga que iba sola y yo. Todo fue bien, la reunión se animó, bailamos, uno de lo invitados llevaba su guitarra, así que hubo momento bohemio y cantamos, hasta que nos dieron las 3 de la mañana. Mi esposa y todos los demás le entraron duro a la bebida así todos sin excepción estaban entonados.

Los dos matrimonios se despidieron y se fueron, la amiga de mi esposa de nombre Diana, se sirvió otra copa y platicaba con mi esposa mientras mi esposa le pidió un taxi, yo me subí a mi recámara dispuesto a dormir, apenas me estaba quedando dormido, cuando mi esposa me habla. Yo más dormido que despierto le pregunté que pasaba, ella me dijo que llevaban más de una hora y que el taxi no aparecía y en sitio ya no le contestaban, así que quería que llevara a su amiga hasta su casa.

Puse cara de enojo por que Diana vive hasta el otro lado de la ciudad (Rancho Cortes) y me haría como una hora en ir y regresar, pero me amenazó diciéndome, me las debes, no creas que sAñadir una imagene me ha olvidado que llegaste tarde. Tuve que vestirme a regañadientes, pero ni modo tenía que complacerla para no discutir.

Bajé y Diana estaba muy tomada, se le notaba en la cara, se disculpó y yo le dije que no se preocupara, la ayudé a subir al auto en el asiento de adelante y le abrí la puerta a mi mujer, ella me dijo que no se sentía muy bien (también se sentía ebria) así que me pidió que la llevara yo solo, que ella se iba a dormir. Ni modo me arranqué y tomé el rumbo de la casa de Diana.

Ella me daba plática y yo hacía como que le hacía caso, pero en verdad iba muy encabronado. Diana buscaba en su bolsa sus cigarros, pero al parecer los había olvidado en mi casa, así que en el trayecto me pidió que detuviera al frente de una vinatería que atienden las 24 hrs.

Cuando me paré, le pedí que no se bajara, y yo me bajé a comprarle los cigarros, aún lado de la vinatería se encontraban tres prostitutas, vestidas muy provocativamente, no pude soportar la tentación de mirarlas y al ver que las estaba viendo una de ellas se me acercó ofreciéndome sus servicios. La verdad me dio pena, por que sabía que Diana me estaba viendo, y le dije que no, la prosti insistía al grado que me se me acercó y me decía que calara la mercancía y me señalaba sus nalgas.

Yo me di la vuelta y compré los cigarros, el tendero se reía de mí, pues había visto la escenita. Todavía pasé a un lado de ella y me dijo “ándale papacito anímate, te cobro barato” yo me hice el tonto y me subí al auto, lo arranqué de prisa y seguí mi rumbo, ni siquiera volteé a ver a Diana, si no que solo le di sus cigarros.

De reojo vi que Diana se reía, más encabronado me puse, ella me dijo “¿tienes tu pegue eh?” y se seguía riendo mientras encendía su cigarro, yo no le hice caso y seguí manejando. De repente Diana me dice “me gustaría ser puta”, yo me quedé anonadado por lo que acaba de escuchar, y la vi con ojos de incrédulo (pensé esta vieja está muy tomada).

“Si”, me repitió, “me gustaría ser puta, una de mis más anheladas fantasías es ser poseída por un desconocido, que utilice mi cuerpo como fuente de su placer y me de el trato de una puta, que me haga suya sin importarle si me satisface o no”, “por si no lo sabes es una fantasía muy común entre las mujeres”. “Crees que no la haría de puta, veme no estoy muy jodida que digamos, mira mis senos están todavía muy bien sin sostén se sostienen muy bien.

Yo me hice nuevamente el tonto, ella se agarraba las tetas, las tomaba con las manos y se los veía. No me crees me preguntó yo la volteé a ver”, “checa”, me dijo y me tomó mi mano derecha y se la puso en uno de sus senos, toca para que sientas, yo retiré mi mano y le dije que si con la cabeza. Eso me hizo entre gracia y asombro, lo que si logró es que me calentara.

Seguí manejando y ella seguía viendo sus senos, luego me dijo mira mis piernas, no están mal, hago bastante ejercicio, desde que me divorcié me metí a un gimnasio y me conservo bastante bien, se subió su vestido hasta casi vérsele la panti, me hizo nuevamente que le tocara las piernas para comprobar lo que me decía, esta vez no me dejé inhibir y le acaricié las piernas, ella no hizo nada solo seguía fumando, metí mi mano en medio de sus piernas y hasta se acomodó para que mi mano entrara más, le sobé su sexo y sentí como mi verga se ponía erecta.

Le frotaba su sexo por encima de su panti y no decía nada, hasta que me animé y le hice a un lado el panti, le toqué su sexo, estaba húmeda, mis dedos se perdieron en él, mi dedo medio buscó su clítoris, y lo empezó a estimular, ella cerraba los ojos y fumaba, yo estaba realmente caliente, así que busqué un lugar para pararme, me metí a una calle cerrada y apagué el auto.

Le empecé a besar el cuello y cambié de mano, ahora la estimulaba con la izquierda, bajé mi cara hasta sus senos y se los empecé a besar, le bajé el vestido hasta sus hombros y el sostén, hasta descubrirle sus tetas, le empecé a chupar sus pezones y entonces hasta del cigarro se olvidó, me tomaba de la nuca y me atraía hacia ella, lo malo de todo es que estaba muy incómodo dentro del auto y no podía hacer más, ella también se dio cuenta y me dijo, por que no esperas a llegar a mi casa ya esta aquí a la vuelta, mi muchacha no está y podemos utilizar el cuarto de servicio. Yo asentí y volví a mi lugar, prendí el auto y me apresuré a llegar a su casa.

Nos bajamos sin hacer ruido, ella abrió la casa, pero no prendió la luz, me tomó de la mano y me guió en la oscuridad, hasta llegar a una habitación, prendió la luz de la habitación y nos metimos, cerró la puerta.

Yo me lancé sobre de ella, nuevamente le bajé el vestido y el sostén hasta sus hombros, y me ensimismé sobre sus tetas, con mis manos le sobaba sus nalgas bajó su panti, ella cerraba los ojos y me atraía hacia ella con sus manos en mi nuca, lo volteé me puse a su espalda de ella, le besé el cuello y desabroché sus vestido y el sostén, ella me ayudó quitándoselo por debajo de las piernas, solo se quedó en zapatos y con su panti.

Se dio la vuelta yo me le quedé viendo, su cuerpo estaba bien conservado, las piernas estaban bien torneadas y sus tetas como ella ya lo había mencionado estaban firmes, eran de tamaño regular, tenía los pezones pequeños, pero bien erectos.

“Bien putita”, le dije, ahora vas a ver que se siente. Ella hizo una mueca de risa pícara, me desabroché mi pantalón y me lo quité, mi verga se quería escapar de mi calzón, me quité también el calzón y la hice que se hincara, ella entendió bien el mensaje y directamente tomó con una de sus manos mi miembro y empezó a masturbarlo, luego utilizó su lengua.

Se ve que le encantaba hacer aquello, pues me provocaba unas sensaciones bastantes intensas, yo le tomaba la cabeza por la nuca y hacía que se lo comiera todo, y le decía “cómetelo todo putita, saboréalo”, “vamos, se ve que te encanta mamármelo”, y las palabras hacían su efecto, pues ella hacía gala de su experiencia.

Después de un rato, le hice la seña que se pusiera de pie, le quité su panti y la hice que se pusiera en cuatro sobre la cama, me puse detrás de ella y le empecé a besar sus nalgas y a utilizar mi lengua sobre su ano y su sexo, “estás buena putita”, mis dedos acariciaban sus labios vaginales mientras con mi lengua le recorría las nalgas y su ano, sentía sus estremecimientos cuando pasaba mi lengua sobre su ano, mis dedos jugaban con su clítoris, podía ver como su vagina se abría toda llena de baba, combinación de mi saliva y de sus fluidos.

Después de un rato de dedearla y lengüetearla me decía “ya métemela papacito, ya métemela”, así que al cliente lo que pida, se la dejé ir de un solo golpe, le entró fácilmente y sentí como su cuerpo se contrajo para recibir mi miembro. La tomé de la cintura y la penetraba con fuerza, el golpeteo de mi pelvis contra sus nalgas se oía de manera estupenda, ella me decía, “así papacito no te pares, no te pares”, yo le daba con más fuerza, de vez en cuando pasaba mis manos sobre sus tetas y le pellizcaba los pezones.

Luego la tomaba del pelo y hacía fuerza para penetrarla más al fondo, “te gusta putita”, “te gusta sentir mi verga hasta el fondo”, ella me contestaba “así, así papacito, métemela, no te pares”, solo vi como sus manos apretaban contra la colcha de la sábana.

Mi cuerpo sudaba copiosamente y el de ella también. Me cansé de penetrarla de esa manera así que me salí de ella y le dije “ahora te toca arriba”, me acosté en la cama y ella se colocó por encima de mí, pero antes de dejarla que se insertara mi miembro, bajé mi cara a la altura de su sexo y le volví a dar una mamada su vagina, le succionaba el clítoris, mientras con mi mano derecha le hundía un dedo en su ano, se empezó a mover su pelvis tratando de restregar su sexo en mi cara, yo no dejaba de utilizar mi lengua y de chupar su vagina hasta que se vino.

Se le puso la piel chinita, chinita y retiró su pelvis de mi cara, eso lo aproveché para acomodarme y hacer que ahora se insertara mi verga, comencé a moverme muy despacio, pues veía que se estaba recuperando de su orgasmo, luego sentí como poco a poco ella empezó a menearse a mi ritmo, le sobaba sus tetas, retorcía sus pezones, ella apoyaba sus manos en mi pecho y contoneaba sus caderas, así estuvimos buen rato, hasta que me dijo, “Quiero que termines en mi cara”

Yo ya tenía ganas de terminar así, que la hice que se me quitara de encima y se sentara el borde de la cama, yo me puse de pie enfrente de ella, me tomó del miembro y empezó a masturbarme, me daba pequeñas mamadas y no dejaba de sacudirme el pito, yo mientras le acariciaba las tetas y sus pezones, me besaba el pecho, hasta que le dije “me voy a venir”, me intensificó el masaje hasta que empecé a aventar chorros de semen, cerré los ojos y sentí como todos mis músculos se tensaron, me vine de una manera deliciosa, cuando abrí los ojos vi que toda mi leche la tenía en la cara, sacudía mi verga sobre sus mejillas, con todo mi semen embarrado.

“Que rico papacito, nunca había hecho esto, lo había visto en películas XXX, pero nunca habían terminado en mi cara”, “eres un amor”. Yo solo esbocé una sonrisa, por lo menos le había gustado. Me vestí de prisa, miré el reloj eran las 4 de la mañana. Me despedí, no sin antes advertirle que no había pasado nada, ella se sonrió y me dijo “no te preocupes, nadie sabrá nada”.

Me subí a mi auto y me fui a la casa, de regreso volví a ver de pasada a las prosti que seguían a un lado de la vinatería y solo me reí. Llegué a mi casa cerca de las 5 de la mañana, me acosté y me que bien dormido. La luz del sol me despertó, estaba todo adolorido, mi esposa no estaba ya en la cama, me levanté y fui al baño, mi esposa se estaba bañando, la saludé y me dijo uyyy, me duele la cabeza horrible, luego que te fuiste a dejar a Diana me quedé dormida, ni sentí cuando llegaste, ayer se nos pasaron la copas, Diana estaba muy tomada.

Yo solo me reí y le dije, tomate unas aspirinas y un té de manzanilla, yo voy a seguir durmiendo un rato más.

Autor: Gato Negro

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UN BONITO LUGAR CARIBEÑO

Publicado por fercho212 en Octubre 2, 2008


UN BONITO LUGAR CARIBEÑO Aceleró el ritmo mientras me corría y mis líquidos salían en catarata, sacó los dedos de mi coñito y empezó a besarlo y chuparlo con ternura, su lengua succionó mis labios vaginales y toda mi abertura

Era un bonito lugar caribeño, una isla rodeada de playas enormes de finas arenas y aguas transparentes, palmeras, buena gastronomía y sobre todo hermosos y hermosas nativas de la isla a las cuales era imposible que tanto los ojos de Nuria como los míos no se perdieran en sus curvas y en su tez morena.

Llevábamos allí ya unos diez días, nuestro hotel era una maravilla con todas las comodidades que podíamos soñar, a los turistas nos trataban como si fuéramos reyes, después de mi último y raro percance en Madrid con aquellas extrañas bellezas que se hacían llamar lesbovampiras unas vacaciones era lo que estaba necesitando. Nuria se marchaba al día siguiente hacia España, pues su trabajo en su clínica así se lo requería, pero yo opté por quedarme una semana más y disfrutar de toda aquella exótica vida.

Esa noche Nuria y yo nos despedimos con una fiestecita privada de esas en que no falta champán, hielo y una gran dosis de erotismo, desde nuestra aventura en la cárcel y en aquella casona gallega nos habíamos hecho muy buenas y cariñosas amigas, teníamos muy claro que nos gustábamos y que cuando nos apetecía nos teníamos la una a la otra, pero nunca con compromisos mucho más serios.

Cada una podía vivir su vida sin dar explicaciones a la otra. Al día siguiente la acompañe al aeropuerto, la despedí con un dulce beso y después volví en taxi al hotel, allí me esperaba el comienzo de una de mis nuevas y excitantes aventuras.

Nada más entrar por la recepción, me abordó un empleado del hotel, el cual me hizo saber que el director del hotel quería verme si era posible, le acompañe hasta el despacho del director, el cual era un hombre de unos cincuenta años, alto, delgado, con la tez morena del lugar, amplia sonrisa y unas grandes gafas que resultaban ridículas si se fijaba una con atención. Me invitó a sentarme en una silla frente a su mesa, me puso un cóctel de frutas y comenzó a explicar el motivo por el que quería verme.

- Ante todo le pido disculpas, Srta. Sandra por molestarla en sus vacaciones, mi nombre es Manau, soy director de este hermoso hotel y la razón de llamarla es que tenemos un problema y no se a quien acudir, se por su ficha de cliente que usted es detective privado y me he tomado la libertad de intentar pedirle su ayuda…si es posible.

- Cuentéme usted que le ocurre…Sr. Manau e intentaré ayudarle en la medida que me sea posible.

- Pues verá, Srta., sabe usted que esta es una isla pequeña, disponemos de un aeropuerto, de un pequeño puerto, grandes playas, exóticos restaurantes y varios hoteles, pero no tenemos por razones, digamos de censo, ninguna unidad de policía. Solo sistemas propios de seguridad y cuando tenemos un problema serio vienen de la península algún destacamento del cuerpo policial.

Yo he hablado con ellos y no consideran que lo que nos ocurre le competa a ellos, por lo tanto tengo que recurrir a mis propios recursos, y he pensado en alguien como usted.

- La verdad es que empieza usted a despertar mi curiosidad…cuénteme todo con detalles…por favor. Le contesté – Vera, como habrá visto, aquí somos un país en el que los turistas son como reyes, el cambio de moneda les da mucho margen, es como si fueran millonarios…también es un sitio donde vienen muchas parejas…digamos…a pasar unos días en compañía de alguien que no es su esposo o esposa…¿no se si me entiende? – Perfectamente, en España decimos que vienen a echar una canita al aire..

- Pues bien…he recibido informes de clientes que han venido por aquí con sus amantes, y después en sus respectivos países han recibido una copia en video de sus relaciones extramatrimoniales…filmadas en la isla, con una petición de mucho dinero a cambio de esa cinta y el silencio.

- Si, vamos…un chantaje…hablando claro. -Exacto, yo le puedo asegurar que hasta donde yo puedo saber, el hotel no tiene nada que ver con esto, pero el caso es que muchos videos están tomados en las instalaciones del hotel y alrededores, así que sospechamos de alguien del servicio…pero claro, aquí trabajan más de 70 personas entre camareros, recepcionistas, cocineras, etc…el caso es que nuestra clientela baja de forma considerable y hay que poner fin a esto. Además yo solo llevo un año en este hotel y en esta isla y si no pongo remedio mis superiores optaran por prescindir de mis servicios.

- De acuerdo… a ver si lo entiendo… ¿Quiere que descubra quien chantajea a sus clientes?..Ok?- Eso es…a cambio el hotel le pagará sus servicios y por su puesto su estancia aquí.

- De acuerdo…esto es lo que vamos a hacer…me daré de baja en su hotel y volveré mañana con una nueva identidad…me haré pasar por una rica mujer casada que viene con un amante…haremos correr la voz de que estoy forrada de pasta…y de esta forma le tenderemos una trampa a los chantajistas.

En ese momento la puerta del despacho se abrió y entró una mujer joven, de unos 25 años le calculo, era sin duda nativa del lugar por su tez morena, tenia el pelo negro como la noche y unos ojos grandes y verdes, la cara era fina pero sus rasgos eran preciosos a lo mismo que sus labios carnosos, a través de su blusa y en libertad sus pechos no demasiados grandes se movían alegremente y su falda corta le dibujaba una silueta realmente excitante. Llevaba una pequeña maleta.

-Hola Papa!, perdone que te moleste, acabo de llegar ahora mismo!-Hija mía!..¡que alegría!, estás espléndida…

El director se levantó, abrazó y besó a la hermosa recién llegada y después de intercalar algunas palabras en un dialecto del lugar con ella, se dirigió a mi.

-Srta. Sandra…esta es mi hija Noa, acaba de llegar de Estados Unidos, de la universidad de Orlando, donde ha estado estudiando estos últimos tres años…ha venido a pasar las vacaciones..y por supuesto a ver a su padre.

Después de las presentaciones..Noa abandonó el despacho…y a mi mente se le ocurrió una idea que podría funcionar.

-Vera señor Director…creo que tengo el plan perfecto para pillar a los chantajistas…pero necesitaré la ayuda de usted….y sobre todo de su hija… -¿De mi hija, no entiendo…que puede hacer ella?-Pues verá, ella es recién llegada, así que todavía nadie sabe que esta por aquí, además si usted lleva solo una año en esta isla nadie sabe que es su hija, ¿cierto?-cierto, solo lo saben usted, ella y yo…

- ¿No tiene usted esposa?-no… Verá…la madre de Noa falleció hace cuatro años en un fatídico accidente de coche…le afectó mucho y por eso decidí mandarla a Estados unidos. -Oh…no sabe cuanto lo siento…lo que necesito que su hija se haga pasar por mi…ejem…por mi amante… -¿Por su amante?…se refiere a que se haga pasar por…. -exacto…por lesbiana…pero no se preocupe…solo será una pantomima…de esta forma será mucho más atrayente para los chantajistas…imagínese…una mujer rica…teniendo un lío con una nativa..¡Es perfecto el cebo!

-No se Srta…no se si mi hija querrá prestarse a ello…aunque sea de mentira.. -Bueno…usted hable con ella, es una chica culta e inteligente…si quiere bien y si no buscaremos otra…pero ella es perfecta…acaba de llegar…nadie la conoce…

-De acuerdo…hablaré con ella esta misma tarde y le haré saber a usted si acepta. -bien, yo lo que haré es que recogeré mis cosas y me daré de baja en recepción. Usted se encargará de que esta noche la pasé sin registrarme, y mañana apareceré con otra identidad y un nuevo look, me cortaré un poco el pelo y me daré un tinte. Así mismo necesito que usted me facilite una cuenta sin límite para gastar…por supuesto todo lo comprado se lo devolveré cuando esto acabe…y que haga correr la voz de que estoy forrada de dinero. -cuente con ello.

Mi plan empezó a funcionar, me di de baja en recepción pero el Sr. Manau me alojo esa noche en una habitación del servicio, le pedí una lista de la gente que trabajaba en el hotel, una peluquera vino a la habitación, me cortó algo el pelo, me lo ricé y teñí mi rubia melena por un color caoba, la verdad es que parecía otra persona. Cuando esa noche estudiaba la lista del personal y subrayaba la gente de la que podía sospechar sonó unos golpecitos en la puerta de mi habitación.

-Toc, toc, toc! Solo podía ser el Sr. Manau así que abrí…pero no era él…sino su hija Noa.

La muchacha inclinó un poco la cabeza en forma de saludo y me dijo-Buena noche..Srta. Sandra, vengo a hablar con usted…

La chica era realmente hermosa, su belleza caribeña resaltaba con lo delicada y frágil que parecía, iba con un vestido floreado holgadito entre celeste y morado. En su negra melena tenia una flor que le daba todo ese aire exótico de las lugareñas. También llevaba un precioso collar de perlas pequeñas, con un tono amarillento.

-Pasa Noa, hablemos dentro…

Noa entró y se quedó de pie en medio de la habitación, la invité a sentarse en un sofá que había y la puse un refresco, me senté enfrente.

- Bien Noa, creo que sabes cual es mi plan, la razón de escogerte a ti es que nadie sabe quien eres ya que estas recién llegada, lo único que tienes que hacer es estar conmigo durante el día y reírte mucho, nos cogeremos de la mano, nos haremos mimitos, te haré muchos regalos y llamaremos mucho la atención, quiero que los chantajistas se fijen en nosotras.

-Por mi no hay problema, Sandra, todo lo que sea ayudar a mi padre será poco, desde que falleció mi madre se ha desvivido por darme una buena educación y estoy deseando pagarle todo lo que ha hacho por mi, así que estaré con usted todo el día y haré bien mi papel…..¿qué haremos por la noche?-Ohhh, por la noche?…nada, tú te vas a tu habitación y yo a la mía…

-¿no será mejor para disimular que durmamos en la misma habitación?

-Claro..es mejor, pero no quería que te sintieras violenta así, que, -no ocurre nada, además esto es un trabajo, ninguna de las dos somos lesbianas, no?, así que por mi no hay problema.

Tuve que hacer un esfuerzo…y mentirle…no quería echar al traste la investigación.

-Oh claro, ninguna tenemos tendencias lésbicas, solo es un asunto profesional…pues bien, todo ok. Mañana empezaremos la función.

Al día siguiente el plan empezó, me presenté en el hotel con Noa y cogimos una habitación con una sola cama…di un nombre falso y rellené la ficha como una mujer casada. Desde el primer momento di generosas propinas e hice alarde de despilfarro. Noa se comportó extraordinariamente bien, me cogía de la mano…del brazo…yo la compraba pulseras, ropa, nos reíamos continuamente….dábamos la impresión de que éramos algo más que amigas.

El Sr. Manau se encargó de correr la voz de que era una mujer rica casada con un prospero empresario…eso levantó muchas miradas…sobre todo la de dos de los sospechosos en mi lista.

Uno de ellos era el jardinero del hotel, un tal Miguel, un nativo de gran corpulencia, sospechaba de él por que no se disponía de mucha información de sus anteriores trabajos, llevaba unos dos años en el hotel, justo el tiempo que hacia que empezaron los chantajes, dormía en las habitaciones del servicio del hotel y tenia una moto importada de gran cilindrada, algo cara para el sueldo que cobraba….la otra sospechosa era una camarera, Laila, una joven de unos 23 años que llevaba desde los 19 en el hotel, muy amiga de Miguel.

Tenía llave maestra de todas las habitaciones y lo que más me llamó la atención es que en su currículo constaba un curso de fotografía y video por correspondencia enviado desde una empresa de Miami. Estaba casi segura de que ellos eran los chantajistas pero tenia que probarlo. En ningún momento les vi con ninguna cámara a ninguno de los dos, pero si observaban sin parar y hablaban mucho entre ellos.

Durante tres días estuvimos calentando la situación, tanto Noa como yo hacíamos un papel pero no mostrábamos claramente nuestras tendencias, la verdad es que a mi había veces que la cercanía de Noa me ponía bastante cachonda pero disimulaba sobre todo en beneficio de la investigación, por las noches Noa y yo dormíamos en la misma habitación pero su padre hizo instalar una cama supletoria que escondíamos debajo de la principal. El cuarto día, después de una cena rica en marisco, algo de vino y muchas risas, Noa y yo fuimos a la habitación, yo había puesto en la puerta un trozo de papel celofán en un lugar escondido para saber si la puerta era abierta mientras no estábamos y esa noche estaba despegado..antes de entrar hablé con Noa.

-Bien Noa…seguramente hayan escondido una cámara, así que tenemos que fingir dentro..nos llamaremos con palabras como cariño y amor y nos acostaremos en la misma cama, con eso les daremos motivos suficientes para chantajearnos… -De acuerdo…Sandra…..lo haré bien…tranquila.

Entramos y desde el primer momento, disimulando localicé el emplazamiento de la cámara, estaba en un respiradero en la pared, detrás de una rejilla, apenas se veía pero barría toda la habitación.

Noa y yo reíamos y nos llamábamos continuamente cariño, amor, y algún beso en las mejillas…entonces Noa me dijo que tenía que entrar al baño…un momento. Yo aproveché para quedarme en braguitas y ponerme el camisón encima. Cuando oí la puerta del baño abrirse y me di la vuelta para comentarle algo a Noa me quedé helada con la visión.

Noa salía totalmente desnuda, solo llevaba el collar de perlas que resaltaba sobre su piel morena, sus pechos no muy grandes pero muy redondos tenían unas aureolas oscuras y unos pezones preciosos, su pelo estaba recogido en una coleta trasera, se acercó lentamente a mi y cuando estuvo a mi lado, me agarró de las caderas y me atrajo hasta ella…sus labios hicieron contacto con los míos y su lengua se abrió paso para entrar en mi boca y jugar con mi lengua, mientras me besaba apasionadamente sus manos pasaron a acariciar y a apretar mi culito por encima del camisón…

Yo estaba paralizada…Noa en cambio estaba muy segura de si misma, me levantó el camisón y me lo quitó por encima de la cabeza.

-Noa. ¿qué estás haciendo…?

Le dije susurrando y casi con mi boca pegada a su oreja- simplemente…haciendo mi papel…Sandra…démosles a los chantajistas un buen motivo para chantajearnos…no crees? Me contestó también muy bajito…con una voz dulce y seductora…

Luego me tumbó en la cama y ella a mi lado, sus manos empezaron a recorrer mi cuerpo mientras besaba mi cuello…pasando por mis pechos e intercalando mis pezones entre sus dedos, por el mismo sitio donde bajaban sus manos pasaba luego su húmeda lengua, por lo que pronto note como me chupaba el contorno de mis tetas y subía con ansia hacia mis erectos pezones que fueron fruto de sus dientes, mientras su mano me había desprovisto de las bragas y sus dedos viajaban de arriba a abajo de mi raja ya súper húmeda, movía sus dedos en círculos sobre mi coñito y excitaba mi clítoris con suaves masajes sobre el, mis labios se iban abriendo dando paso a dos de sus dedos…

Noa se tumbó boca arriba al lado mío sin parar de masturbarme con su mano derecha, así que yo hice lo mismo con mi mano izquierda sobre ella, encontrándome con un coñito tremendamente mojado e inflamado de deseo, todo lo que ella me hacia a mi yo se lo hacia a ella, aquello se convirtió en una especie de a ver quien masturbaba mejor a la otra, Noa aceleró el ritmo y yo también, pronto las dos empezamos a movernos levantado el culito hacia arriba, nuestros dedos entraron dentro de la otra y empezamos a volvernos locas de placer…

-Noa….sigue…amor..Mmmm…ahhh, me gusta…¡sigueeeeee!

Grité sin poder evitarlo…de repente Noa se volvió hacia mi y se puso encima mío, obligando a dejar de masturbarla pero ella no sacó la mano de dentro de mi, sino que acompañó aquella atacada con su cuerpo, como si me follara con un pene imaginario, que en este caso eran sus dedos, yo me movía como una loca, estaba a punto de correrme con aquella mano maravillosa…pero Noa no me dejó tregua…sin sacar sus dedos…su boca bajó hasta mi coño y su lengua lamió todos mis flujos.

-Cariño…ahhhhh, me estás volviendo loca, ¡esos dedos! ¡Esa lengua! Noa continuó sin descanso, parecía que la mano hubiera cogido vida propia, los dedos entraban y salían con tremenda facilidad y su lengua recogía todo lo que de mi raja salía, abrí mis piernas lo más que pude para sentir toda aquella atacada…

Noa…me voy a correr…no aguanto más!..Ahhhhhhh, siiii, siiiii…

Mi amiga aceleró el ritmo mientras me corría y mis líquidos salían en catarata…entonces fue cuando sacó los dedos de mi ya dolorido coñito y empezó a besarlo y chuparlo con ternura…a la vez que iba colocando su cuerpo sobre el mío para formar un perfecto 69, su lengua succionó mis labios vaginales y recorrió toda mi abertura con ternura y suavidad.

Así nos fundimos en un excitante festejo de intercambio mutuo de flujos, su raja era apetitosa y húmeda, por lo que mi lengua trabajó sin descanso relamiendo todo sus contornos…su piel tenía un sabor entre salado y exótico, pero otra vez Noa cogió la iniciativa, su raja se alejó de mi boca y ella se echó hacia delante, noté como algo pequeño y durito recorría mis labios vaginales. ¡Era uno de los pezones de Noa!, esta tremenda mujer ahora me masturbaba con sus tetitas…aquello me comenzó a calentar otra vez y me abandoné al placer una vez más…

Noa turnó sus pezones…dirigiéndolos con sus manos sobre mis labios mayores y mojándose de mis jugos..a la vez Noa gemía con deseo, parece que aquello la ponía tan cachonda como a mi.. Me imagino que la cámara estaba registrando aquella orgía paso por paso…cosa que por otro lado también me daba morbo.

Cuando Noa se despachó a gusto sus tetas sobre mi raja, se levanto de la cama y me levantó a mi, me llevó hasta el suelo de la habitación y me tumbó en la alfombra, ella se tumbó también metiendo sus piernas entre las mías y consiguió que nuestros coños hicieran contacto, aunque estábamos totalmente alejadas en cuanto a cabeza se refiere, enganchó con sus manos mis tobillos y comenzó a moverse follándome con su raja, yo hice lo mismo y pronto las dos nos movíamos como locas en el suelo, juntando nuestro labios y sintiendo la abundante humedad que ahí se formaba, aquello fue adquiriendo velocidad y movimiento.

-¡Quiero que nos corramos juntas!…ahhhh…siiiii, Sandra!

Noa estaba como loca…cada vez tiraba más de mis tobillos como queriendo meternos una dentro de la otra,-fóllame, Sandra, asiii, me gustaaaaa!, sigue!-Siii, Noaa, cariño, ya llegoooo. Ya llegoooo. Siii!

Las dos nos fuimos en un orgasmo conjunto de esos que solo salen uno de diez,…nuestras entrepiernas se convirtieron en un chorreante grifo de flujos y nuestros cuerpos sudaban brillantes. Así estuvimos un largo rato reponiéndonos de aquello hasta que nos fuimos otra vez a la cama…susurrando Noa me dijo.

- ¿Crees que habrá sido convincente…?-Creo que si…has estado maravillosa.. -Tengo que confesarte que no es la primera vez que lo hago…..me dijo Noa-tengo que confesarte que yo lo hago….habitualmente…le dije yo. Las dos comenzamos a reírnos…para terminar fundiéndonos en tiernos besos y caricias hasta que el sueño y el cansancio nos venció.

Claro que el descanso no duró mucho, no se si fue a las dos o tres horas, yo dormía boca abajo, pero en mitad del sueño noté otra vez como una suave mano recorría mi espalda y bajaba a través de mis nalgas hacia mi raja otra vez…y es que Noa todavía tenía cuerda para más, yo no podía ni moverme del cansancio y el sueño, así que dejé que Noa trabajara otra vez sobre mi, masturbándome una vez más con suavidad y destreza. Cuando me quise dar cuenta, estaba otra vez empapada en flujos y moviendo mi cuerpo al ritmo de las penetraciones de mi compañera…que parece que tenía una predilección especial por mi coñito, el cual luego volvió a saborear y a lamer con apetito llevándome hasta otro nuevo orgasmo que ya acabo del todo con la poca fuerza que me quedaba.

Al día siguiente salimos todo el día para dar tiempo a nuestros sospechosos a recuperar la cámara. Cosa que debió hacer Laila ya que se supone que es la única que entró en la habitación, esa misma noche en recepción me esperaba una carta, escrita a máquina donde se me invitaba en una playa cercana al día siguiente. Obedecí y a la hora indicada, cerca de una roca encontré una cámara de video con pantalla digital donde visualicé parte de lo que la noche anterior había pasado entre Noa y yo, también había una nota en la que me decía que si quería la cinta original debía depositar una bolsa con 30000 dólares en una dirección que figuraba más abajo dentro de dos días y recibiría la cinta en el hotel.

Fue el momento de poner en marcha la operación para atrapar a nuestros pillos, preparamos una bolsa con dinero, falso, lógicamente, avisamos al comisario de policía de la península y vino con un destacamento, se escondieron en un lugar cercano a donde debía dejar el dinero, que no era otro que una papelera en un paseo marítimo de la ciudad. Así lo hice el día y a la hora señalada y luego nos retiramos a vigilar desde cerca esperando ver quien recogía el botín.

Después de esperar una media hora, una moto la cual reconocí como la de Miguel se aproximó hacia la papelera del paseo marítimo, su piloto que ocultaba su identidad con el casco, metió la mano en ella, cogió la bolsa y se alejó a toda velocidad, la policía y yo nos montamos en un 4×4 y seguimos al motorista el cual enfiló rumbo al hotel, mientras le seguíamos yo empecé a ordenar un poco mentalmente toda la información que tenía, había algo que todavía no me encajaba del todo…aquello parecía demasiado fácil…más bien me daba la impresión que en vez de controlar la situación eran los acontecimientos los que me llevaban a mi.

Efectivamente el motorista llegó al hotel, bajó de su moto y se dirigió hacia la recepción portando la bolsa con el falso dinero, después fue hasta el despacho del director, el Sr. Manau, llamó a su puerta y entró..

La policía y yo entramos en el despacho, nos encontramos a Miguel vaciando lo que había dentro de la bolsa sobre la mesa del director el cual tenía cara de sorprendido.

-¡Detengan a estos dos hombres y leales sus derechos! ordenó el comisario… -Se han vuelto locos!, yo no he hecho nada!…gritaba el Sr. Manau.

Toda mi cabeza estaba hecha un lío…en ese momento apareció Noa que empezó a llorar al ver como detenían a su padre, también trajeron a Laila, habían registrado su habitación y habían encontrado material fotográfico…todo pasaba delante mío como una película… muy confuso…hasta que observando más detenidamente a Laila, todo empezó a verse más claro..

-Esperen!, un momento!…estamos cometiendo un error!, el Sr., Manau es inocente, él no es el cerebro de todo este complot. El comisario me miró con cara de estupor.

-¡Pero si lo hemos visto claramente!…le han traído a él el dinero.. -es una trampa, quieren que parezca que él es el culpable…- ¿entonces?, ¿quién es?

Me volví y miré a Noa, la cual había cambiado su carita angelical por cara de circunstancia…

-Es Noa, ella es quien ha estado chantajeando a clientes del hotel y le ha tendido la trampa a su padre con ayuda de Miguel y Laila.

-¿Cómo?…¡eso no es posible!, está usted equivocada!, gritó el Sr. Manau.

-Creo por desgracia que no me equivoco, Sr. Manau. Ahora lo veo claro, de ahí la facilidad con que se ha desarrollado todo esto, siempre sospeché que tanto Miguel como Laila eran demasiado simples para llevar a cabo con éxito los chantajes, la moto de Miguel es demasiado cara para su sueldo, y encima es importada…seguro que es un pago por sus servicios y si investigamos su procedencia seguro que su hija está detrás de ello, al igual que el curso de fotografía y video por correspondencia que hizo Laila expedido por una empresa de Miami, a pocos kilómetros de Orlando donde su hija ha estado estudiando.

La facilidad con que su hija se ha prestado a hacerse pasar por mi amante..incluso excediéndose en su papel, el hecho de que se me chantajeara aquí y no esperar a que estuviera en España como se hizo con las otras victimas de los chantajes, pero lo que me ha convencido del todo es la pulsera que lleva en el tobillo Laila, fíjense…es de perlas griegas, pequeñas y amarillentas, muy escasas y muy caras…exactamente igual que las perlas que lleva Noa en su collar del cuello, seguramente otro regalito de Noa hacia su compinche.

- ¡Pero es absurdo!, entonces, ¿por que Miguel se descubre a si solo trayéndole el dinero al Sr. Manau?…preguntó el comisario. -Es fácil, dando a entender que el Sr.: Manau era el culpable, él podía alegar que cumplía órdenes de su superior, simplemente recogía algo para él.

El señor Manau se dirigió a Noa la cual ya estaba siendo esposada por la policía.

- ¿Hija, es eso cierto…has sido tú?… ¿por qué?

Noa mostraba rabia y odio.

- Si, he sido yo…querido papá!, he querido vengarme de ti…por haber matado a mi madre en ese accidente de coche hace ya cuatro años…cuando no eras más que un patético alcohólico, ¡tenías que haberte matado tú!, y no ella…te odio desde entonces y solo he buscado tu ruina…

-¡Bueno, basta de cháchara!, en comisaría prestara la declaración pertinente, vámonos! Ordenó el comisario.

Antes de salir Noa me miró y pidió decirme algo…

-No contaba con que fueras tan lista Sandra….pero algún día saldré y te buscaré…y ten por segura que no seré tan cariñosa como la otra noche….cariño. -te estaré esperando..Noa..¿y por cierto?….cuídate mucho en la cárcel…con ese cuerpo creo que vas a ser el platito diario de alguna Machona….

Al día siguiente preparé mi equipaje para irme rumbo a España, antes de abandonar el hotel fui a hablar con el Señor Manau, estaba abatido y triste.

-Lo siento mucho Señor Manau, mi trabajo era descubrir a lo malos y eso hice…siento que su hija estuviera metida en el ajo. -No se preocupe, Srta. Sandra, lo ha hecho usted muy bien, ha cumplido con lo acordado, aquí tiene el sobre con el dinero y olvídese de la cuenta del hotel, la verdad es que me lo tengo merecido, es cierto que mi mujer murió por mi culpa, hace cuatro años volvíamos de una fiesta, yo estaba bebido…se me fue el coche y entonces…

El Sr. Manau empezó a llorar..

-No se torture más….ya esta hecho…usted cometió un error pero su hija no debió comportarse así…cuídese mucho…Sr. Manau…

Me fui con la sensación amarga que te deja un caso como este, a veces me pregunto porque elegí ser detective…creo que lo único que me llevaba gratificante como recuerdo de mis vacaciones era una cinta de video de tres horas con una experiencia sexual lésbica que jamás podré olvidar.
Hasta mi próxima aventura…y muchos votos…aloha.

Autor: Aliciaper

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coleccion de relatos eroticos

Publicado por fercho212 en Octubre 1, 2008

Bienvenidos a ferelatos

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Para empezar me gustaria públicar este relato

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ANA LA APRENDIZ –

Ella gemia como loca, creo que hablaba, no se le entendia nada con la boca llena. En ningun momento interrumpio la mamada, era toda una profesional. El mejor 69 de mi vida

ANA LA APRENDIZ Ella gemía como loca, creo que hablaba, no se le entendía nada con la boca llena. En ningún momento interrumpió la mamada, era toda una profesional. El mejor 69 de mi vida

Allí estaba yo, en la consulta del médico, total y absolutamente acojonado. Tres o cuatro semanas atrás había empezado a sentir molestias en una zona muy delicada para los hombres, en los testículos. Acudí a mi médico, que inmediatamente me envió a un especialista, donde se me practicaron varias pruebas. Ahora estaba en su despacho, esperando los resultados de las mismas y tan asustado que la camisa no me llegaba al cuerpo.

- ¿Dónde se habrá metido este cabrón? – pensé – ¿querrá volverme loco o qué?

Aún tuve que esperar cinco minutos más, era como si el tipo hubiera tenido que ir a por los informes hasta el mismo laboratorio y además andando. Por fin, la puerta volvió a abrirse y el doctor entró con un montón de papeles en la mano. Sin decir nada, se sentó a su mesa y se puso a repasarlos, como si aún no los hubiese leído. Yo sudaba como un cerdo. Un par de minutos después separó sus ojos de los documentos y los plantó en mí:

- ¿Se encuentra usted bien? – me dijo – Tiene mala cara…

- Sí, sí, estoy bien, es que hace un poco de calor – dije yo mientras mentalmente me cagaba en sus muertos.

- Bueno, señor Rovira, aquí tengo los resultados de su examen médico.

- ¿En serio?, yo creí que era prensa deportiva – estuve a punto de decirle, aunque en realidad me limité a sonreír nervioso.

- Verá, hemos detectado un pequeño tumor en uno de sus testículos.

El alma se me cayó a los pies, mi mundo se hundía, quería morirme.

- Pero no se preocupe, es benigno y perfectamente operable.

¡Que resuenen las trompetas y las fanfarrias!

- ¿De verdad? – acerté a balbucear.

- Sí, tranquilo – dijo el médico sonriente – lo hemos detectado en una etapa muy precoz de su desarrollo. Sólo tendrá que pasar 3 o 4 días en el hospital y podrá llevar una vida perfectamente normal.

- Pero, ¿no habrá secuelas? – De ningún tipo. Bueno, ¡tendrá que pasarse un par de semanitas sin sexo! – dijo riendo.

Yo también me reí.

- Si es sólo eso – en ese momento aquel tipo era mi mejor amigo. Si fuese gay, lo hubiera besado.

Hablamos un rato sobre los detalles de la operación. Me ingresarían el martes siguiente, para hacerme unos análisis y otras pruebas. La intervención sería el miércoles por la tarde, recibiendo el alta con toda probabilidad el viernes o el sábado.

Me marché a casa mucho más tranquilo. Iba por la calle, feliz, sonriente, todo me parecía de color de rosa. Nada más llegar, llamé a mi novia, Pili y le conté las buenas noticias. Me hubiese encantado que viniera a mi piso para celebrarlo, pero por desgracia se encontraba fuera de la ciudad. Era azafata y en ese momento estaba en Argentina y no volvería hasta la semana siguiente.

La semana pasó rápidamente, teniendo que soportar las continuas bromas de mis amigos y compañeros de oficina, que si me iban a dejar eunuco, que la fimosis se opera de pequeño y otras lindezas similares. A medida que transcurrían los días, yo me iba poniendo cada vez más nervioso, pues por mucho que el médico dijera que era un procedimiento sencillo, no dejaba de ser una operación en mis pelotas y yo les tenía (y les tengo) mucho cariño.

Por fin llegó el martes. La hora de ingreso eran las once de la mañana, así que me levanté temprano y preparé una pequeña maleta con ropa y objetos de aseo. Cogí un taxi y me fui a la clínica.

Tuve que rellenar un montón de papeles antes de que me condujesen a planta. Por fin, terminé con los trámites burocráticos y un celador me llevó hasta el tercer piso.

- Entréguele esto a la jefa de enfermeras – dijo dándome un fajo de papeles y señalando hacia un mostrador que había más adelante.

Me dirigí hacia allí con los papeles en una mano y la maleta en la otra. El hospital era una clínica privada, por lo que en los pasillos no había enfermos arrastrándose, carritos de la limpieza, ni olor a desinfectante. Esto me alegró, pues yo detesto los hospitales. Al llegar junto al mostrador, dejé la maleta en el suelo y los papeles encima. De espaldas a mí había una mujer con el típico traje de enfermera, totalmente blanco, zapatos planos y cofia. Era muy alta, por lo que la falda le llegaba bastante por encima de la rodilla, lo que permitía observar parte de sus lustrosos muslos enfundados en unas sugerentes medias blancas. En ese instante se agachó para abrir un cajón de un archivador, con lo que alcancé a ver una porción todavía mayor de aquellas magníficas piernas. En esa postura su magnífico espléndido trasero apuntaba directamente a mí, por lo que censurables pensamientos comenzaron a asaltar mi cerebro.

Por fin, la razón se impuso y dije con voz calmada:

- Disculpe, señorita, ¿es usted la jefa de enfermeras?

La chica se enderezó y se dio la vuelta, mirándome mientras esbozaba una ligera sonrisa.

- Sí, soy yo, ¿qué desea?

Ante mí estaba un bello ejemplar de mujer. Su rostro era muy atractivo, boca grande, de labios carnosos, sensuales, nariz aguileña, bien definida y unos ojos verdes que me miraron divertidos, como si supieran que yo poco antes estaba espiando a su dueña.

Como yo me había quedado mudo, ella volvió a insistir:

- ¿Desea usted algo?

Por fin, reaccioné.

- ¡Oh, sí, sí! Disculpe. Traigo estos papeles, me tienen que ingresar en esta planta.

Ella tomó los impresos y se puso a leerlos. Mientras, yo le echaba disimuladas miradas. Llevaba todos los botones del uniforme abrochados menos el último, lo que me permitió contemplar su cuello, de piel morena y atractiva. Sus senos eran de buen tamaño, apretaban con firmeza la delantera de su vestido, que se veía bastante tensa. Sobre su seno izquierdo había prendida una plaquita. “Lucía Sánchez” decía. Yo estaba absolutamente hipnotizado.

- …Señor Rovira – dijo ella, creo que llevaba un rato hablándome ya.

- ¿Cómo dice? – dije despertando.

- Que me acompañe por favor.

Levanté la mirada hasta su rostro y me di cuenta de que ella había notado perfectamente adonde miraba yo. Me invadió un repentino sentimiento de vergüenza, seguro de que estaba a punto de llamarme la atención, pero, para mi sorpresa, se limitó a esbozar una sonrisa pícara. Salió de detrás del mostrador y echó a andar por el pasillo.

- Sígame – dijo.

Yo recogí mi maleta y eché a andar tras ella. Me mantenía un par de metros por detrás, para poder contemplar cómo su precioso trasero iba bamboleándose en el interior de su uniforme. Parecía tener un motorcito allí dentro, así de bien lo movía.

Por fin se detuvo frente a una habitación. Abrió la puerta y se apartó, para que yo entrara. Era la típica habitación de hospital, paredes blancas, una cama articulada, mesita de noche, armario empotrado y un sillón para las visitas. También había una mesa colocada a los pies de la cama, supongo que para la tele. Junto a la entrada había otra puerta, la del baño y al fondo, una ventana daba a la calle El cuarto era bastante grande, con seguridad cabría otra cama más.

Entré y dejé mi maleta sobre la cama. Ella entró detrás mía.

- Si necesita algo, pulse el timbre que hay en la cabecera de la cama y yo o una de mis compañeras vendremos enseguida. ¿Ha traído pijama? – comenzó a decirme.

- Por supuesto.

- Bien, póngaselo. Dentro de un rato habrá que sacarle sangre. ¿Desea que le traigamos una televisión? – No, gracias, he traído para leer. No soy muy aficionado a la tele.

- De acuerdo. Si no necesita nada…

- No, gracias, señorita Lucía.

Ella me miró interrogante.

- Oh, disculpe. Lo he leído en su placa.

Ella miró hacia abajo, a su pecho. Levantó la mirada y la clavó en mí.

- Ya comprendo – dijo con expresión seria.

Yo estaba muy avergonzado.

- Yo… Disculpe…

- ¿Cómo dice? – No nada, nada – dije yo, rojo como un tomate.

- Bien, pues hasta luego.

Se marchó cerrando la puerta, dejándome bastante avergonzado.

- ¿En qué estaría yo pensando? – exclamé.

Ya no podía cambiar nada, así que comencé a deshacer la maleta. No me parecía buena idea ir por ahí cabreando a gente en cuyas manos iba a poner mis pelotas dentro de poco. Tras ordenarlo todo, empecé a desnudarme, para ponerme el pijama. Mientras me quitaba la ropa, me acordaba de Lucía. Estaba buenísima y encima, vestida de enfermera ¡Uuuummmm! ¡Qué morbazo!

Cuando terminé de ponerme el pijama tenía una erección de campeonato. Estaba allí, de pié como un imbécil, contemplando el enorme bulto de mi pijama, cuando alguien llamó a la puerta.

Como un rayo abrí la cama y me metí dentro, arropándome hasta el cuello.

- ¡Adelante! – dije.

Era Lucía. Entró empujando un carrito con instrumental.

- Vengo para el análisis – me dijo.

- De acuerdo – contesté yo incorporándome.

Empujó el carrito hasta situarlo junto a la cama. Rebuscó un poco y se acercó a mí con una goma en la mano.

- Súbase la manga – me dijo.

Yo obedecí con presteza, quería portarme bien para que se olvidara de lo de antes.

- Estire el brazo – continuó.

En ese momento yo estaba pensando que no hay nada en el mundo para bajar una erección como la amenaza de una jeringuilla, pero entonces ella se inclinó un poco para atar la goma en mi antebrazo. Al hacerlo, noté que el segundo botón de su uniforme se había desabrochado, así que olvidé en un segundo todos los propósitos de portarme bien, y mi miembro recuperó de golpe todo su esplendor. Dirigí una mirada disimulada a su escote. Cuando se inclinaba, alcanzaba a ver el borde de un delicado sostén de encaje. Ella, tras atar la goma, golpeó con dos dedos en mi brazo, para que se marcaran las venas, pero yo apenas lo noté.

Disimuladamente, fui estirando el cuello, para obtener una visión más amplia. Su seno iba revelándose poco a poco a mi mirada. Su sujetador era blanco, bordado, lencería fina sin duda. Estaba preguntándome si llevaría las braguitas a juego, cuando oí su voz que decía:

- Ya está. Doble el brazo – dijo apoyando un poco de algodón sobre el pinchazo.

Se incorporó y dejó la jeringuilla sobre el carrito. Con un hábil gesto, soltó la gomilla de mi antebrazo, mientras yo la miraba anonadado.

- ¿Ya lo ha hecho? Es usted fantástica – le dije.

- Gracias, una tiene sus trucos para hacerlo rápidamente y sin dolor – dijo dirigiéndome una mirada enigmática.

Las implicaciones de lo que acababa de decir hicieron que me quedara momentáneamente cortado. ¿Qué quería decir? ¿Que era muy buena sacando sangre? ¿Que se había abierto el botón ella misma?

- Bueno, me marcho – me dijo – Le traerán la comida dentro de media hora más o menos.

- De acuerdo, gracias. Ya la llamaré si la necesito.

- Lo siento – respondió – Yo no podré atenderle, me marcho ya. Mi turno acaba a la una y media.

- ¡Ah! Ya veo. Pues entonces supongo que la veré mañana.

- Sí, mañana por la mañana vendré para afeitarle.

- Bueno, pues hasta luego – dije yo.

- Adiós – dijo dirigiéndose a la puerta con el carrito.

Entonces, lo que había dicho por fin penetró en mi mente y una espeluznante sospecha se apoderó de mí.

- Perdone – le dije – ¿Ha dicho usted afeitarme?

Ella se detuvo y se volvió hacia mí.

- Afeitarle, claro.

- Pero, ¿afeitarme cómo? – Afeitarle el pubis, por supuesto – dijo ella impertérrita.

- ¿Qué?

Ella me miró como una maestra mira al niño más torpe de la clase.

- Señor Rovira, va usted a ser sometido a una intervención quirúrgica en la zona genital. Como comprenderá, es absolutamente necesario rasurarle y desinfectarle esa parte.

- Sí, claro, ya comprendo. Es sólo que no lo había pensado.

- De acuerdo, pues hasta mañana.

- Hasta mañana.

Ella cerró la puerta tras salir, y yo me quedé allí, alucinando. ¡Esa pedazo de tía iba a afeitarme los huevos! ¡Dios mío! ¡Qué podía hacer! Ya la había cagado bastante con ella ese día, ¿qué pasaría al siguiente, cuando ella empezara a manipular por ahí abajo y mi polla se empalmara?

Traté de tranquilizarme, pero la perspectiva del increíble ridículo que iba a hacer me lo impedía.

- Vamos, tío – me decía – Es una profesional, seguro que si te pasa no le importa en absoluto. Además, ya piensa que eres un pervertido, ¿qué mas da que piense que eres un degenerado?

Estuve un buen rato sumergido en este tipo de pensamientos, cuando de repente, llamaron a la puerta. Tras dar mi permiso, entró en la habitación otra enfermera, una bastante mayor, de 50 años al menos.

- ¡Ojalá me afeitara ésta! – pensé.

- Buenas tardes – me dijo – Le traigo el almuerzo.

- Muchas gracias.

La enfermera acercó la bandeja hasta la cama. Estaba colocándomela bien cuando sonaron unos golpecitos en la puerta. Alcé la vista y allí estaba Pili, mi novia, todavía llevando su uniforme de azafata.

- ¡Pili! – exclamé – ¿Ya estás de vuelta? – Sí querido – respondió ella sonriente – Adelantaron mi vuelo y me he venido directamente a verte. Ni siquiera he pasado por casa.

- Luego vendré a por la bandeja – dijo interrumpiéndonos la enfermera.

- Sí, sí, muchas gracias.

Mientras la vieja salía, Pili se acercó a mí y me plantó un fuerte beso en los morros.

- ¿Y qué cómo estás? – dijo dejándose caer en el sillón.

- Pues qué quieres, un poco nervioso, pero bien.

- Vaya, creí que estarías cagado del susto, con lo aprensivo que eres – dijo riendo.

- Ja, ja. Muy graciosa.

Nos quedamos callados, mirándonos. Yo le dirigí una apreciativa mirada. Estaba la mar de sexy con su uniforme azul y las medias negras, llevando su rubio cabello recogido; más de una vez habíamos echado un polvete llevándolo ella puesto, por puro morbo.

- ¿Qué miras? – me dijo.

- Estás buenísima con ese traje – le dije.

- Sí, lo sé – respondió sonriente.

Seguimos conversando durante un rato, sobre la operación, su viaje, la situación en Argentina. Mientras, yo iba comiendo un poco de la sosa comida que me habían traído. Ella se puso cómoda, se echó hacia atrás y cruzó las piernas. Como el sillón era muy bajo, su trasero quedaba hundido, muy por debajo de sus rodillas, por lo que su minifalda se subió, revelando una buena porción de muslo. Alcanzaba incluso a ver el final de sus medias y el broche del liguero. Me estaba poniendo como una moto.

- Pili – le dije.

- Dime.

Una ominosa idea iba tomando forma en mi mente.

- Verás, quería pedirte un favor.

En ese momento llamaron a la puerta y la enfermera asomó la cara.

- ¿Ha terminado? – preguntó.

- Sí, sí, pase.

Entró y recogió la bandeja. Pocos segundos después volvía a salir cerrando la puerta tras ella.

- Ahora estaremos un rato tranquilos – pensé.

- Ven siéntate aquí – le dije a mi novia palmeando en el colchón.

Ella no dudó ni un segundo. Se levantó y se sentó a mi lado. Yo, poniéndole una mano en el cuello, la besé tiernamente. Mientras lo hacía, llevé mi otra mano hasta su cacha y empecé a acariciarla.

- ¡Ay, estáte quieto jolín! – Nena, por favor – dije gimoteante.

- ¿Se puede saber qué te pasa?

Yo la miré seriamente y se lo solté de sopetón:

- Hazme una paja.

- ¡¿QUÉ?! – Que me hagas una paja – repetí como si ella no me hubiera entendido.

- ¡Estás loco! – Loco de calentura.

Pili se levantó bruscamente de la cama y fue a sentarse nuevamente en el sillón, cruzándose de brazos, enfadada.

- En eso estaba yo pensando, en pegarme 10 horas de vuelo para venir a cascársela a mi novio en un hospital.

- Espera, déjame que te explique.

- Explicarme qué. ¿Que eres un salido? – No, no es eso – contesté con tono serio.

- No me interesa lo que vayas a decirme, no pienso hacerlo, podrían pillarnos.

Me quedé callado unos segundos.

- Verás Pili, llevamos más de una semana separados ¿verdad? – Sí, pero me da igual si vas caliente por eso.

- Exacto, hace bastante tiempo que mis necesidades no se ven satisfechas.

- ¿Qué quieres decir? ¿Qué tengo que “satisfacer tus necesidades” cuando a ti se te antoja? – No, mujer, no – continué – déjame explicarme.

Ella no dijo nada, se limitó a echarme una mirada de enojo.

- Mira, lo cierto es que no he tenido sexo en una semana, por lo que me excito con facilidad.

- Ya lo veo – dijo Pili, cortante.

- Pues sucede que mañana por la mañana, una enfermera vendrá a afeitarme el pubis.

- ¿Cómo? – exclamó ella incorporándose, noté que había un brillo divertido en su mirada.

- Lo que has oído, mañana vendrá la enfermera a rasurarme y yo estoy muy nervioso. ¿Te imaginas la vergüenza que voy a pasar cuando comience a trastear por ahí abajo y yo me empalme? Por favor Pili – dije juntando mis manos como si rezara – No puedes dejarme así.

Abrí las sábanas, dejando al descubierto mi pijama. En él se apreciaba un notable bulto a la altura de la ingle, pues yo, con la sesión de manoseo y la conversación, había vuelto a excitarme. Pili echó una mirada apreciativa a mi entrepierna.

- ¡Pobrecito! – dijo con tono pesaroso, aunque se notaba que estaba a punto de partirse de risa.

- Sí, tú ríete, pero yo estoy muy preocupado.

- ¿Lo que no entiendo es cómo se te va a empalmar con semejante adefesio! – ¿Adefesio? – dije yo perplejo.

¡Claro! Ella no había visto a Lucía, sino sólo a la vieja.

- Pues mucho peor – mentí – Imagínate qué vergüenza empalmarse con esa vieja, pero en el estado en que estoy, bastará con que me rocen ahí abajo.

- ¡Ja, ja, ja! – Pili, por favor no te rías, que yo estoy muy serio.

- Perdona – dijo todavía riéndose.

- Además, no van a pillarnos. La vieja ya se ha llevado la bandeja y no hay razón para que vuelva si yo no la llamo.

Ella seguía mirándome divertida, aunque yo notaba que ya la tenía en el bote.

- Y otra cosa – dije con tono sensual.

- ¿Qué? – A lo mejor mi picha le gusta a esa vieja y decide hacerme un “trabajito” ella misma. No sé si tendría fuerzas para resistirme…

- Eso es verdad – dijo ella levantándose insinuante – ¡Tu polla es taaan bonita! – ¿A que sí? – seguí bromeando.

- A ver, nene, enséñame la colita para ver si es cierto que no puede más.

Yo, muy animado, sujeté las sábanas con una mano mientras con la otra me bajaba los pantalones, dejando mi miembro al aire.

- ¡Aaaay! ¡Pobrecita! – dijo con tono de niña pequeña.

- Venga, Pili, no tontees más – dije lastimosamente.

- Bueeeno – dijo ella sentándose a mi lado.

Ella llevó su mano hasta mi falo y lo acarició delicadamente. Sentí que la electricidad recorría mi cuerpo.

- ¿Tienes pañuelos de papel? – dijo empezando a pajearme.

- Por ahí debe de haber, pero no los necesitamos ¿verdad?

Ella me entendió perfectamente, aunque hizo como si no comprendiera diciendo:

- ¿Ah sí? ¿Y por qué? – Pues porque había pensado que podrías acabar con la boca.

- Eres un guarro ¿lo sabías? – ¿Yo? – pregunté con aire inocente.

- Sí tú.

- ¿Y quién fue la que me hizo comerle el coño en Euro Disney?

Ella me miró sonriente, sin parar de masturbarme.

- Aquello fue diferente – dijo.

- ¿En qué? – Bueno – dijo encogiéndose de hombros – Si allí nos pillaban nos bastaba con no volver en la vida, pero aquí hay que volver mañana.

- Eso es cierto – reconocí – pero ya no puedes dejarme así.

- Tranquilo – me dijo guiñando un ojo.

Su paja era lenta, enloquecedora. Pili era (y es) una auténtica maestra en esos menesteres. Yo disfrutaba como un enano. Llevé mi mano hasta su muslo y comencé a acariciarlo lentamente. Poco a poco la introduje bajo su falda, deslizándola por la cara interna de sus piernas, sintiendo el tacto sedoso de sus medias. Por fin llegué hasta sus braguitas, las eché un poco hacia un lado y metí los dedos dentro. Estaba empapada.

- ¡Aahhhh! – suspiró.

- ¡Joder Pili! ¡Cómo te pones! – ¿Uumm? – ¡Estás chorreando! ¡Se nota que te gusta el morbo! – Eso ya lo sabías ¿no? – La verdad es que sí.

Seguimos disfrutando durante un rato, masturbándonos mutuamente. Pili me pajeaba espléndidamente, pero, lo cierto es que yo también soy bueno con las manos y su coño me lo conozco al dedillo. En pocos minutos, hice que se corriera.

Pili es una auténtica diosa del sexo, sus orgasmos son fuertes e intensos, lo que da al macho una sensación de poder, de ser buen amante. Al correrse, apretó con fuerza los muslos y se derrumbó sobre mi pecho, dejando durante unos instantes de pajearme mientras jadeaba. Mi polla protestó por esta interrupción.

- Pili, cariño.

- ¿Ummm? – Mi polla, mírala la pobre.

Ella sonrió y estiró el cuerpo. Parecía una gatita satisfecha.

- Eres un muchacho muuuy maaalo.

- Sí, sí, pero por favor.

Ella miró mi miembro latiente. Esbozó una sonrisa de zorra que yo conocía muy bien y acercó su cara a mi entrepierna.

- Tranquilo – me dijo – te voy a dejar tan seco que mañana no se te levantará ni con una grúa.

- Así lo espero – pensé.

Ella me la agarró por la base. Yo cerré los ojos para disfrutar y sentí como su lengua me la recorría desde los huevos hasta la punta. Iba a ser increíble.

- ¡Toc, toc! – llamaron a la puerta, y sin esperar mi contestación, comenzó a abrirse.

Pili pareció desaparecer de mi lado y volver a materializarse sentada en el sillón, así de rápido se movió. Tenía las mejillas arreboladas mientras se arreglaba un poco la ropa. Yo simplemente volví a arroparme, con la polla doliéndome horrores y cagándome mentalmente en todos los muertos de quien quiera que fuese.

- ¡Hola, cariño! ¿Cómo estás?

¡Oh, Dios mío! ¡Mis padres estaban allí!

- Hola mamá – dije casi lloroso.

- ¿Te encuentras bien? Tienes mala cara.

Si ellos supieran…

- No, estoy bien. Sólo un poco nervioso.

Entonces Pili se levantó a saludarles.

- Buenas tardes Encarna – dijo acercándose a mi madre.

- ¡Pili! ¡Cariño! No te había visto – dijo mi madre besándola en ambas mejillas.

- Sí es que el sillón está ahí, escondido. Hola Cristóbal – también saludó a mi padre con un par de besos.

- Hola Pili – dijo él.

- Encarna, siéntese usted en el sillón – dijo Pili.

- No, no cariño. Siéntate tú, debes estar reventada del viaje. ¡Si todavía llevas el uniforme! – Sí, es que acabo de llegar.

Mi madre no admitía un no por respuesta, y Pili lo sabía, así que se dejó caer de nuevo en el sillón, cruzando las piernas.

Mis padres estuvieron allí dándome el coñazo durante más de una hora. Yo sólo podía pensar en que se fueran, pues la polla seguía doliéndome. No hay nada peor que quedarse a medias. Era por eso que yo parecía distraído, por lo que encima tenía que soportar las bromitas de mis padres sobre lo asustón que yo era.

Pili intervino poco en la conversación. Se notaba que estaba cansada y de vez en cuando no podía evitar bostezar con fuerza. También advertí las disimuladas miradas que mi padre dirigía a las piernas de mi novia, supongo que en cuestión de mujeres en uniforme, he salido a él.

Por fin, mis padres decidieron marcharse. Yo me animé un poco, pero entonces mi madre se encargó de hundirme la moral.

- Cristóbal vámonos ya – dijo – Y tú te vienes con nosotros.

- ¿Yo? – dijo Pili.

- ¡Por Dios no! – grité mentalmente.

- Sí tú – insistió mi madre – estás a punto de quedarte dormida.

Pili me miró mientras yo ponía cara suplicante.

- No se preocupe Encarna, todavía me quedo un rato.

- De eso nada niña. Que te he visto bostezando. Tú te vienes con nosotros y te dejamos en casa. Éste se puede quedar un rato solo, pero tú te vas a quedar ahí frita. Necesitas descansar.

Mi madre me había derrotado. Pili me miró con expresión interrogante. Yo me encogí de hombros. Pili se acercó a la cama y me dio un casto beso.

- Lo siento – susurró.

- ¡Pues anda que yo! – pensé.

- Bueno, mañana por la mañana vendré a verte.

- Me operan a las cinco, así que ven por la tarde.

- ¿Seguro? – Tranquila, estaré bien.

- Pues hasta mañana – me dijo.

- Adiós, cariño – dijo mi madre.

- Sí, sí, adiós.

Se marcharon todos. ¡Vaya putada! Tenía una erección de campeonato y me habían dejado a medias en una situación de las más eróticas de mi vida. Qué se le iba a hacer. Me levanté y fui al baño, donde me hice una paja rápida, para aliviarme un poco. Me pasé el resto de la tarde leyendo, tratando de no pensar en lo que había pasado. Por la noche la enfermera me trajo la cena y se quedó un rato charlando conmigo. Era bastante simpática y me sentí un poco culpable por haberla llamada adefesio.

Por la noche y como no podía dormir, me hice un par de pajas más en el baño, para vaciar bien los depósitos y evitarme disgustos al día siguiente. O eso creía yo.

Descargado, por fin logré dormir y no me desperté hasta la mañana siguiente, cuando Lucía me trajo el desayuno.

- Buenos días – me dijo.

- Buenos días – dije sentándome en la cama.

- ¿Ha dormido usted bien? – Al principio me costó un poco, pero después dormí como un lirón.

- Eso es por los nervios, no se preocupe.

Colocó la bandeja frente a mí y pude observar que los botones de su uniforme estaban correctamente abrochados.

- Vendré dentro de un rato a por la bandeja – dijo.

Mientras salía, seguí el cadencioso ritmo de su trasero con la mirada. Desayuné poco, estaba nervioso, pues aunque me había desfogado a conciencia, la tía estaba muy buena y yo no las tenía todas conmigo. Como a la media hora, Lucía regresó.

- ¿Ha terminado? – dijo asomando la cabeza en el cuarto.

- Sí, gracias.

Diligentemente, recogió la bandeja y la sacó al pasillo, supongo que la dejó en un carrito. Volvió a entrar y se acercó a la cama.

- Señor Rovira.

- Dígame – dije yo bastante nervioso.

- Verá, quería pedirle un favor.

- ¿Sí? – Quería decirle si le importaría que le afeitase otra enfermera.

Lo cierto es que me sentí un poco decepcionado, pero la sensación de alivio fue tan grande que no me importó. ¡Tanto comerme la cabeza para nada!

- Bueno, no, no me importa. Pero no comprendo por qué tiene que pedirme permiso, ustedes deciden quien lo hace.

- No, verá usted. Sucede que se trata de una estudiante en prácticas y por eso hay que solicitar su autorización.

- ¿Una estudiante? – De último curso.

Me puse un poco nervioso.

- No sé – dije – ¿no es un poco arriesgado? – No se preocupe – dijo sonriendo – No puede pasar nada, la cuchilla es especial. Es sólo para que practique, pero si no quiere…

Me lo pensé un segundo, y decidí aceptar porque si no lo hacía y después me empalmaba, ella pensaría que lo había hecho adrede.

- De acuerdo, por mí no hay inconveniente.

- Muchas gracias. Iré a avisarla – dijo dirigiéndose a la puerta – Mientras tanto, tome una buena ducha, para asearse.

- Esto, Lucía.

- ¿Sí? – dijo volviéndose.

- Como me pase algo la perseguiré eternamente – bromeé.

- De acuerdo – rió ella marchándose.

Me quedé más tranquilo. Bueno, al final Lucía no iba a afeitarme, menos mal. Obedecí sus instrucciones y me duché, cambiándome de ropa interior y de pijama. Cuando terminé, aún tuve que esperar unos minutos hasta que Lucía reapareció empujando un carrito con una jofaina encima. Cuando vi a la mujer que entró después, me quise morir.

Era una chica de unos 20 años, 1, 60, cabello rubio, rizado, ojos azules. Su rostro parecía auténticamente el de una niña. Vestía el uniforme de enfermera, pero sobre él llevaba una especia de delantal blanco con rayas rosas, para indicar que era aprendiz. Se veía que estaba un tanto avergonzada. Estaba buenísima.

- Señor Rovira – dijo Lucía – Ésta es Ana, se encargará de afeitarle.

- Buenos días – dijo tímidamente.

- Buenos días – respondí alelado – ¿No es un poco joven? – Tiene más de 20 años – respondió Lucía – No se preocupe, está plenamente cualificada.

Mientras hablábamos, Ana llevó el carrito junto a la cama.

- ¿Prefiere que me quede señor Rovira? – preguntó Lucía.

- No, no, márchese, no se preocupe. Esto me da un poco de vergüenza, así que cuanta menos gente haya, mejor – acerté a decir.

Era cierto, si tenía que pasar vergüenza, al menos que fuera frente a una sola persona. Lucía se acercó a Ana y le dio unos últimos consejos.

- Me voy, avísame cuando esté listo y vendré a revisarlo – dijo.

- ¿Revisarlo? – pregunté sorprendido.

- Claro – respondió ella – Hay que asegurarse de que el afeitado sea correcto, es para supervisar su tarea.

- Ah, comprendo.

Lucía salió, cerrando tras ella, dejándonos a solas a aquel bombón y a mí.

- Bueno – dijo ella insegura – ¿Comenzamos ya?

Se acercó a la cama y apartó las sábanas. Intentó bajarme los pantalones, pero no podía.

- Levante un poco el trasero por favor.

Yo obedecí y ella no sólo me bajó los pantalones y los calzoncillos, sino que me los quitó por completo. Noté que dirigía una mirada fugaz a mi miembro, lo que me excitó sobremanera.

- ¡Margaret Tatcher en bolas! ¡Margaret Tatcher en bolas! – no dejaba de pensar para mantener mi miembro en reposo.

Se acercó al carrito y tomó un guante de látex, colocándoselo en la mano izquierda. Después tomó un recipiente con espuma y una brocha de afeitar.

- ¿Sólo un guante? – pregunté.

- Sí, la mano de la cuchilla es mejor tenerla libre, porque al fin y al cabo no va a tocar su…

Al decir esto enrojeció violentamente, lo que repercutió profundamente en mi grado de excitación.

- ¡Margaret Tatcher en bolas! ¡Margaret Tatcher en bolas! – volví a recitar mentalmente.

Respiró profundamente y comenzó a enjabonarme, el escroto, el pubis, por encima, por debajo, incluso la cara interna de los muslos.

- Oiga, Ana, ¿los muslos también? – Sí, y también la parte inferior del estómago, es importante que no haya vello en toda la zona – respondió mientras enjabonaba también mi barriga.

El tacto suave de la brocha con espuma estaba empezando a calentarme. La situación no podía tener más morbo. Involuntariamente, mi pene comenzó a despertar. No me empalmé, pero empezó a ponerse morcillón. Miré a su rostro y vi que estaba absolutamente rojo, sin duda se había dado cuenta.

Por fin dejó la brocha a un lado y trasteó en el carrito unos segundos de espaldas a mí. Gracias a eso, logré tranquilizarme un poco, mientras repetía mi exorcismo. Se dio la vuelta, llevando una cuchilla en la mano y acercó más el carrito a la cama.

Comenzó a afeitarme el estómago, una parte bastante inocente, así que logré controlarme. Ella iba enjuagando la cuchilla de vez en cuando en la jofaina, limpiándola de espuma. Después siguió por los muslos y yo pensé que estaba dejando lo bueno para el final, pensamiento que no contribuyó a relajarme precisamente.

Cuando empezó a afeitarme el pubis, mi cuerpo se tensó tanto que hasta ella lo notó.

- Relájese – me dijo – No voy a cortarle.

- No, si no es eso lo que me preocupa – respondí sin pensar.

Sus mejillas, que parecían haberse tranquilizado un tanto, volvieron a ponerse del color más rojo que he visto en mi vida.

Yo ya no podía más, mi polla volvía a estar morcillona mientras yo trataba de resistirme. La situación era tan erótica que se volvía insoportable por momentos, además yo notaba un extraño calor o picorcillo en las zonas ya rasuradas.

Entonces llegó el apocalipsis, tenía que afeitarme por debajo y mi miembro le estorbaba. Noté cómo sus dedos asían tímidamente mi verga y la mantenía separada de mi ingle mientras iba afeitando por debajo. No me importó que llevara guantes, no me importó el ridículo, ya me daba todo igual, así que me abandoné.

Mi miembro fue adquiriendo sus máximas proporciones en su mano. Ana trataba de adoptar una aptitud profesional, pero yo notaba que estaba pasando mucha vergüenza, lo que incrementaba mi calentura. Su mano enguantada agarraba mi picha ya completamente dura, con la cabeza escarlata asomando, con todas las venas bien marcadas. Daban igual todas las pajas que me hubiera hecho la noche anterior, aquella niña era capaz de levantársela a un muerto.

Seguimos así un buen rato, mientras afeitaba los últimos recovecos de mi escroto. En ocasiones me la soltaba para apartar los huevos y afeitarme bien por allí. Cuando lo hacía, mi pene se sostenía solo sin problemas, pero enseguida ella volvía a asirlo y yo empecé a preguntarme por qué.

Por fin, terminó el afeitado. Sin decir nada, soltó la cuchilla en el carrito y tomó una toalla. Me limpió bien toda la zona con ella, eliminando los últimos restos de espuma. Después revisó bien la zona, en busca de algún pelo suelto. Al hacerlo, tomaba mi pene con dos dedos, apartándolo para ver detrás. Acercaba su cara en ocasiones para ver mejor, yo casi sentía su respiración sobre mi miembro. Me quería morir.

Satisfecha, tomó un bote del carrito y se echó un líquido en la mano enguantada y comenzó a extenderlo por toda la zona rasurada. Supuse que era leche hidratante o algo así, para evitar el escozor, pero lo cierto es que no me importaba lo que fuera. Entonces ella hizo algo muy extraño, extendió el líquido también sobre mi polla, recorriéndola con su mano de arriba abajo.

- ¿Qué coño hace? – pensé excitadísimo – Si ahí no me ha afeitado.

Ella interrumpió mis pensamientos.

- Bueno ya está.

Miré hacia abajo y eché un vistazo. Me sorprendió mucho ver cómo quedaba mi polla sin un solo pelo. Me gustó. Alcé la vista y vi que ella apartaba avergonzada los ojos de mi miembro y comenzaba a recoger las cosas. Se quitó el guante y organizó de nuevo todo lo del carrito. Terminó de hacerlo y se quedó allí, plantada.

- ¿Llamo a la enfermera? – pregunté – No, no todavía – respondió un poco alarmada.

- ¿Cómo?

Ella se puso coloradísima y dijo:

- Será mejor esperar un poco.

Yo me quedé un tanto perplejo. Ella se apoyó en la pared, con las manos en la espalda mirando al techo distraída.

- Pero ¿qué coño le pasa? – pensé.

Pero entonces, la luz se hizo en mi mente y comprendí por qué no se marchaba.

- Vamos a por ella – pensé.

La miré fijamente, mientras ella seguía fingiendo estar despistada.

- Ana – le dije.

- ¿Sí? – ¿Se puede saber a qué esperamos? – Bueno… – dijo azorada.

- Porque si estamos esperando a que esto se baje solo, nos van a dar las uvas.

Su rostro volvió a enrojecer, había dado de lleno.

- ¿Qué te pasa? ¿Te da vergüenza que Lucía vea en qué estado me has puesto?

La mirada que me dirigió me demostró que había acertado.

- No, no es eso… – mintió.

- ¿Ah, no? Pues tú dirás, porque si es eso te aseguro que vamos a estar aquí muuucho raaato.

Ella me miró, se la veía un tanto asustada.

- Perdone – dijo.

- ¿Sí? – ¿Podría taparse? – ¿Por qué? ¿No tiene que venir tu jefa a revisar tu trabajo?

Mientras decía esto, agité el culo levemente, de forma que mi polla pegó un bote.

- No haga eso – me dijo.

- ¿El qué? ¿Esto? – dije repitiendo el movimiento.

- Sí, eso – dijo ella muy seria.

- ¿Por qué? ¿Te molesta? – Sí.

- Pues a mí me molesta que me hayas dejado así – dije cogiéndome la polla de la base y apuntando al techo.

Ella apartó la vista, avergonzada.

- Vamos, vamos, mi niña. Una chica tan sexy como tú habrá visto un montón de estas.

- ………

- Mira, Ana, tu jefa podría aparecer en cualquier momento e imagínate la vergüenza que vamos a pasar los dos.

- Ha dicho que la llamáramos.

- ¡Buena idea! – exclamé – La llamaré ahora mismo.

Cogí el timbre de la cabecera de la cama, pero ella se abalanzó sobre mí quitándomelo.

- ¡No! – casi gritó.

- ¿Por qué no? A mí me operan dentro de un rato y no podemos estar así todo el día. Si tú no vas a hacer nada para aliviarme, será mejor que llamemos a tu jefa y que venga a revisar tu obra.

- Por favor, no lo haga.

- ¿Por qué no?

Ella se puso muy seria y me dijo:

- Ya tuve problemas con un paciente. Era mi novio y nos pillaron besándonos, por lo que me echaron una buena bronca.

- Comprendo y esto puede ser un problema ¿verdad? – Sí – respondió bajando la mirada.

Estaba en mis manos. Con un poco de persuasión podía incluso follármela, pero aquello sería traicionar demasiado a Pili, así que decidí conformarme con algo menos.

- ¿Sabes? Podría llamar a tu jefa y decirle que me has estado manoseando mientras me afeitabas.

Su cara adquirió una tremenda expresión de horror.

- ¡No se atreverá! – exclamó.

- Claro, que no mi niña – dije tranquilizándola – pero eso no cambia nada. Mi polla no va a bajarse solita y antes o después Lucía aparecerá si no la llamamos. Venga, bonita, a ti no te cuesta nada…

Ella aún dudó unos segundos.

- Te juro que te recomendaré vivamente a tu jefa…

Por fin cedió.

- ¿Qué quiere que haga? – preguntó vencida.

- Que me cantes algo, no te jode – pensé.

- Ven aquí – le dije.

Ella se acercó hasta quedar a mi derecha. Yo tomé su mano por la muñeca y la conduje sobre mi miembro, apretando sus dedos sobre él. Retiré mi mano y la suya permaneció allí, empuñándolo.

- Vamos, preciosa, empieza.

Con la mirada un poco perdida, comenzó a masturbarme. No lo hacía muy bien, su mano se movía muy rápido.

- Así no – le dije – Hazlo bien. Estoy seguro de que sabes hacerlo mucho mejor.

Reanudó la paja, esta vez más lentamente, con mucho más arte. Sin lugar a dudas, aquella mujer con cara de niña había hecho más de una. Su mano se deslizaba hábilmente sobre mi polla, apretando convenientemente en los puntos adecuados. Mi miembro estaba aún lleno de leche hidratante, por lo que su mano se deslizaba estupendamente. De vez en cuando, me la soltaba, limitándose a pasar la palma de su mano por toda la longitud, desde los huevos hasta la punta, como extendiendo bien la leche esa.

Otras veces, sus dedos formaban una capucha que rodeaba mi glande, masturbándolo durante unos segundos. Entonces su mano se deslizaba hacia abajo y volvía a empuñar mi garrote, pajeándolo. Estaba disfrutando como un loco, pero las tres pajas del día anterior acudieron en mi ayuda, permitiéndome resistir y alargar mi estancia en aquel paraíso.

Era realmente fantástica, creo que incluso algo mejor que Pili. Miré a su rostro y noté un inequívoco brillo de excitación en la mirada. Me decidí a dar un paso más.

Disimuladamente, llevé mi mano derecha hasta el borde de su falda y la metí por debajo, plantándola directamente en su culo. Pude notar perfectamente que llevaba tanga.

- ¡Eh! – protestó ella – En eso no habíamos quedado.

- Vamos Ana – le dije – Así me excitaré más y acabaremos antes.

El argumento era débil, pero pareció convencerla, así que volvió a concentrase en su tarea, dejándome hacer. Yo comencé a magrear su culo con energía, amasándolo. Tenía un trasero magnífico, duro y apretadito. Con mis dedos aparté el tanga y los introduje en la raja de su culo, buscando su ano. Lo encontré e intenté meter un dedo dentro. Ella me miró muy seria.

- No, eso no – me dijo.

- Como quieras – concedí y seguí acariciando su trasero.

La paja era magnífica, esa tía era una experta. No me extrañaba que la tuvieran por una zorra en el hospital, es que lo era.

- Ana – le dije.

- ¿Sí? – respondió sin interrumpir su trabajo.

- Sería mejor que cogieras una toalla, si no lo pondré todo perdido.

- No te preocupes – contestó.

Entonces se abalanzó vorazmente sobre mi polla y se la metió de un viaje en la boca. Yo no me lo esperaba, pero desde luego no me resistí. Si la tía era buena con la mano, con la boca era una auténtica artista. ¡Cómo la chupaba! Su cabeza subía y bajaba por mi falo, llegando siempre hasta el fondo, donde se detenía para estimularme apretando con la garganta. Era increíble.

Su culo quedaba totalmente en pompa y yo quería devolverle un poco el favor, pero mi mano no llegaba bien desde atrás, así que agarré bien su trasero y lo acerqué más hacia mí. Ella comprendió lo que yo quería y no sólo no se resistió, sino que separó un poco sus muslos, dejándome mejor acceso.

Conduje mi mano por detrás, entre sus piernas y aparté su tanga. Me apropié con fuerza de su coño, que a esas alturas estaba chorreando. Hundí mis dedos en su interior y comencé a masturbarla.

- ¡Ughghg! – farfulló ella con la boca llena con mi polla.

Seguimos así un momento, pero la postura era incómoda para mí, porque tenía que inclinarme mucho hacia un lado, pues ella no era muy alta. Entonces le dije:

- Súbete aquí.

Ella me entendió perfectamente. Se sacó mi polla de la boca, un fino hilo de saliva iba desde la punta hasta sus labios. ¡Menuda visión! Siguió pajeándome lentamente mientras se subía a horcajadas sobre la cama, su culo frente a mi cara. Inmediatamente, volvió a meterse la polla hasta el fondo en la boca, reanudando aquella increíble mamada.

Yo subí su uniforme hasta su cintura, aparté su tanga a un lado y comencé a frotar su raja con mi mano, lo que le arrancó profundos gemidos. La agarré por las caderas, atrayéndola hacia mí. Por fin, su coño quedó sobre mi cara, chorreante, hermoso. Separé sus labios con los dedos y hundí mi lengua en su interior.

Un tremendo espasmo recorrió su cuerpo y se transmitió a mi polla. A aquella zorra le encantaba que se lo chuparan, así que me dediqué a complacerla. Recorrí su vulva con la lengua, de arriba abajo. Chupaba y tragaba todo lo que de allí salía. Busqué su clítoris, y lo encontré, gordo y jugoso y lo introduje entre mis labios, chupándolo como haría un bebé con el pezón de su madre. Metí un par de dedos en su interior, masturbándola mientras estimulaba su clítoris.

Ella gemía como loca, creo que incluso hablaba, pero no se le entendía nada con la boca llena. A pesar del placer que estaba sintiendo, en ningún momento interrumpió la mamada, era toda una profesional. El mejor 69 de mi vida.

Por fin, se corrió con violencia. Yo notaba que ella gritaba, pero con mi falo hundido hasta el fondo sólo se escuchaban gorgoteos incoherentes. Yo noté que también me iba, pensé en avisarla, pero recordé que ella me la chupaba para no manchar las sábanas.

Y me corrí. Mi polla disparó sus lechazos directamente en lo más hondo de su garganta. Yo pensé que se ahogaría y se pondría a toser, pero no fue así. Mantuvo mi verga bien hundida, tragándoselo todo. Fue alucinante.

Nos quedamos así unos segundos, reposando. Ella con mi polla menguante en la boca y yo con la nariz en su chocho. Por fin, pareció despertar y descabalgó mi cara. Se puso en pié y comenzó a arreglarse la ropa. Yo la contemplaba, respirando agitado.

Sin decir nada, cogió una toalla del carrito y me secó por todas partes, eliminando los restos de saliva. Después abrió la ventana, para airear el cuarto y fue al baño, a arreglarse el pelo.

Mi polla reposaba satisfecha sobre mi vientre, reducida al mínimo. Ana regresó y tocó el timbre. Entonces, sin decir nada, me besó. Tras hacerlo, se apartó de mí y se quedó junto al carrito.

Poco después se abrió la puerta y entró Lucía.

- ¿Has terminado? – preguntó.

- Sí, ya está listo.

Lucía se acercó a mí y me echó un buen vistazo a la entrepierna. La revisó por todas partes y pareció quedar satisfecha con el resultado. De ni haber estado tan cansado, sin duda aquello me habría excitado.

- Buen trabajo – le dijo a Ana – no has dejado ni rastro de vello.

- Gracias – respondió Ana.

Yo aproveché para volver a ponerme los pantalones, era mejor no tentar a la suerte.

- Lleva eso al cuartillo – dijo señalando al carrito.

- De acuerdo. Hasta luego – me dijo.

- Hasta luego.

Yo me quedé contemplando cómo salía.

- ¿Ve usted como no pasaba nada? – dijo Lucía.

- Sí, sí tenía usted razón – le respondí, fijando mi mirada en ella.

Entonces vi que sus ojos estaban fijos en las sábanas. Seguí la dirección de su mirada y vi que sobre la cama había una mancha de algo que inequívocamente era esperma. ¡Cómo no nos habíamos dado cuenta!

Entonces, Lucía estiró su dedo y recogió la mancha con él, llevándoselo a la boca, donde lo chupó con deleite.

- De acuerdo señor Rovira – me dijo – luego pasaré a verle.

FIN

Autor: Talibos

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