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CON NOELIA E ISABEL FOLLAMOS COMO LOCOS

Publicado por fercho212 en Octubre 29, 2008

cc Se la metí en el culo y cogí ritmo.
Ella jadeaba y Noelia me hizo una seña, se la saqué a Isabel y se la
metí a Noelia. Me corrí dentro de ella, e Isabel se dispuso a chuparle
el culo y dejárselo limpito

Esta
historia me ocurrió hace 4 años, cuando yo tenía 24. Ese año me
cambiaron de departamento en la oficina y me tuve que amoldar a los
turnos de vacaciones. Como era el último en llegar me tocó tomar las
vacaciones en el mes de Junio. ¡Qué gracia! Mis amigos todavía tenían
clase y otros estaban trabajando.

Total, que se me ocurrió ir a
la casa que tienen mis padres en un pueblo y por lo menos saldría de
Madrid. A mis padres le dije que arreglaría el garaje y el trastero en
esos 15 días y así lo aprovechaba. Llegué allí por la mañana, me
instalé, di una vuelta por el pueblo, vi que no había nadie conocido,
tomé una cerveza en el único bar que hay allí y me fui a casa. El
pueblo es pequeño, y con las personas mayores que me encontré tuve que
dar explicaciones de lo que hacía.

Iban a ser 15 días aburridos
pensé yo, pero… no sabía la sorpresa que me iba a deparar. Al día
siguiente empecé a arreglar el garaje, cuando suena el timbre de la
puerta. Abro, y… sorpresa: Mi vecina Noelia de Madrid, que me cae
fatal, y que no la aguanto estaba en la puerta con un bolso de viaje.

-¡Qué haces aquí! No pregunté, lo exclamé pues me salió del alma.
-¡Vaya recibimiento! ¿Me dejas pasar? -Sí, sí, perdona, pero es que no
esperaba a nadie. -Tu madre y la mía han pensado que te ibas a aburrir,
y como estaba en casa sin hacer nada han dicho que me viniera para acá.
-Me lo podrían haber dicho. -Podrías haber llamado.

La verdad,
es que Noelia es la típica vecina que no la aguantas. Me lleva dos
meses de edad, hemos ido siempre juntos al colegio. Nuestros padres les
gustaba la idea de que hubiese algo entre nosotros, y lo consiguieron:
odio. Yo no la aguantaba y ella lo sabía, pero qué íbamos a hacer.

-¿Dónde voy a dormir?

La
casa del pueblo es grande. Yo tenía mi habitación en una punta de la
casa, así que pensé que la mejor idea sería ponerla en la otra punta,
en la habitación de mis padres. Ella siempre estaba maquinando, siempre
hacía las cosas pensando en lo siguiente, y siempre enredaba a la
gente. En el colegio era así y no creo que hubiera cambiado. Habíamos
perdido un poco el trato; ella llevaba saliendo 4 o 5 años con un chico
que se llamaba Alfredo. Era medio marica o gilipollas. La verdad que
para aguantarla tenía que ser así. Noelia no era guapa. Estaba delgada
pero poco más. Tenía una hermana dos años mayor que nosotros, que
tampoco era guapa pero tenía unas tetas y un culo de campeonato.

Bueno,
volvamos a la historia. A mí me sentó muy mal que Noelia viniese, tanto
si me lo hubieran dicho como si no, pero que le iba a hacer. No la iba
a echar de casa. Salimos a dar una vuelta por el pueblo, y llamé a mi
madre muy enfadado. No sirvió de nada. Pensé que ya que íbamos a estar
juntos pues no me iba a deprimir por ello. Por el pueblo iba haciendo
comentarios que pueden sentar mal a la gente: que si olía mal (hay
vacas y cerdos), que si no había autobuses (en un pueblo de 700
habitantes que iba a haber) y cosas así.

Llegó la hora de comer
y nos fuimos a casa. Hizo la comida, algo bueno tenía que tener,
recogimos los platos, y salimos al patio a tomar el sol. Hacía mucho
sol, y nos pusimos los bañadores. Tenemos unas hamacas y nos tumbamos
en ellas. Vaya cuerpo que tenía mi vecinita. No me había fijado nunca.
Estaba delgada, tenía un buen culo, como su hermana y las tetas, que
eran más pequeñas tenían buena forma. Nos echamos crema y nos tumbamos.
De repente dice:

-¿Y los vecinos? -Ahora no hay nadie en esta
zona. Faltan tres de la izquierda y dos de la derecha. Sólo vienen en
verano. -¿Te importa que haga top-less? -¿A mí? Para nada. (Me estaba
haciendo el machito), como si quieres quedarte en bolas. -Pues estaría
bien. Así no se nos queda marca. ¿Nos desnudamos?

Ya estaba enredando, pero yo no quería quedar mal.

-Desnúdate tú si quieres. -Te da vergüenza.

Otra
vez. Ya me estaba picando, y la verdad es que no me apetecía quedarme
en bolas delante de ella. Nunca había tomado el sol desnudo.

-A mí no me da vergüenza. Y me bajé el bañador. -Vaya, vaya.

Y
también se lo quitó. ¡Cómo estaba la Noelita! Tenía unas tetas
perfectas y su coñito tenía forma de triangulo invertido. Yo no quería
mirar porque se me iba a empalmar, pero Noelia no hacía más que picarme.

-Creo que “tu amiga” quiere saludarme. -Simplemente es educada y se
“levanta” cuando ve a una chica. -Pues dile que se “siente”.

Así
estuvimos un buen rato. Yo me di la vuelta y me dormí. A las 6 me
desperté y Noelia ya no estaba. Me levanté, la llamé, y me contestó
desde el baño.

-Ahora salgo.

Salió desnuda moviendo las caderas y contoneándose bastante.

-Vaya, creo que “tu amiga” quiere saludarme otra vez.

La tenía totalmente empalmada y no me había dado cuenta. Yo entonces contraataqué.

-Pues salúdala, si no te da vergüenza.

Y no me esperaba lo que pasó a continuación. Se agachó, me tomó la polla entre las manos y le dio un beso. Me estremecí.

-Creo que quiere más. ¿Quieres más, pollita?

Y
empezó a chuparme la polla muy despacio. Que gustazo me estaba dando.
Se levantó, me dio un morreo, cogió la toalla de la hamaca, y la
extendió en el suelo. Me indicó que me tumbase, y empezó de nuevo a
chupármela.

Yo estaba atontado, no decía nada, sólo gemía de placer.
Se
dio la vuelta, puso su coñito sobre mi cara y empezamos un 69 de
locura. Yo estaba que reventaba de placer, pero ella era demasiado.
Tenía mi cara empapada de sus jugos vaginales que sabían
estupendamente. Se movía hacia los lados y gemía de placer. Exploté. No
me dio tiempo a decir nada. Ella no paró. Siguió chupándomela, y me la
limpio toda. Yo seguí hasta que ella se incorporó.

No decíamos
nada. Empezamos a besarnos y noté el sabor de mi semen en su boca.
Nunca lo había probado. Yo estaba excitadísimo y me gustó. Nos sobamos,
y empezó de nuevo a tocarme mi pene. Pasarían unos 5 minutos cuando ya
se me puso dura de nuevo y entonces me dijo:

-Disfruta de Noelia y métesela hasta el fondo.

Y
empecé a follarla. Madre mía, que ritmo tenía, lo había hecho varias
veces, siempre en el coche, y nunca había sentido nada parecido.
Cambiamos de postura y empezó a cabalgar encima de mí, hasta que noté
que me venía:

-¡Me viene, me viene! -Toda dentro, no pasa nada….y me corrí.

Se dio la vuelta y me dijo:

-¡Límpiame!

Y
le chupé el coñito empapado de mi semen. Me gustaba. Luego nos tumbamos
sin decir nada y así estuvimos como media hora. Resulta que para
controlar la regla le habían recetado la píldora anticonceptiva y así
follaba cuando quería al Alfredo y a sus amiguitos.

Luego
estuvimos hablando de que no podíamos decir nada ya que en el pueblo
había mucho cotilleo y enseguida se enteraría mi madre y nos haría
volver a Madrid. Todavía existen sitios así. Así que salimos a tomar
algo y cuando me preguntaron la presenté como mi prima, y la gente no
dijo nada.

Esa noche decidí que durmiera conmigo, y así lo
hicimos. Nos quedamos rendidos de la folladita de la tarde. Tan solo un
sobeteo y una medio pajita completaron la noche.
Por la mañana
cuando me desperté, Noelia me estaba sobando la polla, y cuando notó
que estaba despierto, me dio los buenos días y empezó a chupármela. ¡La
primera de la mañana!Seguimos arreglando el garaje, pero tocándonos el
culo y demás, hasta la hora de la comida. Comimos sin decir nada, y
después como si fuera una rutina nos desnudamos para tomar el sol.

-A
mí me gustaría que te afeitases el coñito, le dije tranquilamente. -Por
mí no hay problema, pero si yo me lo afeito tú también tienes que poner
algo de tu parte. -Yo te lo afeito bien.-le dije. -Pues yo también te
lo afeito.

Y lo hicimos, empecé a cortarle los pelitos grandes,
y a continuación le pasé la maquinilla. Se estremecía la muy cabrona de
placer. Se lo afeité todo. La dejé como una niña. Se lo limpié y empecé
a chupárselo, me apartó y me dijo:

-Ahora me toca a mí.

Me
tumbé, me puso una toalla encima de la cabeza para que no mirara, y
empezó a “trabajar”. Yo notaba cuando pasaba la maquinilla y su mano en
mi polla. Estaba tiesa, ¡cómo para no estarlo! Me hizo darme la vuelta
y me afeitó también el culo. Me resistí, pero al final la dejé. Me
estaba gustando, cuando terminó, me hizo darme la vuelta de nuevo y me
dijo:

-¡Voilá!.

Estaba totalmente afeitado. Me hizo
tumbar y empezamos otro 69 como el del día anterior. ¡Qué corrida tenía
la tía! Yo tampoco puede aguantar mucho y me corrí en su boca. Nos
quedamos juntos durante un rato, hasta que ella empezó de nuevo.
Cambiamos de postura y empezamos a follar. Qué placer me daba el no
tener vello. Entraba muy suave. Me corrí otras cuatro veces más. La
última ya no salía nada.

Estábamos extasiados y cansados. Nos
duchamos juntos y salimos a tomar unas cervezas como si nada. Cuando
volvíamos a casa en un rincón le levanté la falda, y se la metí de
golpe. No llevaba bragas, e estaba húmeda. Yo creo que se había corrido
antes alguna vez más. Fue un polvo rápido, pues a las diez o doce
embestidas me corrí. Estaba todo el día empalmado. En mi vida pensé que
iba a tener tanto aguante.

Así seguimos hasta el fin de semana.
Estábamos el viernes a punto de comer cuando suena el timbre de casa.
yo no esperaba a nadie. Sería alguna vecina a preguntar por algo. fui a
abrir….y sorpresa: Isabel, otra compañera de colegio a la que no veía
desde hacía 6 o 7 años. Isabel estaba buenísima, era la pijita de clase
y por eso no caía bien. yo no la había vuelto a ver, pero la verdad es
que no había cambiado, bueno, sí, sí había cambiado: más tetas, más
culo, más buena.

-¿Qué haces aquí? -Me invitó Noelia a pasar el fin de semana. No te importa ¿verdad?

Otra
vez Noelia enredando. Que iba a hacer. la llevé a la habitación donde
se suponía que dormía Noelia y no dije nada. Las dos se abrazaron como
si no se hubieran visto desde hacía tiempo, y nos dispusimos a comer.
Llegó la hora de tomar el sol, y yo no sabía qué iba a ocurrir. Me puse
el bañador, estiré la toalla en el suelo y me senté. En ese momento
salieron las dos por la puerta. En pelotas, sí, estaban completamente
desnudas. Yo me quedé boquiabierto con una expresión de tonto que
flipaba. Dijo Noelia entonces:

-¿No te gusta la sorpresa?

Yo no dije nada.

-Parece que le dan miedo dos chicas en pelotas. Dijo Isabel. -No hija,
no, pero es que no me lo esperaba. -Ya me ha contado Noe lo que tú le
haces. Espero que a mí me trates igual.

Yo estaba desconcertado.
Las muy cabronas querían follarme juntas, y a Noelia le daba igual. Yo
no iba a ser menos. Pensaba que esto era un sueño que nunca ocurría.
Colocaron las toallas en el suelo, se sentaron y empezaron a morrearse
y a sobarse. ¡Así que también les iba el rollo lésbico! Ni que decir
tiene que mi polla estaba a reventar. Entonces dije:

-¿Puedo yo
también jugar? dije mientras me bajaba el bañador y saltaba mi polla
como un resorte. -Me la tienes que presentar, dijo Isabel. Estaba
buenísima.

Me acerqué, la cogió con las manos y empezó a chupar. Se paró y dijo:

-Vaya, así que los dos jugáis a los peluqueros.

Ella tenía una mata de pelo considerable, así que se abrió de piernas y dijo:

-Noe, ¿porque no me lo quitas?

Noe
se levantó y fue a buscar los utensilios. Nosotros nos quedamos en la
toalla besándonos y sobándonos. Vino entonces Noelia, Isabel se tumbó,
y empezamos a rasurarla. Yo quería intervenir, e Isabel me dijo:

-Tú afeitarme las axilas.

Tenía
el saliente del pelo, y yo cogí la maquinilla y me puse por delante a
afeitar. Mi polla quedaba cerca de su cara, y ella se colocó y empezó a
chupármela. Vaya espectáculo que dábamos. Cuando Noelia terminó, la
limpió y empezó a chuparle el clítoris. Isabel se retorcía pero no
paraba de chuparme a mí. Yo me coloqué encima y también empecé a
chuparle el clítoris junto a Noe. Sabía riquísimo. Después de un rato
así, Noe me dijo que me la follara. No lo dudé. Se la metí de un golpe
y empecé a embestir. Ella me dijo riendo:

-No tengas prisa que tenemos toda la tarde.

Cuando
llevaba un rato me hizo parar para que no me corriera, y mientras ellas
se besaban. A continuación Noelia puso el culo en pompa y se la metí.

-¡Me corro, me corro! -Aquí, aquí. Y se pusieron delante para recibir la corrida.

Las
puse perdidas de semen y ellas empezaron a lamerse la cara y a besarse.
No era la primera vez que lo hacían juntas. Isabel fue dentro de la
casa y salió con una bolsa. La abrió y dijo:

-Traigo unos juguetes.

Eran
consoladores de todo tipo. Noelia cogió uno que era transparente pero
que medía unos 30 cms. y empezó a jugar con él y a metérselo en el
coño. Acabó metiéndose casi todo. Gemía la muy cabrona de placer. Yo
sólo podía meterle 16 cms. que era lo que tenía. Isabel cogió uno de
acero inoxidable, se untó el culo de vaselina y empezó a metérselo por
detrás. Yo miraba atónito. Entonces Noelia se sacó el que tenía dentro
y me lo dio a chupar. Quería que yo le hiciera una “mamada” al
consolador. Se la hice. Sabía a ella. Estaba muy bueno. Mientras me
tocaba la polla que la tenía otra vez a 100.

Isabel me dijo
entonces que se la metiera por el culo. Nunca lo había hecho por
detrás. La metí despacio pero le entraba muy bien y enseguida cogí
ritmo. Ella jadeaba y Noelia mientras estaba con el de 30 cms. por el
culo. Me hizo entonces una seña, se la saqué a Isabel y se la metí a
Noelia. Me corrí dentro de ella, e Isabel se dispuso a chuparle el culo
y dejárselo limpito. Yo estaba agotado de tanto trajín pero ellas
parecían insatisfechas. Isabel sacó entonces una polla sujeta con unas
cinchas y se la puso. Se acercó a mí y me hizo “realizarle otra
mamada”. Después se la metió a Noe por detrás y se la folló. Noe gemía
y gemía. Cambiaron de posición e Isabel se tumbó. No se sentó encima y
se lo metió todo. Era una polla espectacular, mediría como uno 25 cms.
y bastante gorda.

Follaban las dos increíblemente. Noe se agachó
y me dijo que yo también se la metiera. Se la metí por el culo. Tenía
dos pollas dentro. Me encantaba. Paramos y cambiamos las posturas.
Ahora la que recibía era Isabel. Otra gozada y otra corrida. Entonces
yo empecé a limpiarle el coño y el culo a Isabel mientras Noelia empezó
a sobarme mi culo y meterme algún que otro dedo. Al principio no me
gustó pero enseguida me excité. Entonces noté como me metía el
consolador metálico.

Uffff!, que placer me estaba dando. Isabel
se puso la polla, y en ese momento me la empezó a meter a mí. ¡Me
estaban dando por culo!. Pero que gozada. Nunca lo habría imaginado.
Era una mezcla de dolor y placer que me estremecía. Noelia mientras me
chupaba la polla hasta que me corrí en su boca. Acabamos los tres
tumbados boca arriba. Luego nos duchamos y nos fuimos de marcha a un
pueblo cercano donde tomamos unas copas sin hacer nada especial. Al
llegar a casa Noelia e Isabel se fueron a dormir juntas a hacer también
lo que les viniese en gana. yo por mi parte me quedé frito.

Al
día siguiente Isabel volvió a Madrid, no sin antes echar un buen polvo
los dos juntos. Nos despedimos y hasta la fecha. Noelia y yo follamos
como locos esos días restantes aunque notábamos que nos faltaba algo.
Después de esos días dejamos de vernos hasta hace un mes que me
encontré con ella.

Esa es otra historia. Saludos.

Y recuerden votar mi historia…

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DE ORGIA EN EL LABORATORIO

Publicado por fercho212 en Octubre 29, 2008

DE ORGÍA EN EL LABORATORIO Se la clavé, empecé el metisaca y Claudia comenzó a comerle el coño. Belén tenía un orgasmo y yo me corrí, Claudia se la metió en la boca y eyaculé, Belén hizo un buen trabajo con la polla de Tomás

Me llamo Miguel y la experiencia que voy a contar fue, desde luego, totalmente inesperada para mí, pero tengo que decir que fue una de las más placenteras que he experimentado.

Primero tengo que poner un poco la cosa en situación. Tengo 31 años, soy de estatura normal (1,80) y complexión física bastante aceptable, ya que practico algo de deporte y me alimento de forma razonablemente sana. Estoy casado con Claudia, un auténtico bombón. Es tan alta como yo, rubia, delgada, a pesar de lo cual tiene unas tetas de buen volumen y además duras como piedras. Practicamos sexo varias veces a la semana y con frecuencia tenemos cosas como sexo anal, mamadas, uso de consoladores, etc., pero siempre los dos solos.

Desde que nos casamos, hace un par de años, yo no le había sido infiel (cuando éramos novios reconozco que sí) y, hasta lo del día de la experiencia que voy a relatar, estaba convencido que ella tampoco, pero ahora sospecho que una mujer tan ardiente como demostró ser difícilmente se puede conformar con un solo hombre. Pero, bueno, no nos desviemos de la experiencia en cuestión.

Yo trabajo en una empresa que desarrollamos productos electrónicos y tenemos que usar instrumentos bastante complicados. Uno de ellos es el osciloscopio digital, el cual era manejado por un señor mayor que se había jubilado recientemente, y por mí. Al jubilarse ese señor, la empresa contrató a una chica recién salida de la Universidad y, entre sus funciones estaba la de manejar ese aparato, y por casualidad resultó que esa chica, Belén, era del pueblo de los padres de mi mujer y por tanto se conocían.

Belén se presentó a su primer día de trabajo. Era una chica menudita pero muy bien proporcionada. Tenía unos labios carnosos que parecían estar hechos para hacer mamadas y tenía también unas curvas de infarto. Parecía anunciar que era una máquina de follar. Yo, aunque habitualmente ando algo salido, desterré de mi cabeza pensamientos sexuales acerca de ella porque yo nunca pienso ser un baboso ni ponerme en evidencia delante de nadie, y mucho menos arriesgar mi posición en la empresa o ser acusado de acoso.

El jefe del laboratorio, le mostró el laboratorio y después estuvieron un rato largo en su despacho, supongo que explicándole cuáles iban a ser sus funciones en los próximos tiempos. Después salieron y el jefe del laboratorio me pidió que le explicara el uso del osciloscopio digital, y así hice. Es un aparato complejo, pero Belén parecía haber sido una buena estudiante y la mayoría de las cosas ya las sabía, sólo le tuve que explicar particularidades muy concretas de nuestro instrumento. Así acabó nuestro primer encuentro, que se desarrolló con normalidad y cordialidad.

Ese mismo día, cuando llegué a casa a comer (en el trabajo sólo tenemos horario de mañana), me encontré con mi mujer Claudia, que tiene horario en su despacho de abogada de mañana y tarde, pero siempre viene a comer a casa. Estaba expectante por saber noticias de Belén, ya que ya sabía que era ella quien iba a venir a mi empresa y yo, simplemente, le conté cómo habían ido las cosas por la mañana. Me dijo que estaba algo preocupada por Belén ya que a mí me había llevado varios días familiarizarme con el osciloscopio digital y entonces a Belén le vendría bien que yo le explicase algo más. Protesté diciendo que era innecesario, pero no hizo caso y decidió llamar a Belén para que fuera conmigo por la tarde al laboratorio (aunque estaría cerrado yo tengo llaves).

Así, hizo y, tras los saludos y bromas de rigor, quedó con ella para la tarde. Después, hizo algo que me resultó raro, llamó a su secretaria a su móvil, le dijo que por la tarde no iba a ir al despacho y le dio una serie de instrucciones para hacer sin su presencia en el despacho. Le dije si no exageraba y me dijo que no, porque quería ver a Belén. Después hicimos lo de siempre, es decir, calentar en el microondas algo cocinado el fin de semana y comérnoslo.

Tras un breve descanso salimos, cogimos el coche y llegamos al laboratorio. Belén ya estaba esperando y, encima, estaba con su novio, Tomás, un chico aproximadamente de su edad, atractivo y con una complexión fuerte, como se suele tener a esa edad. Me extrañó, pero Belén no iba vestida como a la mañana, con jersey y vaqueros, sino que llevaba una camiseta ajustada y una falda muy, muy corta. Tras las presentaciones, fuimos a un bar cercano a tomar un café.

Allí, Belén y Claudia llevaron la voz cantante en la conversación. Empezaron a hablar de conocidos del pueblo de Belén y de la familia de mi mujer. De repente, Belén le preguntó a Claudia cuánto tiempo hacía que habíamos empezado a ser novios. Entonces se lo dijo: “Siete años”. “Ah”, dijo Belén, “entonces te puedo preguntar una cosa, ya que, aunque fuera cierta, pasó antes de que estuvierais juntos, ¿es verdad que fuiste novia de Miguel?”. Contestó Claudia: “Bueno, yo no diría novios, pero sí salimos un verano”. “¿Y él ya se dedicaba a las películas?”, preguntó Belén. Claudia se rió y dijo, “Bueno sí, pero si me pongo a hablar del tema no vais a ver el aparato ese del laboratorio”. Así parecía que zanjaba la conversación, para mi alivio.

Llegados a este punto, tengo que explicar que el tal Miguel era (y es) un actor porno de segunda o tercera fila que fue novio de Claudia; yo ya lo sabía y a mí no me hacía mucha gracia que Belén estuviera enterada del tema. La posibilidad de que se lo contara a mis compañeros de trabajo no me apetecía porque el cachondeo podía ser memorable. Entonces pasó algo que, de entrada, me mosqueó. Claudia propuso: “¿Por qué no vamos los cuatro al laboratorio y, mientras tú le enseñas el osciloscopio digital a Belén, seguimos recordando tiempos del pueblo”.

En fin, fuimos para allá. Entramos, cerré con llave por dentro, y me dispuse a preparar unos cables que hay que usar con el osciloscopio digital. Cuando volví, Belén y Claudia estaban hablando pero en una disposición muy extraña: Belén estaba de pie ante una mesa de laboratorio, que son algo más altas que las normales y, pegada a ella por detrás estaba Claudia.

Belén dijo: “Muchas veces me he puesto cachonda con las películas de tu ex”, y se dio la vuelta quedando las dos pegadas de frente. A corta distancia, Tomás las observaba. Claudia es más alta que Belén y esta tenía que mirar para arriba. Entonces contestó Claudia: “Bueno, no está mal, pero te invito a que pruebes lo que tengo ahora”.

Yo alucinaba de tal manera que pensé que había oído mal. Pero entonces me quedó claro había oído bien: Claudia le metió a Belén la mano por debajo de la camiseta y me dijo: “Cariño, acércate”. Entonces le quitó la camiseta, Belén se quedó con el sostén, que difícilmente cubría sus tetas excitadas, y se dieron un morreo prolongado y apasionado.

Yo nunca me había imaginado que a Claudia le gustara morrear con otra tía, pero aquel día me llevé bastantes sorpresas. Me acerqué, alucinando todavía, pero no llegué a tocarlas. Mi polla estaba ya durísima pero no me atrevía a pasar a la acción. Claudia le metía ahora a Belén una mano por debajo de la falda y ésta empezaba a ponerse realmente cachonda mientras se dejaba hacer. Yo empezaba a pasar del estado de alucinamiento al de preocupación, ya que Belén iba a ser mi compañera de trabajo y podrían crearse situaciones incomodas y no recomendables en un futuro. Pero entonces me di cuenta de una cosa: Tomás había agarrado a Claudia por detrás y le sobaba las tetas y el coño, pero por encima de la ropa.

Pensé entonces: “¡Joder!, no voy a ser el único pardillo de la reunión”, y decidí lanzarme y olvidarme de todo. Pegué entonces mi boca a la de Claudia y Belén, que seguían morreando, y me uní al intercambio de saliva. Le solté el sujetador por detrás a Belén, y, al quedar sus tetas descubiertas, se las agarré con fuerza. Ellas separaron sus bocas, lo cual aprovechó Tomás para sobar con mayor comodidad a Claudia, sin dejar de agarrarla por detrás, mientras le pasaba la lengua por el cuello.
Senté a Belén en la mesa, le quité las bragas y un coño delicioso quedó ante mí.

Se lo sobé cuidadosamente mientras morreábamos, y, al acariciarle el clítoris, gimió profundamente. Seguimos así un rato y entonces ella llevó su mano a mi paquete, y después de acariciarlo desabrochó mi pantalón y empezó a acariciarme la polla.

Estaba tan caliente que casi me corro en aquel momento, pero no fue así. En aquellos momentos casi me había olvidado de Claudia y Tomás y bajé la cabeza y empecé a comerle el chocho a Belén. Ella gemía y movía las caderas compulsivamente. Olía como debe oler un chocho, un olor intenso y algo ácido, pero sin pasarse. El flujo vaginal era muy abundante. Poco tardó en correrse aquel pedazo de hembra.

Entonces me acordé de Claudia. ¿Estaría mirando? ¿Qué pensaría? Saqué un momento la cabeza de la entrepierna de Belén, que suspiró, para mirar a Claudia u Tomas y lo que vi me hizo flipar. Claudia, para aceptar sexo anal, suele necesitar mucho tiempo de excitación, media hora o más, y, en aquel momento, Tomás la estaba enculando. Con un par de minutos, aquel tipo ya se la había clavado en el trasero. Él se había sentado en un taburete, con su verga hacia arriba, y ella se había sentado encima introduciéndola en su ano. Estaba mirando hacia nosotros, de forma que nos ofrecía la visión de su coño, libre, aunque se frotaba el clítoris frenéticamente. Me dijo Belén: “Dale tú ahora, que esté servida por los dos agujeros”. Claudia se unió a la petición: “Cariño, fóllame”.

Yo estaba caliente con Belén, en aquel momento prefería follármela a ella, pero no iba a negarme a lo que me pedía mi mujer, por lo que, sin más contemplaciones, le metí la polla en el coño. Tras unos inicios torpes, ya que tenía que adecuar mi movimiento al de mi mujer subiendo y bajando con la polla de Tomás en su culo, empecé a disfrutar. Mi mujer se corrió en seguida pero quería continuar: “Más, más”, gemía. Además, Belén empezó a lamerme el ano, con lo que me sentía en el paraíso. De seguir así, no tardaría mucho en correrme.

En ese momento, Tomás se corrió dentro del culo de Claudia. Además echó un grito de escándalo que hizo que Claudia se asustara y se incorporara, con lo cual la cadena de cuerpos se rompió. Belén, ágilmente, se dirigió a la polla de Tomás que seguía eyaculando para terminar de chupar todo. Después, metió la lengua en el culo de Claudia para intentar aprovechar el semen que allí había quedado. Con la boca chorreando semen se dobló ante Tomás y continuó lamiéndole la polla. Al hacerlo, le caían chorros del semen de su novio, que iban a parar al suelo.

La posición de Belén era perfecta: el culo en pompa ante mí. Se la clavé por detrás y empecé a meter y sacar suavemente, aunque acelerando. Claudia se deslizó por debajo de ella y, desde el suelo comenzó a comerle el coño. Notamos que Belén tenía un orgasmo y, casi al instante, noté que me corría yo también. La saqué y la dirigí hacia abajo. Claudia se dio cuenta y se la metió en la boca, donde eyaculé copiosamente. Un chorro le caía por la barbilla. Entretanto, Belén había hecho un excelente trabajo con la polla de Tomás, que no sólo se había vuelto a levantar, sino que ya se corría otra vez. Entonces, Claudia se la arrebató a Belén y se la metió en la boca aún llena de mi semen, que así se mezcló con el del Tomás.

Aquello era mucha cantidad para la boca de Claudia. Se le caían dos gotas por los labios. Entonces Belén fue hacia ella y volvieron a morrear, compartiendo toda la leche. Algunas gotas se les cayeron, resbalándoles por las tetas, pero gran parte se lo tragaron. Aunque acababa de correrme, la excitación de ver a Belén y Claudia morreando con las bocas llenas de semen hizo que volviera a sentir que la polla se me empezaba a levantar.

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fUI SIN MI MARIDO DE FIESTA Y COMI VERGAS

Publicado por fercho212 en Octubre 9, 2008

UI SIN MI MARIDO DE FIESTA Y COMI VERGAS – Me sente en la verga del negro, el otro negro me metio su inmensa verga en culo, quedando ensartada por ambos lados, mientras Mabel chupaba cualquier verga que se le pusiera enfrente

FUI SIN MI MARIDO DE FIESTA Y COMÍ VERGAS Me senté en la verga del negro, el otro negro me metió su inmensa verga en culo, quedando ensartada por ambos lados, mientras Mabel chupaba cualquier verga que se le pusiera enfrente

Mi relato se inicia cuando una chica ingresó a la empresa donde trabajo como secretaria, y me enseñó la forma en que ella se divertía.

Para los que aún no me conocen, empezaré este relato diciendo que mi nombre es Kathy, tengo 25 años y estoy casada desde hace un año con un hombre que para mi gusto es algo aburrido.

Cada vez que le pedía a mi marido que me lleve a algún lugar para divertirnos, me respondía que prefería quedarse en casa viendo la televisión, y que si yo quería salir lo hiciese sola. El problema era que cuando iba a una fiesta sin compañía, los hombres siempre me hacían proposiciones aprovechando que iba sin mi esposo, y ya me estaba cansando de ser la esposa fiel que salía a todos lados sin compañía.

Fue por esa época que conocía Mabel, una chica delgada de cabello negro y bonito cuerpo. Rápidamente nos hicimos amigas y empecé a contarle cosas intimas de mi vida matrimonial. Ella también era casada, y de la misma forma su marido prefería quedarse en casa. La diferencia era que ella tenía un grupo de amigos que siempre la invitaban a salir.

Yo le pregunté como eran sus fiestas, y ella me dijo que si yo quería podría acompañarla a una de ellas, que casualmente harían sus amigos el sábado por la noche. Le pregunté a mi marido Carlos, si podía ir a una reunión con una amiga de la empresa donde trabajaba, y muy suelto de huesos me respondió que fuera y que me divirtiera, ya que él había alquilado unos videos para ver esa noche.

Mabel me había dicho queme vistiera muy sensual, ya que a sus amigos les gustaba mucho eso, así que esa noche antes que Mabel llegara, elegí ponerme una lencería que recién había comprado para lucirla con Carlos, pero como reza el dicho, “Que sabe el burro de alfajores” así que luego de bañarme, me eché agua de colonia en todo mi cuerpo. Me puse unas braguitas y sujetador color azul, los cuales eran muy pequeños y a pesar que no me quedaban ajustados, resaltaban la forma de mis senos y mi trasero.

Mi busto es talla 36 y el sujetador dejaba ver la parte superior de mis senos. Me puse unas medias de nylon y elegí un vestido del mismo color que mi ropa interior, que me quedaba un poco por encima delas rodillas. Me había comprado también unos zapatos de taco alto y eso hacía que mi trasero se vea más parado de lo que normalmente es. Al verme al espejo, vi que el color azul contrastaba muy bien con mi piel blanca.

Mabel llegó a las 8 y me despedí de Carlos, el cuál ni se tomó el trabajo de mirarme y me dijo que me vaya bien, y que no beba mucho. Un poco molesta porque ni siquiera se había fijado en mi, me prometí a mi misma divertirme como nunca esa noche. Subí al coche de mi amiga y me sorprendí un poco al ver como se había vestido. Tenía puesto una falda que a duras penas le cubría el calzón, y pude ver que tenía puesta una blusa de gasa y debajo no usaba sujetador. Le pregunté un poco sorprendida si pensaba ir vestida así. Me respondió que si y que ya me daría cuenta lo divertida que eran sus fiestas.

Llegamos en 20 minutos a una casa muy bonita, y le mencioné que esperaba que no seamos las primeras en llegar. Me dijo que no íbamos a ser las primeras, sino las únicas. No le entendí lo que quiso decir en ese momento, y así tocamos la puerta de la casa. Nos abrió un hombre como de unos 35 años, el cuál tenía una copa en la mano y nos invitó a pasar muy sonriente. Cuando nos dirigíamos al salón gritó, ya llegaron las chicas y adentro se escuchó un alboroto. Al llegar ahí me pude dar cuenta que todos los que estaban eran solo hombres, y le pregunté a Mabel a que clase de fiesta me había traído.

Ella riéndose me dijo cálmate y diviértete, ya que todos son unos chicos lindos y muy buena onda. En el salón habrían aproximadamente 10 hombres y se encontraban bebiendo y conversando. Nos sirvieron unas copas y Mabel me presentó con cada uno de ellos. Entre los invitados me pude dar cuenta que un par de ellos eran de raza negra, y además eran muy musculosos. Ellos me saludaban con un beso en la mejilla, y yo tenía a veces que voltear mi cara, para que no me estamparan un beso en plena boca.

Transcurrió la fiesta y yo no paraba de bailar, así como mi amiga. Los tragos iban y venían, y el sonido de las voces cada vez se escuchaba más alto. Mientras bailaba con alguno, me decían que estaban contentos que Mabel me hubiese traído, ya que a veces ella quedaba agotada y la fiesta terminaba temprano. No sabía a que se refería, pero ya me estaba preocupando un poco por estar ahí.

Luego que avanzó la reunión, uno de ellos le pidió a Mabel que bailara sola, y pusieron una música que más parecía de strip-tease que otra cosa, y ella se puso al centro del salón y empezó a contonearse de tal forma, que sus senos se movían para deleite de los presentes. Mientras yo miraba como bailaba mi amiga, uno que estaba a mi costado, me preguntó si yo bailaba también, y le respondí que no, dándole un sorbo a mi copa.

Mientras Mabel bailaba contoneándose, un par de ellos se le acercaron y a modo de baile, le pasaban las manos por su cuerpo desabotonando su blusa y dejando sus pechos al aire. La falda se le había subido, y se notaba claramente el encaje de sus medias y sus braguitas. Yo la miraba sorprendida, cuando de pronto sentí en mis nalgas una mano que me apretaba por encima. Voltee a verlo y era uno de los negros, que no sé en que momento se había quitado toda la ropa. Estaba completamente desnudo ante mí, mostrándome una verga larga que parecía hecha de brea.

La visión de este pene enorme, hizo que no pudiera apartar mi vista de él y de pronto vi como todos se empezaron a despojar de sus ropas, quedándose desnudos en el salón. Yo no sabia que hacer en ese momento, pero al ver que mi amiga se dejaba tocar por un mar de manos, y de ver tantas vergas y de diferentes tamaños, me dije a mi misma que iba a aprender lo que era divertirme de esa manera.

No sé de donde me salió el valor, pero dije en voz alta que yo también quería bailar. Todos voltearon hacia mí y comenzaron a aplaudir, y mi amiga no tuvo más remedio que hacerse a un lado para que yo comenzara. Cuando me puse al centro nadie le prestaba atención a Mabel, y sentía que todas las miradas estaban sobre mí en ese momento.

Comencé a bailar soltando primero mi cabello y pasando mis manos sobre mi cuerpo, que aún tenía el vestido puesto y cuando daba algún giro, éste se levantaba dejándoles verla parte alta de mis piernas. Luego bajé el cierre de mi vestido y lo dejé caer al suelo, quedándome en ropa interior. Pude ver que las vergas de los presentes, que aún se encontraban flácidas, cobraron un vigor inusitado, que las hizo ponerse como astas para bandera. Mis senos amenazaban con salirse del sujetador por los movimientos que hacía, y en un momento ambas tetas se salieron por encima, haciendo que todos den silbidos y acompañen con palmas mi baile.

Pasé mis manos a mi espalda y solté el sujetador, dejando mis pechos blancos y redondos a la vista de mis espectadores. Varios de ellos no aguantaban más la visión de mis tetas al aire, y los vi que empezaban a masturbarse en sus respectivos sitios. Luego puse mis manos en mis braguitas, y me incliné haciendo que mi cabeza casi tocara mis pies al momento que las bajaba. Varios podían ver mi culo desnudo y parte de mi coño con ese movimiento, y estando así inclinada parece que uno no se aguantó y vino corriendo, dándome un beso en mis nalgas.

Me incorporé sonriendo y batiendo en mi mano mis braguitas, se la lancé al negro que me tocó las nalgas en un primer momento. Me quedé solo con las medias de nylon y los zapatos puestos ante ellos, que se acercaron en grupo a besarme y tocar todo mi cuerpo. Pude sentir que sus dedos se peleaban por entrar en mis orificios y yo les agarraba sus vergas a todos.

Como casi no podía moverme por la cantidad de manos que tenia encima mío, algunos se fueron con mi amiga y así empezó la bacanal esa noche. Tenía alrededor mío como 6 hombres, y vi a mi amiga chupando las vergas de los que tenía cerca, así que yo también me arrodillé y empecé a mamar una por una, deteniéndome un poco más en las vergas de los negros, las cuales me llamaban más la atención por su color y tamaño.

Algunos no aguantaron más el placer que les daba con mi boca, y sentía como la leche que eyaculaban me caía en la cara y dentro de mi boca. Todo lo que me caía lo lamía y me lo tragaba, mandándolos a sentarse un rato a los que acababan. Los veía sentarse en un sillón pero sin dejar de masturbarse, seguramente para continuar con el manjar nuevo que tenían esa noche.

Mientras chupaba las vergas arrodillada, alguien se echó boca arriba entre mis piernas, así que las separé un poco más para dejar que entrase su cabeza, y así pudiera chuparme la chucha. Estuvo un buen rato haciéndolo, hasta que alguien lo jaló y luego me eché sobre la alfombra, pidiéndole a uno muy guapo que fuera el primero en penetrarme. Le abrí mis piernas dejándole ver mi fruta colorada, y sentí que su verga entraba deliciosamente en mi concha.

El tipo que tenía dentro movía su verga en mi concha, y me daba la impresión de un pistón entrando y saliendo, por la fuerza y velocidad que ponía. Los otros hacían cola para que una vez que terminara, ellos entraran para culearme también. En determinado momento les tocó su turno a los dos negros musculosos que había visto al llegar a la fiesta, y uno de ellos se puso boca arriba y me ayudó para que me sentase en su verga, mirándolo de frente. El otro negro me lamía el ano y seguidamente pude sentir que metió su inmensa verga por mi ano, quedando ensartada por ambos lados. Las lágrimas de salían de mis ojos, por la fuerza que hacía para moverme con esas dos trancas dentro mío.

Mabel estaba sentada sobre un tipo que se encontraba en uno de los sillones y chupaba cualquier verga que se le pusiera enfrente. Me alegré que mi marido me dejara salir libremente, ya que así había tenido la oportunidad de gozar de tantos penes a la vez. Luego que los dos negros me inundaron con su leche, algunos venían y se paraban alrededor mío a masturbarse. Yo tomaba sus vergas chupándoselas alternadamente, y sentía que me chisgueteaban el cuerpo con su leche, cayendo sus descargas en mi boca, mi cara o en mis tetas.

En un momento me encontré arrodillada en medio de la sala, sobando con mis manos todo la leche que había caído en mi cuerpo. Las gotas de semen me chorreaban por la barbilla y caían al suelo. Luego de eso a Mabel y a mí, nos dijeron que nos hincáramos en cuatro patas, en un sillón de tres cuerpos que ahí había, y nuestros culos quedaron a la vista. Formaron dos colas de 5 hombres cada uno, y simultáneamente nos penetraban. Una vez que terminaban, dejaban su lugar al que seguía en la fila.

Alrededor de las 3 de la mañana estábamos todos totalmente exhaustos, y Mabel y yo nos fuimos a bañar para quitarnos todo el semen que nos había caído en el cuerpo esa noche. Nos vestimos y nos despedimos quedando reunirnos otro día para una fiesta similar.

Camino a casa Mabel me felicitó por el éxito que yo había tenido esa noche, y cuando me dejó en la puerta de mi casa, podía sentir queme ardía el ano y mi coño de tanto culear. Entré y encontré a mi marido viendo sus videos, y me preguntó que porque cojeaba. Le expliqué que había estado bailando toda la noche, y que me dolían los pies ya que los zapatos eran nuevos.

Me fui a dormir sintiendo el palpitar de mi ano y mis labios vaginales, los cuales parecían que estaban en carne viva de tanta verga que habían comido esa noche.

Gracias por leer mi relato, si fue de su agrado espero su voto…gracias…

Autor: sleepkiss

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