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con la novia de mi hermano

Publicado por fercho212 en Enero 20, 2009

Cuando mi hermano trajo por primera vez a su novia a casa para presentarla a la familia, yo acaba de romper con mi novio poco tiempo atrás. Lidia era un encanto de chica; dulce, reservada, con unos ojos oscuros enormes y una boca sumamente atractiva.

No era muy alta, y tenía un cuerpo de líneas suaves y muy bien proporcionado. Las novias que había tenido mi hermano hasta el momento habían sido muy guapas, pero ninguna igualaba el encanto de Lidia.

Congeniamos desde el principio. Nos hicimos muy buenas amigas, cosa que agradó mucho a mi hermano. Al poco tiempo de la relación, Lidia comenzó a quedarse a dormir en casa los fines de semana, después de salir con mi hermano, pero lo hacía en mi habitación, por respeto a mis padres.

Una noche escuché como llegaron de madrugada. Me desvelé y escuché como discutieron. Lidia quería que la llevara a su casa, pero mi hermano le dijo que ya era muy tarde. Al parecer habían discutido (por lo que llegué a saber más tarde) por un tema de celos, nada importante, pero Lidia entró a mi habitación llorando. Yo me hice la dormida, y cuando se hubo cambiado y metido en la cama, hice ver que sus leves sollozos me habían despertado.

-¿Qué te ocurre Lidia? -Nada, tu hermano es un burro. -Ay cariño, no has tardado mucho en darte cuenta.

Me levanté y me senté en la cama de al lado, donde estaba acostada Lidia. Le acaricié su sedoso pelo para consolarla.

-Estas peleas son algo normal, tu no te preocupes, mañana ya estaréis bien- le dije.

Lidia se encogió para abrazar la almohada. El instinto protector me llevó a tumbarme a su lado y abrazarla. Ella seguía llorando, pero poco a poco se fue tranquilizando. En un momento abandonó la almohada y me abrazo. Noté sus ojos húmedos por las lágrimas en mis pómulos. Yo le besé la mejilla.

-Ya está, tranquila… tranquila…

Mientras le decía esto, noté como su cara se deslizaba por la mía. Al poco noté sus labios al borde de los míos. Un enorme escalofrío recorrió mi cuerpo. Yo continuaba acariciándole el pelo. Lidia me dio un beso cerca de la comisura de mis labios. Yo le respondí con otro, pero ella acercó más aún sus labios a los míos, hasta ponerlos a la misma altura, y volvió a besarme. En esa ocasión yo me quedé paralizada.

El escalofrío que había sentido hacia unos segundos se intensificó, y un fuerte calambre se instaló en mi barriga y en mi sexo. Estaba excitada. Lidia volvió a besarme suavemente, y otra vez, y otra vez, hasta que al final reaccioné y le correspondí de igual manera.

Después sus labios se engancharon con los míos, y poco después sentí su lengua resbaladiza hacerse hueco entre mis labios. Abrí la boca y le facilité la entrada. Estaba muy excitada. Moví mis piernas y sentí la humedad en mi ropa interior. Introduje mi brazo por debajo de la camiseta que usaba para dormir y le desabroché el sujetador. Levanté su camiseta y comencé a acariciar sus pechos y pezones con suavidad. Ella hizo lo mismo conmigo.

Sus besos se fueron deslizando hacía abajo hasta situar su lengua sobre mis pezones. Los besó y los chupó entre jadeos contenidos. Yo guié su cabeza de un pecho a otro, y ella chupó cuanto rato yo quise. Después le correspondí yo de la misma manera.

Las dos estábamos increíblemente excitadas, y al mismo tiempo nos deshicimos de toda prenda que llevábamos puesta, a excepción de las bragas. Ella se quitó la ropa estando tumbada, y yo de rodillas sobre ella. Me cogió la cabeza y me la llevó nuevamente a sus preciosos pechos.

Yo lamí al tiempo que mi ropa interior se iba humedeciendo más. Noté que Lidia empujaba mi cabeza hacia abajo. Yo sabia lo que quería, así que fui deslizando mi lengua por su vientre, bajando hasta la ingle, recorriéndola con mi lengua y deslizándola por su pierna. Ella dobló su rodilla, y yo seguí lamiendo hasta llegar a los dedos de su pie.

Agarré con ambas manos el diminuto pie de Lidia y me lo introduje en la boca. Jugué con mi lengua haciéndola pasar por sus dedos, y eso debió excitarla mucho, porque los gemidos se intensificaron. Eso me hizo dejar el pie. No quería que nos oyeran.

Volví a recorrer su pierna con mi lengua, esta vez me detuve en la ingle, y apartando con el dedo la goma de sus bragas, fui lamiendo hasta encontrarme por primera vez con un sexo como el mío. Su tacto me pareció suave y resbaladizo, se me hizo extraño lamer algo con lo que había fantaseado tanta veces. Rodeé el sexo con mi lengua y después me detuve largo rato sobre el clítoris.

Mi lengua recorrió, lamió, chupó y succionó durante un tiempo indeterminado el clítoris de Lidia, mientras esta se desvanecía de placer. Después me fui un poco más abajo y separando con mis dedos sus labios, introduje mi lengua. Con la otra mano estimulaba el clítoris humedecido. Metí y saqué mi lengua de entre sus pliegues buscando su orgasmo.

Finalmente llegó. Después intercambiamos posturas, y fue ella quien me brindó ese placer.

Al día siguiente mi hermano y Lidia se pelearon, por lo que no la volvía a ver más, aunque mis deseos de tener experiencias con otras mujeres aumentaron notablemente.

Este relato es ficticio, nunca he tenido relaciones con otra mujer, aunque me gustaría probarlo. Soy de Málaga.

Autor: Patricia S.

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compañera de trabajo

Publicado por fercho212 en Enero 7, 2009

Desde hace un corto tiempo me encuentro pasando por un infierno, soy o era hasta donde yo sé una mujer normal, decente, buena esposa, mejor madre, y una excelente profesional en el área de ventas, modestia aparte. Debido a mi trabajo, en ocasiones nunca falta uno que otro tipo, que pensando que como soy una mujer, y que deseaba hacer una jugosa venta, estaba dispuesta a irme a la cama con ellos. Pero conmigo se equivocaron, ya que a más de uno lo hice pasar una vergüenza, y en ocasiones me vi en la necesidad de hasta preferir, perder el cliente antes de llegar, a tan solo siquiera contemplar en la posibilidad de salir o acostarme con alguno de mis clientes.

Pero hace cosa de tres meses, me asignaron a una compañera nueva, que desde el principio que la vi, lo primero que pensé o se me vino a la mente fue, hasta donde había bajado la calidad del departamento de recursos humanos de la empresa, sí estaban contratando a personas como ella, que a simple vista se veía que era una buscona.

En otras palabras, tenía facha de ser una puta fina, pero puta al fin, que la habían contrataron con la idea, más que vender los productos, de seducir o acostarse con los clientes mientras les mostraba los productos que yo representaba, o por lo menos para serles franca, esa fue la impresión que me dio, desde que la vi el primer día que salimos juntas. Nada más de observar como caminaba, meneando sus caderas de un lado a otro, de la forma más provocativa que había visto en mi vida, en gran parte confirmaron mis temores. Además, usaba un ajustado vestido corto, de color rojo puta para completar el cuadro.

Cuando entrábamos a la oficina de un nuevo cliente, ya no me quedó la menor duda al respecto. Mientras que yo bien seria y circunspecta, me limité a resaltar las características técnicas de nuestros productos, y las grandes ventajas económicas de su uso, con respecto a los de la competencia. Bibiana se dedicó descaradamente a sacarle fiesta al cliente. Finalmente el trato se cerró, pero tengo la certeza de que ellos dos se habían puesto de acuerdo en verse luego. Por lo que le llamé la atención, discretamente mientras conducía con rumbo a nuestras oficinas. Bibiana solo se limitó a dirigirme una extraña sonrisa, digo extraña por ser de una mujer.

A los pocos días, me comisionaron para visitar clientes fuera del área metropolitana, con gastos de hotel transportación y alimentos a parte de un mayor porcentaje de comisión. Era casi como irme de vacaciones yo sola, sin pensar en hacer nada malo, sencillamente era que en lugar de llegar a casa a limpiar y atender a mis dos hijos, durante toda esa semana, estaría disfrutando de la comodidad de un buen hotel, cuando terminase de ver los clientes.

Mi madre y mi esposo, se las podían arreglar con las niñas muy bien sin mi presencia, por unos cuantos días. Pero como verán eso era lo que yo pensaba, hasta que me enteré que la tal Bibiana sería mi compañera de viaje. Lo primero que se me vino a la mente fue imaginármela corriendo desnuda por los pasillos del hotel y tras ella todos mis potenciales clientes, tratando de mantener una orgía con ella.

Por lo que la primera noche que pasamos juntas, no me sorprendió el ver que desde que llegamos a nuestra habitación, Bibiana sencillamente prendió el aire acondicionado, y sin la menor vergüenza de su parte, se quitó toda su ropa. Luego se dio una ducha, y  después de secarse se acostó tal como estaba. Aunque reconocí íntimamente  que ella tiene un lindo cuerpo, en esos momentos me pareció una desfachatez de su parte, permanecer del todo desnuda ante mí, pero lo que más me atrajo la atención de cuerpo, era que entre sus piernas no tenía ni un solo vello, a diferencia mía que nunca me he depilado esa área de mi cuerpo, ya que no veía que fuera necesario.

Cuando el botones nos trajo la cena, a nuestra habitación, Bibiana ni tan siquiera hizo el gesto de ocultarse bajo la sábana, por suerte yo recibí todo en la puerta. Cuando ambas nos sentamos en la mesa a cenar, discretamente abordé el tema de su desnudez una vez que las dos terminamos de comer. Pero ella en lugar de defenderse, digamos que me atacó. Sin tapujos me preguntó si yo no estaba orgullosa de mi propio cuerpo, mientras se levantaba de la mesa y caminaba junto a la silla donde yo me encontraba sentada, lo que en parte me puso algo nerviosa y confundida, sus expresiones.

Bibiana continuó diciéndome, que ella se sentía muy cómoda estando así, desnuda. Cuando después de un corto rato le respondí, que si estaba orgullosa de mi cuerpo, ella me comentó que no lo parecía, por la manera en yo vestía. Lo que tomé como un ataque personal, a mi gusto por la ropa, cuando le exigí que se explicase, Bibiana con una sonrisa me respondió, que yo parecía un transformista.

Al escucharla me quedé de una pieza, pensando en la caricaturesca imagen de un hombre vestido malamente de mujer, pero antes de que yo pudiera responderle, dijo. -Mírate no más, desde que llegué a la compañía, nunca te he visto con un vestido puesto. Siempre con esos serios conjuntos, de chaqueta y pantalón unicolor y oscuros, de camisa blanca con todo y corbata. De paso ni te maquillas, y para colmo cargas todo el tiempo tu cabello recogido con ese moño detrás de tu cabeza, de verdad, te digo que pareces un hombrecito.-

Cuando Bibiana tocó el tema de mi cabello, con un rápido movimiento de su mano, retiró la única horquilla que me sujetaba el pelo sobre mi nuca. Al tiempo que Bibiana se comenzaba a reír, como si hubiera realizado una pequeña travesura. Toda mi negra cabellera se soltó, y cayó sobre mis hombros y espalda, dándome una especie de sensación de libertad. Pero de verdad que me encontraba bien nerviosa, no sabía que decirle a ella, por lo que me quedé callada, sin saber cómo actuar ante esa situación.

Bibiana continuó diciéndome. –Ves ahora si comienzas a parecer, una verdadera mujer. Es más quítate esa austera chaqueta gris, y suelta el cuello nudo de esa corbata, que de seguro le va mejor a tu marido que a ti, ven siéntate frente al espejo para que yo te enseñe a maquillarte. A menos que seas de esas religiones, que no les permiten a las mujeres hacer eso, pero no lo creo, tampoco ahora que me acuerdo las dejan ponerse pantalones.-

Aunque me encontraba algo nerviosa, la risa de Bibiana me tranquilizó un poco, sobre todo cuando la escuché decir que me enseñaría a maquillarme, ya que yo no acostumbraba hacerlo, por esa misma razón, porque no sabía hacerlo bien, y no me gustaba como quedaba las veces que lo había trataba. Algo más relajada me levanté de mi silla, pero todavía algo nerviosa, por tenerla tan cerca de mí, desnuda. Me quité la chaqueta, y también la oscura corbata, y sin hacer ningún comentario me senté frente al espejo, mientras que Bibiana buscaba entre su cartera su estuche de maquillaje.

Al nuevamente verme comentó de manera alegre. -Ves ahora si pareces, casi toda una mujer.- cuando escuché la palabra casi, me dejó confundida, y nuevamente antes de que yo fuera a decir algo, mi compañera de habitación me señaló los pantalones, diciéndome. -Mejor te das una buena ducha, para que te relajes, y cuando estés lista te doy la primera clase de maquillaje.- Yo como si fuera toda una niña obediente, me levanté del pequeño taburete frente al espejo, y tomando mi toalla me dirigí a la ducha, donde terminé de quitarme toda la ropa y me dediqué a darme una relajante ducha. Mientras me bañaba, escuché a Bibiana decir algo, cuando le pregunté, me dijo que estaba haciendo un pedido por teléfono, que no me preocupase.

Durante el tiempo que estuve bajo la ducha aproveché y me depilé las piernas y brazos y axilas, que por lo general no lo hacía tan a menudo en honor a la verdad, ya que por lo general solo le mostraba mi cuerpo a mi esposo, y no me preocupaba mucho por eso. Aunque él de cuando en cuando me decía que yo era su osita de peluche, cuando lo escuchaba amorosamente llamarme de esa manera, que me sonaba tan chocante, entendía que ya era hora de depilarme, pero solo las extremidades. No como Bibiana que por lo visto, acostumbraba a depilarse toda, incluso totalmente hasta su monte de Venus, por lo que yo podía ver.

Antes de que saliera de la ducha, escuché tocar el timbre de la puerta, cuando me asomé Bibiana cerraba la puerta, y empujaba otro pequeño carrito con algunas botellas de cerveza. Por lo que vi me parece que los recibió de la manera en que se encontraba, ya que su toalla se encontraba sobre la cama al otro lado de la habitación, al verme soltó esa alegre risa, como de quien termina de hacer una pequeña travesura. Destapó una de las botellas y después de entregármela, colocándose su dedo índice sobre su barbilla y moviendo su cuerpo como una niña pequeña, al tiempo que imitaba la voz de una, dijo. -El pobre chico, solo dejó esto en la puerta y no dijo ni una palabra, ¿Por qué habrá sido?-

Yo me acuerdo que también, me causó bastante gracia la imitación que hizo de una niña traviesa, me imaginé la cara que habrá puesto el botones, al verla sin nada de ropa, y actuando como si fuera de lo más normal en el mundo, el estar toda desnuda frente a un extraño. Cuando terminé de salir del baño, envuelta en mi toalla y con la botella de cerveza en una de mis manos, Bibiana me pidió que me sentase nuevamente en el pequeño taburete frente al espejo.

De inmediato comenzó a darme una corta explicación sobre el tipo de piel que yo tengo, y como debería maquillarme. Los colores y tonos de las bases, que eran más recomendables, para mi tipo de rostro y piel. A medida que de cuando en cuando, ambas nos tomábamos un poco de cerveza. Luego se centró en mis ojos, que tipo de delineador y sombras debería usar, y la manera de hacerlo. Me fue sacando las cejas, y me dejó que yo terminase de hacerlo, bajo su experta dirección. Posteriormente me comenzó a explicar, la manera en que me recomendaba que me pintase los labios, y el porqué del color y tono que había escogido para ello, debido al color de mi piel.

Cuando pensé que ya habíamos terminado, me pidió que me quitase la toalla, para darme como dijo ella un pequeño retoque a mi busto. Un poco cortada, por quedar con mis senos al aire, frente a ella, retiré la toalla. Bibiana con una gran mota llena de talco, la comenzó a pasar por mi cuello, y parte superior de mi busto, al tiempo que me pedía que me pusiera de pie frente al espejo. Yo pensaba quedarme con mi toalla puesta alrededor de mi cintura, pero ella de manera suave me la desprendió, dejándola sobre el pequeño asiento.

Cuando terminé de pararme, Bibiana me indicó que me viera en el espejo y le dijera que le parecía mi nueva imagen. La verdad que me agradó mucho el verme como lucía, era como si me hubiera realizado una especie de cirugía plástica, en todo mi rostro en cuestión de minutos, y sin dolor ni anestesia alguna. Mientras yo embelesada admiraba el lindo trabajo, Bibiana me entregó otra cerveza, la que de inmediato me llevé a los labios con mucho cuidado para no despintarlos, y ella comenzó a pasar una de sus manos por sobre mi cabellera, a manera de arreglar su caída natural sobre mis hombros.

Cuando terminó, colocó sus manos sobre mis caderas y sin llegar a soltarme, se colocó tras de mí. Me preguntó al oído. -¿Cómo me sentía, con mi nueva imagen?- En ese momento era tal mi alegría, que me di vuelta y la abracé en señal de agradecimiento. Pero cuando sentí sus firmes pechos desnudos, contra los míos, y el resto de su piel en contacto con la mía, una rara sensación recorrió todo mi cuerpo. Por un corto momento me quedé turbada, en ese instante me di cuenta que jamás en mi vida había abrazado a otra mujer de esa manera, y mucho menos estando desnudas las dos.

Nuestras caras se encontraban una frente a la otra, y tuve el impulso de soltarme, pero sus labios, suavemente chocaron con los míos, mientras que sus manos sentí que me apretaban contra su cuerpo. No se realmente decir que más pasó, de momento cerré mis ojos y sentí divinamente, su lengua dentro de mi boca. Sus manos acariciaban mi piel, y yo no podía hacer nada o mejor dicho, no quería hacer nada por detenerla.

De joven siempre le tuve miedo a llegar a relacionarme con otras chicas, y de adulta ya ni pensaba en eso. Pero cuando Bibiana continuó besándome de esa manera que lo hacía, me sentí desfallecer en sus brazos. Sin soltarnos nos continuamos besando, y a medida que pasaban los segundos lo hacíamos con más pasión, hasta que de alguna forma llegamos a una de las camas, mirándonos a los ojos, volvimos a besarnos, sus dedos en cierto momento los sentí sobre mi vulva, y creo que yo a la vez también agarré la de ella.

Lentamente Bibiana, me recostó sobre la cama y a medida que comenzaba a besarme todo mi cuerpo, yo intuí a donde se dirigía su boca. Por un buen rato me besó los pezones, de manera única y divina mordisqueándolos ligeramente, causando más placer todavía, por medio de esa extraña sensación, que sentía cuando sus dientes se cerraban ligeramente sobre ellos, luego continuó pasando su lengua y labios por el resto de mi cuerpo, hasta que se detuvo finalmente sobre mi vulva, con sus manos separó mis piernas, y cuando sentí su caliente respiración sobre la piel de mi vulva me estremecí toda, pero casi hasta me orino encima de la felicidad que me produjo el sentir su lengua sobre mi clítoris, como con su boca me lo chupaba suave al principio, pero intensamente luego.

Como ya les dije, jamás en mi vida o por lo menos de adulta llegué a tan siquiera pensar el tener un encuentro o acostarme con cualquier otra mujer como yo, pero en el momento en que Bibiana me acariciaba, y me hacía sentir tan feliz, de la alegría que sentía comenzaron a salírseme las lágrimas. Creo que desde que antes que eso sucediera, perdí la noción del tiempo, se que ella por un buen y largo rato me hizo sentir extremadamente feliz, y no es que mi marido no lo haga, pero es algo definitivamente muy diferente o distinto.

Bibiana como sabía qué hacerme, cómo hacerlo y en qué momento, para que yo disfrutara al máximo de ese momento entre las dos. Durante esa noche Bibiana, me hizo sentir feliz de ser mujer, por medio de diferentes maneras, me hizo cosas que nunca llegué a pensar que me agradasen tanto. De cuando en cuando nos volvíamos a besar las dos, y en más de una de esas ocasiones, yo hacía con el cuerpo de ella, lo que ella había hecho previamente conmigo. Por primera vez en mi vida, ese término de una relación multi-orgásmica, verdaderamente tenía sentido para mí.

Durante el resto de la noche las dos nos divertimos la una con la otra, hasta que ya bastante agotadas, nos quedamos durmiendo juntas y abrazadas en la misma cama, con nuestras piernas entrelazadas. Cuando a la mañana siguiente nos despertamos creo que casi al mismo tiempo, me sentí sumamente avergonzada, hasta que Bibiana después de darme un lindo beso como saludo matutino, se levantó y me dijo que se nos hacía tarde para ver al próximo cliente.

Ambas nos bañamos juntas, nos comportábamos como un par de colegialas, nos vestimos y arreglamos y salimos sin desayunar, para comenzar a ver a nuestra clientela. A diferencia de cómo regularmente visto, Bibiana me convenció de que usara uno de sus lindos, pero cortos vestidos, de verdad que me sentía rara con eso puesto. Me molestaban un poco las miradas de la mayoría de los hombres y hasta de algunas mujeres con quienes nos entrevistamos, para realizar las ventas de nuestro producto.

Yo hablaba de los aspectos técnicos, y Bibiana se encargaba de tomar los pedidos, y vi con bastante asombro, como de dos cajas, que yo había recomendado comprar a un cliente, había subido a cinco. Después de que Bibiana astutamente hablaba con él. Al finalizar el día, al llegar al hotel pensábamos ir a la piscina, para relajarnos. Pero yo no había pensado en eso, al salir de mi casa, por lo que había dejado mi traje de baño de una sola pieza, y de color negro “clásico”, en mi casa.

Bibiana me ofreció amablemente uno de los suyos, pero cuando me lo fui a probar, me di cuenta de que como no me acostumbro a depilar entre las piernas, tenía  no una sino dos matas de pelos a cada lado del traje de baño. Bibiana antes de que yo me arrepintiese, se presentó ante mí con una crema depilatoria, y dándome un pequeño empujón sobre una de las camas, a manera de broma comenzó a pasarme sus dedos por sobre mi peluda vulva, desde luego después de que me quitó la parte de abajo del traje de baño o mejor dicho del tanga que me prestó.

Estuve a punto de pedirle que nos quedásemos en la habitación, pero como ella estaba tan deseosa de ir a la piscina, me callé la boca. Mientras que las dos nos encontrábamos en la piscina, sentí que cientos de ojos nos miraban, para mí fue algo nuevo, el estar prácticamente desnuda, apenas cubierta con dos pequeñas cintas de tela casi transparentes sobre mi cuerpo. Pero digamos que como nadie me conocía en ese lugar, no me preocupó tanto.

Antes de salir del área de la piscina, nos abordaron un par de hombres bastante simpáticos, Marcos y Tony, y vi como Bibiana sin consultarlo conmigo les dio el número de nuestra habitación y hasta había quedado con ellos en salir a cenar. Cuando ya en nuestro cuarto le reclamé lo que ella había hecho, me dijo con una gran sonrisa, que si yo no me quería divertir ese era problema mío, que su idea era salir a cenar, bailar y más nada.

Cuando escuché esos términos, realmente ya no me pareció tan mala la idea, y luego que me comuniqué con mi esposo por teléfono, y saludé a mis hijas nos arreglamos para salir, claro que sin decirle nada mi esposo, por supuesto. Nuevamente Bibiana me tuvo que prestar algo de su ropa, ya que la mía era demasiado formal para esa ocasión. Esa noche bajé vestida a cenar, usando un pequeño vestido color rosa, que Bibiana me había prestado, que de paso me quedaba bastante ajustado al cuerpo, tanto que tenía que jalar la ajustada falda, cada cierto número de pasos.

Cuando llegamos al restaurante nos esperaban los chicos, cenamos, bailamos, bebimos, y creo que en eso se me fue la mano. Los dos muchachos se estaban comportando de lo mejor, durante la cena charlamos sobre nuestros trabajos, y luego como si nos conociéramos de toda la vida nos fuimos a bailar. Bibiana como yo realmente, nos divertíamos bastante, pero en cierto momento, cuando fuimos al tocador de damas, en tono de broma Bibiana me dijo que si me atrevía hacer una apuesta, cuando le pregunté de que se trataba, con esa sonrisa maliciosa me dijo. -A ver quién es la primera en llevarse a su pareja para la cama.- yo en esos momentos le dije que si estaba loca o que, y lo dejamos así, pero a medida que pasaba la noche, ella me hacía señas y comentarios relacionados con lo que me había propuesto en el baño.

Pero al verla seduciendo tan descaradamente a Tony el joven con quien bailaba, de momento se me ocurrió competir con ella, pero sin la intención de acostarme con el tal Marcos realmente. Así que comencé a bailar, y actuar de manera un poco más suelta y seductora. Como mi acompañante no era retrasado, ni anormal, pensó que yo buscaba algo más que pasar un rato agradable bailando con él, por lo que en medio de la sala Marcos me ha comenzado a besar, y a tocar mi cuerpo mientras bailábamos de un modo tan especial, que algo se encendió dentro de mí.

De manera bien discreta, me invitó a su habitación. No sé si fue la cantidad de alcohol al que no estaba acostumbrada, los besos, las caricias, el ganar la apuesta a Bibiana o el hecho de estar haciendo algo, que yo bien sabía, que era algo que se suponía que no hiciera una mujer casada decente, como pensaba de mí en ese momento. Pero terminé subiendo a su habitación, que por casualidad quedaba en el mismo piso que la nuestra.

Apenas entramos, continuamos besándonos de manera más ardiente. En cierto momento sentí su miembro bastante duro, bajo la tela de su pantalón, no sé que me pasó realmente, pero al verlo a los ojos, sin que él me dijese nada, me he arrodillado frente a Marcos, y con mis manos saqué su miembro del encierro. En cosa de segundos, me encontraba chupando su miembro, como una verdadera desesperada.

Cuando él estaba quizás a punto de venirse, lo sacó de mi boca, y me pidió de manera bien lasciva. -ve quitándote la ropa, pero hazlo como una puta que quiere calentar a su cliente mostrándole el culo y las tetas.- Al escucharlo decir eso de forma tan sucia y vulgar, en lugar de aprovechar la ocasión para retirarme, molesta por la comparación con una puta, me agradó la idea, me di un trago de no sé qué cosa, que yo estaba bebiendo, y encantada de la vida le hice caso.

Lentamente al compás del ambiente musical de la habitación, me fui desprendiendo de todas las pocas prendas de vestir que estaba usando esa noche, lo primero en quitarme fue el ajustado vestido color rosa, por lo que de inmediato quedé en sostén y las pequeñas pantaletas, tipo tanga que se me enterraban dentro de mis nalgas y apenas ocultaban mi recién depilado coño.

Mientras que mi acompañante se acariciaba con una mano su miembro delante de mí. Luego me solté el broche del sostén, y por un corto rato jugué con el dándole vueltas con una de mis manos, mientras que con la otra bajaba la parte frontal o trasera del pequeño tanga, mostrando y ocultando rápidamente mi vulva y parte de mi culo, luego volvía a ponerlos en su lugar. Hasta que terminé por quitarme todo y quedar del todo desnuda frente Marcos sin un ápice de vergüenza de mi parte, moviendo mi cuerpo de manera erótica, abría las piernas, le mostraba mis nalgas, me acariciaba las tetas yo misma.

Me sentía orgullosa de que él admirase mi cuerpo desnudo y me desease, tanto como verdaderamente estaba deseosa yo de acostarme con él. Nuevamente hablándome de esa manera tan lasciva y sucia en que se dirigía a mí en esos momentos. –Así me gusta, bien putita mía, continúa mamándome la verga otro rato antes de que te la meta por ese coñito de nena que tienes.- Lo que hice de nuevo por un corto rato, hasta encontrarme de lo más entretenida chupando su aparato con mi boca, al tiempo que yo misma me acariciaba con mis dedos íntimamente, mi recién depilado coño.

En ese momento, se abrió la puerta de su habitación. Por unos segundos, me quedé sorprendida y avergonzada de que me hubieran encontrado así. Su compañero Tony, se encontraba de pie en la puerta de la habitación. No sé que se había hecho Bibiana, pero el recién llegado tras cerrar la puerta caminó directo hasta donde se encontraba el tal Marcos sentado en un sillón y yo agachada frente a él, manoseándome sabrosamente mi coño.

Marcos le preguntó cómo le había ido, y Tony comentó entre dientes que Bibiana tenía la regla y no se sentía bien. Cosa que yo sabía era mentira, ya que en cierto momento en que las dos nos bañábamos en la ducha, nos dimos cuenta que el período nuestro nos llegaba casi al mismo tiempo. Pero Tony realmente en ese instante no parecía molesto. Por lo contrario parecía estar contento con lo que se había encontrado en su habitación, lo digo porque con una gran sonrisa, se ha sacado su instrumento frente a mis ojos.

Al yo verlo, me quedé sorprendida, pero me vino a la memoria, esa oscura fantasía de hacerlo con dos hombres al mismo tiempo. Fantasía que siempre he tenido en secreteo, pero que a nadie se la he dicho ni siquiera a Bibiana hasta esos momentos. Por un corto rato continué mamando la verga de Marcos, hasta que él me preguntó del modo en que se había acostumbrado hablarme. -Vanesa putita linda, vamos los tres para la cama, para que sepas lo que es bueno, mientras que yo te doy por el chiquito, se refería a mi culo, el compadre te clava por el coño y luego cambiamos.-

El estar escuchándolo decir eso, al mismo tiempo que yo seguía acariciando mi coño y apretando mi clítoris con mis dedos, me hizo sentir un sabroso orgasmo. No tuve que responderle, tras sacar su verga de mi boca, fui la primera en acostarme en la cama. Marcos se terminó de quitar sus pantalones y su slip, y colocándose detrás de mí, sentí sus dedos acariciar mi esfínter, supongo que debió untarme algún tipo de crema, porque cuando comenzó a penetrarme por el ano, sentí como su miembro se deslizaba dentro de mi cuerpo.

En raras ocasiones, mi marido me ha hecho eso, pero siempre me duele al principio. Con Marcos no fue así, digo si me dolió algo cuando me lo metió, pero sencillamente me penetró divinamente por el culo. Por un corto instante nos movimos, hasta que Tony no tan solo se quitó el pantalón y el slip, sino que se desnudó del todo, para luego acostarse frente a mí y comenzar a introducir su verga dentro de mi coño. El resto de la noche no hubo cosa que esos dos no me hayan hecho, de manera alternada, cuando no me daban por el culo, me mamaban el coño o yo les chupaba su verga. En la mayor parte de las veces disfruté de sabrosos orgasmos, hasta que ellos finalmente terminaron por venirse sobre mí cuerpo.

Después de quedarme dormida, cuando me levanté y a duras penas me puse mi ropa y me marché a mi propia habitación. Al entrar en la habitación, me di cuenta que Bibiana me esperaba despierta, al ver en el estado en que me encontraba, se limitó a decir nada más. -Me ganaste la apuesta y por partida doble me parece.- Mientras que me conducía a la ducha me pidió que le contase todo lo sucedido, y yo en medio de mi borrachera le dije abiertamente que había hecho de todo, y hasta que me habían dado sabrosamente por el culo. A la mañana siguiente, tenía un soberano dolor de cabeza, producto de haber tomado tanto alcohol, cosa que no tengo por costumbre hacer. Ya Bibiana se había levantado, yo me di otra buena ducha, y a punta de pastillas para el dolor de cabeza, mi compañera de trabajo y yo seguimos con las ventas.

No fue hasta el medio día que Bibiana me comentó nuevamente, de manera jocosa que le había ganado de mano, al irme con esos dos tipos, a la habitación de ellos. Desde esa fecha a los momentos actuales Bibiana y yo mantenemos oculta nuestra relación, como también el sin número de veces que le he sido infiel a mi marido. Pero ese es el infierno a que me refiero, mi marido como que se está dando cuenta de que algo raro pasa conmigo, ya que me reclamó mi nueva manera de vestir, el hecho de encontrarse con mi coño depilado, y las muchas salidas de venta que tengo fuera de la ciudad. Además el gran aumento en mis porcentajes de venta. Lo triste de todo eso, es que todo me esta gustando cada día más y más y si mi esposo continua jodiendo tanto le voy a tener que pedir el divorcio.

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MI PRIMA, MI HERMANO Y Y

Publicado por fercho212 en Diciembre 10, 2008

MI PRIMA, MI HERMANO Y YO Mi prima comenzó a cabalgar la verga de mi hermano. Veía la cara de gusto de Mónica, sus tetas bailando al vaivén y su coñito metiéndose en el nabo de Juanje hasta llegar a los huevos

Hola, soy Eva y les voy a relatar lo que sucedió con mi hermano, una prima y yo. Como saben, yo hago el amor con mi hermano y hace unos días le propuse que si quería tener a dos mujeres con las que hacerlo. Al principio a él le extrañó el ofrecimiento pero, al decirle que esa otra chica era nuestra prima Mónica, a él se le ilumino la cara…

-Te gusta el trato, Juanje? -Si ya lo creo Eva… mmm… dos mujeres para mí.

A mí también me gustó la idea y no estaba nada preocupada al fin y al cabo, la otra mujer era nuestra prima. Un sábado por la mañana lo preparamos todo. Ella vino por la tarde, estuvimos cenando y luego nos pusimos a ver la tele. Entonces le guiñé un ojo a mi hermano para que supiese que era el momento de iniciar el juego.

Nos fuimos al dormitorio del ordenador y empezamos a mirar páginas. Al principio, solo fueron páginas normales pero poco a poco, comenzamos a ver páginas de sexo. Miré a mi prima y creía que ella iba a salir de allí, pero no, se quedó mirándolas y incluso nos pidió que les enseñáramos más. Al cabo de un rato, tanto mi hermano como yo, comenzamos a ponernos calientes. Miramos a nuestra prima y vimos como de vez en cuando, ella también se tocaba entre las piernas y las tetas. Viendo que ella estaba casi preparada, mi hermano saco un juego en una página y nos dijo…

-Oye chicas, ¿queréis jugar a este juego? Yo ya sabía cual era pues él y yo ya habíamos jugado varias veces pero, mi prima lo desconocía así que le dijo… – ¿De que se trata? – preguntó – Es un juego que me han dicho es muy divertido – contestó – ¡es el strip-poker!

Hubo unos segundos de silencio…

- ¿Que es eso? – preguntó intrigada mi prima – ¡Muy fácil! – respondió eufórico Juanje. Es un juego de cartas… ¿tú no has oído hablar de el, Mónica? -Si, si se que es el póker… -Pues eso prima, es igual que el póker pero, con la diferencia que si se pierde hay que quitarse un prenda… -¿Desnudarse… -Eso es. Cuando se pierde pues la chica del ordenador se quita una prenda…

Yo para calentar más el ambiente, le dije a mi hermano que yo estaba de acuerdo.

Otro silencio…

- ¿Tú estás loco? – le dijo mi prima. – Estás de broma, ¿verdad? – le dijo de nuevo.

- Y ¿por qué no? , ya nos conocemos hace tiempo como para asustarnos, creo yo. – contestó muy convencido.

-Si Mónica, además es solo un juego… -Ya lo se Eva… pero es que… – Mira, Mónica, para que veas, yo os dejo ser las jefas y cuando lo deseéis, paramos el juego y no se hable más, pero creo que podríamos intentarlo, puede ser divertido.

Después de un rato…

-De acuerdo, vamos a jugar… -Muy bien, prima… ¿jugamos aquí en el ordenador o nosotros tres solos? Y cuando creía que iba a decir allí mismo, mi prima le dijo… -No Juanje, vamos a jugar los tres solos, con cartas de verdad… -Muy bien… así será más divertido…

Pusimos unas mantas en el suelo, unos cojines y nos pusimos a jugar. El juego empezó sin mayor trascendencia y fue yo la primera que perdí. Sonreí, me puse en pie y me quité uno de las sandalias de tacón que llevaba, mientras la hacia girar en mi mano cantando el ¡tariro, tariro! La cosa era divertida, mucho más que una partida de trivial. A todos nos producía aquello una risa nerviosa.

El juego se puso más interesante cuando Mónica se tuvo que quitar una prenda a elegir Después de soltarme todos los botones y continuando con aquel baile, me puse de espaldas y me fui bajando el vestido que fue cayendo por mi espalda, hasta dejarlo caer al suelo.

Mi ropa interior era blanca y ajustadita. Me di la vuelta y Juanje se quedó con la boca abierta. Posiblemente esté mal que yo lo diga, pero estoy bastante bien, al menos el cuerpo me gusta cuidarlo y resaltarlo. Me tumbé recostada con cierta sensualidad y continuamos jugando.

Siguiente jugada y de nuevo, perdió mi hermano, así que se quitó los pantalones. Se fue bajando la cremallera de la bragueta poco a poco, y dándose la vuelta y sacando el culete se despojó de los pantalones. Llevaba unos calzoncillos de raso que yo le regalé de tipo boxeador, negro ajustado, modernillo, y que tenía debajo un paquete enorme. Yo creo que estaba empalmado. Miré hacia mi prima Mónica y le sonreí.

Después me perdí yo de nuevo y tenia que quitarme otra prenda y solo tenía dos opciones: quitarme las braguitas o el sostén, y fue por este último por el que me decidí. Siguiendo el ritmo me llevé las manos a la espalda, solté el broche y me saqué el sujetador de los brazos aguantándolo sobre mis pechos. Todos querían verme las tetas y levanté de golpe mis brazos, cayendo el sostén al suelo y dejándose ver mis tetas botando. No son excesivamente grandes, pero si bien puestas. Yo se que a mi hermano le encantan, le entusiasman, no había más que verle la cara.

Seguimos jugando y esta vez perdió mi prima. Nosotros dos, queríamos saber si mi prima continuaría con el juego o simplemente se rendía pero no, decidió seguir el juego. Se quitó muy despacio su ajustado pantalón, y enseñando sus bonitas piernas, ya que Mónica es muy hermosa, con una cara muy dulce, pelo largo rubio, labios carnosos, grandes tetas, cinturita, buenas caderas y espectaculares piernas. Mi hermano no le quitaba ojo, y no era de extrañar y aunque algunas veces la había visto en ropa interior nunca había tenido la oportunidad de verla tan cerca y eso, lo calentó mucho. Nos hizo a los dos un baile erótico en el centro de las mantas y se quedó solo con su ropita interior rosa.

Otra jugada y de nuevo perdí yo… si, es que no soy muy buena jugando. Bueno, ya solo quedaba quitarme la única prenda que llevaba: mis braguitas blancas, que ya se empezaban a humedecer con aquel ambiente. Me puse en el centro, y girando sobre mi misma, me fui bajando las bragas lentamente, enseñando mi culito, mis caderas, dejándolas bajar por mis muslos, por mis rodillas y…. ¡zas! me las saqué.

- ¡Guau! – dijo mi hermano Juanje.

Mi cuerpo que yo cuidaba a base de mucha gimnasia estaba muy bien proporcionado, y aún continúa estándolo, me cuido mucho y me gusta lucirme, un pelo moreno, largo y liso, boca muy sensual, tengo bonitas tetas, bonitas piernas y culo redondo y respingón. Mi hermano y mi prima disfrutaron de mi desnudez. Me volví a mi cojín y me senté de lado dejando a la vista mi sexo con las piernas ligeramente entreabiertas. Noté como a Juanje le crecía su ya dilatado paquete bajo el slip negro. A mi me encantaba ponerle cachondo.

A continuación mi hermano Juanje fue el siguiente en despojarse de su única prenda el calzoncillo, que se bajó también lentamente ante la mirada de todos y al hacerlo saltó su pene supererecto, botando sobre aquel calzoncillo, se le notaba muy excitado, quizás por mi baile o por el de mi prima. Mónica me miró sonriente, se iba animando paso a paso y tetas. Juanje se ponía bizco, mirando aquellas tetas. Pero lo bueno es que ella siguió desnudándose sin importarle ya el juego, así que siguió con su particular strip-tease. A mi hermano, Juanje, se le ponía su verga como a un toro mientras la sensualidad de Mónica nos electrizaba a los dos. Tras unos pases por delante de cada uno de nosotros, prácticamente se arrancó las bragas dejando ver a todos a una preciosa mujer completamente desnuda.

-Preciosa… Tía buena! – le gritó mi hermano.

Que guapa estaba, con una carita tan dulce, con aquel cuerpo moreno, tan cuidado, sus bonitas tetas, sus largas piernas, su vientre liso y con el vello del pubis bien recortadito. No era de extrañar que mi hermano estuviera como un lobo.

Después de quedarnos en pelotas los tres dijo mi prima…

- ¿Y ahora que…?

Entonces, me eché sobre mi hermano y comenzamos a besarnos y a manosearnos los cuerpos. Mi prima al ver aquello, se quedó alucinada pero luego, se unió. Allí en las mantas estábamos tres cuerpos desnudos revolcándose, tocándose, besándose en fin una orgía sin control. De pronto, mi hermano le dijo a mi prima…

-Mónica, ¿quieres hacerme una cosa…?… es que lo estoy deseando -Bueno… primo…

Hubo unos segundos de silencio y al fin dijo:

- ¿Que quieres…? -preguntamos las dos.

Y mirando con ardiente deseo a Mónica le dijo:

-¡Que me hagas una buena mamada! – ¿Queee? – saltó Mónica asustada mirando su empinada verga. – Pues que quiero que me la chupes, eso es lo que quiero. – respondió.

Mónica no podía creerlo y yo tampoco, ya que no nos lo esperábamos tan pronto. Ella se quedó sin palabras con la proposición de mi hermano. Yo, la verdad, es que sí deseaba que se la chupase a mi hermano, quería verle disfrutar con mi prima, con su hermosura y con sus labios.

-Joder Juanje, primo… tú sabes lo que me estás pidiendo… -Pues claro que lo sé, además tengo unas ganas…

Entonces, yo para calmar a mi prima, la abracé y le dije que tranquila que no pasaba nada y que además se le veía en la cara que lo estaba deseando de como le miraba a mi hermano su verga.

Mónica no podía creer lo que estaba ocurriendo pero, se levantó, acercándose hasta mi hermano, se arrodilló frente a él, se abalanzó sobre la erguida verga y la cogió con su mano suavemente. Mónica me dirigió una mirada a modo de aprobación y yo que estaba muy cachonda asentí.

Se retiró su rubio pelo hacia atrás y comenzó a chupar los huevos de mi hermano con frenesí, mientras con su mano subía y bajaba aquel nabo tieso. A continuación y cogiéndolo por la base, empezó a besar y a chupar por todo lo largo de aquel poste, para luego dar pequeños besitos en el glande, mientras con su otra mano acariciaba el pecho de Juanje y él acariciaba el cabello de ella. Mónica siguió besando el capullo mientras le sonreía con cierta picardía, y sacó su lengua para chupar con mayores ganas. En ese momento yo sentía entre celos, rabia, excitación, de ver aquella escena en la que mi prima le comía le chupaba la verga a mi hermano, algo que nunca me había sucedido.

De repente Mónica bordeó con sus carnosos labios la punta de aquel nabo y empezó a subir y a bajarlos suavemente hasta que llegó el momento de metérsela hasta dentro. Él daba grititos de placer a modo de manos y esparciéndose la leche por todo su cuerpo y relamiéndose los labios con la lengua, mientras el pene de Juanje seguía lanzando su leche y dando pequeños espasmos de placer. La escena era muy excitante, viendo a Juanje resoplando con la cabeza hacia atrás, su pene convulsionado, mientras Mónica seguía con los ojos idos, magreándose y luciendo su cuerpo brillante de aquel esperma.

De verdad que aquella mamada, hizo que yo me pusiese aún más caliente, sobándome las tetas y metiendo mis dedos dentro de mi raja, haciéndome una paja de campeonato.

- Y ahora… – comentó, mi prima haciendo una pausa.

Los dos me miraron con expectación. Y solté:

-Quiero que Juanje y tú me chupéis ¡entera…!

A Juanje le gustó muchísimo la idea pues, le encantaba chuparme mis tetas y mi chocho que en ese momento lo tenía al rojo vivo de tanta excitación. Y mi prima pareció que también le gustó la idea, ya que en un momento se me acercaron para obedecer mi petición. Ellos dos empezaron a lamer mis piernas con sus lenguas. Primero Juanje me chupaba por entre mis rodillas por delante y Mónica me besaba por detrás de mis muslos. Aquello era sensacional, ya que no me habían chupado dos personas a la vez. A continuación Juanje me besó el ombligo y me lamió los brazos, la cintura, las tetas y el cuello.

Mónica seguía en mi espalda y de pronto bajó hasta mi culo concentrando su lengua en mi agujero. Yo me estremecí y sentí un escalofrío que me hizo tambalear. Mi hermano que era un experto en chuparme el coño, no tardó en bajar hasta él y besarlo y chuparlo como si comiera un dulce, metió su lengua y mi clítoris rozó sus labios. Todo pasaba muy deprisa. Mientras uno me lamía el culo y el otro el coño, me acariciaban a lo largo de mi cuerpo, poniéndome el vello erizado. No pude aguantar y me corrí de repente, acariciando sus cabezas a modo de gratitud. Tuve un orgasmo largo y profundo.

Todo mi cuerpo se sentía extraño, pero aún sentí mayor excitación con solo recordarlo deseando ser penetrada por una verga bien cargada.

Todos mis deseos se hicieron realidad cuando mi hermano me dijo…

-Vamos Eva, quiero comerte entera de nuevo, quiero que me comas tú a mí y quiero que hagamos el amor como nunca lo hayamos hecho!

La onda expansiva de aquella frase se reflejó en la cara de mi prima. Yo alucinaba, ya que es lo que más deseaba en ese momento. La cara de Mónica era un poema y no tardó en decir…

-¿Que…?que vais a hacerlo… los dos juntos…?… ¿Cómo va a ser eso…?

Después yo le conté a mi prima que lo hacíamos desde hace un tiempo. A ella se le quedó una cara de sorprendida. No atinaba a decir nada más. Le dijimos que ese seria nuestro secreto y asintió con la cabeza. Entonces, mi hermano le dijo…

-Y no te preocupes Mónica, que luego vas a ir tú… ¿o no quieres…?

Se quedó un poco callada, lo miró y le dijo…

-Pues si, ya que más da… por supuesto que tienes que hacerlo conmigo

Así que nos juntamos mi hermano y yo en las mantas y…

-Eva, ¡pero que buena estás! – me dijo sin dejar de contemplarme.

Me agarró por la cintura, me apretó contra él chocando mis tetas por debajo de su fornido pecho, su verga en erección golpeó cerca de mi ombligo y en un apasionado abrazo inclinó su cabeza susurrándome al oído un sensual y cariñoso: ¡te deseo! … y comenzó poderme contener lancé un gritito de placer.

-¡Ahhhhhhhhhhhh… Juanjeee… que gusto me das!

Él seguía en su labor de chuparme todo el coño con sus labios y lengua, yo le introducía los dedos en su ensortijado cabello negro. Notaba los latidos de mi corazón en mí clítoris, notaba su lengua como se habría entre mis labios vaginales, como si estuviera buscándome todos los rincones del placer, hasta que de pronto sentí en mi interior una ola de calor y gusto que nunca había sentido, produciéndose en mí un monumental orgasmo que deje llevar con gemidos profundos. Se incorporó y nuestras lenguas volvieron a juguetear mientras nos abrazábamos y acariciábamos.

Ahora me tocaba a mí. Fui bajando con mi lengua por su cuello, le mordisqueé en los fornidos hombros, le acaricié los potentes brazos, le chupé las tetillas y con mis manos iba bajando por su espalda, salté sus genitales y seguí besando, chupando y mordiendo sus muslos, sus rodillas, sus gemelos, subí por detrás hasta llegar a su culo, lamiendo aquellas sabrosas y duras posaderas.

Me puse de nuevo frente a Juanje a la altura de su aparato, subí la mirada hasta sus ojos, le sonreí y empecé a besuquear aquel nabo enorme. Primero lo hice suavemente jugueteando con mi lengua y dando pequeños golpecitos del glande contra mis suaves labios. Arrastré mi lengua por toda su longitud, recorriendo de arriba a abajo notando sus dilatadas venas, mientras con mis uñas le arañaba por detrás de sus muslos y por su culo. De golpe, me metí aquella verga en la boca. Ahora era él quien acariciaba mi negro cabello, mientras soltaba resoplidos de gusto cerrando los ojos. Yo seguía intentando comerme aquel tronco una y otra vez, adentro y afuera de mis carnosos labios.

Mi saliva lubricaba aquel pene, hasta que repentinamente él me tiró del pelo separándome de su sexo, evitando correrse. Yo para entonces ya estaba como una moto y deseaba ser penetrada por aquel potente hombre. Juanje me cogió por la cintura como si yo no pesara nada y con su extremada fuerza, pero con suma delicadeza, me trasladó hasta la mesita de madera que estaba frente al sofá, justo a los pies de nuestra prima. Era alucinante, mi hermano, quería colocarse cerca de ella para que viera bien la operación de como me cogía. Para entonces a ella se le veía muy excitada.

Me tumbó boca arriba en aquella reducida mesita, me agarró por los muslos y puso mi chocho al borde de la pieza. Cogió su pene por la base y acercó su punta hasta mi húmeda caverna. Paseó ligeramente arriba y abajo su glande por mi raja, mientras yo me sobaba mis tetas que apuntaban al techo.

- ¡Mmmmmm, métemela, métemela! – gemía yo.

Sabía dar gusto a una mujer, esperando el momento propicio. Sonrió maliciosamente mirando a Mónica. Entonces empecé a sentir un gusto extraordinario. Aquel enorme tronco fue entrando en mi cuerpo de nuevo. Me penetró: un centímetro, dos, tres, cuatro…., yo me estremecía,… ocho, nueve, diez…, aquello no acaba nunca, dieciséis, diecisiete, dieciocho, diecinueve…, no sé cuanto medirá porque no lo he hecho todavía pero os juro que es sensacional.

La sentía en mi interior y como mi coñito se adaptaba relamiendo su largura. De repente entró entera dentro de mí, sintiendo sus huevos chocar en mis glúteos. Nunca había sentido tanto placer por todo lo largo de mi cuerpo.

- ¡Ahhhhhhhhhhhh, uuuuuuuuffff! – gritaba como loca. Deseaba correrme mientras acariciaba su tórax y sus abdominales tensados. Nuestros cuerpos sudaban y brillaban uno pegado al otro.

Nunca me había ocurrido: tuve más de siete u ocho orgasmos seguidos y muy profundos. Nunca me habían cogido de esa manera ni me habían hecho gozar como lo hizo aquel día, quizás fue así al tener a mi prima allí al lado mirándonos lo cual nos hizo estar aún más excitados que de costumbre

Después de un rato, le tocó el turno a mi prima Mónica. Mi hermano se sentó en el sofá, ella, se subió a él de rodillas, pasó una pierna a cada lado del cuerpo de él. Mientras yo le cogí la verga a mi hermano, la apunté hacia el chocho de mi prima y se la ensartó…

-Juanjeee… aaauuuhhh… -Así Monicaaa… mmm… metetelaaa… toda entera…

Mi prima comenzó a cabalgar la erguida verga de mi hermano. La vista era muy espectacular, primero la cara de gusto de Mónica con sus ojos cerrados, sus tetas bailando al vaivén, su cinturita sudorosa y su coñito metiéndose en el nabo de Juanje hasta llegar a los huevos. La estaban gozando en pleno. La cara de Juanje apenas podía verse tras mi prima, pero se le oía gemir y decir:

-Si, si, que bien lo haces!… ¡ me vas a matar ! – ¡ahhhhh, que bien, que bien! – se le oía decir a Mónica entrecortadamente.

Yo comencé a sobarle los huevos a mi hermano y a meterle unos dedos en el culo de mi prima con lo cual se excitaron aún más. En ese momento, mi hermano Juanje, dando pequeños aullidos, se corrió dentro del excitado sexo de Mónica y ella a continuación empezó a cabalgar más fuerte hasta alcanzar también un escandaloso orgasmo unos segundos después. Ella, le daba miedo de que él se corriese dentro así que se la sacó, la puso entre sus tetas y le hizo una paja con ellas. Cada vez que subía la verga de mi hermano, mi prima le daba unos besos en el capullo hasta que al final, no pudo más y se corrió. Mi prima, sujetó con sus labios el capullo de la verga de mi hermano, hasta que él cogiéndole por la cabeza, se la introdujo toda dentro de la boca y se la llenó con su leche…

-Si… aaahhh… Monicaaaa… aaauuuhhh… toma mi lecheeee…

Luego, mi prima se bebió la que pudo pero, se guardó un poco en su boca, junto sus labios a los míos y me la pasó. Imaginaos, nuestras bocas y nuestras lenguas jugando con la leche de mi hermano y su primo respectivamente… joder, fue algo increíble.

Después al rato, le cogimos de nuevo la verga a mi hermano entre las dos y le dimos una mamada espectacular. Nuestras lenguas jugaban con toda ella, chupando una y después la otra hasta que él no pudo más y sé corrió, llenando de nuevo nuestras bocas con su leche. Nos tragamos las dos toda la leche y le chupamos con ahínco con nuestras lenguas por todo su miembro. Él se relamía de gusto.

La verdad es que aquella tarde nos dejamos llevar los tres por nuestro deseo y por nuestra excitación hasta el punto de sentir el máximo placer. Fue toda una gozada, creo que irrepetible. Nos fuimos duchando y vistiendo uno a uno, y salimos a la calle en busca de algo de aire fresco que nos relajara de aquella agitada y divertida tarde. Fue una experiencia que repetiremos más veces y que servirá para conocernos mejor incluso a nosotros mismos.

Bueno, ahí va otro relato de nuestras aventuras sexuales, espero que les guste como los demás… Esperamos sus preciados votos. Muchas gracias y hasta pronto..

Autor: Eva y juanje

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