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con la novia de mi hermano

Publicado por fercho212 en Enero 20, 2009

Cuando mi hermano trajo por primera vez a su novia a casa para presentarla a la familia, yo acaba de romper con mi novio poco tiempo atrás. Lidia era un encanto de chica; dulce, reservada, con unos ojos oscuros enormes y una boca sumamente atractiva.

No era muy alta, y tenía un cuerpo de líneas suaves y muy bien proporcionado. Las novias que había tenido mi hermano hasta el momento habían sido muy guapas, pero ninguna igualaba el encanto de Lidia.

Congeniamos desde el principio. Nos hicimos muy buenas amigas, cosa que agradó mucho a mi hermano. Al poco tiempo de la relación, Lidia comenzó a quedarse a dormir en casa los fines de semana, después de salir con mi hermano, pero lo hacía en mi habitación, por respeto a mis padres.

Una noche escuché como llegaron de madrugada. Me desvelé y escuché como discutieron. Lidia quería que la llevara a su casa, pero mi hermano le dijo que ya era muy tarde. Al parecer habían discutido (por lo que llegué a saber más tarde) por un tema de celos, nada importante, pero Lidia entró a mi habitación llorando. Yo me hice la dormida, y cuando se hubo cambiado y metido en la cama, hice ver que sus leves sollozos me habían despertado.

-¿Qué te ocurre Lidia? -Nada, tu hermano es un burro. -Ay cariño, no has tardado mucho en darte cuenta.

Me levanté y me senté en la cama de al lado, donde estaba acostada Lidia. Le acaricié su sedoso pelo para consolarla.

-Estas peleas son algo normal, tu no te preocupes, mañana ya estaréis bien- le dije.

Lidia se encogió para abrazar la almohada. El instinto protector me llevó a tumbarme a su lado y abrazarla. Ella seguía llorando, pero poco a poco se fue tranquilizando. En un momento abandonó la almohada y me abrazo. Noté sus ojos húmedos por las lágrimas en mis pómulos. Yo le besé la mejilla.

-Ya está, tranquila… tranquila…

Mientras le decía esto, noté como su cara se deslizaba por la mía. Al poco noté sus labios al borde de los míos. Un enorme escalofrío recorrió mi cuerpo. Yo continuaba acariciándole el pelo. Lidia me dio un beso cerca de la comisura de mis labios. Yo le respondí con otro, pero ella acercó más aún sus labios a los míos, hasta ponerlos a la misma altura, y volvió a besarme. En esa ocasión yo me quedé paralizada.

El escalofrío que había sentido hacia unos segundos se intensificó, y un fuerte calambre se instaló en mi barriga y en mi sexo. Estaba excitada. Lidia volvió a besarme suavemente, y otra vez, y otra vez, hasta que al final reaccioné y le correspondí de igual manera.

Después sus labios se engancharon con los míos, y poco después sentí su lengua resbaladiza hacerse hueco entre mis labios. Abrí la boca y le facilité la entrada. Estaba muy excitada. Moví mis piernas y sentí la humedad en mi ropa interior. Introduje mi brazo por debajo de la camiseta que usaba para dormir y le desabroché el sujetador. Levanté su camiseta y comencé a acariciar sus pechos y pezones con suavidad. Ella hizo lo mismo conmigo.

Sus besos se fueron deslizando hacía abajo hasta situar su lengua sobre mis pezones. Los besó y los chupó entre jadeos contenidos. Yo guié su cabeza de un pecho a otro, y ella chupó cuanto rato yo quise. Después le correspondí yo de la misma manera.

Las dos estábamos increíblemente excitadas, y al mismo tiempo nos deshicimos de toda prenda que llevábamos puesta, a excepción de las bragas. Ella se quitó la ropa estando tumbada, y yo de rodillas sobre ella. Me cogió la cabeza y me la llevó nuevamente a sus preciosos pechos.

Yo lamí al tiempo que mi ropa interior se iba humedeciendo más. Noté que Lidia empujaba mi cabeza hacia abajo. Yo sabia lo que quería, así que fui deslizando mi lengua por su vientre, bajando hasta la ingle, recorriéndola con mi lengua y deslizándola por su pierna. Ella dobló su rodilla, y yo seguí lamiendo hasta llegar a los dedos de su pie.

Agarré con ambas manos el diminuto pie de Lidia y me lo introduje en la boca. Jugué con mi lengua haciéndola pasar por sus dedos, y eso debió excitarla mucho, porque los gemidos se intensificaron. Eso me hizo dejar el pie. No quería que nos oyeran.

Volví a recorrer su pierna con mi lengua, esta vez me detuve en la ingle, y apartando con el dedo la goma de sus bragas, fui lamiendo hasta encontrarme por primera vez con un sexo como el mío. Su tacto me pareció suave y resbaladizo, se me hizo extraño lamer algo con lo que había fantaseado tanta veces. Rodeé el sexo con mi lengua y después me detuve largo rato sobre el clítoris.

Mi lengua recorrió, lamió, chupó y succionó durante un tiempo indeterminado el clítoris de Lidia, mientras esta se desvanecía de placer. Después me fui un poco más abajo y separando con mis dedos sus labios, introduje mi lengua. Con la otra mano estimulaba el clítoris humedecido. Metí y saqué mi lengua de entre sus pliegues buscando su orgasmo.

Finalmente llegó. Después intercambiamos posturas, y fue ella quien me brindó ese placer.

Al día siguiente mi hermano y Lidia se pelearon, por lo que no la volvía a ver más, aunque mis deseos de tener experiencias con otras mujeres aumentaron notablemente.

Este relato es ficticio, nunca he tenido relaciones con otra mujer, aunque me gustaría probarlo. Soy de Málaga.

Autor: Patricia S.

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compañera de trabajo

Publicado por fercho212 en Enero 7, 2009

Desde hace un corto tiempo me encuentro pasando por un infierno, soy o era hasta donde yo sé una mujer normal, decente, buena esposa, mejor madre, y una excelente profesional en el área de ventas, modestia aparte. Debido a mi trabajo, en ocasiones nunca falta uno que otro tipo, que pensando que como soy una mujer, y que deseaba hacer una jugosa venta, estaba dispuesta a irme a la cama con ellos. Pero conmigo se equivocaron, ya que a más de uno lo hice pasar una vergüenza, y en ocasiones me vi en la necesidad de hasta preferir, perder el cliente antes de llegar, a tan solo siquiera contemplar en la posibilidad de salir o acostarme con alguno de mis clientes.

Pero hace cosa de tres meses, me asignaron a una compañera nueva, que desde el principio que la vi, lo primero que pensé o se me vino a la mente fue, hasta donde había bajado la calidad del departamento de recursos humanos de la empresa, sí estaban contratando a personas como ella, que a simple vista se veía que era una buscona.

En otras palabras, tenía facha de ser una puta fina, pero puta al fin, que la habían contrataron con la idea, más que vender los productos, de seducir o acostarse con los clientes mientras les mostraba los productos que yo representaba, o por lo menos para serles franca, esa fue la impresión que me dio, desde que la vi el primer día que salimos juntas. Nada más de observar como caminaba, meneando sus caderas de un lado a otro, de la forma más provocativa que había visto en mi vida, en gran parte confirmaron mis temores. Además, usaba un ajustado vestido corto, de color rojo puta para completar el cuadro.

Cuando entrábamos a la oficina de un nuevo cliente, ya no me quedó la menor duda al respecto. Mientras que yo bien seria y circunspecta, me limité a resaltar las características técnicas de nuestros productos, y las grandes ventajas económicas de su uso, con respecto a los de la competencia. Bibiana se dedicó descaradamente a sacarle fiesta al cliente. Finalmente el trato se cerró, pero tengo la certeza de que ellos dos se habían puesto de acuerdo en verse luego. Por lo que le llamé la atención, discretamente mientras conducía con rumbo a nuestras oficinas. Bibiana solo se limitó a dirigirme una extraña sonrisa, digo extraña por ser de una mujer.

A los pocos días, me comisionaron para visitar clientes fuera del área metropolitana, con gastos de hotel transportación y alimentos a parte de un mayor porcentaje de comisión. Era casi como irme de vacaciones yo sola, sin pensar en hacer nada malo, sencillamente era que en lugar de llegar a casa a limpiar y atender a mis dos hijos, durante toda esa semana, estaría disfrutando de la comodidad de un buen hotel, cuando terminase de ver los clientes.

Mi madre y mi esposo, se las podían arreglar con las niñas muy bien sin mi presencia, por unos cuantos días. Pero como verán eso era lo que yo pensaba, hasta que me enteré que la tal Bibiana sería mi compañera de viaje. Lo primero que se me vino a la mente fue imaginármela corriendo desnuda por los pasillos del hotel y tras ella todos mis potenciales clientes, tratando de mantener una orgía con ella.

Por lo que la primera noche que pasamos juntas, no me sorprendió el ver que desde que llegamos a nuestra habitación, Bibiana sencillamente prendió el aire acondicionado, y sin la menor vergüenza de su parte, se quitó toda su ropa. Luego se dio una ducha, y  después de secarse se acostó tal como estaba. Aunque reconocí íntimamente  que ella tiene un lindo cuerpo, en esos momentos me pareció una desfachatez de su parte, permanecer del todo desnuda ante mí, pero lo que más me atrajo la atención de cuerpo, era que entre sus piernas no tenía ni un solo vello, a diferencia mía que nunca me he depilado esa área de mi cuerpo, ya que no veía que fuera necesario.

Cuando el botones nos trajo la cena, a nuestra habitación, Bibiana ni tan siquiera hizo el gesto de ocultarse bajo la sábana, por suerte yo recibí todo en la puerta. Cuando ambas nos sentamos en la mesa a cenar, discretamente abordé el tema de su desnudez una vez que las dos terminamos de comer. Pero ella en lugar de defenderse, digamos que me atacó. Sin tapujos me preguntó si yo no estaba orgullosa de mi propio cuerpo, mientras se levantaba de la mesa y caminaba junto a la silla donde yo me encontraba sentada, lo que en parte me puso algo nerviosa y confundida, sus expresiones.

Bibiana continuó diciéndome, que ella se sentía muy cómoda estando así, desnuda. Cuando después de un corto rato le respondí, que si estaba orgullosa de mi cuerpo, ella me comentó que no lo parecía, por la manera en yo vestía. Lo que tomé como un ataque personal, a mi gusto por la ropa, cuando le exigí que se explicase, Bibiana con una sonrisa me respondió, que yo parecía un transformista.

Al escucharla me quedé de una pieza, pensando en la caricaturesca imagen de un hombre vestido malamente de mujer, pero antes de que yo pudiera responderle, dijo. -Mírate no más, desde que llegué a la compañía, nunca te he visto con un vestido puesto. Siempre con esos serios conjuntos, de chaqueta y pantalón unicolor y oscuros, de camisa blanca con todo y corbata. De paso ni te maquillas, y para colmo cargas todo el tiempo tu cabello recogido con ese moño detrás de tu cabeza, de verdad, te digo que pareces un hombrecito.-

Cuando Bibiana tocó el tema de mi cabello, con un rápido movimiento de su mano, retiró la única horquilla que me sujetaba el pelo sobre mi nuca. Al tiempo que Bibiana se comenzaba a reír, como si hubiera realizado una pequeña travesura. Toda mi negra cabellera se soltó, y cayó sobre mis hombros y espalda, dándome una especie de sensación de libertad. Pero de verdad que me encontraba bien nerviosa, no sabía que decirle a ella, por lo que me quedé callada, sin saber cómo actuar ante esa situación.

Bibiana continuó diciéndome. –Ves ahora si comienzas a parecer, una verdadera mujer. Es más quítate esa austera chaqueta gris, y suelta el cuello nudo de esa corbata, que de seguro le va mejor a tu marido que a ti, ven siéntate frente al espejo para que yo te enseñe a maquillarte. A menos que seas de esas religiones, que no les permiten a las mujeres hacer eso, pero no lo creo, tampoco ahora que me acuerdo las dejan ponerse pantalones.-

Aunque me encontraba algo nerviosa, la risa de Bibiana me tranquilizó un poco, sobre todo cuando la escuché decir que me enseñaría a maquillarme, ya que yo no acostumbraba hacerlo, por esa misma razón, porque no sabía hacerlo bien, y no me gustaba como quedaba las veces que lo había trataba. Algo más relajada me levanté de mi silla, pero todavía algo nerviosa, por tenerla tan cerca de mí, desnuda. Me quité la chaqueta, y también la oscura corbata, y sin hacer ningún comentario me senté frente al espejo, mientras que Bibiana buscaba entre su cartera su estuche de maquillaje.

Al nuevamente verme comentó de manera alegre. -Ves ahora si pareces, casi toda una mujer.- cuando escuché la palabra casi, me dejó confundida, y nuevamente antes de que yo fuera a decir algo, mi compañera de habitación me señaló los pantalones, diciéndome. -Mejor te das una buena ducha, para que te relajes, y cuando estés lista te doy la primera clase de maquillaje.- Yo como si fuera toda una niña obediente, me levanté del pequeño taburete frente al espejo, y tomando mi toalla me dirigí a la ducha, donde terminé de quitarme toda la ropa y me dediqué a darme una relajante ducha. Mientras me bañaba, escuché a Bibiana decir algo, cuando le pregunté, me dijo que estaba haciendo un pedido por teléfono, que no me preocupase.

Durante el tiempo que estuve bajo la ducha aproveché y me depilé las piernas y brazos y axilas, que por lo general no lo hacía tan a menudo en honor a la verdad, ya que por lo general solo le mostraba mi cuerpo a mi esposo, y no me preocupaba mucho por eso. Aunque él de cuando en cuando me decía que yo era su osita de peluche, cuando lo escuchaba amorosamente llamarme de esa manera, que me sonaba tan chocante, entendía que ya era hora de depilarme, pero solo las extremidades. No como Bibiana que por lo visto, acostumbraba a depilarse toda, incluso totalmente hasta su monte de Venus, por lo que yo podía ver.

Antes de que saliera de la ducha, escuché tocar el timbre de la puerta, cuando me asomé Bibiana cerraba la puerta, y empujaba otro pequeño carrito con algunas botellas de cerveza. Por lo que vi me parece que los recibió de la manera en que se encontraba, ya que su toalla se encontraba sobre la cama al otro lado de la habitación, al verme soltó esa alegre risa, como de quien termina de hacer una pequeña travesura. Destapó una de las botellas y después de entregármela, colocándose su dedo índice sobre su barbilla y moviendo su cuerpo como una niña pequeña, al tiempo que imitaba la voz de una, dijo. -El pobre chico, solo dejó esto en la puerta y no dijo ni una palabra, ¿Por qué habrá sido?-

Yo me acuerdo que también, me causó bastante gracia la imitación que hizo de una niña traviesa, me imaginé la cara que habrá puesto el botones, al verla sin nada de ropa, y actuando como si fuera de lo más normal en el mundo, el estar toda desnuda frente a un extraño. Cuando terminé de salir del baño, envuelta en mi toalla y con la botella de cerveza en una de mis manos, Bibiana me pidió que me sentase nuevamente en el pequeño taburete frente al espejo.

De inmediato comenzó a darme una corta explicación sobre el tipo de piel que yo tengo, y como debería maquillarme. Los colores y tonos de las bases, que eran más recomendables, para mi tipo de rostro y piel. A medida que de cuando en cuando, ambas nos tomábamos un poco de cerveza. Luego se centró en mis ojos, que tipo de delineador y sombras debería usar, y la manera de hacerlo. Me fue sacando las cejas, y me dejó que yo terminase de hacerlo, bajo su experta dirección. Posteriormente me comenzó a explicar, la manera en que me recomendaba que me pintase los labios, y el porqué del color y tono que había escogido para ello, debido al color de mi piel.

Cuando pensé que ya habíamos terminado, me pidió que me quitase la toalla, para darme como dijo ella un pequeño retoque a mi busto. Un poco cortada, por quedar con mis senos al aire, frente a ella, retiré la toalla. Bibiana con una gran mota llena de talco, la comenzó a pasar por mi cuello, y parte superior de mi busto, al tiempo que me pedía que me pusiera de pie frente al espejo. Yo pensaba quedarme con mi toalla puesta alrededor de mi cintura, pero ella de manera suave me la desprendió, dejándola sobre el pequeño asiento.

Cuando terminé de pararme, Bibiana me indicó que me viera en el espejo y le dijera que le parecía mi nueva imagen. La verdad que me agradó mucho el verme como lucía, era como si me hubiera realizado una especie de cirugía plástica, en todo mi rostro en cuestión de minutos, y sin dolor ni anestesia alguna. Mientras yo embelesada admiraba el lindo trabajo, Bibiana me entregó otra cerveza, la que de inmediato me llevé a los labios con mucho cuidado para no despintarlos, y ella comenzó a pasar una de sus manos por sobre mi cabellera, a manera de arreglar su caída natural sobre mis hombros.

Cuando terminó, colocó sus manos sobre mis caderas y sin llegar a soltarme, se colocó tras de mí. Me preguntó al oído. -¿Cómo me sentía, con mi nueva imagen?- En ese momento era tal mi alegría, que me di vuelta y la abracé en señal de agradecimiento. Pero cuando sentí sus firmes pechos desnudos, contra los míos, y el resto de su piel en contacto con la mía, una rara sensación recorrió todo mi cuerpo. Por un corto momento me quedé turbada, en ese instante me di cuenta que jamás en mi vida había abrazado a otra mujer de esa manera, y mucho menos estando desnudas las dos.

Nuestras caras se encontraban una frente a la otra, y tuve el impulso de soltarme, pero sus labios, suavemente chocaron con los míos, mientras que sus manos sentí que me apretaban contra su cuerpo. No se realmente decir que más pasó, de momento cerré mis ojos y sentí divinamente, su lengua dentro de mi boca. Sus manos acariciaban mi piel, y yo no podía hacer nada o mejor dicho, no quería hacer nada por detenerla.

De joven siempre le tuve miedo a llegar a relacionarme con otras chicas, y de adulta ya ni pensaba en eso. Pero cuando Bibiana continuó besándome de esa manera que lo hacía, me sentí desfallecer en sus brazos. Sin soltarnos nos continuamos besando, y a medida que pasaban los segundos lo hacíamos con más pasión, hasta que de alguna forma llegamos a una de las camas, mirándonos a los ojos, volvimos a besarnos, sus dedos en cierto momento los sentí sobre mi vulva, y creo que yo a la vez también agarré la de ella.

Lentamente Bibiana, me recostó sobre la cama y a medida que comenzaba a besarme todo mi cuerpo, yo intuí a donde se dirigía su boca. Por un buen rato me besó los pezones, de manera única y divina mordisqueándolos ligeramente, causando más placer todavía, por medio de esa extraña sensación, que sentía cuando sus dientes se cerraban ligeramente sobre ellos, luego continuó pasando su lengua y labios por el resto de mi cuerpo, hasta que se detuvo finalmente sobre mi vulva, con sus manos separó mis piernas, y cuando sentí su caliente respiración sobre la piel de mi vulva me estremecí toda, pero casi hasta me orino encima de la felicidad que me produjo el sentir su lengua sobre mi clítoris, como con su boca me lo chupaba suave al principio, pero intensamente luego.

Como ya les dije, jamás en mi vida o por lo menos de adulta llegué a tan siquiera pensar el tener un encuentro o acostarme con cualquier otra mujer como yo, pero en el momento en que Bibiana me acariciaba, y me hacía sentir tan feliz, de la alegría que sentía comenzaron a salírseme las lágrimas. Creo que desde que antes que eso sucediera, perdí la noción del tiempo, se que ella por un buen y largo rato me hizo sentir extremadamente feliz, y no es que mi marido no lo haga, pero es algo definitivamente muy diferente o distinto.

Bibiana como sabía qué hacerme, cómo hacerlo y en qué momento, para que yo disfrutara al máximo de ese momento entre las dos. Durante esa noche Bibiana, me hizo sentir feliz de ser mujer, por medio de diferentes maneras, me hizo cosas que nunca llegué a pensar que me agradasen tanto. De cuando en cuando nos volvíamos a besar las dos, y en más de una de esas ocasiones, yo hacía con el cuerpo de ella, lo que ella había hecho previamente conmigo. Por primera vez en mi vida, ese término de una relación multi-orgásmica, verdaderamente tenía sentido para mí.

Durante el resto de la noche las dos nos divertimos la una con la otra, hasta que ya bastante agotadas, nos quedamos durmiendo juntas y abrazadas en la misma cama, con nuestras piernas entrelazadas. Cuando a la mañana siguiente nos despertamos creo que casi al mismo tiempo, me sentí sumamente avergonzada, hasta que Bibiana después de darme un lindo beso como saludo matutino, se levantó y me dijo que se nos hacía tarde para ver al próximo cliente.

Ambas nos bañamos juntas, nos comportábamos como un par de colegialas, nos vestimos y arreglamos y salimos sin desayunar, para comenzar a ver a nuestra clientela. A diferencia de cómo regularmente visto, Bibiana me convenció de que usara uno de sus lindos, pero cortos vestidos, de verdad que me sentía rara con eso puesto. Me molestaban un poco las miradas de la mayoría de los hombres y hasta de algunas mujeres con quienes nos entrevistamos, para realizar las ventas de nuestro producto.

Yo hablaba de los aspectos técnicos, y Bibiana se encargaba de tomar los pedidos, y vi con bastante asombro, como de dos cajas, que yo había recomendado comprar a un cliente, había subido a cinco. Después de que Bibiana astutamente hablaba con él. Al finalizar el día, al llegar al hotel pensábamos ir a la piscina, para relajarnos. Pero yo no había pensado en eso, al salir de mi casa, por lo que había dejado mi traje de baño de una sola pieza, y de color negro “clásico”, en mi casa.

Bibiana me ofreció amablemente uno de los suyos, pero cuando me lo fui a probar, me di cuenta de que como no me acostumbro a depilar entre las piernas, tenía  no una sino dos matas de pelos a cada lado del traje de baño. Bibiana antes de que yo me arrepintiese, se presentó ante mí con una crema depilatoria, y dándome un pequeño empujón sobre una de las camas, a manera de broma comenzó a pasarme sus dedos por sobre mi peluda vulva, desde luego después de que me quitó la parte de abajo del traje de baño o mejor dicho del tanga que me prestó.

Estuve a punto de pedirle que nos quedásemos en la habitación, pero como ella estaba tan deseosa de ir a la piscina, me callé la boca. Mientras que las dos nos encontrábamos en la piscina, sentí que cientos de ojos nos miraban, para mí fue algo nuevo, el estar prácticamente desnuda, apenas cubierta con dos pequeñas cintas de tela casi transparentes sobre mi cuerpo. Pero digamos que como nadie me conocía en ese lugar, no me preocupó tanto.

Antes de salir del área de la piscina, nos abordaron un par de hombres bastante simpáticos, Marcos y Tony, y vi como Bibiana sin consultarlo conmigo les dio el número de nuestra habitación y hasta había quedado con ellos en salir a cenar. Cuando ya en nuestro cuarto le reclamé lo que ella había hecho, me dijo con una gran sonrisa, que si yo no me quería divertir ese era problema mío, que su idea era salir a cenar, bailar y más nada.

Cuando escuché esos términos, realmente ya no me pareció tan mala la idea, y luego que me comuniqué con mi esposo por teléfono, y saludé a mis hijas nos arreglamos para salir, claro que sin decirle nada mi esposo, por supuesto. Nuevamente Bibiana me tuvo que prestar algo de su ropa, ya que la mía era demasiado formal para esa ocasión. Esa noche bajé vestida a cenar, usando un pequeño vestido color rosa, que Bibiana me había prestado, que de paso me quedaba bastante ajustado al cuerpo, tanto que tenía que jalar la ajustada falda, cada cierto número de pasos.

Cuando llegamos al restaurante nos esperaban los chicos, cenamos, bailamos, bebimos, y creo que en eso se me fue la mano. Los dos muchachos se estaban comportando de lo mejor, durante la cena charlamos sobre nuestros trabajos, y luego como si nos conociéramos de toda la vida nos fuimos a bailar. Bibiana como yo realmente, nos divertíamos bastante, pero en cierto momento, cuando fuimos al tocador de damas, en tono de broma Bibiana me dijo que si me atrevía hacer una apuesta, cuando le pregunté de que se trataba, con esa sonrisa maliciosa me dijo. -A ver quién es la primera en llevarse a su pareja para la cama.- yo en esos momentos le dije que si estaba loca o que, y lo dejamos así, pero a medida que pasaba la noche, ella me hacía señas y comentarios relacionados con lo que me había propuesto en el baño.

Pero al verla seduciendo tan descaradamente a Tony el joven con quien bailaba, de momento se me ocurrió competir con ella, pero sin la intención de acostarme con el tal Marcos realmente. Así que comencé a bailar, y actuar de manera un poco más suelta y seductora. Como mi acompañante no era retrasado, ni anormal, pensó que yo buscaba algo más que pasar un rato agradable bailando con él, por lo que en medio de la sala Marcos me ha comenzado a besar, y a tocar mi cuerpo mientras bailábamos de un modo tan especial, que algo se encendió dentro de mí.

De manera bien discreta, me invitó a su habitación. No sé si fue la cantidad de alcohol al que no estaba acostumbrada, los besos, las caricias, el ganar la apuesta a Bibiana o el hecho de estar haciendo algo, que yo bien sabía, que era algo que se suponía que no hiciera una mujer casada decente, como pensaba de mí en ese momento. Pero terminé subiendo a su habitación, que por casualidad quedaba en el mismo piso que la nuestra.

Apenas entramos, continuamos besándonos de manera más ardiente. En cierto momento sentí su miembro bastante duro, bajo la tela de su pantalón, no sé que me pasó realmente, pero al verlo a los ojos, sin que él me dijese nada, me he arrodillado frente a Marcos, y con mis manos saqué su miembro del encierro. En cosa de segundos, me encontraba chupando su miembro, como una verdadera desesperada.

Cuando él estaba quizás a punto de venirse, lo sacó de mi boca, y me pidió de manera bien lasciva. -ve quitándote la ropa, pero hazlo como una puta que quiere calentar a su cliente mostrándole el culo y las tetas.- Al escucharlo decir eso de forma tan sucia y vulgar, en lugar de aprovechar la ocasión para retirarme, molesta por la comparación con una puta, me agradó la idea, me di un trago de no sé qué cosa, que yo estaba bebiendo, y encantada de la vida le hice caso.

Lentamente al compás del ambiente musical de la habitación, me fui desprendiendo de todas las pocas prendas de vestir que estaba usando esa noche, lo primero en quitarme fue el ajustado vestido color rosa, por lo que de inmediato quedé en sostén y las pequeñas pantaletas, tipo tanga que se me enterraban dentro de mis nalgas y apenas ocultaban mi recién depilado coño.

Mientras que mi acompañante se acariciaba con una mano su miembro delante de mí. Luego me solté el broche del sostén, y por un corto rato jugué con el dándole vueltas con una de mis manos, mientras que con la otra bajaba la parte frontal o trasera del pequeño tanga, mostrando y ocultando rápidamente mi vulva y parte de mi culo, luego volvía a ponerlos en su lugar. Hasta que terminé por quitarme todo y quedar del todo desnuda frente Marcos sin un ápice de vergüenza de mi parte, moviendo mi cuerpo de manera erótica, abría las piernas, le mostraba mis nalgas, me acariciaba las tetas yo misma.

Me sentía orgullosa de que él admirase mi cuerpo desnudo y me desease, tanto como verdaderamente estaba deseosa yo de acostarme con él. Nuevamente hablándome de esa manera tan lasciva y sucia en que se dirigía a mí en esos momentos. –Así me gusta, bien putita mía, continúa mamándome la verga otro rato antes de que te la meta por ese coñito de nena que tienes.- Lo que hice de nuevo por un corto rato, hasta encontrarme de lo más entretenida chupando su aparato con mi boca, al tiempo que yo misma me acariciaba con mis dedos íntimamente, mi recién depilado coño.

En ese momento, se abrió la puerta de su habitación. Por unos segundos, me quedé sorprendida y avergonzada de que me hubieran encontrado así. Su compañero Tony, se encontraba de pie en la puerta de la habitación. No sé que se había hecho Bibiana, pero el recién llegado tras cerrar la puerta caminó directo hasta donde se encontraba el tal Marcos sentado en un sillón y yo agachada frente a él, manoseándome sabrosamente mi coño.

Marcos le preguntó cómo le había ido, y Tony comentó entre dientes que Bibiana tenía la regla y no se sentía bien. Cosa que yo sabía era mentira, ya que en cierto momento en que las dos nos bañábamos en la ducha, nos dimos cuenta que el período nuestro nos llegaba casi al mismo tiempo. Pero Tony realmente en ese instante no parecía molesto. Por lo contrario parecía estar contento con lo que se había encontrado en su habitación, lo digo porque con una gran sonrisa, se ha sacado su instrumento frente a mis ojos.

Al yo verlo, me quedé sorprendida, pero me vino a la memoria, esa oscura fantasía de hacerlo con dos hombres al mismo tiempo. Fantasía que siempre he tenido en secreteo, pero que a nadie se la he dicho ni siquiera a Bibiana hasta esos momentos. Por un corto rato continué mamando la verga de Marcos, hasta que él me preguntó del modo en que se había acostumbrado hablarme. -Vanesa putita linda, vamos los tres para la cama, para que sepas lo que es bueno, mientras que yo te doy por el chiquito, se refería a mi culo, el compadre te clava por el coño y luego cambiamos.-

El estar escuchándolo decir eso, al mismo tiempo que yo seguía acariciando mi coño y apretando mi clítoris con mis dedos, me hizo sentir un sabroso orgasmo. No tuve que responderle, tras sacar su verga de mi boca, fui la primera en acostarme en la cama. Marcos se terminó de quitar sus pantalones y su slip, y colocándose detrás de mí, sentí sus dedos acariciar mi esfínter, supongo que debió untarme algún tipo de crema, porque cuando comenzó a penetrarme por el ano, sentí como su miembro se deslizaba dentro de mi cuerpo.

En raras ocasiones, mi marido me ha hecho eso, pero siempre me duele al principio. Con Marcos no fue así, digo si me dolió algo cuando me lo metió, pero sencillamente me penetró divinamente por el culo. Por un corto instante nos movimos, hasta que Tony no tan solo se quitó el pantalón y el slip, sino que se desnudó del todo, para luego acostarse frente a mí y comenzar a introducir su verga dentro de mi coño. El resto de la noche no hubo cosa que esos dos no me hayan hecho, de manera alternada, cuando no me daban por el culo, me mamaban el coño o yo les chupaba su verga. En la mayor parte de las veces disfruté de sabrosos orgasmos, hasta que ellos finalmente terminaron por venirse sobre mí cuerpo.

Después de quedarme dormida, cuando me levanté y a duras penas me puse mi ropa y me marché a mi propia habitación. Al entrar en la habitación, me di cuenta que Bibiana me esperaba despierta, al ver en el estado en que me encontraba, se limitó a decir nada más. -Me ganaste la apuesta y por partida doble me parece.- Mientras que me conducía a la ducha me pidió que le contase todo lo sucedido, y yo en medio de mi borrachera le dije abiertamente que había hecho de todo, y hasta que me habían dado sabrosamente por el culo. A la mañana siguiente, tenía un soberano dolor de cabeza, producto de haber tomado tanto alcohol, cosa que no tengo por costumbre hacer. Ya Bibiana se había levantado, yo me di otra buena ducha, y a punta de pastillas para el dolor de cabeza, mi compañera de trabajo y yo seguimos con las ventas.

No fue hasta el medio día que Bibiana me comentó nuevamente, de manera jocosa que le había ganado de mano, al irme con esos dos tipos, a la habitación de ellos. Desde esa fecha a los momentos actuales Bibiana y yo mantenemos oculta nuestra relación, como también el sin número de veces que le he sido infiel a mi marido. Pero ese es el infierno a que me refiero, mi marido como que se está dando cuenta de que algo raro pasa conmigo, ya que me reclamó mi nueva manera de vestir, el hecho de encontrarse con mi coño depilado, y las muchas salidas de venta que tengo fuera de la ciudad. Además el gran aumento en mis porcentajes de venta. Lo triste de todo eso, es que todo me esta gustando cada día más y más y si mi esposo continua jodiendo tanto le voy a tener que pedir el divorcio.

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MI VECINA MARTA

Publicado por fercho212 en Octubre 1, 2008

MI VECINA MARTA – Lami sus nalgas, tenia el ojete, rojo y abierto, mordi su tatuaje, y cuando me parecio empece a lamerle el culo. Ella gemia como una posesa

MI VECINA MARTA Lamí sus nalgas, tenía el ojete, rojo y abierto, mordí su tatuaje, y cuando me pareció empecé a lamerle el culo. Ella gemía como una posesa

Hola. Soy Nuria, tengo 24 años y soy de Barcelona. Soy morena, con media melena y ojos marrones y muy grandes. Mis medidas os las dejo imaginar.

Intentaré en esta historia explicaros lo que me ocurrió este mes de julio, cuando en Barcelona hacía un calor asfixiante. Vivo en un piso del barrio de l’Eixample, cerca de la Sagrada Familia; es un piso alto, con mucho sol (y calor) con una gran terraza. Estaba un día de este julio tomando el sol en la terraza de casa, cuando oí que llamaban a la puerta.

Era la vecina del piso de abajo; me venía a traer un listín telefónico que habían sido repartidos el día anterior. Al no estar yo en casa, el mensajero se lo dejó a ella con el favor que me lo hiciera llegar cuando pudiera.

-Gracias, eres muy amable (dije) -De nada; no me cuesta nada -¿Quieres tomar algo? (le dije, esperando que me dijera que no) -Oh, no quiero molestar. -No es molestia (tratando de parecer amable, pero siguiendo esperando un no) -Bueno, ¿si tienes un vaso de agua? -¿Agua? Claro, pasa

La hice pasar al comedor. Mi vecina, Marta, era una chica de unos 36-37 años, que vivía sola desde hace un par de años; lo había dejado con su novio de toda la vida. Mi relación con ella era escasa -hola y adiós en la escalera, poco más-. Era algo más bajita que yo (1′60) y algo rellenita (unos 75 kg); pelirroja con ojos azules.

-Aquí estoy (dije llegando con dos botellas de agua) -Gracias, con esta calor, no dejo de beber agua en todo el día -Eso es lo que tienes que hacer; beber agua, y tomar mucho el sol, para ponerte morena. -¿Morena? Hace tiempo que no tomo el Sol; no me gusta mucho la playa, y en casa no tengo solarium -Pues a mi terraza puedes venir cuando quieras

Mi piso es una birria pero mi terraza un encanto. Es grande y queda resguarda de cualquier vecino.

-Yo ahora iba a ponerme al sol un rato, ¿si quieres? -Uy no. Quita, quita, no te quiero molestar -No eres molestia; has sido muy amable trayéndome el listín -No es nada; además tengo cosas que hacer.

-Pero solo un rato, ya veras como luego me das la razón. -Pero si no tengo el bañador aquí. (Iba con un vestido azul claro “de ir por casa”) -¿Bañador? ¿Y para que quieres bañador? Me miró algo sonrojada. -No te preocupes, aquí no te verá nadie.

-(se quedó sin saber que decir) -Yo hace tiempo que no uso el bañador, más que para ir a la piscina. -Si y lo entiendo, pero yo … -Pero tú… ¿que? ¿Que quieres decir? -Pues que yo no tengo el mismo tipo que tú. -Bah, eso son tonterías. Vamos para fuera.

Salimos a la terraza. Me dirigí a las dos butacas que tenía. Le dije que se cogiera la que quisiera y se acomodara. Entré a por las cremas. Cuando salí esta tumbada en el butada, pero vestida.

-Marta, te vas a asar de calor. -¿Que? No, no te preocupes. -Como quieras, le dije.

Me senté en la butaca, dándole la espalda, y me quité la camiseta y luego el sujetador. No me quité el pantalón corto, para no violentarla. Me tumbé en mi tumbona. Llevaba gafas de sol, con lo que pude ver sin que ella viera, que me estaba mirando los pechos. Sonreí ligeramente y me despreocupé. A los 10 minutos, le miré y como sudaba a mares. Le dije:

-¿Porque no te pones cómoda? -No te preocupes -Pero si estas sudando -Si, pero… es que me da corte. -Venga, Marta.

Me levanté y fui hacia ella. Cuando estaba delante suyo, con mis pezones apuntándole, vi como bajaba la vista, avergonzada. Me senté junto a ella y empecé a deshacer el nudo de su vestido en la nuca.

-Marta, tranquila, no te va a ver nadie. -Si pero …

Deshice el nudo y dejé caer la parte de arriba de su vestido, con lo que quedaron al descubierto sus pechos; creo que debía tener una 100 o 105. Con unos pezones duros y algo erectos.

-Ves no pasa nada -Si, es que soy algo pudorosa. -No te preocupes -Levántate y quítate el vestido, estarás más cómoda -No, es que no llevo nada debajo -Ah, no pasa nada, no te preocupes. -Si, pero …-Mira, yo también me lo quito y estamos empatadas (me bajé el pantalón corto y el tanga).

Cuando lo hice, vi como se quedaba mirando mi coño. Lo tenía depilado, con una fina línea en el medio. Ella se levantó y, de espaldas, dejó caer su vestido. Me fijé que tenía un tatuaje en su nalga derecha, una rosa con una mariposa (precioso).

-Que bonito. -Si fue una locura de juventud.

Me levanté y me acerqué a ella; me senté en la butaca, para verlo de cerca. Notaba su piel algo temblorosa. Entonces ella se giró, y me enseño, su coño. Ella lo tenia totalmente afeitado (no me lo esperaba la verdad).

-Uy! Veo que también te gusta depilarte. -Si, me siento cómoda. -A mi me encanta. -Si, y te queda muy bien. -El tuyo también es precioso.

Sonreí, y me quedé sin saber donde mirar. Entonces vi las cremas y le dije

-¿Quieres que te ponga crema? Si no te vas a poner como una gamba. -Si gracias, porque luego lo paso muy mal.

Me levanté y me senté tras ella. Ella se sentó delante de mí, dándome la espalda. Me puse crema en la mano y empecé a recorrer su espalda. Noté como se estremecía, pero me gustaba.

-¿Estás bien? (dije) -Muy bien, Nuria -Perfecto, ¿se te ha ido la timidez? -Se va yendo, se va yendo (dijo entre risas).

Fui untándole a conciencia toda su espalda. Cuando acabé, le pregunté:

-Por este lado ya estás. -Si, ¿quieres seguir? -Como quieras.

Ella se estiró boca a bajo. Entonces, me levanté, y me senté en mi tumbona para poder untarle las piernas; la llené de crema por los pies, las pantorrillas y los muslos. Noté que mi mano iba subiendo cada vez más, y cuando subía, veía como torpemente intentaba levantar su pelvis.

Mis manos subían y subían, hasta que sin saber como, me encontré masajeándole el culo. Tenía un culo grande, pero muy atractivo con aquel tatuaje en su nalga.

-Ummmm (hizo ella) -¿Te gusta Marta? -Me encanta -Si quieres sigo (le dije) -Por favor, ahora no pares

Entonces, volví a ponerme crema en un par de dedos, y los introduje entre sus nalgas. Entonces, vi como ella se iba levantando hasta ponerse a 4 patas. Mis manos masajeaban todo su culo, y fue ella la que me cogió una mano, y estiró mi dedo, y lo llevó hasta su ojete

-Métemelo

Yo estaba muy caliente, y le hice caso sin rechistar. Le metí el dedo hasta el fondo. Ella no dejaba de mover el culo como una posesa. A mí, que me encanta el sexo anal, no me hubiera importado meterle la mano entera. Metía y sacaba mi dedo con habilidad (no era la primera vez que lo hacía); ella me decía “méteme otro, méteme otro”. Dos, tres, cuatro,… cuando me di cuenta, tenía metida la mano en su culo. Entraba y salía, sin parar. Fue entonces, cuando le pregunté:

-¿Cuanto hace que no vas al lavabo, guarra? -Dos días, ¿porque? -Porque aquí hay algo (dije riendo) -Perdona -No te preocupes. No pasa nada.

Saqué la mano, lella se giró y me miró. Yo la miré y me puse a reír. Ella al verme, también rió. Estábamos muy excitadas, y creo que no nos importaba casi nada.
Me acerqué a una pica, y me la lavé. Ella vino también a limpiarse y me volvió a pedir perdón. Yo le dije

-Ahora te tendrás que hacer perdonar -Lo que tú quieras.

Me mojé la mano en el agua, y la volví a acercar a su culo (ya limpio). Ella se reclinó sobre la pared, y me ofreció todo su culo.

-Follame, toda, hazme lo que quieras -Eso voy a hacer, guarra

Me arrodillé y le abrí el culo. Tenía el ojete, rojo y abierto. Lamí sus nalgas, mordí su tatuaje, y cuando me pareció empecé a lamerle el culo. Ella se volvió a poner a 4 patas; gemía como una posesa. Le lamí el culo, todo lo bien que puede, y cuando me pareció le metí un dedo en el coño, que como os podéis imaginar estaba mojadísimo.

Entonces ella se giró, con mi dedo en su coño, y se tumbó en el suelo, con las piernas bien abiertas. Le metí el dedo hasta donde pude, luego otro y otro. Nunca había tenido tanto flujo en mis manos. Me cogía los dedos, llenos de su fluido, y se los metía en la boca.

-Follame, como una puta, follame (me dijo) -Eso voy a hacer.

Le pedí que se levantara, y que sentara en mi cara; quería comerle el coño cómodamente. Ella se abría sus labios con las manos, mientras mi lengua entraba en su vagina sin parar. Su fluido caía en mi cara, sin parar.

-Comeme el coño (le pedí) -Si, putita

Ella se dejó caer hasta fundirnos en un 69 perfecto. Durante más de 10 minutos, nos comimos los coños hasta corrernos en nuestras respectivas caras. Una vez, nos corrimos, nos abrazamos en el suelo, durante un buen rato. Al levantarnos, medio entre risas, le dije

-Uf! Necesito ir al baño; me estoy meando (dije) -¿Y para eso necesitas ir al baño? -¿Como? -Te debo una, y no quiero dejar cosas a medias.

Si tumbó en el suelo, y me dijo… -Méame donde quieras.

He hecho lluvias doradas en varias ocasiones, pero nunca me lo habían pedido así. Me senté en su cara, pero de manera que yo pudiera ver la suya. La miré a los ojos y le dije:

-¿Preparada? -Cuando quieras, mi putita

Entonces cerré los ojos, y dejé caer mi pis en su boca. Ella abría su boca a más no poder. El pis rápidamente le llenó la boca y empezó a caer por los lados. Entonces yo me fui deslizando por su cuerpo,… primero le meé las tetas, la barriga, y acabé llenando su coño de mi zumo.

Cuando acabé le dije: -Gracias

Ella sin decir nada, se levantó; tenía la boca llena, se acercó a mí, y se fue acercando hasta tener su boca junto a la mía; entonces me besó, y me llenó la boca de mi pis. Acabamos dándonos un beso lleno de lengüetazos.

Luego,… volvimos a empezar.

Si os ha gustado mi historia, me gustaría que me lo dijeras a mi mail, y por cierto si te ha gustado apreciaría lo votéis…

Autor: Nuria

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