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Madre e hijas cojidas por el mismo hombre

Publicado por fercho212 en Agosto 21, 2009

No es muy fácil para una mujer venir y redactar su vida sexual sin que nos llamen mujeres fáciles o putas- por todas las barreras de tabúes sexuales y  sociales -impuestas en nuestra sociedad.   La misma sociedad que habitamos no juzga por igual a hombres y mujeres.  Si la mujer engaña al marido es una puta- una piruja- pero cuando el hombre es el que engaña es un garañón- un mujeriego.  Quise aclarar esto por que el tema que a continuación les narro es un tema tabú.

Conocí   a un hombre que ha despertado mi instinto de mujer –  estoy atada a este macho  por el deseo sexual que ha despertado en mi y en mis hijas. Mis hijas fueron desvirgadas – desfloradas –abiertas – rotas – como vulgarmente se le dice por mi macho.

Me llamo María. Tengo 37 años. Casada con un hombre de edad madura es un buen marido no tengo la menor duda pero no me satisface en la cama.  Son esporádicas  las noches que me hace el amor  pero no me llena y yo lo busco con desesperación solo para terminar con más ganas.

Por causas del destino, o por que simplemente estaba escrito en mi vida conocí a Juan Carlos. Un tipo al cual llamaban el negro.  Cuando salía  a comprar o a la calle comencé a notar  su mirada sobre mi persona y ala vez  varios tipos comenzaron a seguirme  a donde fuera y cada vez era más estrecho el contacto  no disimulaban  su presencia ni se escondían.

Somos comerciantes con mi esposo, tenía miedo – le comenté a mi marido pero no pasó nada. Cuando menos lo pensé, se me acercaron, uno de ellos vino hacia mí y me dijo. -Señora Juan -el jefe  quiere hablar con usted. No  podía negarme, no tenía alternativa, quería acabar de una vez por todas con el acoso.  Me fui a verlo, tenía miedo, pero no quería demostrarlo, tenía que ser valiente. O al menos  quería demostrar, seguridad.

Cuando llegué a una de tantas bodegas de las muchas que hay  por este barrio, me llevaron por tantos laberintos que nunca supe, en donde realmente me encontraba.  Por fin salimos a un pasillo el cual se conectaba a una puerta, entre y me senté a esperarlo, pensando en todo lo que antes escuche decir sobre su persona, nunca escuche cosas buena, todo lo que se platicaba de el  era,  miedo, temor, odio, rencor, violaciones, muertes, asaltos, robos etc. No entendía para  que le podía servir, si mujeres le sobraban, putas y decentes, casadas y solteras, señoras y jovencitas, escuche muchos mitos sobre su persona, pero no tenía la seguridad de saber si todo era cierto o solo chismes.

Cuando lo tuve enfrente de mi  lo puedo describir como un hombre joven, moreno claro, de un metro noventa, de 30 años,  de 89 kilos, vigoroso. De mirada penetrante, con un olor de loción fina, no vulgar, pero tampoco  de aspecto fino, sino más bien de clase media.  Se me quedó viendo,  se acercó, con paso lento, enfundado en un pantalón de mezclilla, y una playera blanca, con una chamarra negra. Como olvidar ese día si lo tengo muy presente en mi memoria. Ese encuentro marcó el comienzo de una relación entra él y yo,  me convertí en  su amante, en su mujer, en su puta. En las madre de sus hijos.

Puedo dar muchas explicaciones, de cómo lo rechacé, de cómo traté de evitarlo, pero en el fondo no explicaría nada y  me acosó de una forma que no tuve escapatoria, por más que traté de evitarlo y luchar contra mis principios morales de mujer casada, no logré evitar terminar abierta de piernas y ensartada por su verga.

Mi historia.

Comenzó a ir a la casa a visitarme – fue una relación extraña – tenía miedo y morbo, miedo por mi  marido que lo fueran  a golpear o que mandara a que le hicieran algo y morbo de saber que  a pesar de mis 2  embarazos le gustaba a este hombre -  simplemente él me tomó como  su mujer sabiendo que yo era una mujer casada y mi esposo  estuvo de acuerdo.

Como  comenzamos ni yo misma lo puedo explicar, lo único que puedo decirles es que me dejé  llevar por lo que mi  cuerpo a gritos me pedía  y no era otra cosa que sexo. La primera vez que me entregué a él fue un fin de semana,  lo recuerdo como el primer día,  como olvidarlo, si me encontraba nerviosa, asustada, vino a la casa, ya lo esperaba, unos dias  antes había estado con él pero no me penetró,  solamente me estuvo preparando para el momento.   Llegó cerca de las 11 de la noche, le di de cenar, lo atendí como si fuera mi marido, mientras él me recorría con la vista, todo mi cuerpo. Su presencia me daba miedo, pero no podía evitar mirarlo a los ojos cada vez que me acercaba a él.

Terminó de cenar, se metió a bañar, cuando salió del baño  se fue a sentar  a la sala. Me senté a su lado  y comenzamos a platicar, descubrí que en el fondo no era un mal hombre,  estuvimos horas platicando y cuando me besó mi cuerpo comenzó a temblar, mis sentimientos  comenzaron   a traicionarme.  Miles de ideas cruzaron mi mente, pero cuando sus dedos y manos comenzaron a recorrer mi cuerpo,  cerré  mis  ojos. Y me dejé llevar por el momento, por un lado estaban mis sentimiento de madre y de mujer casada y por el otro mis sentimientos de mujer, los cuales afloraron y comencé a besarlo, a cooperar con él,  mis nervios y mis temores se fueron desvaneciendo y  poco a poco  logró vencer la breve resistencia que al principio opuse. Además no tenía escapatoria, de todas formas él quería cogerme y no se iba a detener hasta haberme hecho suya.

Sus caricias y sus besos me excitaron  de una forma que me hizo perder el control. Me llevó en brazos a la habitación, en la misma cama matrimonial que compartía con mi marido en el lecho conyugal- me desnudó sin prisas, sin violencia, cuando me tuvo desnuda, me comenzó a besar todo el cuerpo, mis senos, mi sexo,  toda  me besó y me acarició lentamente. Era la primera vez lo que lo miraba desnudo, y supe por que le decían el negro,  el color de su piel era oscuro claro,   no quiero caer en el estúpido error de contar lo que todo el mundo narra en estos relatos, pero si hay algo que sobresalía de su cuerpo eran sus huevos y el tamaño de su verga. Era considerablemente gruesa y grande en comparación con el de mi marido. Me fue imposible meterme todo su pene  en la boca cuando se la mamé, por más esfuerzos que hice, nunca logré metérmelo completo a la boca. Comencé a toser por el esfuerzo – pero hice mi mejor esfuerzo al mamarle su verga.  El miró en mis ojos,   el miedo y supo calmarme, a diferencia de otros, que presumen de tener una verga grande  él nunca  presumió el tamaño.

Esa noche que me hizo suya, algo dentro de mi quedó ligada a él, en el fondo no quería reconocer que me había gustado la forma de cómo me hizo el amor, tenía una lucha interna, bastante fuerte. Decirles que no gocé sería mentirles, tuve miedo al principio, pero poco a poco vencí mi miedo y me abrí de piernas para que él me poseyera, me fue penetrando lentamente, centímetro a centímetro fue abriendo las paredes de mi vagina hasta que logró ensartarme completamente.  Comenzó a moverse, rápido, con un mete y saca que me ponía  loca, hasta que logró hacerme explotar, mi primer orgasmo fue fenomenal, comencé a gritar, a mover mi pelvis, a rotar mis caderas de un lado para otro, hasta que lo senti explotar, dentro de mi vagina.

Al principio, cada vez que él me penetraba  lo hacía con  preservativo,  después conforme pasó el tiempo me penetraba sin condón. Mi esposo  me compró unas inyecciones para que no fuera a quedar preñada.

Mi vida dio un  giro  enorme,  me convertí en su mujer. Me cogía en cualquier lugar de la casa, en la cocina, en la sala, en la cama, en el baño, por más que trataba de no gritar cuando él me estaba cogiendo, no podía evitarlo, cuando su verga comenzaba a penetrarme me ponía loca, comenzaba por estimular mi clítoris, con sus dedos y con su lengua haciéndome estallar de placer. Para después comenzar a penetrarme, se subía sobre mi y me abría toda de piernas  y comenzaba mi lucha por alojar toda su verga en mi vagina, comenzaba a penetrarme despacio, y me besaba, me mamaba los senos, hasta que yo comenzaba a mover mis caderas, él me ensartaba por completo, hundiendo toda su verga en mi vientre  y comenzaba a cogerme.

Al principio lo hacía despacio pero una vez que estaba dentro de mí comenzaba con un mete y saca que me volvía loca, me cogía bocabajo tomando mis caderas con sus manos de perrito y comenzaba a meterme toda su verga, me impulsaba hacia delante cada vez que me ensartaba, sentía que su verga me saldría por la boca y terminaba dentro de mi matriz, bufando, gritando como poseído, descargando todo su semen en lo más hondo de mi vientre.

Cuando él estaba en la casa siempre andaba desnudo, o  en ropa interior, yo le pedía  que me cogiera cuando mis hijas no estuvieran en la casa, o las mandaba a comprar, tratando de protegerlas. Comenzaron los rumores en el barrio y todo el mundo me comenzó a señalar  como la nueva puta del jefe. No me lo decían directamente por temor a él,  pero los chismes comenzaron a circular, que opté por  salir  a la calle lo menos posible. Mi esposo se hacía cargo del negocio solo.

Juan Carlos, el negro,  se ausentaba de la casa por semanas y meses,  en una ocasión tardo más de un mes en regresar. El hecho de que se ausentara tanto tiempo me molestaba, me ponía celosa, histérica. Andaba de mal humor.

El día que regresó,  venía  con olor a licor,  intentó besarme y me resistí,  me siguió hasta la cocina y me pegó contra la pared, hice el intento de resistirme, pero de nada me sirvió, comenzó a tocar mi cuerpo, a besarme lo empujé para que me dejara y me dio una  cachetada que me hizo trastabillar, comencé a llorar, me tomó en sus brazos y me besó. Con sus labios secó mis lágrimas, tenía que reconocer que estaba celosa.

Me cargó en vilo como si fuera una muñeca y me llevó a la cama. Me despojó de mis ropas, sus manos comenzaron a tocar  mi cuerpo, bufaba como un animal, miré su verga rígida, dura, impresionantemente grande. Cerré mis ojos y me dejé llevar, por los impulsos de la carne, sus manos me acariciaban y  lo dejé que me hiciera lo que él quisiera.  Mi corazón latía a una fuerza desmedida. Me senté sobre la cama. Se tomó su verga con las manos y se dirigió a mí con ella. Abrí mis labios y  comencé a mamarle su verga. Al último fui yo la que lo buscó, no me importó nada más que tenerlo dentro de mí.  Me tendí sobre la cama y al momento  me abrí de piernas.

Comencé a temblar  cuando sentí su lengua en mi panocha,   me mamó  completa,  separaba los labios de mi gruta con sus manos dejando mi rajada a merced de su lengua. Comencé a gemir, a retorcerme, a gritar como una  putita,  que  me olvidé de mis hijas de mi esposo.  No me importó que ellas escucharan mis gemidos mis gritos. Estaba en ese momento poseída por el deseo. Sus manos me separaron mis nalgas y su lengua comenzó recorrer la separación  de ellas provocándome un gemido, su lengua continuó con su recorrido y llegó a mi  culo,  me sentía en el paraíso jamás imaginé que esa área del cuerpo diera tanto placer. Sus dedos trabajaban mi concha que exploté en un orgasmo y comencé a gemir, a rotar mis caderas buscando que su verga me ensartara.  No Importaba nada en ese momento que no fuera otra cosa que sentir como su verga me penetraba.

Hice el intento de levantarme de la cama y tomar la pastilla por que había dejado de inyectarme – pero no me dejó – por favor le volví a decir, déjame tomar la pastilla, ya no me estoy inyectando, puedo quedar embarazada, me puedes preñar, no me hizo caso,  solo me dijo,  si te preño, pues te preñé, no serás la última ni la primera.

Se subió sobre la cama y con sus manos me abrió de piernas y me empezó a coger de una forma que me transformé  y comencé a gemir y gritar como loca cada vez que su verga me ensartaba  con un mete y saca que era lento y la vez fuerte, lo sentí llegar a lo más hondo de mi vagina,  perdí la noción de las  horas, no me importaba nada. Solo que nunca terminara.

Un remordimiento cruzó mi mente,  al acordarme de mi esposo y de mis hijas, pero al sentir  sus  embestidas dentro de mi concha me olvidé por completo y me entregué a él sin recato alguno. Lo rodeé con  mis piernas por su cintura evitando que su verga se  saliera de mi concha, lo quería todo dentro de mi cueva,  no me importó comportarme como una puta. Y lo alentaba a que me clavara hasta el fondo. Mientras me cogía trataba de meter sus dedos en mi culo,  era una sensación nueva en mi cuerpo, nunca antes un hombre trató de meterme algo por mi ano que aventé mi culo con fuerza para que su dedos entraran.

Estuvimos en la cama cogiendo como animales en celo como  una hora y por fin estalló    y  explotó dentro de mi vagina.

Terminé agotada pero contenta…

Continuará

Autora. Maria Hdz

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Tratame como a una puta

Publicado por fercho212 en Julio 29, 2009

Eran más de las 8:30 pm y yo apenas iba saliendo de la oficina. Me llamo Daniel y trabajo en el DF, en el sur de la ciudad, pero vivo en Cuernavaca (CIVAC), así que viajo diario de la casa al trabajo y bis. Hoy tenía mi esposa una reunión con sus compañeros de trabajo y le había prometido llegar más temprano a la casa, pero las cosas en el trabajo se complicaron y para colmo era viernes, el periférico estaba lento como una tortuga.

Por fin después de más de una hora de viaje llegué a la casa, eran casi las 10 pm y yo había quedado de estar a las 8.00, saludé a los invitados y a mi esposa que me echó una mirada de pocos amigos de lo enojada que estaba. Yo disimulé como si todo estuviera bien y me disculpé por la tardanza, para el colmo estaba a tomando un medicamento que no se llevaba con el vino y tuve que tomar solamente refresco.

Como vi a mi esposa enojada me integré a la plática de los invitados, eran dos matrimonios, mi esposa y una amiga que iba sola y yo. Todo fue bien, la reunión se animó, bailamos, uno de lo invitados llevaba su guitarra, así que hubo momento bohemio y cantamos, hasta que nos dieron las 3 de la mañana. Mi esposa y todos los demás le entraron duro a la bebida así todos sin excepción estaban entonados.

Los dos matrimonios se despidieron y se fueron, la amiga de mi esposa de nombre Diana, se sirvió otra copa y platicaba con mi esposa mientras mi esposa le pidió un taxi, yo me subí a mi recámara dispuesto a dormir, apenas me estaba quedando dormido, cuando mi esposa me habla. Yo más dormido que despierto le pregunté que pasaba, ella me dijo que llevaban más de una hora y que el taxi no aparecía y en sitio ya no le contestaban, así que quería que llevara a su amiga hasta su casa.

Puse cara de enojo por que Diana vive hasta el otro lado de la ciudad (Rancho Cortes) y me haría como una hora en ir y regresar, pero me amenazó diciéndome, me las debes, no creas que sAñadir una imagene me ha olvidado que llegaste tarde. Tuve que vestirme a regañadientes, pero ni modo tenía que complacerla para no discutir.

Bajé y Diana estaba muy tomada, se le notaba en la cara, se disculpó y yo le dije que no se preocupara, la ayudé a subir al auto en el asiento de adelante y le abrí la puerta a mi mujer, ella me dijo que no se sentía muy bien (también se sentía ebria) así que me pidió que la llevara yo solo, que ella se iba a dormir. Ni modo me arranqué y tomé el rumbo de la casa de Diana.

Ella me daba plática y yo hacía como que le hacía caso, pero en verdad iba muy encabronado. Diana buscaba en su bolsa sus cigarros, pero al parecer los había olvidado en mi casa, así que en el trayecto me pidió que detuviera al frente de una vinatería que atienden las 24 hrs.

Cuando me paré, le pedí que no se bajara, y yo me bajé a comprarle los cigarros, aún lado de la vinatería se encontraban tres prostitutas, vestidas muy provocativamente, no pude soportar la tentación de mirarlas y al ver que las estaba viendo una de ellas se me acercó ofreciéndome sus servicios. La verdad me dio pena, por que sabía que Diana me estaba viendo, y le dije que no, la prosti insistía al grado que me se me acercó y me decía que calara la mercancía y me señalaba sus nalgas.

Yo me di la vuelta y compré los cigarros, el tendero se reía de mí, pues había visto la escenita. Todavía pasé a un lado de ella y me dijo “ándale papacito anímate, te cobro barato” yo me hice el tonto y me subí al auto, lo arranqué de prisa y seguí mi rumbo, ni siquiera volteé a ver a Diana, si no que solo le di sus cigarros.

De reojo vi que Diana se reía, más encabronado me puse, ella me dijo “¿tienes tu pegue eh?” y se seguía riendo mientras encendía su cigarro, yo no le hice caso y seguí manejando. De repente Diana me dice “me gustaría ser puta”, yo me quedé anonadado por lo que acaba de escuchar, y la vi con ojos de incrédulo (pensé esta vieja está muy tomada).

“Si”, me repitió, “me gustaría ser puta, una de mis más anheladas fantasías es ser poseída por un desconocido, que utilice mi cuerpo como fuente de su placer y me de el trato de una puta, que me haga suya sin importarle si me satisface o no”, “por si no lo sabes es una fantasía muy común entre las mujeres”. “Crees que no la haría de puta, veme no estoy muy jodida que digamos, mira mis senos están todavía muy bien sin sostén se sostienen muy bien.

Yo me hice nuevamente el tonto, ella se agarraba las tetas, las tomaba con las manos y se los veía. No me crees me preguntó yo la volteé a ver”, “checa”, me dijo y me tomó mi mano derecha y se la puso en uno de sus senos, toca para que sientas, yo retiré mi mano y le dije que si con la cabeza. Eso me hizo entre gracia y asombro, lo que si logró es que me calentara.

Seguí manejando y ella seguía viendo sus senos, luego me dijo mira mis piernas, no están mal, hago bastante ejercicio, desde que me divorcié me metí a un gimnasio y me conservo bastante bien, se subió su vestido hasta casi vérsele la panti, me hizo nuevamente que le tocara las piernas para comprobar lo que me decía, esta vez no me dejé inhibir y le acaricié las piernas, ella no hizo nada solo seguía fumando, metí mi mano en medio de sus piernas y hasta se acomodó para que mi mano entrara más, le sobé su sexo y sentí como mi verga se ponía erecta.

Le frotaba su sexo por encima de su panti y no decía nada, hasta que me animé y le hice a un lado el panti, le toqué su sexo, estaba húmeda, mis dedos se perdieron en él, mi dedo medio buscó su clítoris, y lo empezó a estimular, ella cerraba los ojos y fumaba, yo estaba realmente caliente, así que busqué un lugar para pararme, me metí a una calle cerrada y apagué el auto.

Le empecé a besar el cuello y cambié de mano, ahora la estimulaba con la izquierda, bajé mi cara hasta sus senos y se los empecé a besar, le bajé el vestido hasta sus hombros y el sostén, hasta descubrirle sus tetas, le empecé a chupar sus pezones y entonces hasta del cigarro se olvidó, me tomaba de la nuca y me atraía hacia ella, lo malo de todo es que estaba muy incómodo dentro del auto y no podía hacer más, ella también se dio cuenta y me dijo, por que no esperas a llegar a mi casa ya esta aquí a la vuelta, mi muchacha no está y podemos utilizar el cuarto de servicio. Yo asentí y volví a mi lugar, prendí el auto y me apresuré a llegar a su casa.

Nos bajamos sin hacer ruido, ella abrió la casa, pero no prendió la luz, me tomó de la mano y me guió en la oscuridad, hasta llegar a una habitación, prendió la luz de la habitación y nos metimos, cerró la puerta.

Yo me lancé sobre de ella, nuevamente le bajé el vestido y el sostén hasta sus hombros, y me ensimismé sobre sus tetas, con mis manos le sobaba sus nalgas bajó su panti, ella cerraba los ojos y me atraía hacia ella con sus manos en mi nuca, lo volteé me puse a su espalda de ella, le besé el cuello y desabroché sus vestido y el sostén, ella me ayudó quitándoselo por debajo de las piernas, solo se quedó en zapatos y con su panti.

Se dio la vuelta yo me le quedé viendo, su cuerpo estaba bien conservado, las piernas estaban bien torneadas y sus tetas como ella ya lo había mencionado estaban firmes, eran de tamaño regular, tenía los pezones pequeños, pero bien erectos.

“Bien putita”, le dije, ahora vas a ver que se siente. Ella hizo una mueca de risa pícara, me desabroché mi pantalón y me lo quité, mi verga se quería escapar de mi calzón, me quité también el calzón y la hice que se hincara, ella entendió bien el mensaje y directamente tomó con una de sus manos mi miembro y empezó a masturbarlo, luego utilizó su lengua.

Se ve que le encantaba hacer aquello, pues me provocaba unas sensaciones bastantes intensas, yo le tomaba la cabeza por la nuca y hacía que se lo comiera todo, y le decía “cómetelo todo putita, saboréalo”, “vamos, se ve que te encanta mamármelo”, y las palabras hacían su efecto, pues ella hacía gala de su experiencia.

Después de un rato, le hice la seña que se pusiera de pie, le quité su panti y la hice que se pusiera en cuatro sobre la cama, me puse detrás de ella y le empecé a besar sus nalgas y a utilizar mi lengua sobre su ano y su sexo, “estás buena putita”, mis dedos acariciaban sus labios vaginales mientras con mi lengua le recorría las nalgas y su ano, sentía sus estremecimientos cuando pasaba mi lengua sobre su ano, mis dedos jugaban con su clítoris, podía ver como su vagina se abría toda llena de baba, combinación de mi saliva y de sus fluidos.

Después de un rato de dedearla y lengüetearla me decía “ya métemela papacito, ya métemela”, así que al cliente lo que pida, se la dejé ir de un solo golpe, le entró fácilmente y sentí como su cuerpo se contrajo para recibir mi miembro. La tomé de la cintura y la penetraba con fuerza, el golpeteo de mi pelvis contra sus nalgas se oía de manera estupenda, ella me decía, “así papacito no te pares, no te pares”, yo le daba con más fuerza, de vez en cuando pasaba mis manos sobre sus tetas y le pellizcaba los pezones.

Luego la tomaba del pelo y hacía fuerza para penetrarla más al fondo, “te gusta putita”, “te gusta sentir mi verga hasta el fondo”, ella me contestaba “así, así papacito, métemela, no te pares”, solo vi como sus manos apretaban contra la colcha de la sábana.

Mi cuerpo sudaba copiosamente y el de ella también. Me cansé de penetrarla de esa manera así que me salí de ella y le dije “ahora te toca arriba”, me acosté en la cama y ella se colocó por encima de mí, pero antes de dejarla que se insertara mi miembro, bajé mi cara a la altura de su sexo y le volví a dar una mamada su vagina, le succionaba el clítoris, mientras con mi mano derecha le hundía un dedo en su ano, se empezó a mover su pelvis tratando de restregar su sexo en mi cara, yo no dejaba de utilizar mi lengua y de chupar su vagina hasta que se vino.

Se le puso la piel chinita, chinita y retiró su pelvis de mi cara, eso lo aproveché para acomodarme y hacer que ahora se insertara mi verga, comencé a moverme muy despacio, pues veía que se estaba recuperando de su orgasmo, luego sentí como poco a poco ella empezó a menearse a mi ritmo, le sobaba sus tetas, retorcía sus pezones, ella apoyaba sus manos en mi pecho y contoneaba sus caderas, así estuvimos buen rato, hasta que me dijo, “Quiero que termines en mi cara”

Yo ya tenía ganas de terminar así, que la hice que se me quitara de encima y se sentara el borde de la cama, yo me puse de pie enfrente de ella, me tomó del miembro y empezó a masturbarme, me daba pequeñas mamadas y no dejaba de sacudirme el pito, yo mientras le acariciaba las tetas y sus pezones, me besaba el pecho, hasta que le dije “me voy a venir”, me intensificó el masaje hasta que empecé a aventar chorros de semen, cerré los ojos y sentí como todos mis músculos se tensaron, me vine de una manera deliciosa, cuando abrí los ojos vi que toda mi leche la tenía en la cara, sacudía mi verga sobre sus mejillas, con todo mi semen embarrado.

“Que rico papacito, nunca había hecho esto, lo había visto en películas XXX, pero nunca habían terminado en mi cara”, “eres un amor”. Yo solo esbocé una sonrisa, por lo menos le había gustado. Me vestí de prisa, miré el reloj eran las 4 de la mañana. Me despedí, no sin antes advertirle que no había pasado nada, ella se sonrió y me dijo “no te preocupes, nadie sabrá nada”.

Me subí a mi auto y me fui a la casa, de regreso volví a ver de pasada a las prosti que seguían a un lado de la vinatería y solo me reí. Llegué a mi casa cerca de las 5 de la mañana, me acosté y me que bien dormido. La luz del sol me despertó, estaba todo adolorido, mi esposa no estaba ya en la cama, me levanté y fui al baño, mi esposa se estaba bañando, la saludé y me dijo uyyy, me duele la cabeza horrible, luego que te fuiste a dejar a Diana me quedé dormida, ni sentí cuando llegaste, ayer se nos pasaron la copas, Diana estaba muy tomada.

Yo solo me reí y le dije, tomate unas aspirinas y un té de manzanilla, yo voy a seguir durmiendo un rato más.

Autor: Gato Negro

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el medico ruso

Publicado por fercho212 en Enero 20, 2009

Ha sido costumbre de mi esposo el estar presente en mis exámenes en el momento en que el médico los realiza. Ha presenciado exámenes donde he estado totalmente desnuda y pobremente cubierta con una bata de papel en manos de un doctor haciéndome un tacto vaginal, o insertándome una inmensa manguera por mi culito. Aún así lo que me acaba de pasar no logró entenderlo. Les cuento… Sentía una molestia en la cadera que parecía originarse en la columna y decidí visitar a un neurólogo. Mi esposo se encargó de conseguirme la cita con uno de origen ruso. Al llegar a su consulta y luego de esperar por mucho rato nos hace pasar y le explico el problema. El doctor era un hombre mayor, aún entrado en canas lucía muy bien y lo que me llamó la atención fueron sus enormes manos. Después de una conversación donde mi esposo participó activamente el doctor me manda a la salita de examen y a quitarme la ropa y quedarme en pantaleta y sostén, y colocarme una de esas batas de papel que apenas cubren y son prácticamente transparentes. Me acuesto en la camilla pensando que tenía puesto una tanga blanca de tela muy delgada en conjunto con un sostén muy sexy que me lucían muy bien. Nunca pensé que el médico me iba a examinar físicamente. Entra el doctor seguido por mi esposo quién se coloca en el otro lado de la camilla y observa muy callado las manipulaciones del médico. Comienza con el tradicional chequeo del corazón y me pide con mucha delicadeza que me quite el sostén. Mi esposo me ayuda y mis senos quedan descubiertos frente al médico. En estos momentos estoy de espalda a mi esposo, pero de frente a él. Siento sus enormes manos apoyarse en mi seno izquierdo mientras su otra mano se posa en mi espalda. Hasta ahora todo es normal, pero los duendes traviesos comienzan a brincar en mi mente. Me sonrojo en pensar que me encuentro casi desnuda frente a este inmenso hombre quien libremente me toca los senos con la excusa de querer oír mi respiración y mis latidos del corazón. Casi presiento que conoce el estado de excitación que está promoviendo por lo rápido que mi corazón comienza a latir. Manteniendo la posición mete sus manos entre mis muslos y los separa dejando expuesta a sus ojos esa zona donde el hilo dental se desaparece entre las nalgas. Me golpea con un martillito para revisar mis reflejos y a cada brinco de mis piernas solo sirve para exponer mi cuquita apenas cubierta por la delgada tela de la pantaletita ante sus ojos. Mientras palpa y acaricia con descaro la cara interna de mis muslos le explica a mi esposo su teoría sobre la debilidad de los músculos y como puede eso promover mis dolencias. Era una manera de justificar sus manos muy cercas de mi conchita y sus caricias que rozaban alegremente el borde de mi hilo dental. Continúa con el jaleo del martillito y me agarra los brazos manteniendo mis piernas separadas por posición de su cuerpo. Lo sentía muy cerca de mí, pero con la excusa de querer ver algo en mi espalda prácticamente se mete entre mis muslos y doblándome hacia delante le expongo la entrada del hilo dental en mis nalgas. Sus enormes manos bajan y comienzan a presionar algunos puntos en la cintura e inclusive le dice a mi esposo que lo ayude apretando algunas zonas y le describa lo que siente. Joder… las manos monstruosas del doctor, las manos de mi marido y estar doblada forzando la tela del hilo dental dentro de mis labios vaginales comenzaron a estimular mis sentimientos. Se me ocurría que la situación era sensual y sentía como mis jugos comenzaron a fluir. Me preocupaba porque siempre he lubricado en abundancia y lo menos que quería era mojar la tanguita. El doctor seguía dándole explicaciones a mi esposo mientras continuaba masajeándome la espalda y el comienzo de mis nalgas. Me manda a acostar boca arriba para revisar mis reflejos y la posibilidad de una lesión en la columna. Lo que parecía un examen tonto se convirtió en una verdadera deliciosa tortura. Nuevamente me separa las piernas y se coloca al final de la camilla para observar como las movía. Me ordena separar primero la pierna izquierda y hacer círculos. Cada movimiento solo servía para exponerme más a sus ojos. Podía sentir como la tela del hilo continuaba metiéndose entre mis labios depilados dejándolos expuestos al placer de la mirada del doctor. Mi clítoris se marcaba abultado en la tela del tanguita. De repente siento su mano acariciándome internamente el muslo y explicándole a mi esposo lo que siente. Mi reacción de rechazo no le pudo ganar al placer de la caricia prohibida y pienso que son solo exageraciones mías aunque el estímulo lo siento en el roce de la tela en mi vagina. El doctor continúa con su manoseo y le dice a mi esposo que coloque una mano exactamente encima de la línea donde el hilo dental es tragado con saciedad por mis nalgas. Ahora me pide que mueva las dos piernas como un abanico y me abra cada vez más. Él continúa haciendo preguntas sobre que siento y mete su mano entre la camilla y mi cintura mientras sus dedos buscan un contacto en el borde de la rajita del culo para verificar algo en la columna, pero realmente solo hurgan en la rajita muy cerca de mi huequito del culo. La mano de mi esposo reposa con timidez prácticamente en mi vagina, pero son las del doctor las que me tienen excitada. Detiene el movimiento de mis piernas y me indica que me quede en posición como si fuese a dar un hijo. Le pide a mi esposo que se ubique en la cabecera de la camilla y él se coloca en el otro extremo entre mis piernas. Saca una pequeña aguja y comienza a pinchar delicadamente la piel. Comienza con los pies alternado cada uno de ellos. Sigue subiendo por las piernas y se mete entre mis muslos… Coño… estaba segura que la mancha en mi pantaleta era obvia y por eso el desgraciado mandó a mi marido para la cabecera, para que no se diera cuenta. Charlaba sobre reflejos y daños neurales y muchas otras cosas que yo dejé de oír, pero que el manifestaba para complacencia de mi esposo. La aguja comenzó a subir y con el mismo desenfreno pidió permiso y haló mis pantaletitas con sus enormes dedos para descubrir mis labios exteriores de mi mojada vagina que los pinchó con la aguja que usaba. Me sobresalté, pero la ocurrencia era traviesa y el resultado fue un chorro de fluidos bajando apresuradamente por mi canal vaginal. Colocó de vuelta la pantaletita en su lugar y me la ajustó usando uno de sus enormes dedos como cuña directamente en el clítoris. No soporté y un orgasmo rápido y travieso se me presentó y traté de disimularlo, pero un grito se me escapó el cual expliqué con el cuento de que el corrientazo había regresado. Lamentablemente eso dio pie para que el doctor pensara en un tratamiento. Me ayuda a ponerme boca abajo mientras sus manos descuidadamente continúan agarrándome las nalgas. La bata de papel ya era un desastre y mis nalgas quedan expuestas y nuevamente me critico por haberme puesto el hilo dental el cual debe de estar mostrando mi humedad frente a los ojos del doctor. Mirando directamente a mi esposo le explica que lo que va a hacer es verificar un reflejo antes de hacer el tratamiento y mete su mano por debajo de mi cuerpo y me introduce un dedo entre la pantaleta y mi piel llegando directamente a mi clítoris. El movimiento es preciso y pego un grito de sorpresa. Mientras el doctor comienza a dar toda una explicación, su dedo se mueve rítmicamente y su otra mano reposa suavemente en mis nalgas para reafirmar el movimiento. Todo esto me trae otro orgasmo que me hace gemir de placer. Satisfecho saca sus manos y llama a mi esposo aparte. Al poco rato vuelven los dos y mi marido me susurra al oído con mucho cariño que lo que me van a hacer es un tratamiento y que el doctor ya me había pedido autorización para hacerlo. Confiando en él me puse en sus manos literalmente… Mi esposo me pide que me arrodille y me incline hacia adelante en una posición que a mí se me antojó muy sensual. De nuevo mi tanguita blanca se metió entre los labios y mi culito se relajó, efecto del roce de la tela. Veía a mi esposo como el enfermero que prepara a la paciente para que el doctor proceda a examinarla. Siento como él toma un instrumento largo y con forma de pene y lo engrasa ligeramente y el mismo me lo introduce en mi concha mojada. Wau, creo que mi querido esposo no tiene idea de lo que me está haciendo. Me relajo y me gusta que sea directamente mi marido quien me suministre el tratamiento. Me concentro en el instrumento que me tiene ensartada. No me doy cuenta cuando bajan la intensidad de la luz en la salita de examen. Entra el doctor y enciende un aparato que lo primero que hace es enviar una señal de vibración al aparato que tenía insertado en mi conchita. Con sus enormes manos y aprovechando la oscuridad siento como recorre mi espalda con una sensación más de caricia que de examen médico. Se acerca a mi oído y con voz de amante me dice que me relaje y me deje correr. En España ese término significa otra cosa, pero la suave vibración en mi concha decía a gritos que si. Sentí como sus manos abiertamente acariciaron mis nalgas de una manera lasciva y descarada, y todo frente a los ojos de mi esposo. Luego con la excusa del tratamiento uno de sus inmensos dedos encontró camino entre la tela del tanga y la rajita del culo tomando posesión de mi agujerito, penetrándomelo poco a poco acompañado de las vibraciones del instrumento que tenía en mi conchita. Su dedo en mi culito entraba y salía con mucho cariño, pero definitivamente firme y violador. Me pareció oír la respiración fuerte del doctor cuando me tenía metido el dedo hasta lo último y la otra mano me la acercaba a la boca y por reacción tomé uno de sus inmensos dedos y comencé a chupárselo. Mis orgasmos comenzaron a explotar y mis gemidos aumentaron en intensidad. El doctor explicaba que lo estaban haciendo bien porque esa era una reacción natural de alivio. Mentiras, eran mis orgasmos que brincaban de mi culito a mi clítoris y a mi punto G estimulado por ese aparato que inocentemente mi esposo había metido dentro de mí y era el responsable de metérmelo y sacármelo suavemente. La sesión duró poco, pero fue muy intensa. Poco a poco mis agujeros invadidos quedaron libres y mis sensaciones regresaron al normal. Mi culito me ardía, mi conchita todavía lubricaba a chorros y mi dolor en la espalda continuaba… pero realmente el rato fue muy agradable y excitante…

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la mujer demi abuelo

Publicado por fercho212 en Enero 8, 2009

Mi abuelo era médico en un pequeño poblado del Estado de Guanajuato, en México, había contraído nupcias por segunda ocasión con una señora, a la que llamaré Martha, con la que había tenido tres hijas, que eran a la postre medias hermanas de mi padre y que eran mis tías, Esther la cual tenía 21 años en el tiempo en que se desarrolla el relato, mi tía Bety que tenía 19 y mi tía Rosita de 18, aunque aparentaba mucha menos edad, Martha en ese tiempo contaba con 39 años de edad y mi abuelo tenía 73, aunque  estaba muy fuerte aun en esa época, yo tenía 18 años, recién cumplidos, en ese entonces.

Cursaba el primer año de bachiller y mi tía Rosita el segundo en la misma escuela que yo. Con la señora de mi abuelo, que venía a ser mi abuelastra, no llevaba muy cordial relación por los prejuicios que mis tíos me habían creado, ya que no vieron con buenos ojos que mi abuelo se hubiese vuelto a casar, yo vivía en la casa de mi abuelo, no sé por qué razón, ya que aún vivían mis padres, pero desde que recuerdo ahí vivía, aunque no llevaba relación cordial con Martha, no le faltaba tampoco al respeto nunca. Un día que llegué del instituto, era jueves, bien lo recuerdo, estaba abatido, eran como las dos de la tarde, traía un reporte que me tenía que firmar mi abuelo y tenía, aparte, que ir a hablar con el director de mi comportamiento, como era jueves, yo sabía que mi abuelo no llegaría hasta entrada la noche, pero no sabía qué decirle ni cómo empezar.

Dieron las 3 de la tarde y Martha fue a hablarme para que bajara a comer, entró en mi recámara y yo estaba en la cama, con el radio encendido, pero sin oír la música, y ella me sacó de mis pensamientos diciéndome, ¿bueno qué no escuchas que te estoy hablando para que vengas a comer? ya sabes que es jueves, Pancho (que era mi abuelo) no va a venir, ya lo sabes, y Rosita de seguro está con mis padres (los jueves siempre se iba mi tía con sus abuelos), sólo estamos tú y yo, ya lo sabes, yo me disculpé diciéndole que no había escuchado que me hablaba y me dijo, oye ¿qué tienes?, ¿no crees que ya es tiempo de que seamos amigos?

Cuéntame lo que te pasa, me lo dijo, en un tono tan maternal que me convenció, y decidí platicarle que a otro compañero y a mí nos habían botado desde las 11 de la mañana de la escuela con un reporte que debía firmar mi abuelo y, aparte, ir a hablar con el director, a lo que ella me dijo y ¿qué hicieron?, a mí me dio mucha pena confesarle que habíamos estado espiando a las muchachas, escondidos debajo de una escalera que conducía al segundo piso de la escuela, para verles las pantaletas, ella se río y dijo conque ya andan de curiosos ¿eh?. Yo me desconcerté y ella me dijo, mira para que veas que soy tu amiga yo voy a la escuela mañana a hablar con el director y no le decimos nada a Pancho, y yo temeroso le dije ¿y el reporte?, me dijo, dámelo yo lo firmaré delante del director y disculparé a Pancho por no poder ir, esto me cambió el ánimo y le dije Gracias señora usted sí es mi amiga, entonces me pidió que le platicara cómo había estado lo de la espiada y ya le platiqué…

Ella me empezó a decir que era normal a nuestra edad y me hizo una pregunta que me desconcertó, me dijo ¿ya se te para? yo estúpidamente pregunté con un aire de inocencia ¿qué?, a lo que ya no me contestó, me metió la mano en los pantalones y agarró mi verga, hasta que logró la erección, yo no sabía qué hacer, estaba sorprendido y a la vez me gustaba, me quitó los pantalones y los calzones y empezó a darme fenomenal mamada que estaba a punto de venirme.

Ella también se excitó mucho y sólo se levantó la falda y se hizo a un lado las pantaletas color crema que traía puestas, y sin desvestirse, me montó y empezó a subir y bajar en mi pene, que en menos de 4 minutos, me vine en ella que seguía cabalgando hasta que el pito se me desinfló, luego se bajó y descansó unos minutos, y se empezó a desvestir y también me desvistió a mí, empezando a chuparme las orejas, sacándome el aire de las mismas y metiéndome la punta de la lengua en las mismas, luego me frotaba sus enormes tetas en todo mi pecho, me besó de una manera brutal…

Me metió la lengua en mi paladar, yo la sentía casi en mi campanilla, bajó al cuello, ya estaba yo excitado nuevamente cuando me mamó el palo ricamente y me puso su panocha en la boca, ordenándome Mámamela tú también a mí, yo empecé a lengüetearla torpemente, esa era mi primera experiencia, me dijo Saca toda tu lengua y métemela, así lo hice y ella me agarraba de los puros pelos y me arrimaba más a su panocha, hasta la nariz me hizo meterle, después de unos 15 minutos de que me tuvo mamándosela se vino en mi boca, la sentí y me volvió a montar y me dijo:

Vas a ver cómo el segundo palo va a estar mejor que el primero, y así fue, subía y bajaba, mientras sus enormes tetas brincaban sueltas, duró como 15 minutos hasta que yo me vine y ella también, cayó sobre mí y me abrazó, metiendo sus manos por debajo de mis axilas, y apoyándose en mis hombros, moviéndose muy fuerte hasta que se me desinfló el pito, todavía se vino dos veces, descansó nuevamente toda su humanidad en mí, me quedé dormido por el ajetreo, pero una nueva mamada me despertó aproximadamente una hora después de que me quedé dormido, me chupaba la verga apoyando la punta de su lengua en la rajada de mi pito y dándome unos lengüetazos en la cabeza del mismo que pronto estaba firme de nuevo mi palo y, otra vez, me puso su chocha en la boca y luego de volverse a venir en mi boca, ordenándome tragara sus jugos, me dijo:

Dame lengua por el culo, yo sólo obedecí y luego me dijo Dale duro papacito, y se acomodó mi verga en su culo, la cual se fue, sin ninguna dificultad, hasta la mitad y luego me dijo Empuja, empuja, métela y sácala, como no me movía al ritmo que ella quería, sin zafarse, se dio vuelta para quedar encima de mí nuevamente dando juego a un ritmo vertiginoso, subía y bajaba y me puso mis manos en sus tetas ordenándome No las sueltes ni las aprietes mucho Dimas, hazlo con cariño, tuvo dos fenomenales orgasmos que me vació en mis vellos, lo sentí y me dijo: Vente pronto que me matas, y en un rato corto me volví a venir en su culo, cayendo ella en mí, sin zafarse, mamándome las tetas y chupándome las orejas, hasta que mi pito se desinfló y salió solo de su culo, escurriendo de semen.

Me dejó descansar un rato, cuando nuevamente me lo empezó a chupar rico y me puso su panocha en mi boca para que le hiciera nuevamente el trabajito, ya estaba adquiriendo un poco de práctica y logré hacerla venir, esta vez, un poco más rápido que las anteriores, pero pedí más mientras ella mamaba toda mi verga, y esta vez me dijo Como ya estoy cansada y tú todavía no sabes montar ahora así, me subió encima de ella y se colocó mi palo en su vagina ardiente, el cual se fue hasta el fondo en el primer intento y luego que lo tuvo adentro me pasó las piernas por atrás y me abrazó como lo había hecho antes y empezó a moverse, yo sentía ya arder los hombros pero no podía decirle que me soltara, pues se movía tan rico, además de que movía las piernas tan rápido por atrás de mis caderas que pronto nos volvimos a venir los dos juntos, luego nos metimos a bañar por iniciativa de ella y ahí todavía me dio tremenda mamada que me hizo venirme en su boca, saliendo de bañarme me dijo:

Descansa, ahorita te traigo la cena, cuando yo estaba quedándome dormido por el cansancio, alcancé a escuchar que iban a ser las ocho de la noche, hasta entonces no me di cuenta del tiempo que había transcurrido haciéndole el amor a mi abuelastra, o mejor dicho haciéndomelo ella a mí, desperté un poco después al sentir un fuerte ardor en mi pubis, era mi abuelastra con una navaja depilándome todo mi pubis, yo le pregunté que qué hacía y me dijo Este es mi trofeo, mi niño, ahora que te inicié lo tendré muy bien guardado, lo cual me causó un tremendo ardor por tres días seguidos, hasta que me fui acostumbrando, me dijo que una amiga suya le platicó que eso les hacía a los muchachos que se metían con ella, diciéndome:

Pero tú Dimas no te preocupes, lo tú serás mi amante porque ¿sabes? tu abuelo me tiene muy abandonada en este terreno y tú lo sustituirás, pero éste también será nuestro secreto ¿te parece? y así seguimos por 5 años todos los jueves los primeros dos años y luego casi cada tercer día, hasta que me pilló con una hermana menor de ella, pero eso se los cuento en otra ocasión y también cómo estrené a dos de mis tías.

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compañera de trabajo

Publicado por fercho212 en Enero 7, 2009

Desde hace un corto tiempo me encuentro pasando por un infierno, soy o era hasta donde yo sé una mujer normal, decente, buena esposa, mejor madre, y una excelente profesional en el área de ventas, modestia aparte. Debido a mi trabajo, en ocasiones nunca falta uno que otro tipo, que pensando que como soy una mujer, y que deseaba hacer una jugosa venta, estaba dispuesta a irme a la cama con ellos. Pero conmigo se equivocaron, ya que a más de uno lo hice pasar una vergüenza, y en ocasiones me vi en la necesidad de hasta preferir, perder el cliente antes de llegar, a tan solo siquiera contemplar en la posibilidad de salir o acostarme con alguno de mis clientes.

Pero hace cosa de tres meses, me asignaron a una compañera nueva, que desde el principio que la vi, lo primero que pensé o se me vino a la mente fue, hasta donde había bajado la calidad del departamento de recursos humanos de la empresa, sí estaban contratando a personas como ella, que a simple vista se veía que era una buscona.

En otras palabras, tenía facha de ser una puta fina, pero puta al fin, que la habían contrataron con la idea, más que vender los productos, de seducir o acostarse con los clientes mientras les mostraba los productos que yo representaba, o por lo menos para serles franca, esa fue la impresión que me dio, desde que la vi el primer día que salimos juntas. Nada más de observar como caminaba, meneando sus caderas de un lado a otro, de la forma más provocativa que había visto en mi vida, en gran parte confirmaron mis temores. Además, usaba un ajustado vestido corto, de color rojo puta para completar el cuadro.

Cuando entrábamos a la oficina de un nuevo cliente, ya no me quedó la menor duda al respecto. Mientras que yo bien seria y circunspecta, me limité a resaltar las características técnicas de nuestros productos, y las grandes ventajas económicas de su uso, con respecto a los de la competencia. Bibiana se dedicó descaradamente a sacarle fiesta al cliente. Finalmente el trato se cerró, pero tengo la certeza de que ellos dos se habían puesto de acuerdo en verse luego. Por lo que le llamé la atención, discretamente mientras conducía con rumbo a nuestras oficinas. Bibiana solo se limitó a dirigirme una extraña sonrisa, digo extraña por ser de una mujer.

A los pocos días, me comisionaron para visitar clientes fuera del área metropolitana, con gastos de hotel transportación y alimentos a parte de un mayor porcentaje de comisión. Era casi como irme de vacaciones yo sola, sin pensar en hacer nada malo, sencillamente era que en lugar de llegar a casa a limpiar y atender a mis dos hijos, durante toda esa semana, estaría disfrutando de la comodidad de un buen hotel, cuando terminase de ver los clientes.

Mi madre y mi esposo, se las podían arreglar con las niñas muy bien sin mi presencia, por unos cuantos días. Pero como verán eso era lo que yo pensaba, hasta que me enteré que la tal Bibiana sería mi compañera de viaje. Lo primero que se me vino a la mente fue imaginármela corriendo desnuda por los pasillos del hotel y tras ella todos mis potenciales clientes, tratando de mantener una orgía con ella.

Por lo que la primera noche que pasamos juntas, no me sorprendió el ver que desde que llegamos a nuestra habitación, Bibiana sencillamente prendió el aire acondicionado, y sin la menor vergüenza de su parte, se quitó toda su ropa. Luego se dio una ducha, y  después de secarse se acostó tal como estaba. Aunque reconocí íntimamente  que ella tiene un lindo cuerpo, en esos momentos me pareció una desfachatez de su parte, permanecer del todo desnuda ante mí, pero lo que más me atrajo la atención de cuerpo, era que entre sus piernas no tenía ni un solo vello, a diferencia mía que nunca me he depilado esa área de mi cuerpo, ya que no veía que fuera necesario.

Cuando el botones nos trajo la cena, a nuestra habitación, Bibiana ni tan siquiera hizo el gesto de ocultarse bajo la sábana, por suerte yo recibí todo en la puerta. Cuando ambas nos sentamos en la mesa a cenar, discretamente abordé el tema de su desnudez una vez que las dos terminamos de comer. Pero ella en lugar de defenderse, digamos que me atacó. Sin tapujos me preguntó si yo no estaba orgullosa de mi propio cuerpo, mientras se levantaba de la mesa y caminaba junto a la silla donde yo me encontraba sentada, lo que en parte me puso algo nerviosa y confundida, sus expresiones.

Bibiana continuó diciéndome, que ella se sentía muy cómoda estando así, desnuda. Cuando después de un corto rato le respondí, que si estaba orgullosa de mi cuerpo, ella me comentó que no lo parecía, por la manera en yo vestía. Lo que tomé como un ataque personal, a mi gusto por la ropa, cuando le exigí que se explicase, Bibiana con una sonrisa me respondió, que yo parecía un transformista.

Al escucharla me quedé de una pieza, pensando en la caricaturesca imagen de un hombre vestido malamente de mujer, pero antes de que yo pudiera responderle, dijo. -Mírate no más, desde que llegué a la compañía, nunca te he visto con un vestido puesto. Siempre con esos serios conjuntos, de chaqueta y pantalón unicolor y oscuros, de camisa blanca con todo y corbata. De paso ni te maquillas, y para colmo cargas todo el tiempo tu cabello recogido con ese moño detrás de tu cabeza, de verdad, te digo que pareces un hombrecito.-

Cuando Bibiana tocó el tema de mi cabello, con un rápido movimiento de su mano, retiró la única horquilla que me sujetaba el pelo sobre mi nuca. Al tiempo que Bibiana se comenzaba a reír, como si hubiera realizado una pequeña travesura. Toda mi negra cabellera se soltó, y cayó sobre mis hombros y espalda, dándome una especie de sensación de libertad. Pero de verdad que me encontraba bien nerviosa, no sabía que decirle a ella, por lo que me quedé callada, sin saber cómo actuar ante esa situación.

Bibiana continuó diciéndome. –Ves ahora si comienzas a parecer, una verdadera mujer. Es más quítate esa austera chaqueta gris, y suelta el cuello nudo de esa corbata, que de seguro le va mejor a tu marido que a ti, ven siéntate frente al espejo para que yo te enseñe a maquillarte. A menos que seas de esas religiones, que no les permiten a las mujeres hacer eso, pero no lo creo, tampoco ahora que me acuerdo las dejan ponerse pantalones.-

Aunque me encontraba algo nerviosa, la risa de Bibiana me tranquilizó un poco, sobre todo cuando la escuché decir que me enseñaría a maquillarme, ya que yo no acostumbraba hacerlo, por esa misma razón, porque no sabía hacerlo bien, y no me gustaba como quedaba las veces que lo había trataba. Algo más relajada me levanté de mi silla, pero todavía algo nerviosa, por tenerla tan cerca de mí, desnuda. Me quité la chaqueta, y también la oscura corbata, y sin hacer ningún comentario me senté frente al espejo, mientras que Bibiana buscaba entre su cartera su estuche de maquillaje.

Al nuevamente verme comentó de manera alegre. -Ves ahora si pareces, casi toda una mujer.- cuando escuché la palabra casi, me dejó confundida, y nuevamente antes de que yo fuera a decir algo, mi compañera de habitación me señaló los pantalones, diciéndome. -Mejor te das una buena ducha, para que te relajes, y cuando estés lista te doy la primera clase de maquillaje.- Yo como si fuera toda una niña obediente, me levanté del pequeño taburete frente al espejo, y tomando mi toalla me dirigí a la ducha, donde terminé de quitarme toda la ropa y me dediqué a darme una relajante ducha. Mientras me bañaba, escuché a Bibiana decir algo, cuando le pregunté, me dijo que estaba haciendo un pedido por teléfono, que no me preocupase.

Durante el tiempo que estuve bajo la ducha aproveché y me depilé las piernas y brazos y axilas, que por lo general no lo hacía tan a menudo en honor a la verdad, ya que por lo general solo le mostraba mi cuerpo a mi esposo, y no me preocupaba mucho por eso. Aunque él de cuando en cuando me decía que yo era su osita de peluche, cuando lo escuchaba amorosamente llamarme de esa manera, que me sonaba tan chocante, entendía que ya era hora de depilarme, pero solo las extremidades. No como Bibiana que por lo visto, acostumbraba a depilarse toda, incluso totalmente hasta su monte de Venus, por lo que yo podía ver.

Antes de que saliera de la ducha, escuché tocar el timbre de la puerta, cuando me asomé Bibiana cerraba la puerta, y empujaba otro pequeño carrito con algunas botellas de cerveza. Por lo que vi me parece que los recibió de la manera en que se encontraba, ya que su toalla se encontraba sobre la cama al otro lado de la habitación, al verme soltó esa alegre risa, como de quien termina de hacer una pequeña travesura. Destapó una de las botellas y después de entregármela, colocándose su dedo índice sobre su barbilla y moviendo su cuerpo como una niña pequeña, al tiempo que imitaba la voz de una, dijo. -El pobre chico, solo dejó esto en la puerta y no dijo ni una palabra, ¿Por qué habrá sido?-

Yo me acuerdo que también, me causó bastante gracia la imitación que hizo de una niña traviesa, me imaginé la cara que habrá puesto el botones, al verla sin nada de ropa, y actuando como si fuera de lo más normal en el mundo, el estar toda desnuda frente a un extraño. Cuando terminé de salir del baño, envuelta en mi toalla y con la botella de cerveza en una de mis manos, Bibiana me pidió que me sentase nuevamente en el pequeño taburete frente al espejo.

De inmediato comenzó a darme una corta explicación sobre el tipo de piel que yo tengo, y como debería maquillarme. Los colores y tonos de las bases, que eran más recomendables, para mi tipo de rostro y piel. A medida que de cuando en cuando, ambas nos tomábamos un poco de cerveza. Luego se centró en mis ojos, que tipo de delineador y sombras debería usar, y la manera de hacerlo. Me fue sacando las cejas, y me dejó que yo terminase de hacerlo, bajo su experta dirección. Posteriormente me comenzó a explicar, la manera en que me recomendaba que me pintase los labios, y el porqué del color y tono que había escogido para ello, debido al color de mi piel.

Cuando pensé que ya habíamos terminado, me pidió que me quitase la toalla, para darme como dijo ella un pequeño retoque a mi busto. Un poco cortada, por quedar con mis senos al aire, frente a ella, retiré la toalla. Bibiana con una gran mota llena de talco, la comenzó a pasar por mi cuello, y parte superior de mi busto, al tiempo que me pedía que me pusiera de pie frente al espejo. Yo pensaba quedarme con mi toalla puesta alrededor de mi cintura, pero ella de manera suave me la desprendió, dejándola sobre el pequeño asiento.

Cuando terminé de pararme, Bibiana me indicó que me viera en el espejo y le dijera que le parecía mi nueva imagen. La verdad que me agradó mucho el verme como lucía, era como si me hubiera realizado una especie de cirugía plástica, en todo mi rostro en cuestión de minutos, y sin dolor ni anestesia alguna. Mientras yo embelesada admiraba el lindo trabajo, Bibiana me entregó otra cerveza, la que de inmediato me llevé a los labios con mucho cuidado para no despintarlos, y ella comenzó a pasar una de sus manos por sobre mi cabellera, a manera de arreglar su caída natural sobre mis hombros.

Cuando terminó, colocó sus manos sobre mis caderas y sin llegar a soltarme, se colocó tras de mí. Me preguntó al oído. -¿Cómo me sentía, con mi nueva imagen?- En ese momento era tal mi alegría, que me di vuelta y la abracé en señal de agradecimiento. Pero cuando sentí sus firmes pechos desnudos, contra los míos, y el resto de su piel en contacto con la mía, una rara sensación recorrió todo mi cuerpo. Por un corto momento me quedé turbada, en ese instante me di cuenta que jamás en mi vida había abrazado a otra mujer de esa manera, y mucho menos estando desnudas las dos.

Nuestras caras se encontraban una frente a la otra, y tuve el impulso de soltarme, pero sus labios, suavemente chocaron con los míos, mientras que sus manos sentí que me apretaban contra su cuerpo. No se realmente decir que más pasó, de momento cerré mis ojos y sentí divinamente, su lengua dentro de mi boca. Sus manos acariciaban mi piel, y yo no podía hacer nada o mejor dicho, no quería hacer nada por detenerla.

De joven siempre le tuve miedo a llegar a relacionarme con otras chicas, y de adulta ya ni pensaba en eso. Pero cuando Bibiana continuó besándome de esa manera que lo hacía, me sentí desfallecer en sus brazos. Sin soltarnos nos continuamos besando, y a medida que pasaban los segundos lo hacíamos con más pasión, hasta que de alguna forma llegamos a una de las camas, mirándonos a los ojos, volvimos a besarnos, sus dedos en cierto momento los sentí sobre mi vulva, y creo que yo a la vez también agarré la de ella.

Lentamente Bibiana, me recostó sobre la cama y a medida que comenzaba a besarme todo mi cuerpo, yo intuí a donde se dirigía su boca. Por un buen rato me besó los pezones, de manera única y divina mordisqueándolos ligeramente, causando más placer todavía, por medio de esa extraña sensación, que sentía cuando sus dientes se cerraban ligeramente sobre ellos, luego continuó pasando su lengua y labios por el resto de mi cuerpo, hasta que se detuvo finalmente sobre mi vulva, con sus manos separó mis piernas, y cuando sentí su caliente respiración sobre la piel de mi vulva me estremecí toda, pero casi hasta me orino encima de la felicidad que me produjo el sentir su lengua sobre mi clítoris, como con su boca me lo chupaba suave al principio, pero intensamente luego.

Como ya les dije, jamás en mi vida o por lo menos de adulta llegué a tan siquiera pensar el tener un encuentro o acostarme con cualquier otra mujer como yo, pero en el momento en que Bibiana me acariciaba, y me hacía sentir tan feliz, de la alegría que sentía comenzaron a salírseme las lágrimas. Creo que desde que antes que eso sucediera, perdí la noción del tiempo, se que ella por un buen y largo rato me hizo sentir extremadamente feliz, y no es que mi marido no lo haga, pero es algo definitivamente muy diferente o distinto.

Bibiana como sabía qué hacerme, cómo hacerlo y en qué momento, para que yo disfrutara al máximo de ese momento entre las dos. Durante esa noche Bibiana, me hizo sentir feliz de ser mujer, por medio de diferentes maneras, me hizo cosas que nunca llegué a pensar que me agradasen tanto. De cuando en cuando nos volvíamos a besar las dos, y en más de una de esas ocasiones, yo hacía con el cuerpo de ella, lo que ella había hecho previamente conmigo. Por primera vez en mi vida, ese término de una relación multi-orgásmica, verdaderamente tenía sentido para mí.

Durante el resto de la noche las dos nos divertimos la una con la otra, hasta que ya bastante agotadas, nos quedamos durmiendo juntas y abrazadas en la misma cama, con nuestras piernas entrelazadas. Cuando a la mañana siguiente nos despertamos creo que casi al mismo tiempo, me sentí sumamente avergonzada, hasta que Bibiana después de darme un lindo beso como saludo matutino, se levantó y me dijo que se nos hacía tarde para ver al próximo cliente.

Ambas nos bañamos juntas, nos comportábamos como un par de colegialas, nos vestimos y arreglamos y salimos sin desayunar, para comenzar a ver a nuestra clientela. A diferencia de cómo regularmente visto, Bibiana me convenció de que usara uno de sus lindos, pero cortos vestidos, de verdad que me sentía rara con eso puesto. Me molestaban un poco las miradas de la mayoría de los hombres y hasta de algunas mujeres con quienes nos entrevistamos, para realizar las ventas de nuestro producto.

Yo hablaba de los aspectos técnicos, y Bibiana se encargaba de tomar los pedidos, y vi con bastante asombro, como de dos cajas, que yo había recomendado comprar a un cliente, había subido a cinco. Después de que Bibiana astutamente hablaba con él. Al finalizar el día, al llegar al hotel pensábamos ir a la piscina, para relajarnos. Pero yo no había pensado en eso, al salir de mi casa, por lo que había dejado mi traje de baño de una sola pieza, y de color negro “clásico”, en mi casa.

Bibiana me ofreció amablemente uno de los suyos, pero cuando me lo fui a probar, me di cuenta de que como no me acostumbro a depilar entre las piernas, tenía  no una sino dos matas de pelos a cada lado del traje de baño. Bibiana antes de que yo me arrepintiese, se presentó ante mí con una crema depilatoria, y dándome un pequeño empujón sobre una de las camas, a manera de broma comenzó a pasarme sus dedos por sobre mi peluda vulva, desde luego después de que me quitó la parte de abajo del traje de baño o mejor dicho del tanga que me prestó.

Estuve a punto de pedirle que nos quedásemos en la habitación, pero como ella estaba tan deseosa de ir a la piscina, me callé la boca. Mientras que las dos nos encontrábamos en la piscina, sentí que cientos de ojos nos miraban, para mí fue algo nuevo, el estar prácticamente desnuda, apenas cubierta con dos pequeñas cintas de tela casi transparentes sobre mi cuerpo. Pero digamos que como nadie me conocía en ese lugar, no me preocupó tanto.

Antes de salir del área de la piscina, nos abordaron un par de hombres bastante simpáticos, Marcos y Tony, y vi como Bibiana sin consultarlo conmigo les dio el número de nuestra habitación y hasta había quedado con ellos en salir a cenar. Cuando ya en nuestro cuarto le reclamé lo que ella había hecho, me dijo con una gran sonrisa, que si yo no me quería divertir ese era problema mío, que su idea era salir a cenar, bailar y más nada.

Cuando escuché esos términos, realmente ya no me pareció tan mala la idea, y luego que me comuniqué con mi esposo por teléfono, y saludé a mis hijas nos arreglamos para salir, claro que sin decirle nada mi esposo, por supuesto. Nuevamente Bibiana me tuvo que prestar algo de su ropa, ya que la mía era demasiado formal para esa ocasión. Esa noche bajé vestida a cenar, usando un pequeño vestido color rosa, que Bibiana me había prestado, que de paso me quedaba bastante ajustado al cuerpo, tanto que tenía que jalar la ajustada falda, cada cierto número de pasos.

Cuando llegamos al restaurante nos esperaban los chicos, cenamos, bailamos, bebimos, y creo que en eso se me fue la mano. Los dos muchachos se estaban comportando de lo mejor, durante la cena charlamos sobre nuestros trabajos, y luego como si nos conociéramos de toda la vida nos fuimos a bailar. Bibiana como yo realmente, nos divertíamos bastante, pero en cierto momento, cuando fuimos al tocador de damas, en tono de broma Bibiana me dijo que si me atrevía hacer una apuesta, cuando le pregunté de que se trataba, con esa sonrisa maliciosa me dijo. -A ver quién es la primera en llevarse a su pareja para la cama.- yo en esos momentos le dije que si estaba loca o que, y lo dejamos así, pero a medida que pasaba la noche, ella me hacía señas y comentarios relacionados con lo que me había propuesto en el baño.

Pero al verla seduciendo tan descaradamente a Tony el joven con quien bailaba, de momento se me ocurrió competir con ella, pero sin la intención de acostarme con el tal Marcos realmente. Así que comencé a bailar, y actuar de manera un poco más suelta y seductora. Como mi acompañante no era retrasado, ni anormal, pensó que yo buscaba algo más que pasar un rato agradable bailando con él, por lo que en medio de la sala Marcos me ha comenzado a besar, y a tocar mi cuerpo mientras bailábamos de un modo tan especial, que algo se encendió dentro de mí.

De manera bien discreta, me invitó a su habitación. No sé si fue la cantidad de alcohol al que no estaba acostumbrada, los besos, las caricias, el ganar la apuesta a Bibiana o el hecho de estar haciendo algo, que yo bien sabía, que era algo que se suponía que no hiciera una mujer casada decente, como pensaba de mí en ese momento. Pero terminé subiendo a su habitación, que por casualidad quedaba en el mismo piso que la nuestra.

Apenas entramos, continuamos besándonos de manera más ardiente. En cierto momento sentí su miembro bastante duro, bajo la tela de su pantalón, no sé que me pasó realmente, pero al verlo a los ojos, sin que él me dijese nada, me he arrodillado frente a Marcos, y con mis manos saqué su miembro del encierro. En cosa de segundos, me encontraba chupando su miembro, como una verdadera desesperada.

Cuando él estaba quizás a punto de venirse, lo sacó de mi boca, y me pidió de manera bien lasciva. -ve quitándote la ropa, pero hazlo como una puta que quiere calentar a su cliente mostrándole el culo y las tetas.- Al escucharlo decir eso de forma tan sucia y vulgar, en lugar de aprovechar la ocasión para retirarme, molesta por la comparación con una puta, me agradó la idea, me di un trago de no sé qué cosa, que yo estaba bebiendo, y encantada de la vida le hice caso.

Lentamente al compás del ambiente musical de la habitación, me fui desprendiendo de todas las pocas prendas de vestir que estaba usando esa noche, lo primero en quitarme fue el ajustado vestido color rosa, por lo que de inmediato quedé en sostén y las pequeñas pantaletas, tipo tanga que se me enterraban dentro de mis nalgas y apenas ocultaban mi recién depilado coño.

Mientras que mi acompañante se acariciaba con una mano su miembro delante de mí. Luego me solté el broche del sostén, y por un corto rato jugué con el dándole vueltas con una de mis manos, mientras que con la otra bajaba la parte frontal o trasera del pequeño tanga, mostrando y ocultando rápidamente mi vulva y parte de mi culo, luego volvía a ponerlos en su lugar. Hasta que terminé por quitarme todo y quedar del todo desnuda frente Marcos sin un ápice de vergüenza de mi parte, moviendo mi cuerpo de manera erótica, abría las piernas, le mostraba mis nalgas, me acariciaba las tetas yo misma.

Me sentía orgullosa de que él admirase mi cuerpo desnudo y me desease, tanto como verdaderamente estaba deseosa yo de acostarme con él. Nuevamente hablándome de esa manera tan lasciva y sucia en que se dirigía a mí en esos momentos. –Así me gusta, bien putita mía, continúa mamándome la verga otro rato antes de que te la meta por ese coñito de nena que tienes.- Lo que hice de nuevo por un corto rato, hasta encontrarme de lo más entretenida chupando su aparato con mi boca, al tiempo que yo misma me acariciaba con mis dedos íntimamente, mi recién depilado coño.

En ese momento, se abrió la puerta de su habitación. Por unos segundos, me quedé sorprendida y avergonzada de que me hubieran encontrado así. Su compañero Tony, se encontraba de pie en la puerta de la habitación. No sé que se había hecho Bibiana, pero el recién llegado tras cerrar la puerta caminó directo hasta donde se encontraba el tal Marcos sentado en un sillón y yo agachada frente a él, manoseándome sabrosamente mi coño.

Marcos le preguntó cómo le había ido, y Tony comentó entre dientes que Bibiana tenía la regla y no se sentía bien. Cosa que yo sabía era mentira, ya que en cierto momento en que las dos nos bañábamos en la ducha, nos dimos cuenta que el período nuestro nos llegaba casi al mismo tiempo. Pero Tony realmente en ese instante no parecía molesto. Por lo contrario parecía estar contento con lo que se había encontrado en su habitación, lo digo porque con una gran sonrisa, se ha sacado su instrumento frente a mis ojos.

Al yo verlo, me quedé sorprendida, pero me vino a la memoria, esa oscura fantasía de hacerlo con dos hombres al mismo tiempo. Fantasía que siempre he tenido en secreteo, pero que a nadie se la he dicho ni siquiera a Bibiana hasta esos momentos. Por un corto rato continué mamando la verga de Marcos, hasta que él me preguntó del modo en que se había acostumbrado hablarme. -Vanesa putita linda, vamos los tres para la cama, para que sepas lo que es bueno, mientras que yo te doy por el chiquito, se refería a mi culo, el compadre te clava por el coño y luego cambiamos.-

El estar escuchándolo decir eso, al mismo tiempo que yo seguía acariciando mi coño y apretando mi clítoris con mis dedos, me hizo sentir un sabroso orgasmo. No tuve que responderle, tras sacar su verga de mi boca, fui la primera en acostarme en la cama. Marcos se terminó de quitar sus pantalones y su slip, y colocándose detrás de mí, sentí sus dedos acariciar mi esfínter, supongo que debió untarme algún tipo de crema, porque cuando comenzó a penetrarme por el ano, sentí como su miembro se deslizaba dentro de mi cuerpo.

En raras ocasiones, mi marido me ha hecho eso, pero siempre me duele al principio. Con Marcos no fue así, digo si me dolió algo cuando me lo metió, pero sencillamente me penetró divinamente por el culo. Por un corto instante nos movimos, hasta que Tony no tan solo se quitó el pantalón y el slip, sino que se desnudó del todo, para luego acostarse frente a mí y comenzar a introducir su verga dentro de mi coño. El resto de la noche no hubo cosa que esos dos no me hayan hecho, de manera alternada, cuando no me daban por el culo, me mamaban el coño o yo les chupaba su verga. En la mayor parte de las veces disfruté de sabrosos orgasmos, hasta que ellos finalmente terminaron por venirse sobre mí cuerpo.

Después de quedarme dormida, cuando me levanté y a duras penas me puse mi ropa y me marché a mi propia habitación. Al entrar en la habitación, me di cuenta que Bibiana me esperaba despierta, al ver en el estado en que me encontraba, se limitó a decir nada más. -Me ganaste la apuesta y por partida doble me parece.- Mientras que me conducía a la ducha me pidió que le contase todo lo sucedido, y yo en medio de mi borrachera le dije abiertamente que había hecho de todo, y hasta que me habían dado sabrosamente por el culo. A la mañana siguiente, tenía un soberano dolor de cabeza, producto de haber tomado tanto alcohol, cosa que no tengo por costumbre hacer. Ya Bibiana se había levantado, yo me di otra buena ducha, y a punta de pastillas para el dolor de cabeza, mi compañera de trabajo y yo seguimos con las ventas.

No fue hasta el medio día que Bibiana me comentó nuevamente, de manera jocosa que le había ganado de mano, al irme con esos dos tipos, a la habitación de ellos. Desde esa fecha a los momentos actuales Bibiana y yo mantenemos oculta nuestra relación, como también el sin número de veces que le he sido infiel a mi marido. Pero ese es el infierno a que me refiero, mi marido como que se está dando cuenta de que algo raro pasa conmigo, ya que me reclamó mi nueva manera de vestir, el hecho de encontrarse con mi coño depilado, y las muchas salidas de venta que tengo fuera de la ciudad. Además el gran aumento en mis porcentajes de venta. Lo triste de todo eso, es que todo me esta gustando cada día más y más y si mi esposo continua jodiendo tanto le voy a tener que pedir el divorcio.

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cuestion de tamaño

Publicado por fercho212 en Enero 3, 2009

Lo que voy a relatar ocurrió al año más o menos de haberme casado; la verdad que no puedo quejarme de mi matrimonio por que mi marido es muy bueno, fue mi primer novio y nos casamos muy enamorados, enamoramiento que continua hasta la actualidad.

Tengo una amiga llamada Liliana con la que tengo un trato relativo, digamos que no es del todo amiga pero nos frecuentábamos bastante, ella se hizo de novia y comenzó a traer a  a su novio a mi casa; con el tiempo se desarrollo un cierto trato entre las dos parejas aunque mas que nada conmigo por que mi marido es viajante y esta muy poco en casa

Me di cuenta q las cosas entre Liliana y su novio no andaban muy bien, me llamaba la atención por que el parecía muy bueno con ella. Una vez se me ocurrió preguntarle a mi amiga y me contó que no podía tener buen sexo con el por la descomunal verga que tiene de 30 cm. aprox. y de un grosor terrible; como ella es muy estrecha cada vez que él la penetraba le hacia doler tanto que antes de que el pueda acabar lo hacia salir de encima de ella esto hacia que ninguno de los dos pudiera gozar plenamente

A mi me pareció poco creíble su versión de la historia, consideré mas histeriqueada de ella que otra cosa pero lo concreto fue que el trato de ella hacia él era cada vez peor, yo lo veía al pobre muy triste incluso venia a mi casa solo y hablábamos mucho, ahí tuve la seguridad que el era la victima de las locuras de mi amiga y que no lo estaba valorando

Debo reconocer que me daba curiosidad lo que me contó Liliana sobre lo dotado que era su novio y aunque no era muy lindo tenia el  cuerpo muy bien formado, morocho, estatura, media, nariz ancha, labios gruesos, manos grandes, es decir todas las características que el mito popular atribuye a los bien dotados; se le notaba siempre un bulto muy grande sobre todo cuando me miraba ya que a diferencia de su novia que es morocha y flaca yo soy rubia, tengo el cuerpo del tipo guitarron, con curvas, lolas y cola bien grandes y cintura de avispa.

Un día el llego muy mal de una discusión fuerte que había tenido con su novia; estaba realmente triste, incluso tenia los ojos llenos de lagrimas y se lo notaba con mucha bronca. Yo lo hice pasar le di café y lo escuche para que se desahogara contándome, como lo vi tan mal en un momento le di un abrazo, el me apretó muy fuerte  y me dio las gracias por mi comprensión; estábamos los dos parados y sentí como su bulto crecía apoyado contra mi, increíblemente también me paso lo mismo, mi temperatura subió al primer contacto, del abrazo pasamos a acercar muy despacio nuestras bocas hasta terminar en un beso muy profundo y apasionado; me dijo en ese momento “desde que te conocí que te tengo unas ganas bárbaras” y nos seguimos besando sin parar; yo le dije “no podemos yo soy casada y amiga de tu novia”. El estaba de camisa y short porque hacia calor y yo tenia un pantalón ajustado y una remera que de inmediato me saco sin dejar de besarme al mismo tiempo, el se desprendía la camisa bajaba besando mi cuello desabrochándome el corpiño; mis tetas se habían puesto muy duras salieron disparadas y el las beso con mucha dulzura y sensualidad luego volvió a subir hasta mi boca y continuamos con los besos de lenguas mientras me agarraba de los glúteos apretándome contra el cada vez mas y así fuimos para el dormitorio.

Cuando quedamos los dos desnudos en la cama pude ver que su verga era descomunal y estaba durísima; sin dejar de besarnos se subió encima mío y cuando me la empezó a meter yo grite como nunca, era una mezcla de dolor y placer que jamás había sentido; a medida que iba entrando con cada empujón esas dos sensaciones eran mas fuertes y me dijo “no te imaginas cuanto hace que no puedo tener una buena descarga porque la cornuda  siempre me hace salir cuando me estoy calentando dice que le duele” y yo le dije “estoy caliente como nunca en la vida, cogeme, cogeme, me estas reventando la concha y me encanta” una vez que estaba toda adentro comenzamos a movernos como animales y gritábamos muy fuerte; tuve dos orgasmos seguidos y me di cuenta que el también estaba por acabar; lo apreté con fuerza y nos besamos a fondo; sentí el primer chorro de su semen hirviendo dentro mío que se sucedió con otro y otro y no paraba de inseminarme, jamás pensé que alguien pudiera tener tanta leche; mi vagina rebalsaba por los bordes cada vez que el se movía.

Se quedo adentro mío unos minutos, nos seguíamos besando dulcemente y le dije “fue el mejor polvo de mi vida, nunca me calenté tanto; tu novia es una entupida por lo q se pierde” eso pareció excitarlo de nuevo; su verga siempre dentro de mi concha se puso dura otra vez, nos besábamos mas y mas, empezamos el segundo polvo, esta vez con mas placer porque su verga de desplazaba mejor en mi en mi vagina al estar llena de su acabada; me calenté tanto que me subí arriba de el sin dejar de besarlo en ningún momento, mis tetas se aplastaban contra su pecho y parecían a punto de explotar, el me agarraba del culo y me apretaba lo q hacia que la verga entre en su totalidad, sentía que mi concha se desgarraba con semejante pija,  en un momento pensé que íbamos  romper la cama por la forma en que nos movíamos; le dije a los gritos “sos el mejor, sos incomparable, cogeme, cogeme, cogeme” en un momento es paso nuevamente arriba mío y acabamos juntos llegando el éxtasis total; jamás en mi vida había gozado tanto; nos seguimos besando y sentía su semen entrando otra ves hasta la ultima gota y sin dejar de abrazarnos nos dormimos por algunas horas con la tranquilidad de que mi marido no volvería.

Cuando nos despertamos el me trajo de la heladera algo frío para tomar y me trato muy dulcemente, enseguida nos metimos en la ducha y nos bañamos juntos, me encanto enjabonarlo, sobre todo su tremenda verga que con mis toques y caricias se ponía poco a poco mas y mas dura; el me acariciaba  las lolas y me abrazaba de a momentos, nos besábamos mucho, fue muy lindo todo eso y sirvió para reponernos un poco además de haber dormido unas horas. Al salir de la ducha yo seque todo su cuerpo y el seco el mío masajeándome muy suavemente con la toalla, la temperatura de los dos iba aumentando y le propuse hacerlo en la cocina sentados porque es la posición que mas me gusta; el se sentó en la silla mas fuerte de todas y yo me puse encima de el; nuestras caras pegadas, mis tetas contra su pecho, sentí como su verga entro hasta donde nunca antes había llegado mi marido; era la situación mas caliente de mi vida estábamos los dos frente a frente comiéndonos las bocas a besos; a su verga en mi vagina la sentí llegar hasta mi matriz; me movía suavemente y nos decíamos cosas calientes; así transcurrió hasta que la cogida fue totalmente plena y sentí una vez mas su acabada esta vez tan adentro que me pareció que me llegaba hasta el corazón.

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MI MUJER ES UNA GOLFA

Publicado por fercho212 en Diciembre 26, 2008

Le llenó la concha de semen con unos golpes tan salvajes que arrancaron también un nuevo orgasmo a mi esposa, mientras se aferraba a sus pechos desnudos

Supongo que era normal que mi mujer quisiera lucirse un poco aquella noche. No en vano a sus 30 años recién cumplidos tenía una figura increíble y, debido a nuestros horarios de trabajo, hacía ya algún tiempo que no salíamos juntos a divertirnos.

Ella no es muy alta, pero si muy guapa de cara, con unos ojos azules que encandilan y unos labios gruesos y jugosos que parecen estar diciendo todo el rato “comeme”.

Tras varios años de intensas clases de aeróbic puedo asegurarles que su figura de reloj de arena está mucho mejor ahora que cuando nos casamos hace ocho años. Por eso no me extrañó que para la fiesta de compromiso que organizó nuestro amigo en su casa se pusiera aquel vestido tan sensual.

Este era negro, y de una sola pieza. La parte superior es tan ajustada que más semeja una segunda piel escamosa, marcando su plana cinturita de avispa y realzando sus pétreos senos (pues, a pesar de lo grandes y abultados que son, están tan firmes y tiesos que harían palidecer de envidia a cualquier quinceañera), ya que al dejarle casi toda la espalda al aire nadie puede dudar acerca de la autenticidad de lo que presume por delante.

La parte inferior, sin embargo, es una especie de minifalda que le cubre hasta la mitad de los muslos más o menos, hecha de muchos flecos y telas oscuras conjuntadas, que le dan la forma de una flor invertida. No entiendo mucho de moda, pero es muy bonito.

Ella, que sabe lo mucho que me excito al verla con esa ropa, le puso la guinda al pastel, cuando, ya en el coche, se acomodó la falda al sentarse y me mostró, picarona, que esa velada llevaba puestas sus braguitas de cordón más finas, aquellas que apenas si le tapan nada por delante, y absolutamente nada por detrás.

Cuando me besó en el cuello y me dijo al oído que esperaba que esa noche “la fiesta” no acabara en la casa de nuestro amigo me dieron ganas de girar allí mismo y regresar a casa… y tiempo tuve más adelante para arrepentirme de no haberlo hecho.

Si no lo hice fue por no hacerle un feo a nuestro amigo, y porque esperaba divertirme en la fiesta casi tanto como mi esposa. No en vano él, como anfitrión, no tiene nada que envidiar a nadie, y sus fiestas son muy amenas y concurridas.

Esta, en concreto, ya estaba más que animada cuando llegamos y nos metimos entre docenas de desconocidos saludando aquí y allá a nuestras viejas amistades. Después de un par de horas, y cansado ya de bailar, permití que mi incansable esposa siguiera sola en la pista de baile, junto con algunas amigas, mientras yo me enzarzaba en una acalorada e interminable discusión política con un antiguo conocido.

Como suele ocurrir en estas ocasiones veía a mi mujer pasear arriba y abajo cada dos por tres, unas veces con una amiga, otras con otra, a veces sola y a veces con algún tipo o alguna pareja. Casi siempre la veía con una copa de licor en la mano, pero como sé lo poco que soporta el alcohol, supuse que la copa era siempre la misma… hasta que en una de las ocasiones en que se paró a hablar conmigo me di cuenta de lo mareada que estaba.

Le pregunté que cuántas copas llevaba, y no supo decírmelo, pero me aclaró que no era alcohol, que era un ponche, y que por eso lo usaba para calmar la sed del baile.

Como la conozco demasiado bien sabía que algo fallaba en su explicación, pues tenía ya la mirada turbia y el descontrol propio de quien esta muy bebido. Así que para aclarar las dudas fui hacia la barra y le pregunté al camarero acerca de la composición del famoso ponche.

No me extrañó lo más mínimo que me dijera que este mejunje llevaba al menos cuatro tipos diferentes de bebidas alcohólicas rebajadas con leche y zumos de frutas, explicándose así que mi mujer estuviera ya tan borracha. Decidí llevarla para casa de inmediato, pero cuando la fui a recoger me di cuenta de que su estado era mucho peor de lo que parecía, pues apenas si se tenía en pie. Como no podía yo solo con ella le pedí ayuda a nuestro anfitrión.

Nuestro amigo, sintiéndose en parte culpable por lo sucedido, me aconsejó que la acostáramos un rato y que, cuando se recuperara lo suficiente, nos marcháramos. Como lo vi muy lógico me apresuré a hacerle caso y, con su ayuda, logramos subirla arriba, a uno de los dormitorios vacíos.

El pobre estaba muy apurado, pero yo traté de calmarle, pues él no era responsable de que mi esposa estuviera tan mareada por no haber preguntado que demonios llevaba aquel ponche que estaba tan fresquito y que tanto le gustaba.

Después de asegurarme por enésima vez de que se encontraba bien volví a acomodarle la minifalda, que al acostarla se le había subido demasiado arriba, mostrándome otra vez su tanguita negro, y la dejé descansar, dormida en su sueño etílico, mientras bajaba a reunirme de nuevo con nuestros amigos, tras cerrar la puerta de la habitación.

Como de costumbre los cuatro más íntimos pasamos a la sala de billar, donde se libró una de nuestras consabidas batallas a tres bandas, ante las miradas de otros amigos y de alguna que otra esposa, pues la puerta abierta daba al salón donde seguían bailando.

Durante una de las partidas escuché como uno de sus amigos bromeaba con el anfitrión acerca del desaprensivo que había obstruido el aseo, y como le aconsejaba que usara el de la planta alta, como estaban haciendo el resto de los invitados. En ese momento no le di ninguna importancia al comentario, y como quiera que el juego estuviera de lo más interesante pasaron las horas volando. Lo único que recuerdo haber pensado es que esperaba que ese continuo ajetreo de subir y bajar personas no despertase a mi esposa.

La fiesta estaba ya llegando a su fin cuando, con la sonrisa victoriosa de haber ganado, me fui hasta la barra a pedirme una última copa antes de despertar a mi mujer. Mientras me la servía charlé las típicas banalidades con el camarero de antes, acerca de lo divertida que había estado la fiesta y todo eso. Fue entonces cuando me comentó, en plan confidencial en voz baja, que ya estaba degenerando, pues había oído a varios tipos comentar entre sí la juerga que se habían corrido con una señora en los dormitorios.

Y yo, ingenuo de mi, le sonreí, mientras le decía, también en plan confidencial, que en esas fiestas siempre había alguna señora que buscaba otras formas de “divertirse”. Le dejé riéndose de mi comentario mientras subía las escaleras para ver si mi esposa se había recobrado lo suficiente de su estado como para llevarla a casa por su propio pie.

El vaso estuvo a punto de caerse de mis manos al ver que la única puerta de dormitorio entreabierta era aquella donde la habíamos dejado, y que de ahí salían unos sonidos que eran tan elocuentes como inconfundibles. Con las piernas temblorosas me acerqué hasta la puerta y vi lo que ya me temía… a un tipo de espaldas con los pantalones bajados penetrando fogosamente a mi mujer.

Lo que me dejó quieto y helado no fue la violencia de sus empujones, sino el ver como mi esposa tenía enroscados sus talones tras las rodillas del tipo, pues era la postura que solía adoptar cuando hacíamos fogosamente el amor y ella quería que la penetrara más a fondo y con más frenesí. Y si me quedaba alguna duda acerca de los turbios deseos que albergaba sus continuos jadeos de placer me los quitaron de golpe.

No reaccioné, me quedé allí quieto, parado como un maniquí, mientras el afortunado desconocido alcanzaba el último orgasmo, eyaculando en su interior con unos golpes tan rudos y salvajes que arrancaron también un nuevo orgasmo a mi esposa, mientras se aferraba a sus pechos desnudos, estrujándoselos como si se los quisiera arrancar.

Luego el tipo se bajó de la cama, con toda parsimonia, abrochándose los pantalones con una sonrisa de oreja a oreja mientras pasaba a mi lado, guiñándome un ojo cómplice, en la creencia de que yo era el siguiente en disfrutar de mi esposa desmayada. Nada más marcharse cerré la puerta con pestillo, y tras dejar el vaso sobre una mesilla me acerqué hasta la cama, todavía sin poderme creer lo que había presenciado.

Pero lo que veían mis ojos no dejaba lugar a dudas acerca de lo que había sucedido. Ni el completo desorden que reinaba en la cama, con las sabanas revueltas y sudadas. Ni el vestido de mi mujer, enroscado de cualquier forma en su cintura para dejar sus grandes pechos desnudos al alcance de cualquiera que los quisiera disfrutar.

Ni la evidente ausencia de su tanguita, del cual no volví a saber jamás. Ni, sobre todo, el gran charco de semen que había entre sus piernas tan descaradamente separadas, el cual aún no había tenido tiempo de secarse por completo, pues continuaba manando semen por sus dos orificios más sagrados.

No me costó mucho esfuerzo deducir lo que había sucedido en esa habitación. Supongo que alguno de los invitados entraría despistado mientras buscaba el servicio, y al verla allí dormida, quizás con su tanguita negra a la vista si había movido las piernas en sueños, fue una tentación demasiado grande para el desaprensivo.

No creo que le costase demasiado esfuerzo bajarle los tirantes del vestidito para dejar a la vista sus magníficos pechos desnudos e indefensos, ni que el diminuto tanguita negro ofreciese demasiada resistencia si el tipo había decidido quitárselo o arrancárselo.

El resto era por demás evidente. Había tantísimas marcas y moratones en sus senos que tardaría unas semanas en volver a recuperar su aspecto habitual. Sobre todo sus gruesos pezones, tan enrojecidos y tiesos que posiblemente le dolerían durante varios días.

De su boquita entreabierta salía un olor tan amargo como elocuente, y el no ver restos de semen solo podía significar que mi mujer se había tragado todo lo que habían tenido a bien derramarle dentro. Lo cual me daba muchísima rabia, pues a mi rara vez aceptaba mamármela, y cuando lo hacía jamás me dejaba eyacular en su interior.

Pero más rabia me daba ver con que facilidad permitía que le diera la vuelta en la cama, levantando su culito respingón al hacerlo como si diera por hecho que yo también iba a encularla como el resto de sus amantes. Dándome ganas de azotar sus pálidas nalgas, como debía de haber hecho ya más de uno, en vista de la rojez que presentaba, pues a mí sólo me había permitido que la poseyera por tan estrecho orificio un par de veces, y siempre tras muchos ruegos y suplicas.

No podía denunciar a la policía lo sucedido, pues no sabía cuantos tipos la habían poseído ni cuantas veces la habían violado. Ni siquiera estaba seguro de poder afirmar lo de la violación, en vista de la aparente disposición de mi esposa desvanecida.

¿Qué que hice? Pues lo único que podía hacer dadas las circunstancias, bajarme los pantalones, separarle un poco más las piernas… y divertirme yo también.

Gracias por leer el relato, si les ha calentado un poco espero sus valiosos votos…Gracias a toda/os.

Autor: Maricornu

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INTIMANDO CON EL CONSERJE

Publicado por fercho212 en Diciembre 25, 2008

INTIMANDO CON EL CONSERJE Chupaba sin cesar y tuve un orgasmo salvaje notando como mis líquidos chorreaban por mis piernas como hacía años que no pasaba

Salí de casa hacia las 10 horas de la mañana, llevaba un vestido de gasa azul celeste, zapatos de tacón beige y medias de malla blancas, cogí el coche y al salir el conserje, de pie al lado de la puerta del garaje, me saludó efusivamente, como siempre, pero esta vez no quitaba la vista de mi escote y de mis piernas, pues al ir conduciendo la falda estaba recogida bastante arriba dejando ver buena parte de mis muslos.

Salí y me reía yo sola pensando en la cara del hombre, era un señor de unos 48 años, pelo muy canoso, de manos fuertes y complexión atlética, pero de aspecto rudo, no tenía ningún complejo en mirar fijamente lo que le gustaba, en más de una ocasión habíamos comentado esto mismo con algunas vecinas.

Al volver sobre las 14 horas cargada de paquetes, a Julio que así se llamaba, le faltó tiempo para correr a ayudarme. Al aparcar abrió la puerta de mi coche para invitarme a salir, se quedó ensimismado pues mi falda estaba totalmente recogida y se veía el final de mis medias cortas, salí enseguida y abrí el maletero, como siempre un montón de bolsas. Déjeme a mi señora Lucía, que esto es cosa de hombres, muchas gracias, pero no se moleste, entonces él con su acento andaluz me dijo: ¿molestia servir a una belleza como usted? Es un lujo y no una molestia, muchas gracias hombre, que salao es usted.

Julio cargado con más de 8 bolsas se encaminó detrás de mí hacia el ascensor y yo al llegar abrí enseguida la puerta para dejarle pasar, pero con las bolsas y la estrechez de la puerta el hombre sin querer me rozó toda, sobre todo mis pechos, ya que gasto una 100, disculpe esto es tan estrecho señora, no se preocupe Julio.

Subimos a casa y abrí la puerta, pase por favor, si ¿dónde dejo todo esto? Aquí mismo ya lo recogeré, no, no dígame que esto pesa, mire en la cocina. Dejó las bolsas, ¿quiere una cerveza? No señora, si hombre siéntese un minuto, bueno un minuto que tengo mucho curro, vale hombre, me puse delante de él, abrí la nevera y supuse que la fuerte luz haría que se transparentasen mis piernas, y efectivamente así fue, aquel tío rudo se estaba poniendo, y yo sin saber muy bien porqué disfrutaba provocándolo.

¡Huy! pues no tengo ni una aquí, me agaché para ver un estante bajo y seguro que mi potente culo marcó sus formas pues el body que llevaba era tanga, yo de reojo veía como se frotaba la entrepierna, me levanté, espere que aquí arriba hay seguro, es igual señora, no de ninguna manera ayúdeme que no llego, él se puso detrás de mí, pude sentir su aliento en mi nuca, ¿dónde? Ahí están al fondo, ya las veo, yo no me aparté y noté como su bulto rozaba mis nalgas, él también lo notó y se quedó un instante quieto, yo giré un poco mi cara y lo miré, estaba congestionado, me miró y de golpe lanzó su enorme mano a mi culo apretándolo, ah ¿qué hace, qué?

Me empujó sobre la encimera, sus dos manos casi me arrancaron los tirantes del vestido para liberar mis pechos y los estrujó sin la más mínima delicadeza mientras decía: vaya par de tetas tienes so pendón, oiga pero que… calla guarra, me trataba como una fulana jamás me habían hablado ni tratado así, pero la verdad es que estaba súper mojada, te vas a enterar de lo que es un tío y no tanto pijo medio maricón.

Se apartó un poco, se desabrochó los pantalones, y se la sacó mirándome, yo me quedé con la boca abierta, un pedazo de pene impresionante, gruesa con glande enorme y de unos 27 cm., no me pude contener. Me tomó por el pelo, me agachó y yo de rodillas me tragué como pude aquel cipote enorme, umm, ummm, chupaba sin cesar, estaba como yo y tuve un orgasmo salvaje notando como mis líquidos chorreaban por mis piernas como hacía años que no pasaba, él se tensó y con un gruñido anunció que estaba a punto.

Con un certero movimiento me la saqué y al tiempo me agaché para tomarla en mi mano masajeando su glande y chupándola hasta que explotó en unos chorros de caliente, espeso y abundante semen que caía en mi boca y yo tragaba con lujuria, dejé su polla completamente limpia, me levanté y relamiéndome el semen que me sobresalía por la comisura de mis labios, le solté una bofetada y le dije: es usted un bruto, váyase ahora mismo, ya recogeré yo todo esto.

Si he logrado ponerlos en clima como estuve yo, les pido voten mi “Historia”, creo la merece, un besito. Lucía.-
NTIMANDO CON EL CONSERJE II – Empezo un entrar y salir desgarrador en mi culo con sus manos en mis caderas y soltandome cachetes en mis nalgas, de nuevo volvia a ser una esclava a su servicio

INTIMANDO CON EL CONSERJE II Empezó un entrar y salir desgarrador en mi culo con sus manos en mis caderas y soltándome cachetes en mis nalgas, de nuevo volvía a ser una esclava a su servicio

Cuándo aquel hombre salió de casa me senté en una silla de la cocina, las piernas me temblaban y la cabeza no dejaba de dar vueltas, ¿qué locura había cometido, y si lo explicaba? ¿y mi marido? Uff no me podía creer lo que había hecho, como era posible que yo me hubiese dejado, y con ese bruto, pensando en todo esto me fui a la ducha, menos mal que mi marido no come en casa porque sino…
Me duché y salí envuelta en una toalla, sonó el timbre, que oportuno pensé, en fin me dirigí a la puerta y por la mirilla pude ver al portero, me quedé pensativa que hace aquí este tío, me huelo problemas, abrí un poco la puerta, ¿qué quiere? Mire señora se quedó esta bolsa al lado del coche, ¿quée? ¿Si se la dejo aquí? Si déjela, mire señora yo no sé que me ha pasado, es que usted, calle, calle, si pero es que yo… cállese que nos pueden oír, ya, pero yo quería decirle… schhhttttt, pase, le dejé entrar pues si no lo hago el tío suelta un discurso en el rellano, que quiere hombre no ve que le pueden oír, mire usted esto ha sido algo lamentable que jamás volverá a suceder, mire señora no se si ha sido muy lamentable para usted, pero para mí a estao de puta madre, oiga… ya, pero le quiero decir que yo soy un poco bruto, ya lo sé, pero en esto soy un señor y antes me dejo matar que comprometerla.

Ufff que descanso sentí al oír aquellas palabras, me relajé tanto que hasta él se dio cuenta, pero ¿se creía que iba a salir de aquí a contarlo al vecindario? No tanto, pero ha sido algo muy fuerte y me juego mucho entiéndalo, que si lo entiendo yo me juego el curro y tengo cuatro bocas que alimentar, no sé ni como me he atrevido a ponerle la mano encima señora, pero es usted tan… tan… tan… ¿qué? no se señora yo… lo de hablar no es lo mío, vamos que la miro y me pongo cachondo… y tengo un problema de súper producción de esperma, eso con perdón, pero bueno Julio. Lo siento señora no lo sé decir de otra manera, pero no me puede hablar así, además eso no es cierto, ¿el qué? Lo de que se pone… eso cuando me mira, ¿que noooo? ¿Y esto que es? Eh… y tomando por encima de sus pantalones su enorme tranca la meneó dejando ver que aquel bulto estaba duro como una piedra, madre mía… pero es usted un, un, un…

Mientras, mi vista estaba clavada en su paquete, él me miró con extrañeza y me dijo: lo siento señora, pero no puedo evitarlo, ya ve que no le miento, y al tiempo que decía esto se bajó la cremallera de su bragueta y se quedó quieto, pero al ver que yo estaba como hipnotizada, con la boca entreabierta y mis ojos mirando fijamente su entrepierna, siguió y se desabrochó el pantalón y de un golpe se lo bajó junto con el slip y aquel pollón grueso y largo salto, tieso como el acero, no me lo podía creer, ve como no le miento… sin querer me relamí los labios, hay madre mía esto no puede ser, no está bien, no, no y no.

Acercándome a él me agaché y de rodillas empecé a chupar la imponente verga, la chupaba con lujuria, me la tragaba hasta la garganta, tenía un glande enorme que me obligaba a abrir totalmente mi boca, él me tomó por los pelos y hacía ir mi cabeza adelante y atrás, entonces me detuve y levanté, me quedé un instante mirándolo a los ojos y tomándolo por una mano lo llevé hasta el salón, abrí un cajón y saqué un frasco que dejé encima de la mesa.

Me quité la mojada toalla quedándome completamente desnuda y me estiré en el sofá colocando una pierna en el respaldo y la otra en el suelo de forma que al estar tan abierta mi rajita quedó invitando a mi rudo amante que se apresuró a quitarse los pantalones, empezaba a dejar ir líquidos en cantidades poco usuales y el hombre sin parar de sorber y chupar con palabras inteligibles decía: joer que pasada, como se corre la cabrona, me puse un cojín en la cara para que apagara mis gritos mientras un orgasmo salvaje me venía, Julio tragaba mi enorme corrida sin parar de lamerme, levantó su cara y dirigiéndose a mis doloridos pechos empezó a chuparlos y a besarlos, esta vez con más delicadeza, me quité el cojín de la cara y lo miré, era suave y no me hacía daño, con una mano tomé el frasco de crema y con la otra apreté por la nuca, él lo entendió y enseguida me mordió un pezón arrancándome un grito, diossss… más…

Mientras me untaba de crema hidratante mi ano, me incorporé y poniéndome a cuatro patas de espaldas a él, le invité a metérmela por detrás, ¿está segura señora? Si, so cabrón fóllame el culo, y él apuntó a mi ano, por suerte fue prudente y conocedor del grosor de su instrumento fue con cuidado metiendo poco a poco su polla en mi culo, dolía, dolía mucho, pero mi pasión por sentir aquel enorme trozo de carne dentro de mi ano era más poderosa que el dolor, al fin de un golpe acabó de entrar toda, se quedó quieto un momento mientras yo recuperaba la respiración, al poco rato la empezó a sacar y cuando estaba a punto de salir yo empujé mi culo hacia atrás y me la volví a clavar, empezó un entrar y salir desgarrador con sus manos en mis caderas y soltándome cachetes en mis nalgas de nuevo volvía a ser una esclava a su servicio, yo mordía el cojín mientras mis orgasmos se sucedían sin parar y notaba como mis líquidos chorreaban por mi entrepierna como si me hubiese orinado.

El placer era infinito, notaba como mis jugos mojaban los enormes huevos de aquel hombre que a cada embestida golpeaban mi coño, de repente su respiración se aceleró y sus embestidas también, me tiré hacia adelante sacándomela y me giré quedándome su polla a la altura de mi cara, la tomé y empecé a chupar hasta que unos borbotones de caliente leche inundaron mi boca, chupé y tragué todo aquello, el semen se salía por la comisura de mis labios, acabó totalmente, pero yo como si de un instrumento de adoración se tratase seguía como abrazada a aquel pene y lo seguía lamiendo y pasando mi lengua en círculos por su glande, señora no siga, pero yo seguía, señora que no… puedo, pero yo cada vez más fuerte, señora quítese por favor…

Pero yo no la soltaba que me meo ostia…y yo chupé con más fuerza ¿está loca o qué? Que no me aguanto más… y su polla empezó a mear en mi cara, me caí de espaldas y él siguió su meada sobre todo mi cuerpo, toma guarra, eres la mejor zorra que he conocido, empapada de su orín me quedé en el suelo mientras el sé vestía y se iba diciéndome, a partir de ahora te quiero siempre sin bragas. Ya sabía lo que decía pues a partir de aquel día yo salía a comprar sin nada debajo, pero eso es otra historia.

Autor: Lucía

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DE POSTRE, MI CUÑADA

Publicado por fercho212 en Diciembre 25, 2008

DE POSTRE, MI CUÑADA Saqué mi rabo de su coño y follé su culo, me corría, saqué mi rabo y la regué con mi semen, mi cuñada abrió la boca para recibir mi leche, mientras se estremecía con su orgasmo

Mi cuñada es una mujer que no está nada mal: debe medir 1.57, es delgadita, pero con unas tetas muy generosas para su constitución física, y un culito pequeño, pero redondo y respingón, aunque tiene 41 años, viste moderno y con cierto look de tía con pasta.

Es bastante morena y el pelo, más bien corto, teñido color caoba, le da un aire muy interesante, y cierto morbo. Mi cuñada está separada, es profesora, y solemos coincidir en fiestas, comidas, cenas y en verano en la playa, me encanta verla en bikini y pasear con ella por la playa.

Observo que los hombres (en general con independencia de la edad) se fijan con frecuencia en ella y no me extraña, pues a mí, a mis 35 años, su bikini rosa y su piel bronceada, me resultan muy atractivos y sexy. Hace dos meses, mi mujer tuvo que pasar una semana por motivos de trabajo en el extranjero. El sábado yo me encontraba solo y muy aburrido, espontáneamente, me encontré llamando a mi cuñada e invitándola a cenar.

Ella, al principio, me dijo que tenía que corregir exámenes y que no le venía bien, le insistí con el argumento de una invitación en un excelente restaurante, parece que el asunto surtió efecto, pues aceptó, quedamos en que pasaría a recogerla por su casa a las 8.30.

Timbré y me dijo por el telefonillo que subiera, que estaba a punto de terminar de arreglarse. Me abrió la puerta, estaba estupenda: botas de tacón, unos pantalones claros, como de piel de serpiente, cuando se giró, advertí el inconfundible triangulito de un tanga en su trasero, una camisa negra con algo de transparencia, en definitiva, estaba súper-cachonda.

Me dijo que se estaba acabando de arreglar, que la esperara en el salón, me senté, encendí un cigarrillo, y encendí la música, sonaba una canción de Alejandro Sanz, apagué el cigarrillo y me dirigí al baño, donde ella se estaba maquillando, le dije.

–Cuñada ¿Te gusta esta música?

Me acerqué y me vio reflejado en el espejo, me coloqué tras ella, tomando su cintura y bailando. Para tener 41 años, tenía un cuerpo tentador, delgada pero con curvas. Ella se rió, tomé su mano y le quité el colorete, con el que se maquillaba sus mejillas, ella se reía. La giré hacia mí bailando, nos miramos, ella me miraba como sorprendida, pero, afortunadamente para mí, no enojada ni enfadada.

Acaricié su pelo color caoba, mientras, ya ella, se animaba a acompañarme en el baile, y acerqué a mi cuñada contra mí, mientras nos mirábamos le sonreí, acaricié su pelo y la besé, nuestros labios jugaban, mis manos en sus nalgas, las apreté contra mí, y empezaron nuestras lenguas a buscarse, y nuestras manos a buscar el cuerpo del otro.

Besé su cuello y su boca, empecé a desabrochar su camisa, mientras ella acariciaba, ya abandonada también al deseo sexual, todo mi cuerpo. La cogí de la mano y la llevé a su dormitorio, y mientras nos besábamos, sentados en la cama, le metí mano por sus piernas, su trasero, sus tetas.

Le quité el pantalón, mientras le decía que ella me lo quitara ahora a mí. Después me desabrochó la camisa. Ya estábamos los dos de rodillas en la cama, uno frente al otro, yo en slip y ella en un tanga, que ya había adivinado cuando me recibió en el hall, y se giró mostrándome su simpático trasero.
Yo estaba muy empalmado, desabroché su sujetador, de encaje negro, y mordisqueé, con suavidad sus pezones, ella estaba tumbada en la cama y cerraba los ojos, estirando las piernas a la vez, yo le decía:

-Cuñada estás muy bien, tantas veces en la playa deseé esto…

Ella se reía, y me recordaba alguna vez que le había puesto bronceador en la espalda. Mi slip ya me oprimía de la erección que tenía, quité su tanguita y me desembaracé de mi slip, que aprisionaba mi polla, ya dura por la excitación.

Ella me dijo que me tumbara boca arriba, su iniciativa me encantó, y además me puso más cachondo todavía, me relajé mientras ella, de rodillas a un lado, empezó a masturbarme con su mano, yo la miraba y ella puso un dedo delante de sus labios, haciendo el signo de silencio. Se llevó mi capullo a su boca y empezó a tragar mi polla, haciéndome unos masajes con la lengua, yo me estiraba de placer, la visión de sus ojitos me ponía más cachondo, de seguir así me correría en pocos minutos, de tal manera que me incorporé y le pedía que se tumbara ella.

Empecé a frotar su coño con mi mano, ella cerró los ojos y me dijo: “sigue eso me chifla”, la levanté por las caderas y acerqué su coño a mi boca, busqué con la lengua su clítoris, ella suspiró, mordisqueé y chupé su clítoris, mientras ella me decía que hacía tiempo que sabía que iba a pasar esto, que se había dado cuenta de cómo yo la miraba.

Aquello era demasiado, esa voz de gusto y sus ojos de placer me habían puesto cachondo como un burro, de tal manera que la puse a cuatro patas y me coloqué tras ella. Su trasero, pequeño pero redondo, sensual, prieto, era tentador, me fascinaba y empecé a mordisquear sus nalgas, mientras penetraba su coño desde atrás. Ella gemía y yo también, mientras agarraba firmemente sus caderas, mi cuñada me susurró:

-Tengo sed.

Fui a buscar una lata de cerveza y la coloqué en la mesilla con una pajita, de manera que ella estiraba el cuello y bebía, mientras desde atrás yo empezaba a penetrar su coño. Entre los gemidos y el absorber la pajita, mi cuñada, con esos sonidos, me ponía más cachondo todavía.

Mi polla ya prácticamente estaba toda dentro, entraba y salía de su chocho, la visión de esa postura, de ella estirándose para beber por la pajita, desencadenó en mí una agitación todavía mayor, de tal manera que empapé su culito con saliva y abrí primero camino con mi dedo. Mi cuñada se estremeció, y paró de chupar la pajita para decirme, entre gemidos:

-No seas bruto despacito, por favor, despacito.

Yo, a punto de explotar, saqué mi rabo de su coño y empecé a follar su culo, mientras mi cuñada chupaba la pajita de la bebida, como si de una polla se tratase. Ya no podía más, mi polla estaba a punto de explotar, yo gemía de gusto y mi cuñada movía las caderas adelante y a atrás, mientras decía:

-Es para ti, cuñado, mi culo es para ti, fóllame cariño, fóllame.

Esto era demasiado, ya me iba a correr, saqué mi rabo de su culo y la tumbé en la cama, boca arriba. Me puse de rodillas encima de ella y empecé a regarla con mi esperma, mientras mi cuñada se frotaba el clítoris y gritaba:

-Me viene, hummmmmmmmm…

Mi cuñada abrió la boca para recibir mi leche, mientras se estremecía con su orgasmo.

Fue una noche inolvidable, no hemos vuelto (por ahora)a repetirlo, pero entre mi cuñada y yo, hoy en día hay unas miradas de gran complicidad…

Gracias por leer mi relato, espero les haya dado “calor”, y aguardo que comenten, gracias…

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PRUEBAS DE SU INFIDELIDAD

Publicado por fercho212 en Diciembre 25, 2008

PRUEBAS DE SU INFIDELIDAD Vi que la enorme verga, del ingeniero, se introducía lentamente en su vagina, gritaba de placer, no le importó a la muy puta si había en ese momento hombres en el baño

Soy un hombre casado con una hermosa mujer diez años menor. Como yo, ella también es una profesionista con una vida social muy activa. Hace no mucho descubrí, no sin sentir dolor en mi orgullo de hombre ofendido, que mi esposa, durante nuestro matrimonio ha tenido muchos amantes. ¿Cómo lo descubrí?, en realidad creo que fue a partir de la ocasión que voy a compartirles.

En una oportunidad, le pedí a mi esposa que me acompañara a una cena-baile, de la empresa en donde trabajo. Quería que se pusiera bonita para dar una buena impresión a mis compañeros de trabajo.

Esa noche, vi que se aplicó especialmente en su arreglo. Se maquilló muy bien y se puso un vestido que dejaba al descubierto su espalda y apenas cubría sus pechos con una tela tan fina, que se notaban sus pezones embelleciendo su anatomía firme y sensual. El escote era pronunciado, prácticamente hasta la cintura. Me di cuenta que no se puso bragas, solo una finas pantimedias, que no impedían que sus curvas se perfilaran delicadamente a lo largo de su cuerpo.

Salimos, le abrí la portezuela del coche y me ofreció una visión impresionantemente bella de sus largas y bien formadas piernas. La verdad me sentía excitado con mi esposa y pensé decirle que mejor nos quedáramos en casa, pero rechacé la idea.

Al llegar al evento, hice las presentaciones correspondientes y vi que el ingeniero Gómez, miraba fijamente el cuerpo de mi esposa cuando se quitó el abrigo. Un poco molesto por esa mirada insistente, decidí tranquilizarme para no hacer nada que pudiera afectar mi trabajo.

Durante la cena noté una pronunciada coquetería de Beatriz hacia el ingeniero Gómez. Le sonreía y descaradamente le tocaba las manos y no hacía esfuerzos por ocultar sus pechos cuando se abría, como por descuido, el escote de su vestido. Yo estaba ahí, pero como si no estuviera. Estaban enfrascados en una intensa plática y yo sentía que estaba de más. Sufrí un golpe a mi ego. No podía hacer nada porque, el ingeniero es una persona crucial para mi contrato en esa compañía.

Después de la cena, el ingeniero se puso de pie y sin dirigirme la mirada me pidió bailar con mi esposa, con desdén y asumiendo de antemano que no había duda de que bailaría con ella. En la pista de baile, vi que la tomó descaradamente de la cintura y poniendo su mano en la desnudez de su espalda empezó a moverse pegando su pelvis en el vientre de mi esposa. Sentí la mirada comprensiva de los compañeros, el ingeniero hacía gala de su poder, acariciando delante de todos a mi esposa.

Sentí una corriente de dolor, cuando el ingeniero se acercó a su cara y empezó a besarle el cuello y los lóbulos de las orejas. Mi esposa, sin recato y sin importarle que me estaba haciendo quedar en ridículo con mis compañeros, le rodeó su cuello con sus finos y hermosos brazos. No pude dejar de notar la sortija de matrimonio brillando en sus finas manos, que ahora abrazaban a otro hombre. Más dolor sentí cuando observé que con movimientos sensuales, su vientre acariciaban el pene del ingeniero. No pude resistirlo, salí un poco del lugar y me dirigí al sanitario. Allí, me senté en unos de los cubículos y encendí un cigarrillo pensativo y triste. No sabía que hacer. En eso estaba, cuando entraron dos de mis compañeros que no se dieron cuenta que me encontraba ahí. En eso palidecí al escuchar sus comentarios:

- ¿Ya viste el culo de la esposa que tiene el cabrón de Juan José? – Sí, está cachondísima la vieja. Mamacita, yo no le perdonaba una buena cogida.

- Puta, ni yo. ¿Te fijaste en el vestido que trae? No deja nada a la imaginación. No digas, casi anda encuerada, se le ven todas las tetas y de cincho que no trae ni calzones. Está buenísima. Si hoy no hay nada, me haré una pajas nomás acordándome de lo buena que está.

- La verdad me da lástima con el Juan José, hasta se me paró la verga nomás de ver como se la está fajando el ingeniero. ¿Te fijaste que la trae muy caliente? – Si se ve que es una vieja putísima. De seguro se la va a coger el inge antes de que se termine la fiesta.

Al salir los compañeros, sintiendo un coraje tremendo, volví al salón, decidido a llevarme a Beatriz a casa aunque fuera a la fuerza. Pero, me llevé una sorpresa porque no estaba en la pista de baile. Nadie me supo decir en dónde estaba. La gente con pena me decía que la esperara, que pronto regresaría, que seguramente estaba en el aseo.

Salí a buscarla, pero me quedé petrificado cuando vi que un pasillo contiguo a los sanitarios de hombres, estaba el ingeniero y mi Beatriz. Ella tenía las tetas afuera y el ingeniero se las mamaba y acariciaba, mientras Beatriz le agarraba su tremendo pene, acariciándole de arriba abajo. Dios mío, pensé, ¿será capaz de cogerse a mi esposa, que hasta ese momento la consideraba una mujer fiel y recatada, casi a la vista de todos?

Me metí al baño, sin atreverme a interrumpir la escena. Me sentía mareado de impotencia y emociones encontradas. En eso, sentí que la puerta se abrió y entró mi esposa y el ingeniero a uno de los cubículos y con apresuramiento lo cerraron. Me quedé boquiabierto, no podía pensar ni actuar, estaba paralizado de coraje y decepción. La libertina ni siguiera me vio cuando se metió con el ingeniero en el pequeño espacio.

Me asomé disimuladamente y con cuidado por encima del cubículo del toilet. Vi que mi esposa le acariciaba el tremendo instrumento. Evidentemente mucho más grande que el mío. Se lo empezó a mamar, y pensé que a mí se resiste a mamarme la polla, siempre con pretextos. Se lo metía hasta la garganta y gemía de placer. Claro vi cuando los chorros de semen la inundaban, prácticamente se tragó todo su contenido y solo pude ver grandes gotas blancas en sus finos labios. Se desabrochó su vestido y se sentó en el toilet abriendo las piernas, suplicándole al ingeniero que le mamara el clítoris.

No ocultó los gritos de su orgasmo. Claramente escuché que le comentaba que nadie la había hecho sentir orgasmos tan intensos. El ingeniero le preguntó si conmigo y ella dijo, con él menos que con nadie. Palabra que eso me sigue taladrando mi orgullo de hombre.

En esa posición vi que la enorme verga, del ingeniero, se introducía lentamente en su vagina. Gritaba de placer, mmmásssss, másssss, me vengo, que riccooooo, me encanta que me cojjjaaaan assiiiii, me encantan las vergasss, no como la de mi mariddodoo, mássss, másss. No le importó a la muy puta si había en ese momento hombres en el baño.

Cambiaron de posición y observé que abría las piernas para recibir ese impresionante instrumento. Me parecieron siglos, en mi interior deseaba que ya pasara el tiempo y yo, sin poder moverme me tragaba mi dolor.

Al terminar de follar regresaron al salón, al poco tiempo llegué y me encontré con una cínica expresión de alegría en la bellísima cara de mi esposa. ¿En dónde estabas Juan José? Te andaba buscando para bailar, mi amor. Me dijo. Cielo santo, qué descarada y puta, se veía. Qué cínico comentario me estaba haciendo, cuando todos sabían que acababa de ser cogida por el ingeniero.

Volvimos a casa. Me di cuenta que mi esposa iba sin medias y, totalmente desnuda por debajo del vestido. Me dijo, querido me encantaron tus compañeros. Al llegar a casa, la busqué para comprobar su infidelidad, pero ella se volteó y me dio un amigable beso en mi mejilla diciendo que esa noche ya estaba muy cansada.

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