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PRUEBAS DE SU INFIDELIDAD

Publicado por fercho212 en Diciembre 25, 2008

PRUEBAS DE SU INFIDELIDAD Vi que la enorme verga, del ingeniero, se introducía lentamente en su vagina, gritaba de placer, no le importó a la muy puta si había en ese momento hombres en el baño

Soy un hombre casado con una hermosa mujer diez años menor. Como yo, ella también es una profesionista con una vida social muy activa. Hace no mucho descubrí, no sin sentir dolor en mi orgullo de hombre ofendido, que mi esposa, durante nuestro matrimonio ha tenido muchos amantes. ¿Cómo lo descubrí?, en realidad creo que fue a partir de la ocasión que voy a compartirles.

En una oportunidad, le pedí a mi esposa que me acompañara a una cena-baile, de la empresa en donde trabajo. Quería que se pusiera bonita para dar una buena impresión a mis compañeros de trabajo.

Esa noche, vi que se aplicó especialmente en su arreglo. Se maquilló muy bien y se puso un vestido que dejaba al descubierto su espalda y apenas cubría sus pechos con una tela tan fina, que se notaban sus pezones embelleciendo su anatomía firme y sensual. El escote era pronunciado, prácticamente hasta la cintura. Me di cuenta que no se puso bragas, solo una finas pantimedias, que no impedían que sus curvas se perfilaran delicadamente a lo largo de su cuerpo.

Salimos, le abrí la portezuela del coche y me ofreció una visión impresionantemente bella de sus largas y bien formadas piernas. La verdad me sentía excitado con mi esposa y pensé decirle que mejor nos quedáramos en casa, pero rechacé la idea.

Al llegar al evento, hice las presentaciones correspondientes y vi que el ingeniero Gómez, miraba fijamente el cuerpo de mi esposa cuando se quitó el abrigo. Un poco molesto por esa mirada insistente, decidí tranquilizarme para no hacer nada que pudiera afectar mi trabajo.

Durante la cena noté una pronunciada coquetería de Beatriz hacia el ingeniero Gómez. Le sonreía y descaradamente le tocaba las manos y no hacía esfuerzos por ocultar sus pechos cuando se abría, como por descuido, el escote de su vestido. Yo estaba ahí, pero como si no estuviera. Estaban enfrascados en una intensa plática y yo sentía que estaba de más. Sufrí un golpe a mi ego. No podía hacer nada porque, el ingeniero es una persona crucial para mi contrato en esa compañía.

Después de la cena, el ingeniero se puso de pie y sin dirigirme la mirada me pidió bailar con mi esposa, con desdén y asumiendo de antemano que no había duda de que bailaría con ella. En la pista de baile, vi que la tomó descaradamente de la cintura y poniendo su mano en la desnudez de su espalda empezó a moverse pegando su pelvis en el vientre de mi esposa. Sentí la mirada comprensiva de los compañeros, el ingeniero hacía gala de su poder, acariciando delante de todos a mi esposa.

Sentí una corriente de dolor, cuando el ingeniero se acercó a su cara y empezó a besarle el cuello y los lóbulos de las orejas. Mi esposa, sin recato y sin importarle que me estaba haciendo quedar en ridículo con mis compañeros, le rodeó su cuello con sus finos y hermosos brazos. No pude dejar de notar la sortija de matrimonio brillando en sus finas manos, que ahora abrazaban a otro hombre. Más dolor sentí cuando observé que con movimientos sensuales, su vientre acariciaban el pene del ingeniero. No pude resistirlo, salí un poco del lugar y me dirigí al sanitario. Allí, me senté en unos de los cubículos y encendí un cigarrillo pensativo y triste. No sabía que hacer. En eso estaba, cuando entraron dos de mis compañeros que no se dieron cuenta que me encontraba ahí. En eso palidecí al escuchar sus comentarios:

- ¿Ya viste el culo de la esposa que tiene el cabrón de Juan José? – Sí, está cachondísima la vieja. Mamacita, yo no le perdonaba una buena cogida.

- Puta, ni yo. ¿Te fijaste en el vestido que trae? No deja nada a la imaginación. No digas, casi anda encuerada, se le ven todas las tetas y de cincho que no trae ni calzones. Está buenísima. Si hoy no hay nada, me haré una pajas nomás acordándome de lo buena que está.

- La verdad me da lástima con el Juan José, hasta se me paró la verga nomás de ver como se la está fajando el ingeniero. ¿Te fijaste que la trae muy caliente? – Si se ve que es una vieja putísima. De seguro se la va a coger el inge antes de que se termine la fiesta.

Al salir los compañeros, sintiendo un coraje tremendo, volví al salón, decidido a llevarme a Beatriz a casa aunque fuera a la fuerza. Pero, me llevé una sorpresa porque no estaba en la pista de baile. Nadie me supo decir en dónde estaba. La gente con pena me decía que la esperara, que pronto regresaría, que seguramente estaba en el aseo.

Salí a buscarla, pero me quedé petrificado cuando vi que un pasillo contiguo a los sanitarios de hombres, estaba el ingeniero y mi Beatriz. Ella tenía las tetas afuera y el ingeniero se las mamaba y acariciaba, mientras Beatriz le agarraba su tremendo pene, acariciándole de arriba abajo. Dios mío, pensé, ¿será capaz de cogerse a mi esposa, que hasta ese momento la consideraba una mujer fiel y recatada, casi a la vista de todos?

Me metí al baño, sin atreverme a interrumpir la escena. Me sentía mareado de impotencia y emociones encontradas. En eso, sentí que la puerta se abrió y entró mi esposa y el ingeniero a uno de los cubículos y con apresuramiento lo cerraron. Me quedé boquiabierto, no podía pensar ni actuar, estaba paralizado de coraje y decepción. La libertina ni siguiera me vio cuando se metió con el ingeniero en el pequeño espacio.

Me asomé disimuladamente y con cuidado por encima del cubículo del toilet. Vi que mi esposa le acariciaba el tremendo instrumento. Evidentemente mucho más grande que el mío. Se lo empezó a mamar, y pensé que a mí se resiste a mamarme la polla, siempre con pretextos. Se lo metía hasta la garganta y gemía de placer. Claro vi cuando los chorros de semen la inundaban, prácticamente se tragó todo su contenido y solo pude ver grandes gotas blancas en sus finos labios. Se desabrochó su vestido y se sentó en el toilet abriendo las piernas, suplicándole al ingeniero que le mamara el clítoris.

No ocultó los gritos de su orgasmo. Claramente escuché que le comentaba que nadie la había hecho sentir orgasmos tan intensos. El ingeniero le preguntó si conmigo y ella dijo, con él menos que con nadie. Palabra que eso me sigue taladrando mi orgullo de hombre.

En esa posición vi que la enorme verga, del ingeniero, se introducía lentamente en su vagina. Gritaba de placer, mmmásssss, másssss, me vengo, que riccooooo, me encanta que me cojjjaaaan assiiiii, me encantan las vergasss, no como la de mi mariddodoo, mássss, másss. No le importó a la muy puta si había en ese momento hombres en el baño.

Cambiaron de posición y observé que abría las piernas para recibir ese impresionante instrumento. Me parecieron siglos, en mi interior deseaba que ya pasara el tiempo y yo, sin poder moverme me tragaba mi dolor.

Al terminar de follar regresaron al salón, al poco tiempo llegué y me encontré con una cínica expresión de alegría en la bellísima cara de mi esposa. ¿En dónde estabas Juan José? Te andaba buscando para bailar, mi amor. Me dijo. Cielo santo, qué descarada y puta, se veía. Qué cínico comentario me estaba haciendo, cuando todos sabían que acababa de ser cogida por el ingeniero.

Volvimos a casa. Me di cuenta que mi esposa iba sin medias y, totalmente desnuda por debajo del vestido. Me dijo, querido me encantaron tus compañeros. Al llegar a casa, la busqué para comprobar su infidelidad, pero ella se volteó y me dio un amigable beso en mi mejilla diciendo que esa noche ya estaba muy cansada.

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MI PRIMA, MI HERMANO Y Y

Publicado por fercho212 en Diciembre 10, 2008

MI PRIMA, MI HERMANO Y YO Mi prima comenzó a cabalgar la verga de mi hermano. Veía la cara de gusto de Mónica, sus tetas bailando al vaivén y su coñito metiéndose en el nabo de Juanje hasta llegar a los huevos

Hola, soy Eva y les voy a relatar lo que sucedió con mi hermano, una prima y yo. Como saben, yo hago el amor con mi hermano y hace unos días le propuse que si quería tener a dos mujeres con las que hacerlo. Al principio a él le extrañó el ofrecimiento pero, al decirle que esa otra chica era nuestra prima Mónica, a él se le ilumino la cara…

-Te gusta el trato, Juanje? -Si ya lo creo Eva… mmm… dos mujeres para mí.

A mí también me gustó la idea y no estaba nada preocupada al fin y al cabo, la otra mujer era nuestra prima. Un sábado por la mañana lo preparamos todo. Ella vino por la tarde, estuvimos cenando y luego nos pusimos a ver la tele. Entonces le guiñé un ojo a mi hermano para que supiese que era el momento de iniciar el juego.

Nos fuimos al dormitorio del ordenador y empezamos a mirar páginas. Al principio, solo fueron páginas normales pero poco a poco, comenzamos a ver páginas de sexo. Miré a mi prima y creía que ella iba a salir de allí, pero no, se quedó mirándolas y incluso nos pidió que les enseñáramos más. Al cabo de un rato, tanto mi hermano como yo, comenzamos a ponernos calientes. Miramos a nuestra prima y vimos como de vez en cuando, ella también se tocaba entre las piernas y las tetas. Viendo que ella estaba casi preparada, mi hermano saco un juego en una página y nos dijo…

-Oye chicas, ¿queréis jugar a este juego? Yo ya sabía cual era pues él y yo ya habíamos jugado varias veces pero, mi prima lo desconocía así que le dijo… – ¿De que se trata? – preguntó – Es un juego que me han dicho es muy divertido – contestó – ¡es el strip-poker!

Hubo unos segundos de silencio…

- ¿Que es eso? – preguntó intrigada mi prima – ¡Muy fácil! – respondió eufórico Juanje. Es un juego de cartas… ¿tú no has oído hablar de el, Mónica? -Si, si se que es el póker… -Pues eso prima, es igual que el póker pero, con la diferencia que si se pierde hay que quitarse un prenda… -¿Desnudarse… -Eso es. Cuando se pierde pues la chica del ordenador se quita una prenda…

Yo para calentar más el ambiente, le dije a mi hermano que yo estaba de acuerdo.

Otro silencio…

- ¿Tú estás loco? – le dijo mi prima. – Estás de broma, ¿verdad? – le dijo de nuevo.

- Y ¿por qué no? , ya nos conocemos hace tiempo como para asustarnos, creo yo. – contestó muy convencido.

-Si Mónica, además es solo un juego… -Ya lo se Eva… pero es que… – Mira, Mónica, para que veas, yo os dejo ser las jefas y cuando lo deseéis, paramos el juego y no se hable más, pero creo que podríamos intentarlo, puede ser divertido.

Después de un rato…

-De acuerdo, vamos a jugar… -Muy bien, prima… ¿jugamos aquí en el ordenador o nosotros tres solos? Y cuando creía que iba a decir allí mismo, mi prima le dijo… -No Juanje, vamos a jugar los tres solos, con cartas de verdad… -Muy bien… así será más divertido…

Pusimos unas mantas en el suelo, unos cojines y nos pusimos a jugar. El juego empezó sin mayor trascendencia y fue yo la primera que perdí. Sonreí, me puse en pie y me quité uno de las sandalias de tacón que llevaba, mientras la hacia girar en mi mano cantando el ¡tariro, tariro! La cosa era divertida, mucho más que una partida de trivial. A todos nos producía aquello una risa nerviosa.

El juego se puso más interesante cuando Mónica se tuvo que quitar una prenda a elegir Después de soltarme todos los botones y continuando con aquel baile, me puse de espaldas y me fui bajando el vestido que fue cayendo por mi espalda, hasta dejarlo caer al suelo.

Mi ropa interior era blanca y ajustadita. Me di la vuelta y Juanje se quedó con la boca abierta. Posiblemente esté mal que yo lo diga, pero estoy bastante bien, al menos el cuerpo me gusta cuidarlo y resaltarlo. Me tumbé recostada con cierta sensualidad y continuamos jugando.

Siguiente jugada y de nuevo, perdió mi hermano, así que se quitó los pantalones. Se fue bajando la cremallera de la bragueta poco a poco, y dándose la vuelta y sacando el culete se despojó de los pantalones. Llevaba unos calzoncillos de raso que yo le regalé de tipo boxeador, negro ajustado, modernillo, y que tenía debajo un paquete enorme. Yo creo que estaba empalmado. Miré hacia mi prima Mónica y le sonreí.

Después me perdí yo de nuevo y tenia que quitarme otra prenda y solo tenía dos opciones: quitarme las braguitas o el sostén, y fue por este último por el que me decidí. Siguiendo el ritmo me llevé las manos a la espalda, solté el broche y me saqué el sujetador de los brazos aguantándolo sobre mis pechos. Todos querían verme las tetas y levanté de golpe mis brazos, cayendo el sostén al suelo y dejándose ver mis tetas botando. No son excesivamente grandes, pero si bien puestas. Yo se que a mi hermano le encantan, le entusiasman, no había más que verle la cara.

Seguimos jugando y esta vez perdió mi prima. Nosotros dos, queríamos saber si mi prima continuaría con el juego o simplemente se rendía pero no, decidió seguir el juego. Se quitó muy despacio su ajustado pantalón, y enseñando sus bonitas piernas, ya que Mónica es muy hermosa, con una cara muy dulce, pelo largo rubio, labios carnosos, grandes tetas, cinturita, buenas caderas y espectaculares piernas. Mi hermano no le quitaba ojo, y no era de extrañar y aunque algunas veces la había visto en ropa interior nunca había tenido la oportunidad de verla tan cerca y eso, lo calentó mucho. Nos hizo a los dos un baile erótico en el centro de las mantas y se quedó solo con su ropita interior rosa.

Otra jugada y de nuevo perdí yo… si, es que no soy muy buena jugando. Bueno, ya solo quedaba quitarme la única prenda que llevaba: mis braguitas blancas, que ya se empezaban a humedecer con aquel ambiente. Me puse en el centro, y girando sobre mi misma, me fui bajando las bragas lentamente, enseñando mi culito, mis caderas, dejándolas bajar por mis muslos, por mis rodillas y…. ¡zas! me las saqué.

- ¡Guau! – dijo mi hermano Juanje.

Mi cuerpo que yo cuidaba a base de mucha gimnasia estaba muy bien proporcionado, y aún continúa estándolo, me cuido mucho y me gusta lucirme, un pelo moreno, largo y liso, boca muy sensual, tengo bonitas tetas, bonitas piernas y culo redondo y respingón. Mi hermano y mi prima disfrutaron de mi desnudez. Me volví a mi cojín y me senté de lado dejando a la vista mi sexo con las piernas ligeramente entreabiertas. Noté como a Juanje le crecía su ya dilatado paquete bajo el slip negro. A mi me encantaba ponerle cachondo.

A continuación mi hermano Juanje fue el siguiente en despojarse de su única prenda el calzoncillo, que se bajó también lentamente ante la mirada de todos y al hacerlo saltó su pene supererecto, botando sobre aquel calzoncillo, se le notaba muy excitado, quizás por mi baile o por el de mi prima. Mónica me miró sonriente, se iba animando paso a paso y tetas. Juanje se ponía bizco, mirando aquellas tetas. Pero lo bueno es que ella siguió desnudándose sin importarle ya el juego, así que siguió con su particular strip-tease. A mi hermano, Juanje, se le ponía su verga como a un toro mientras la sensualidad de Mónica nos electrizaba a los dos. Tras unos pases por delante de cada uno de nosotros, prácticamente se arrancó las bragas dejando ver a todos a una preciosa mujer completamente desnuda.

-Preciosa… Tía buena! – le gritó mi hermano.

Que guapa estaba, con una carita tan dulce, con aquel cuerpo moreno, tan cuidado, sus bonitas tetas, sus largas piernas, su vientre liso y con el vello del pubis bien recortadito. No era de extrañar que mi hermano estuviera como un lobo.

Después de quedarnos en pelotas los tres dijo mi prima…

- ¿Y ahora que…?

Entonces, me eché sobre mi hermano y comenzamos a besarnos y a manosearnos los cuerpos. Mi prima al ver aquello, se quedó alucinada pero luego, se unió. Allí en las mantas estábamos tres cuerpos desnudos revolcándose, tocándose, besándose en fin una orgía sin control. De pronto, mi hermano le dijo a mi prima…

-Mónica, ¿quieres hacerme una cosa…?… es que lo estoy deseando -Bueno… primo…

Hubo unos segundos de silencio y al fin dijo:

- ¿Que quieres…? -preguntamos las dos.

Y mirando con ardiente deseo a Mónica le dijo:

-¡Que me hagas una buena mamada! – ¿Queee? – saltó Mónica asustada mirando su empinada verga. – Pues que quiero que me la chupes, eso es lo que quiero. – respondió.

Mónica no podía creerlo y yo tampoco, ya que no nos lo esperábamos tan pronto. Ella se quedó sin palabras con la proposición de mi hermano. Yo, la verdad, es que sí deseaba que se la chupase a mi hermano, quería verle disfrutar con mi prima, con su hermosura y con sus labios.

-Joder Juanje, primo… tú sabes lo que me estás pidiendo… -Pues claro que lo sé, además tengo unas ganas…

Entonces, yo para calmar a mi prima, la abracé y le dije que tranquila que no pasaba nada y que además se le veía en la cara que lo estaba deseando de como le miraba a mi hermano su verga.

Mónica no podía creer lo que estaba ocurriendo pero, se levantó, acercándose hasta mi hermano, se arrodilló frente a él, se abalanzó sobre la erguida verga y la cogió con su mano suavemente. Mónica me dirigió una mirada a modo de aprobación y yo que estaba muy cachonda asentí.

Se retiró su rubio pelo hacia atrás y comenzó a chupar los huevos de mi hermano con frenesí, mientras con su mano subía y bajaba aquel nabo tieso. A continuación y cogiéndolo por la base, empezó a besar y a chupar por todo lo largo de aquel poste, para luego dar pequeños besitos en el glande, mientras con su otra mano acariciaba el pecho de Juanje y él acariciaba el cabello de ella. Mónica siguió besando el capullo mientras le sonreía con cierta picardía, y sacó su lengua para chupar con mayores ganas. En ese momento yo sentía entre celos, rabia, excitación, de ver aquella escena en la que mi prima le comía le chupaba la verga a mi hermano, algo que nunca me había sucedido.

De repente Mónica bordeó con sus carnosos labios la punta de aquel nabo y empezó a subir y a bajarlos suavemente hasta que llegó el momento de metérsela hasta dentro. Él daba grititos de placer a modo de manos y esparciéndose la leche por todo su cuerpo y relamiéndose los labios con la lengua, mientras el pene de Juanje seguía lanzando su leche y dando pequeños espasmos de placer. La escena era muy excitante, viendo a Juanje resoplando con la cabeza hacia atrás, su pene convulsionado, mientras Mónica seguía con los ojos idos, magreándose y luciendo su cuerpo brillante de aquel esperma.

De verdad que aquella mamada, hizo que yo me pusiese aún más caliente, sobándome las tetas y metiendo mis dedos dentro de mi raja, haciéndome una paja de campeonato.

- Y ahora… – comentó, mi prima haciendo una pausa.

Los dos me miraron con expectación. Y solté:

-Quiero que Juanje y tú me chupéis ¡entera…!

A Juanje le gustó muchísimo la idea pues, le encantaba chuparme mis tetas y mi chocho que en ese momento lo tenía al rojo vivo de tanta excitación. Y mi prima pareció que también le gustó la idea, ya que en un momento se me acercaron para obedecer mi petición. Ellos dos empezaron a lamer mis piernas con sus lenguas. Primero Juanje me chupaba por entre mis rodillas por delante y Mónica me besaba por detrás de mis muslos. Aquello era sensacional, ya que no me habían chupado dos personas a la vez. A continuación Juanje me besó el ombligo y me lamió los brazos, la cintura, las tetas y el cuello.

Mónica seguía en mi espalda y de pronto bajó hasta mi culo concentrando su lengua en mi agujero. Yo me estremecí y sentí un escalofrío que me hizo tambalear. Mi hermano que era un experto en chuparme el coño, no tardó en bajar hasta él y besarlo y chuparlo como si comiera un dulce, metió su lengua y mi clítoris rozó sus labios. Todo pasaba muy deprisa. Mientras uno me lamía el culo y el otro el coño, me acariciaban a lo largo de mi cuerpo, poniéndome el vello erizado. No pude aguantar y me corrí de repente, acariciando sus cabezas a modo de gratitud. Tuve un orgasmo largo y profundo.

Todo mi cuerpo se sentía extraño, pero aún sentí mayor excitación con solo recordarlo deseando ser penetrada por una verga bien cargada.

Todos mis deseos se hicieron realidad cuando mi hermano me dijo…

-Vamos Eva, quiero comerte entera de nuevo, quiero que me comas tú a mí y quiero que hagamos el amor como nunca lo hayamos hecho!

La onda expansiva de aquella frase se reflejó en la cara de mi prima. Yo alucinaba, ya que es lo que más deseaba en ese momento. La cara de Mónica era un poema y no tardó en decir…

-¿Que…?que vais a hacerlo… los dos juntos…?… ¿Cómo va a ser eso…?

Después yo le conté a mi prima que lo hacíamos desde hace un tiempo. A ella se le quedó una cara de sorprendida. No atinaba a decir nada más. Le dijimos que ese seria nuestro secreto y asintió con la cabeza. Entonces, mi hermano le dijo…

-Y no te preocupes Mónica, que luego vas a ir tú… ¿o no quieres…?

Se quedó un poco callada, lo miró y le dijo…

-Pues si, ya que más da… por supuesto que tienes que hacerlo conmigo

Así que nos juntamos mi hermano y yo en las mantas y…

-Eva, ¡pero que buena estás! – me dijo sin dejar de contemplarme.

Me agarró por la cintura, me apretó contra él chocando mis tetas por debajo de su fornido pecho, su verga en erección golpeó cerca de mi ombligo y en un apasionado abrazo inclinó su cabeza susurrándome al oído un sensual y cariñoso: ¡te deseo! … y comenzó poderme contener lancé un gritito de placer.

-¡Ahhhhhhhhhhhh… Juanjeee… que gusto me das!

Él seguía en su labor de chuparme todo el coño con sus labios y lengua, yo le introducía los dedos en su ensortijado cabello negro. Notaba los latidos de mi corazón en mí clítoris, notaba su lengua como se habría entre mis labios vaginales, como si estuviera buscándome todos los rincones del placer, hasta que de pronto sentí en mi interior una ola de calor y gusto que nunca había sentido, produciéndose en mí un monumental orgasmo que deje llevar con gemidos profundos. Se incorporó y nuestras lenguas volvieron a juguetear mientras nos abrazábamos y acariciábamos.

Ahora me tocaba a mí. Fui bajando con mi lengua por su cuello, le mordisqueé en los fornidos hombros, le acaricié los potentes brazos, le chupé las tetillas y con mis manos iba bajando por su espalda, salté sus genitales y seguí besando, chupando y mordiendo sus muslos, sus rodillas, sus gemelos, subí por detrás hasta llegar a su culo, lamiendo aquellas sabrosas y duras posaderas.

Me puse de nuevo frente a Juanje a la altura de su aparato, subí la mirada hasta sus ojos, le sonreí y empecé a besuquear aquel nabo enorme. Primero lo hice suavemente jugueteando con mi lengua y dando pequeños golpecitos del glande contra mis suaves labios. Arrastré mi lengua por toda su longitud, recorriendo de arriba a abajo notando sus dilatadas venas, mientras con mis uñas le arañaba por detrás de sus muslos y por su culo. De golpe, me metí aquella verga en la boca. Ahora era él quien acariciaba mi negro cabello, mientras soltaba resoplidos de gusto cerrando los ojos. Yo seguía intentando comerme aquel tronco una y otra vez, adentro y afuera de mis carnosos labios.

Mi saliva lubricaba aquel pene, hasta que repentinamente él me tiró del pelo separándome de su sexo, evitando correrse. Yo para entonces ya estaba como una moto y deseaba ser penetrada por aquel potente hombre. Juanje me cogió por la cintura como si yo no pesara nada y con su extremada fuerza, pero con suma delicadeza, me trasladó hasta la mesita de madera que estaba frente al sofá, justo a los pies de nuestra prima. Era alucinante, mi hermano, quería colocarse cerca de ella para que viera bien la operación de como me cogía. Para entonces a ella se le veía muy excitada.

Me tumbó boca arriba en aquella reducida mesita, me agarró por los muslos y puso mi chocho al borde de la pieza. Cogió su pene por la base y acercó su punta hasta mi húmeda caverna. Paseó ligeramente arriba y abajo su glande por mi raja, mientras yo me sobaba mis tetas que apuntaban al techo.

- ¡Mmmmmm, métemela, métemela! – gemía yo.

Sabía dar gusto a una mujer, esperando el momento propicio. Sonrió maliciosamente mirando a Mónica. Entonces empecé a sentir un gusto extraordinario. Aquel enorme tronco fue entrando en mi cuerpo de nuevo. Me penetró: un centímetro, dos, tres, cuatro…., yo me estremecía,… ocho, nueve, diez…, aquello no acaba nunca, dieciséis, diecisiete, dieciocho, diecinueve…, no sé cuanto medirá porque no lo he hecho todavía pero os juro que es sensacional.

La sentía en mi interior y como mi coñito se adaptaba relamiendo su largura. De repente entró entera dentro de mí, sintiendo sus huevos chocar en mis glúteos. Nunca había sentido tanto placer por todo lo largo de mi cuerpo.

- ¡Ahhhhhhhhhhhh, uuuuuuuuffff! – gritaba como loca. Deseaba correrme mientras acariciaba su tórax y sus abdominales tensados. Nuestros cuerpos sudaban y brillaban uno pegado al otro.

Nunca me había ocurrido: tuve más de siete u ocho orgasmos seguidos y muy profundos. Nunca me habían cogido de esa manera ni me habían hecho gozar como lo hizo aquel día, quizás fue así al tener a mi prima allí al lado mirándonos lo cual nos hizo estar aún más excitados que de costumbre

Después de un rato, le tocó el turno a mi prima Mónica. Mi hermano se sentó en el sofá, ella, se subió a él de rodillas, pasó una pierna a cada lado del cuerpo de él. Mientras yo le cogí la verga a mi hermano, la apunté hacia el chocho de mi prima y se la ensartó…

-Juanjeee… aaauuuhhh… -Así Monicaaa… mmm… metetelaaa… toda entera…

Mi prima comenzó a cabalgar la erguida verga de mi hermano. La vista era muy espectacular, primero la cara de gusto de Mónica con sus ojos cerrados, sus tetas bailando al vaivén, su cinturita sudorosa y su coñito metiéndose en el nabo de Juanje hasta llegar a los huevos. La estaban gozando en pleno. La cara de Juanje apenas podía verse tras mi prima, pero se le oía gemir y decir:

-Si, si, que bien lo haces!… ¡ me vas a matar ! – ¡ahhhhh, que bien, que bien! – se le oía decir a Mónica entrecortadamente.

Yo comencé a sobarle los huevos a mi hermano y a meterle unos dedos en el culo de mi prima con lo cual se excitaron aún más. En ese momento, mi hermano Juanje, dando pequeños aullidos, se corrió dentro del excitado sexo de Mónica y ella a continuación empezó a cabalgar más fuerte hasta alcanzar también un escandaloso orgasmo unos segundos después. Ella, le daba miedo de que él se corriese dentro así que se la sacó, la puso entre sus tetas y le hizo una paja con ellas. Cada vez que subía la verga de mi hermano, mi prima le daba unos besos en el capullo hasta que al final, no pudo más y se corrió. Mi prima, sujetó con sus labios el capullo de la verga de mi hermano, hasta que él cogiéndole por la cabeza, se la introdujo toda dentro de la boca y se la llenó con su leche…

-Si… aaahhh… Monicaaaa… aaauuuhhh… toma mi lecheeee…

Luego, mi prima se bebió la que pudo pero, se guardó un poco en su boca, junto sus labios a los míos y me la pasó. Imaginaos, nuestras bocas y nuestras lenguas jugando con la leche de mi hermano y su primo respectivamente… joder, fue algo increíble.

Después al rato, le cogimos de nuevo la verga a mi hermano entre las dos y le dimos una mamada espectacular. Nuestras lenguas jugaban con toda ella, chupando una y después la otra hasta que él no pudo más y sé corrió, llenando de nuevo nuestras bocas con su leche. Nos tragamos las dos toda la leche y le chupamos con ahínco con nuestras lenguas por todo su miembro. Él se relamía de gusto.

La verdad es que aquella tarde nos dejamos llevar los tres por nuestro deseo y por nuestra excitación hasta el punto de sentir el máximo placer. Fue toda una gozada, creo que irrepetible. Nos fuimos duchando y vistiendo uno a uno, y salimos a la calle en busca de algo de aire fresco que nos relajara de aquella agitada y divertida tarde. Fue una experiencia que repetiremos más veces y que servirá para conocernos mejor incluso a nosotros mismos.

Bueno, ahí va otro relato de nuestras aventuras sexuales, espero que les guste como los demás… Esperamos sus preciados votos. Muchas gracias y hasta pronto..

Autor: Eva y juanje

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FOLLANDO CON MI COMPADRE

Publicado por fercho212 en Octubre 9, 2008

FOLLANDO CON MI COMPADRE Mi compa llenó mi vagina con su verga, su pene tocó el fondo de mis entrañas, él acabó y sentí su semen dentro de mí, lo que provocó que yo tuviera el orgasmo más increíble y prolongado de mi vida

Mi nombre es Miriam, estoy casada con Alberto desde hace 10 años, tenemos dos niños y aunque tal vez al leer este relato alguien lo dude, pero amo a mi esposo más que a nadie.

Él ha sido el único hombre en mi vida; aunque antes que él, tuve muchos novios. Con ellos no pasaron las cosas de besos apasionados y una que otra caricia íntima de ellos. De hecho sólo recuerdo que un ex novio, me tomó la mano y la puso sobre su pantalón y sentí su miembro erecto, pero solamente lo froté un poco y sentí su rigidez, pero la retiré al poco rato.

Ese es el único otro miembro masculino que he sentido en mis manos y fue sobre la ropa. Nuestra actividad sexual siempre ha sido muy apasionada a pesar del tiempo y siempre he tratado de complacerlo, manteniéndome bien físicamente. Me compró algunos aparatos de gimnasio y los uso casi a diario.

Tenemos unos compadres que frecuentamos dos o tres veces al mes. Salimos con ellos a cenar y después nos vamos a casa de ellos o a la nuestra a tomar algunas copas y conversar. Hace unos meses, después de que nuestros compadres se marcharon, Alberto me dijo; -”¿Viste cómo me enseñó las piernas la comadre?” -”No”. Le contesté yo. -”Sí, creo que se molestó, porque vio cómo se las estabas enseñando al compadre”.

La verdad no sé por qué me dijo eso, porque yo no vi, ni hice lo que me decía Alberto. -” La próxima vez, te pones una falda más corta y le enseñas más, para ver qué sucede”. Yo no sabía si Alberto hablaba en serio. Siempre ha sido muy celoso, pero su comentario no me dejó dormir.

Pensaba en lo excitante que podría ser, pero al mismo tiempo, no sabía si Alberto me lo decía para ver si podía confiar en mí. La verdad nunca me llamó la atención mi compadre, aunque no está mal. Siempre nos hemos respetado. En fin, la siguiente vez que me dijo Alberto que saldríamos con los compadres, que me arreglara muy guapa, le dije que claro, que lo haría como siempre.

Ese día me puse una minifalda de mezclilla muy corta, con una blusa delgadita, sin brasier y unos tacones altos. Cuando me vio Alberto, no dijo nada. A Alberto le gusta mucho el fútbol y ese día jugaba su equipo favorito, por lo cual dejó grabando el partido para verlo regresando. Cuando llegaron los compadres a recogernos, yo salí primero y mi compadre se bajó del carro para saludarme y cuando me vio me dijo; – “Que bárbara comadre, qué bien te ves”. Yo le di las gracias y me subí a su carro en el asiento de atrás y al sentarme, obviamente se me subió la falda, que de por sí estaba muy corta.

En ese momento vi cómo no dejaba de verme las piernas. Nos fuimos a cenar y todo normal, la plática y las copas, como siempre. Aún no sé si intencionalmente, pero ese día Alberto estaba tomando más rápido que los demás. El caso es que al terminar de cenar, Alberto se veía un poco tomado.

Al llegar a casa, Alberto subió primero las escaleras, enseguida, mi comadre y yo, y mi compadre, atrás de nosotras. Supongo que la vista debió ser muy buena para él. Entramos al departamento y Alberto nos sirvió tragos a todos y por supuesto también para él.

Después fue al cuarto de nosotros y sacó el video del partido y lo puso en la videocasetera de la sala. Yo le dije que tal vez no sería muy buena idea, ya que a mi compadre no le gusta el fútbol. Él me dijo que quería verlo y que además a la comadre si le gustaba.

Se puso a verlo y a comentar las jugadas con la comadre, que se sentó frente a él y con el televisor a la derecha de Alberto, a la izquierda de mi comadre. Yo quedé a un lado de Alberto, frente a mi compadre. Estaba nerviosa con la situación, pero después de un par de tragos más, me relajé y empecé con mi juego. Como ellos estaban muy entretenidos con el juego, yo de vez en cuando abría un poco las piernas dejando ver mi entrepierna y cruzaba las piernas y veía como mi compadre se desconcentraba de nuestra plática.

Así estuvimos un buen rato, hasta que me terminé mi trago y mi compadre se ofreció a servirme el siguiente. Se levantó y me dijo que ya no había hielo. Le dije que le traería más de la cocina. Él me dijo que me acompañaba. Entonces sí me entraron los nervios. Me puse en cuclillas para sacar el hielo del refrigerador, con las piernas abiertas. Mi compadre al ver me dijo:

- “Qué bonitas piernas tienes comadre”. Yo sólo le sonreí. Puse el hielo en la mesa para meterlo en la hielera y él se acomodó detrás de mí y me dijo al oído; – “Déjame ayudarte”.

Tomé la hielera con mis dos manos y él tomó la bolsa de hielo y lo empezó a vaciar en la hielera. Se pegó a mi trasero y sentí cómo me frotaba. No quería que dejara de salir hielo, pero tenía un gran temor que entrara alguno de nuestros cónyuges. Solamente le dije;

- “Compadre, esto no está bien”. – “Comadre no me dejes así, tú tienes la culpa”. Le di la hielera y lo besé suavemente en la mejilla. Le dije que sólo era un juego y me salí de cocina. La reunión siguió normal, ellos viendo el fútbol y nosotros con nuestra plática.

Nos despedimos y mi compadre me besó cerca de la boca. Cuando se fueron vi unas llaves que no conocía y le pregunté a Alberto si eran suyas y me dijo que no, que tal vez eran de ellos. Sobre lo sucedido no comentó nada, supongo que por su estado, ni se enteró de nada. Al poco rato, sonó el teléfono, contestó Alberto. – “Era mi compadre, que son de él las llaves, que mañana en la mañana, viene a recogerlas.” – “Ok”. Le contesté.

Toda la noche estuve pensando, cómo lo recibiría. Y decidí, que después de que Alberto se fuera a llevar a los niños al colegio, me bañaría y me pondría ropa de hacer ejercicio. Y así lo hice. Me puse una tanga de hilo dental y un juego de lycras muy sexy, sin brasier.

Mientras terminaba de secarme el cabello, sonó el timbre. Por el video portero vi que era él. Le abrí la puerta y le dije; – “Pasa compadre”. Cuando subió le dije que si quería pasar a tomar un café y obviamente me dijo que sí. Solamente con eso mis pezones se empezaron a endurecer.

En ese momento me di cuenta que ya no había retorno. Pasamos a la cocina y encendí la cafetera, él se me acercó por detrás y me tomó de la cintura, me dijo al oído: “comadre esto es demasiado.” Me sujetó fuerte y me besó en el cuello. Yo levanté mis brazos y le tomé la cabeza. Al ver que estaba dispuesta, dejó de apretarme y fue deslizando sus manos por mi abdomen hasta mis pechos, que estaban duros por la excitación.

-”Comadre, qué buena estas”. Le pedí que no hablara, porque si lo hacía, tal vez me arrepentiría. Frotó con cierta fuerza mis senos, como para ver qué tan firmes estaban y me acercó su miembro a mi trasero. Sentí una gran excitación, al darme cuenta que estaba como piedra. Ya quería sentirlo en mis manos, en mi boca y en mi vagina, que ya estaba húmeda.

Me di vuelta y lo besé en la boca con una pasión que era nueva para mí. Él volvió a acariciar mi pecho con una mano y con la otra tocaba mi trasero. Yo, que no aguantaba las ganas de conocer un miembro diferente, acaricié desde abajo del tiro de su pantalón, hasta el cinturón y sentí cómo se aceleró mi corazón al darme cuenta que lo tenía muy grande. Repetí el movimiento varias veces, y no pude aguantar y yo misma le empecé a desabrochar el cinturón y el pantalón.

Mentiría si les dijera qué me hacía mi compadre mientras tanto, porque yo estaba concentrada en su miembro. Cuando cayeron sus pantalones, pude ver que su miembro salía por arriba del resorte de su trusa. Me agaché y le bajé rápidamente la trusa y de allí salió su miembro que casi me pega en la cara.

Me hinqué y lo tomé con mis manos, lo acaricié, lo observé, sentí su textura suave y acerqué mi boca. Lo besé suavemente con mis labios. Después saqué mi lengua y recorrí toda su cabeza. Escuchaba cómo estaba disfrutando mi compadre. Después lo metí en mi boca, lo que cabía y lo chupaba, mientras lo acariciaba con mis dos manos.

Alberto, que sí ha tenido más experiencia, me dice que lo hago muy bien. Y no creo que exagere, porque mi compadre estaba como loco. Así estuve como cinco minutos, hasta que mi compadre me pidió que parara, porque si no terminaría y yo no quería que terminara; yo quería sentirlo dentro de mí. Me levanté y lo tomé de la mano, para llevarlo a mi habitación. Me quitó las lycras, dejándome totalmente desnuda. Me acosté en la cama bocarriba.

Él me acarició las piernas. Me besó desde la punta de mis pies. Mientras él me besaba, yo le acariciaba su hermoso pene. Fue subiendo, hasta llegar a mi vagina, al tiempo que me acercaba su pene a mi boca. Tiene una lengua enorme que hizo que me estremeciera. Después le pedí que se recostara. Me acomodé sobre él. Tomé su miembro con mi mano y lo puse en la entrada de mi vagina.

Me fui bajando para sentir cómo entraba poco a poco. Sentí cómo se llenaba toda mi vagina de esa carne dura. Cuando me sentí llena, comencé a subir y bajar, primero lentamente y cada vez más rápido. Él me tomó de la cadera y me empujaba, para que entrara más. Sentía cómo tocaba su pene el fondo de mis entrañas.

De repente su cara me dijo que estaba por terminar y sentí como su semen se derramaba dentro de mí, lo que provocó que yo tuviera el orgasmo más increíble y prolongado de mí vida. Me recosté sobre él y me quedé descansando en su pecho. Él hablaba, pero yo no estaba ahí, sólo pensaba en la experiencia increíble que acababa de vivir.

Cuando me relajé empezaron a llegar a mí los remordimientos lógicos de la situación. Le pedí que se fuera, le dije que nunca olvidaría la experiencia que me había hecho sentir. Que amaba a Alberto pero que los deseos de probar algo diferente, eran más grandes lo que yo podía controlar.

Nos despedimos como siempre con un beso en la mejilla. Por la noche lo hice con Alberto y fue muy excitante, porque me sentí más mujer, más experimentada, más en el nivel de él. No sé si algún día probaré de nuevo con alguien, pero como dije en un principio, amo a mi esposo. Por el momento me siento bien con él y conmigo misma.

Si les gustó mi aventura, me sentiría muy bien que ustedes lo votaran…Gracias…Miriam.

Autor: Miriam

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AMIGO DE MI PADRE

Publicado por fercho212 en Octubre 2, 2008

L AMIGO DE MI PADRE Me insertó de una estocada toda su polla en mi culo, mientras me sujetaba por los hombros, yo lo que noté fue rotura y calor, mucho calor, pensé que me había desgarrado el culo

Hola a todos. Me llamo Natalia y tras leer algunos de vuestros relatos y estar algo cachonda, al final me he decidido a contaros cómo fue mi primera experiencia sexual completa

Todo sucedió hace seis años, cuando yo tenía 19. Vivía en Madrid y, como no sabía muy bien qué hacer con vida, me salieron unos cursos de azafata en Valencia. Tenían muy buena pinta, el problema era tener que dejar mi ciudad. Así que mi padre se puso en contacto con un antiguo amigo suyo del cual ya me había hablado mucho, ya que eran muy amigos. Mi padre me había contado que Antonio, que así se llama el amigo, era una persona muy educada y tranquila y que, desde que se divorció de su mujer, no había vuelto a estar con más mujeres (eso último nunca me lo creí del todo). Yo le conocía de verle alguna vez cuando era pequeña, que fue a mi casa, pero nada más, casi ni me acordaba.

Total, que allí me presenté y fue a buscarme a la estación. Estaba igual que yo le recordaba, claro que algo mayor, pero bastante bien cuidado. No quiero decir de gimnasio ni nada de eso, pero con bastante buen tipo. Todo el buen tipo que se puede tener a los 47 años. Rápidamente me reconoció: -¡Natalia! Estoy aquí. Madre mía, ya estás hecha una mujer, me acuerdo cuando iba a ver tu padre y eras así de alta  hizo un gesto a un metro del suelo.

El resto de la conversación no la escribo porque ya os la imaginareis, hablando de mi padre, de cómo van las cosas a todo el mundo etc., etc., etc. Y así llegamos a su casa, muy normalita. Me la enseña y& sorpresa, solo hay un dormitorio. Yo dije que dormiría en el sofá, pero me dijo que de eso nada, que iban a ser muchos meses y que eso era fatal. Me dijo que no tenía de qué preocuparme, que no pasaría nada, ya que desde que se divorció de su mujer no había tocado a otra y de eso hacían 6 años (!!!!!) y era la hija de su mejor amigo. La verdad es que ya desde que le vi me pareció muy atractivo y eso unido a que ya con 19 años aún no había follado, así con todas las letras (cosillas había hecho, pero descolgadas), pues os podéis imaginar la calentura que yo llevaba siempre, no solo ese día. Así que nos pusimos a hablar del tema del sexo, yo le preguntaba que cómo podía aguantar sin sexo y él lo explicaba. Entonces le pregunté que si se masturbaba y todo colorado me dijo que sí después de insistirle mucho.

-Pero, dije yo, ¿cuando te masturbas no piensas en mujeres? -Sí, claro que pienso en mujeres -¡Joder!, pues eso es una tortura -Bah, no es para tanto

Y así se fue desarrollando la noche hasta que llegó la hora de irse a dormir (por cierto, sí era muy tr verdad. De hecho hacía tiempo que me corría la idea por la cabeza de follar con maduros, ya que pensé que sería más instructivo que con chavales de 19 que están muy verdes todavía. Así que, con mi calentura, fui al baño a asearme y a ponerme la ropa para dormir. Me puse un tanga blanco, no de esos de hilo, algo de tela tenía por detrás, y una camiseta de tirantes blanca muy ceñida y muy pequeña, sin sujetador, así que se me marcan totalmente los pezones.

Cuando entré en la habitación, Antonio estaba en calzoncillos y camiseta de manga corta. Trató de disimular su sorpresa (y su erección) y se metió en la cama. Yo me metí con él como si fuera la cosa más normal del mundo y me tumbé de lado, dándole mi culito. Él hizo lo mismo y yo quedé decepcionada, pero no estaba dispuesta a abandonar. Esperé el momento y, cuando se puso de frente a mí, empecé a echarme hacia atrás disimuladamente. Al poco tenía su polla pegada contra mi culo. Él se dio cuenta, pero se hizo el loco, así que yo, cada vez más caliente, pegué todo mi cuerpo al suyo. Antonio me susurró al oído: Natalia, esto no está bien, tu padre es como un hermano para mi. Mi respuesta fue pasar la mano para atrás y palparle la polla. La tenía ya durísima, 6 años sin follar son muchos y, además, tener una chica de 19 así de cachonda en la cama& Total, que me costó hacerle ceder, pero cuando metí la mano en sus calzoncillos y toqué su polla directamente, pasó una de sus enormes manos y la posó en mi vientre, comenzó a subir poco a poco y la metió por debajo de mi camiseta. Me agarró un pecho y me dijo: tienes las tetas como dos rocas, Natalia. Eso me hizo ponerme húmeda y empecé a notar cómo mi coño reaccionaba. Empezó a estrujar mis tetas con las dos manos, la otra ya la había pasado por debajo de mi cuello y yo frotaba mi culo contra su polla cada vez más tiesa. Entonces se me cortó la respiración cuando noté como una de sus manos bajaba como un rayo hacia mi lubricado coño y empezaba a frotarlo.

Yo jadeaba como una perra en celo y no pude evitar empezar a decirle guarradas como: quiero que me folles, quiero tu polla dentro de mí y cosas así. Me rompió las bragas de un tirón y lo mismo con los tirantes de la camiseta, que se quedó hecha un rollo en mi tripa. Me tenía abrazada y por el tamaño de sus brazos yo me sentía completamente rodeada, me tocaba por todas partes y ya sentía que me corría. Entonces me dijo: no corras, putita, esto no ha hecho más que empezar. Lo que hizo que me corriera al instante. Al notarlo añadió: esta noche vas a ser mi puta. Yo no paraba de jadear. Entonces se levantó de la cama, me agarró la cabeza y la acercó a su polla. Me dijo: quiero ver como me chupas la polla como tú sabes. Entonces miré su instrumento de cerca y ahora sé que es normal para su estatura, pero entonces me pareció descomunal. Lo agarré y empecé a frotarlo, le miraba a los ojos y me relamía. Al verme, me dijo: vaya cara de zorra tienes, seguro que tu padre se habrá hecho mil pajas pensando en ti. Seguro que pagaría por poder ver como me chupas la polla. Al decir eso no aguanté más y me la metí de golpe, o al menos eso intenté, porque no me cabía. Vamos, puta, seguro que te cabe un trozo más, me dijo. La metí un poco más, pero noté como daba en mi campanilla y me dio una arcada.

Me hizo lamerle la polla un buen rato. Yo se la lamía, me la metía en la boca, me metía partía en dos mientras gruñía con cada empujón y ya gritaba de dolor y placer. Entonces me dio la vuelta y me puso de rodillas tumbada en la cama dándole mi culito. Me asusté porque pensé que quería penetrarme analmente y yo era virgen por ese agujero, pero volvió a meterme la polla por el coño. Me incorporó un poquito, lo justo para meter sus manos por debajo y estrujarme fuerte las tetas. Me hacía daño, pero yo le pedía más, que me metiera la polla más profundo y él como un salvaje me la metía con todas sus fuerzas. Poco a poco fue subiendo sus manos hasta ponerlas en mi boca y yo, inocentemente, le chupé los dedos. Me hacia chupárselos como si fueran una polla. Cuando los tuvo bien húmedos empezó a acariciar mi ano. Yo me asusté y le dije que no, que eso no quería, pero me susurró que no me asustase, que no pasaba nada y yo me dejé hacer.

Empezó a frotarme el ano, para luego meterme un dedo, luego dos& mientras me follaba. Yo creía que me moría allí mismo del gusto. Pero mi placer acabaría pronto, cuando me insertó de una estocada toda su polla en mi culo, mientras me sujetaba por los hombros. Yo lo que noté fue rotura y calor, mucho calor. Pensé que me había desgarrado el culo y del dolor me eché a llorar como una niña. Entonces Antonio se echó hacia delante y, sin parar de follarme, me dijo: Vamos, sé una chica buena, sé que te gusta y piensa lo que daría tu padre por metértela por el culo. Al decirme esto yo creía que no podía más, hice de tripas corazón y empecé a masturbarme para poder llevarlo mejor mientras las lágrimas corrían por mis mejillas. Entonces me dijo, quita puta, me retiró la mano y me metió tres dedos de golpe. Yo no pude aguantar más y tuve otro orgasmo. Cuando se dio cuenta, volvió a ponerse de pie y me dijo, ahora me toca a mí. Me di la vuelta y ya sabía lo que tenía que hacer, pero le pedí que me avisara cuando se fuera a correr, ya que nunca lo había hecho y me daba asco que se corriera en mi boca. Me dijo que si y volví a saborear esa polla que me sabía a delicia. La frotaba contra mi cara, pasaba los labios por la punta, la lamía de arriba abajo y la metía en mi boquita de puta, cuando me volvió a agarrar la cabeza y me insertó la polla hasta la garganta, pensé que para follarme la boca otra vez, cuando salí de mi error y noté un torrente de semen que me llenaba la boca y se me escapaba por la comisura de los labios. Al notarlo, intenté sacármela, pero me sujetó fuerte y tuve que tragarlo para no ahogarme. Me dijo: Ahora que has tenido semen en la boca, no te importará chuparme la polla y dejarla bien limpia. La vi ahí, erecta todavía, brillante con un fuerte olor a semen y no pude evitar chuparla como si fuera una puta.

Después nos lavamos y acostamos ya desnudos. Me di cuenta de que me quedaban por delante unos meses muy interesantes y mi iniciación había sido completa, ahora solo quedaba perfeccionar algunas cosillas& espero poder contaros más cosas de mi estancia en Valencia, hasta entonces, podéis poneros en contacto conmigo, para decirme que os ha parecido mi historia. Estaré encantada de hablar con vosotros. ¡Ciao!

Autor: NATALIA n_j_n_ ( arroba ) hotmail.com

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La novia de mi tio

Publicado por fercho212 en Octubre 2, 2008

LA NOVIA DE MI TIO Con su mano deslizándose por mi cuerpo fue bajando hasta que agarró mi pene, y lo colocó en la entrada de su depilado sexo, me miró y entrecerró los ojos a la vez que sonreía y dijo, ahora disfruta de esto

Mi nombre es Mario, tengo 20 años, soy moreno, alto, pero unos 80 kilos, estudio derecho en salamanca y la historia que os voy a contar ocurrió hace apenas unos meses…

En mi familia siempre ha habido muy buenas relaciones, mi padre es hijo único y mi madre tiene 2 hermanas y un hermano más joven que ella. Hace cosa de dos años mi tío se fue a trabajar fuera del país, rodando por Europa sin rumbo fijo y viajando de un sitio a otro hasta que aterrizó en Paris, en una de sus múltiples llamadas a mi casa nos confesó que se había enamorado de una chica de una cuidad cercana y que pronto volverían a España, ya que tenía ganas de conocer a la familia de mi tío, por lo que buscaría billete para junio y vendría. A principios del mes mi tío volvió a llamar diciendo que vendrían de visita en una semana. Mi madre estaba entusiasmada y como vivimos en un chalet bastante grande a las afueras y mi tío no tiene casa aquí, sería una buena idea que se quedaran a dormir un par de días, para enseñarle la ciudad. Esa fue una semana de preparativos, supongo que para causar buena impresión, pero si soy sincero a mi no me atraía la idea de compartir mi casa con nadie, no por egoísmo, sino porque aunque mi tío tiene 35 años siempre me ha tratado como a un niño pequeño, y sospechaba que esta vez sería idéntica…

El caso es que el día en que llegaban, mi madre me obligó a ponerme elegante y a arreglar el jardín para cenar fuera. Una hora antes de lo previsto llamaron a la puerta y fui a abrir, avisando a mi familia. Todos nos quedamos de piedra cuando aquella chica entró por la puerta…Era alta, rubia, de ojos azules ligeramente rasgados, unos labios rosados, delgada, con un top ajustado blanco que marcaban unos pechos perfectos, un piercing en el ombligo y unos pantalones vaqueros justos que marcaban su espléndido trasero. Hasta mi padre quedó hipnotizado… La chica se llamaba Nicolle y justo cuando todos pensábamos que no podría decir ni una palabra, comenzó a hablar un perfecto español aunque con un acento un poco marcado, ante nuestra sorpresa mi tío explicó que su padre era de Madrid y que Nicolle sabía hablar perfectamente español, entenderlo y escribirlo sin dificultad, pese a no haber viajado nunca a E que terminara, cuando lo hizo y salió fuera, yo estaba sentado en la cama escuchando música, me pidió perdón, dijo que como arriba no hay baño, bajó las escaleras y este era el primer baño que había (a mi baño se puede entrar desde mi habitación y también por una puerta que hay en el pasillo enfrente de las escaleras) que no sabía que era mi baño y que me pedía perdón. Le comenté que podía usarlo si quería, que mañana recogería todo y que lo compartiríamos. Se sentó a mi lado y charlamos un buen rato, resultó que tan solo tenía 27 años y que había estudiado derecho, que es lo que estudio yo, hablamos de más coincidencias y se fue a dormir, yo hice lo mismo pensando que a lo mejor no estaba tan mal como tía al fin y al cabo& A la mañana siguiente bajé pronto a desayunar porque había quedado con unos amigos para ir al centro a comprar, Nicolle estaba en la cocina con mi madre hablando, yo entré, tomé una magdalena y salí de la cocina casi sin despedirme, mi madre me reprochó no saludar así que di la vuelta, le di dos besos a mi madre y al acercarme a darle otro a Nicolle giró un poco la cara, lo justo para que el beso se aproximara mucho a sus preciosos labios… Me quedé sorprendido, tomé mi bolsa y me fui… no dejé de darle vueltas toda la mañana… ¡casi me da un beso delante de mi madre! Aunque llegué a la conclusión de que a lo mejor es una costumbre o solo un juego para ponerme nervioso… no le di más importancia, aunque debería haberlo hecho…
Cuando llegué de nuevo a casa no había nadie, aparqué mi moto delante del césped y entré, me tumbé en el sofá y puse la tele, a los 20 minutos sonó la puerta y entró mi tío con Nicolle. Por la cara de mi tío debí de joderle el momento erótico que pensaba tener estando solo en casa, porque me miró y dijo…”¿tú no deberías estar fuera, mocoso?”, contesté con indiferencia y seguí viendo la tele… antes de cerrar la puerta aparecieron los amigos de mi tío, que iban a recordar viejos tiempos jugando al fútbol y que él no podía faltar, que se había perdido demasiados… Invitaron a su novia, pero Nicolle dijo que no y que prefería dormir un poco la siesta; mi tío se fue y ella subió las escaleras. Al cabo de un rato me di cuenta de que tenía mi habitación hecha un desastre y que mi madre se enfadaría, así que subí a arreglarla, la puerta del baño estaba entreabierta así que me asomé…el espectáculo era increíble. Nicolle estaba casi desnuda, con el sujetador puesto, tenía una pierna y toda la ingle cubierta por crema de afeitar y estaba depilándose, la cuchilla corría suavemente por su pierna ya que prácticamente no tenía vello, terminó con la pierna y comenzó a depilarse las ingles…yo no podía dar crédito, rasuró prácticamente toda la ingle (dejando como mucho un centímetro de vello en el centro sin depilar y comenzó con la parte de abajo, estaba claro que lo hacía normalmente porque era una experta.

Dejé de mirar, salí, y volví a entrar haciendo más ruido, ella me avisó de que estaba en el baño y yo me senté delante del ordenador, cuando terminó salió con una minifalda de tablas muy corta y la parte de arriba de un bikini rosa, despreocupada dijo “bueno ya estoy lista para la piscina”, yo haciéndome el loco puse cara extrañada a lo que ella estiró la pierna, la puso sobre la cama y dijo “suavidad m&a sentía mucho más cómoda, además de que sabía que a los hombres le encantaba, llevaba haciéndolo muchos años y era algo que le parecía sexy… “a mi también me lo parece…es increíblemente erótico” le comenté y recostándose en mi cama dijo…”si, produce esas sensaciones a los hombres”. Yo no sabía como disimular la erección que tenía en ese momento, llevaba el bañador puesto y era evidente como estaba, mi pene quería salir del pantalón y yo tenía que hacer verdaderos esfuerzos por controlarlo…me quedé en la silla con las piernas cruzadas, Nicolle se levantó y se me quedó mirando…

“¿Qué te pasa Mario?”, preguntó… yo contesté nervioso un rápido “nada, nada”… y ella, descarada mirándome la entrepierna me dijo…
“vaya, parece que esta conversación ha hecho… “¡crecer” algo en ti!”, los botones no habían resistido y mi pene había salido ligeramente del bañador, tenía todo el capullo al descubierto y yo estaba todo rojo…
“perdón, no se que me ha pasado, de verdad, lo siento” me incorporé un poco y me coloqué… Nicolle parecía divertirse con esta situación y me dijo…”bueno, ya he visto parte de tu encanto, con ese tamaño no se porque te llaman mocoso jajaja”. “Por favor, esto es ligeramente embarazoso, así que encima no calientes la situación, voy a ir a darme una ducha y bajaré a la piscina”. Entonces Nicolle se me quedó mirando y dijo…”vaya, te rindes fácilmente ¿no es así?” a lo que extrañado comenté…”¿por qué lo dices?”. Ella se volvió a tumbar en la cama mirándome… “Yo en tu lugar hubiera pedido una…recompensa o igualdad de condiciones…). “Explícate” comenté. “vamos a ver…te he visto semi desnudo ¿no? pues yo hubiera exigido prácticamente lo mismo, ya que lo del baño no cuenta porque me tapaba la crema ¿no es así?”. “vale, entiendo…así que tengo derecho a pedir que me muestres algo ¿no?”"bueno… para que esté la cosa igualada…cierra los ojos y no los abras hasta que yo te diga…”. Así lo hice, estaba soñando y no sabía con que me sorprendería… “ahora dime que te gustaría ver…”. Yo pensé durante unos segundos y al final contesté que me gustaría verla sin sujetador…ella me levantó, me acercó a su cuerpo y me dijo…”entonces desabróchamelo”, así lo hice, estaba temblando, pero al fin cedió…dejé caer el sujetador al suelo y abrí los ojos…eran dos pechos perfectos, inmensos y con los pezones rosados…

“vaya parece que de nuevo tienes algo…ahí abajo ¿no es así?” cuando volví a mi ser me di cuenta de que mi capullo asomaba por encima de la goma del bañador, Nicolle sonrió y dijo…”como yo te he dejado tocarme…ahora me toca desabrochar a mi” Tiró un poco hacia debajo de mi bañador y liberó mi pene en completa erección… “¡vaya, vaya, que tamaño! creo que te has llevado lo mejor de la familia…” y comenzó a tocarlo y ha deslizar su mano sobre él…yo, confiado, le dije que yo no había tocado…y que no lo veía justo del todo… “¿a que esperas?” fue toda su contestación… la agarré de la cintura y la empujé contra mi, besándola en los labios. Nuestras lenguas se juntaron y jugaron durante un rato en el que ella no paró de tocarme, me estaba haciendo una paja de lujo, me empujó contra la cama, me besó, comenz tumbé encima besándola en los labios… “Mario, no te puedo dejar hacer nada más, no puedo…”. Yo haciendo caso omiso comencé a chupar sus pezones, tenía unos pechos duros y enormes, los intentaba sujetar con mi mano, pero casi no podía, seguí bajando, chupando y lamiendo cada centímetro, besando el piercing con forma de aro de su ombligo, poco a poco le subí la minifalda& llevaba un tanga minúsculo rosa semi transparente…era increíblemente pequeño, tapaba lo justo… “¿ahora entiendes porque me depilo tanto? no me gusta que salgan los pelitos por los lados…y me gustan demasiado los tangas pequeños” me confesó…yo asentí mientras lo bajaba y ahí estaba… su coño completamente depilado, sin un pelo, y todo para mi…comencé a besarlo, primero bajando suavemente por la cara interior de sus muslos y después los labios, esperé a que fuera ella sola la que lubricara y después comencé a chupar y besar…

“Mmm como me gusta esto…”.
“a mi también, me encanta..” estuve en esa posición un rato, cada vez más entregado, hasta que Nicolle empezó a moverse más rápido…se agitaba y a la vez intentaba tocarse ella misma…se frotaba y yo chupaba sus dedos, la besaba el clítoris y lo chupaba con todas mis ganas hasta que escuché lo que estaba buscando… “Mario, me voy a correr…” seguí más y más hasta que empezó a gritar y a llenarme la boca con su orgasmo…
“eres bueno cariño…muy bueno… ¿dónde aprendiste? Bueno no me interesa…lo que si que quiero saber es si sabes hacer algo más…” Si, además antes no me ha dado tiempo a terminar…así que todavía estoy un poquito cachondo”… Nicolle sonrió y me beso…compartiendo sus fluidos… me volvió a tumbar sobre la cama y de nuevo empezó a mamármela de una manera desesperada, le dije “si no paras me voy a correr…” al que respondió con un simple…”todavía no cariño…tengo algo para ti… “Nicolle, déjame ir a la habitación de mis padres, se donde guardan los condones…” “no hace falta cariño…llevo unos cuantos años tomando la píldora… asentí confiado, ella fue subiendo hasta tener su cara frente a la mía y sus cabellos rubios rozando mi cara…
Con su mano deslizándose por mi cuerpo fue bajando hasta que agarró mi pene, y lo colocó en la entrada de su depilado sexo… me miró y entrecerró los ojos a la vez que sonreía y dijo…ahora disfruta de esto, que esta suave…y bajo de un golpe hasta que entró por completo… Comenzó a cabalgarme mientras sonreía y me miraba con cara de zorra…yo hacía fuerza y empujaba más y más…rodamos sobre mi cama y me coloqué encima, bombeaba con fuerza mientras miraba hacia sus ingles, que me volvían loco… Nicolle empezó a moverse rápido y a gemir como antes…estaba a punto de correrse otra vez y yo no andaba lejos…la mordía el cuello, le agarraba de sus pechos y la besaba hasta que con otro grito se volvió a correr…yo le avisé de que estaba a punto… “no te corras dentro…quiero sentir tu semen dentro, pero puede esperar…ahora quiero que te corras en mi boca…” era un sueño hecho realidad… la saqué rápido y me puse de pie en la cama mientras ella me masturbaba y me la chupaba…”me voy a correr…aahh” esperando que ella se separara, pero no lo hizo…apretó más fuerte y comencé a correrme en su boca…ella me miraba y saboreaba…era un sueño… cuando terminé, le saqué mi morcillota verga de su boca…y ella la dejó entrada de su depilado sexo, me miro y entrecerro los ojos a la vez que sonreia y dijo, ahora disfruta de esto”>

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EL EXAMEN

Publicado por fercho212 en Octubre 2, 2008

EL EXAMEN Como conseguir que su profesor le apruebe el examen con notas muy húmedas y brillantes

Ya estaba terminando de estudiar en el instituto y la verdad que mis notas no eran las mejores, estaba llevando cinco cursos y prácticamente había pasado cuatro, con la mínima nota necesaria pero aprobada al final. El quinto curso era de recepcionista y la profesora era una pesada que siempre me andaba observando todo lo que hacia, que ropa muy corta, que no vocalizaba bien cuando contestaba por teléfono, que mi trato no era amable, siempre encontraba algo para ponerme alguna nota baja. Así que al final del periodo resultaba que estaba desaprobada.

Obviamente yo no estaba conforme con desaprobar un curso, así que hice una carta de reclamo para que me tomaran un tercer examen y tratar de aprobar el curso. A los días me llamaron del instituto diciendo que tenía que ir a arreglar unos temas, fui al día siguiente y la secretaria me dijo que debía conversar con el coordinador, yo la verdad andaba extrañada por que de lo que yo sabía nadie había tenido que hacer eso antes. Pero bueno con tal de pasar. Espere un monto de tiempo a que el dichoso coordinador me recibiera y antes de la 1 de la tarde se desocupó. Y tuve una pequeña conversación con el, nos saludamos formalmente y el empezó a decir

- Señorita, debe de estar sorprendida por que la he hecho llamar.
- Si, ninguna de mis compañeras ha tenido que conversar con usted antes – Bueno la hecho llamar por que la nota que usted necesita para pasar es un poco alta y la profesora Sánchez asegura que usted seria incapaz de alcanzar la nota que necesita.

- Profesor, la profesora dice eso por que ella siempre me ha hecho la vida imposible, ella siempre se la ha pegado conmigo y seguramente quiere que no apruebe su curso.

Mientras conversaba me di cuenta que examinaba mi cuerpo, lo hacia disimuladamente pero se notaba que yo le gustaba. Discutimos un buen rato sobre si podía tomar examen o no y además como ayudarme a no darle el gusto a la profesora.

- Bueno señorita, entonces la opción para su examen es hacer el examen escrito que la profesora Sánchez y además deberá de hacer un examen práctico que deberá realizar en nuestro otro local.

- Ok, pero como será la calificación? – Cada examen vale 50%, para que no diga que la profesora la influenciara en su nota lo mejor sea que tome el examen práctico en nuestro segundo local, coordinaré con el profesor Ramos que es el encargado allá para que el próximo sábado la evalúe. El examen escrito será este jueves acá por que los reglamentos nos impiden que de el examen en otro local.

- Muchas gracias profesor por toda su ayuda, hasta luego – Suerte señorita, espero le vaya bien

Cuando me levanté, vi que me miraba el culo sin disimular. No se por que pero no me pude contener y me puse a caminar moviéndolo más de lo normal, me imagino que él aún estará pensando en mi.

El miércoles día del examen escrito, fue horrible, la profesora puso muchas preguntas y la media hora que tenia me quedó corta para acabarlo, además no supe muchas de las respuestas, cuando le entregué el examen ella me pidió que esperara unos minutos. Luego de los cuales me llamó.

- señorita, por favor pase a mi oficina, ya le tengo su nota.

- Yo disimulando mi malestar, gracias profesora – Mire alumna, la nota que tiene usted es de 4 sobre 10, eso significa que tendrá que sacar 9 sobre 10 en su examen práctico para pasar mi curso. Como usted sabrá nadie en mi curso ha sacado esa nota en ningún examen, por lo tanto le sugiero que simplemente dejemos las cosas acá y lleve el curso nuevamente el siguiente periodo.

- Profesora, yo se que yo no le gusto a usted y la verdad que no se por que motivo pero igual trataré de pasar el curso en el examen práctico.

- No es que no me guste sino que no me gusta la actitud que tiene hacia mi, usted nunca escucha las recomendaciones y por eso es que ahora esta en estos problemas.

- Bueno profesora igual trataré de pasar su curso. Aunque usted no lo quiera

La profesora notó que yo estaba enojada y casi al punto de llorar y me dijo: – Bueno, bueno como veo su determinación le ayudaré en dándole dos puntos más, es decir que ahora tiene 6 y necesita 7 en el otro examen para pasar.

- Yo me quedé sorprendida, y le agradecí por el gesto.

- Ella además me dijo que podría incluso mejorar mi nota si en realidad me sacaba el 9.

Bueno sábado 9 de la mañana, yo estaba lista, me había puesto una minifalda muy cortita, una blusa blanca y de ropa interior estaba estrenando ropa interior blanca que había comprado de una señora que siempre trae ropa de Miami. Valgan verdades estaba muy sexy. Para los que no se acuerdan de mi, peso 50 kilos y mido 1.62, delgada como verán, sin mucho culo ni tetas pero creo que todo lo tengo proporcionado.

Esperé a mi novio por un rato para que me llevara al otro local por que quedaba un poco lejos de mi casa. Él se prestó el auto de su papá para llevarme. Cuando me vio se quedó con la boca abierta, vi que su pene se paraba, lo cual me excitó un poco, durante el camino me dijo que estaba muy linda, yo notaba que él estaba sudando y tartamudeaba un poco, me imaginé que después de tanto tiempo juntos recién me iba a decir que quería acostarse conmigo pero no, solo se quedó hablando de otras cosas. A mi siempre me disgustó que nunca me dijera nada, yo sabia que se moría por acostarse conmigo pero nunca me dijo nada, yo pensaba para mi que él se lo perdía, al fin y al cabo si me lo hubiera dicho yo lo hubiera aceptado, lo único malo es que se hubiera dado cuenta que su noviecita no era virgen. En todo caso eso era lo que menos me importaba, yo ahora estaba preocupada por mi examen.

Ya en el instituto mi novio me dijo que me esperaría en la entrada. Pregunté por el profesor Ramos y en unos minutos apareció un hombrecito que no mediría mas de 1.60 metros pero gordo, los botones casi le reventaban y el saco que tenia puesto le quedaba apretado, se estaba quedando pelado, parecía que estuviera cerca de los 50 años (después me dijo que 48). Me miró de los pies a cabeza sin ningún descaro, sentí que se detuvo a ver mis caderas y también mis pechos, y finalmente se presentó como el profesor Ramos, tomó mis datos y luego me dijo que el examen era muy sencillo simplemente tenia que hacerme cargo de las recepción del instituto por todo el día sábado, esto significaba quedarme hasta las 5 de la tarde.

Inmediatamente me acompañó a la recepción, y me dejo sola para que reciba llamadas y atienda a los visitantes, que en su mayoría eran chicas que buscaban información sobre cursos, costos, horarios y demás.

A la hora de almuerzo mi novio se apareció para preguntarme si íbamos a almorzar juntos o si quería que me compre algo para comer. Yo pregunté al profesor y este me dijo que no podía dejar la oficina. Con esa respuesta le pedí a mi novio que me comprara una gaseosa y unas galletas de soda para distraer el hambre y después ya podríamos irnos a cenar algo. Cuando mi novio se fue el profesor pareció y me dijo que lo mejor era revisar que tal iba en mi examen.

- Señorita, he estado pensando que seria conveniente revisar como se ha estado comportando durante el examen, como se que usted necesita sacar una buena nota pensé que es bueno para usted saber si lo esta haciendo bien.

- Oh profesor, le agradezco mucho por su gentileza. Si en realidad tengo que sacarme una buena nota para poder pasar este curso, espero que usted me pueda ayudar.

- Usted sabe acá estamos para ayudar a todas las alumnas, solo quiero que sepa que soy su amigo y que será un placer para mi hacer cualquier cosa que pueda hacer por usted.
Esas palabras me las dijo con una sonrisa en su cara y una mirada que me desnudaba por completo. Yo que estoy acostumbrada a esas miradas no me alteré y lo miré como él me miraba a mí. Parece que eso le gustó por que vi como sus ojos me miraban con deseo ahora y además su trato hacia mi cambió.

- Muchas gracias por su ofrecimiento profesor.

- Ok linda, ahora si me acompañas al salón de videos te mostraré como has estado en tu examen.
Entramos al salón de los videos y nos sentamos frente a uno de los monitores. La cámara que se veía era una que daba frente a mi puesto en la recepción. Retrocedió la cinta y empezamos a ver mi video.

Ok linda, primeras recomendaciones:Debes mirar siempre a los ojos de la persona a la que atiendesNo debes hablarles cuando les das la espalda, por ejemplo en esta toma le estas hablando a un cliente mientras buscas unos papeles. Lo mejor que debes hacer es buscar los papeles que le vas a dar, y una vez que regresas a tu puesto retomar la conversación.
Luego has dejado tu sitio muchas veces vacío y así me fue enumerando una serie de errores, con todo lo que me decía yo ya pensaba que no pasaría, él seguro se dio cuenta de mi desilusión.

- Linda te veo un poco desanimada, pero no te preocupes que tienes el resto de la tarde para mejorar – Gracias por su aliento profesor, pero no se si lo lograré – Claro que lo lograras solo necesitas, concentrarte un poco, además recuerda que yo soy el que te pondrá la nota y si tú te portas bien y haces lo que debes podrás aprobar, y por favor llámame Isaac.
Mientras decía eso él puso su mano en mis caderas y la bajó rozándome el culo, yo me hice la que no había pasado nada pero recibí su mensaje muy claramente. Y dentro de mi misma me puse a lamentar por que no me había dado cuenta que podía utilizar mi cuerpo, como muchas veces lo hice antes, para conseguir lo que quería. Así que cambié el tono de mi voz para ser un poco más sexy.

- Es usted muy amable profesor, perdón quise decir Isaac. Te aseguro que haré lo que este en mis manos para pasar y además si tienes cualquier consejo que me quieras dar lo aceptaré sin dudar.

- Linda, mira lo primero que tienes que hacer es ser más coqueta, es una pena que tu siendo tan bonita y con esa ropa tan sexy, esa minifalda tan linda, deberías de mostrar un poco más.

- Es que la verdad no soy muy coqueta, ¿me podrías ayudar? – Mira, por ejemplo para que te pones la minifalda si no vas a mostrar nada, ¿me dejas que te la acomode nuevamente? – Si claro, ya sabes que sigo tus consejos ciegamente – jejeje (se notaba que estaba excitándose), verás que sacarás una buena nota entonces. A ver, si subimos la minifalda un poco, tú déjame que conmigo todo va salir muy bien.

- ¿Pero no esta muy corta? Si me descuido se verá hasta el alma.

- Por eso esta perfecta, estas en el límite justo, a ver camina un poco. Voltéate, si definitivamente esta exacta. Bueno sigamos

En eso por el monitor vi que mi novio regresaba con mi almuerzo, le dije a mi profe que tenía que regresar a mi puesto.

- no te preocupes bebe, tu haz lo que te he dicho, se más coqueta y no tendrás problemas – Ok, bueno yo no se que tan coqueta soy o no, pero me tendrás que decir.

- Claro niña, para eso estoy para enseñarte, ahora un beso de la buena suerte y ve.
Nos dimos un beso muy cerca de los labios y cuando me iba me dio una palmada en el culo. Bueno después de eso ya sabía que no tendría problemas en pasar el curso. La tarde en la recepción fue bastante tranquila, unas cuantas llamadas de teléfono y una que otra persona pidiendo información.

A las tres de la tarde ya no había nada por hacer. Fui donde Isaac para decirle que ya había terminado y él me dijo entonces que se tenia que cerrar las puertas y hacer un resumen de lo hecho durante el día. Me dijo que mi novio se podía quedar dentro o fuera del instituto como él prefiriera, y que vaya a su oficina con mis apuntes una vez termine de cerrar. Hablé con mi novio y él me dijo que mejor esperaría en el auto escuchando algo de música, le di un beso y cerré el instituto.

Entré a la oficina y encontré una silla frente a su escritorio, empecé a trabajar y él a veces se paraba de su sitio y se acercaba a vi para ver que estaba haciendo, cuando terminé me pidió que acercara la silla a su escritorio y empezó a leer mi reporte.

Una vez que acabó me miro fijamente y me preguntó

- ¿Qué tal crees que lo has hecho? – Creo que he mejorado respecto a la mañana, es cierto que no he tenido mucho trabajo pero he seguido tus consejos – Eso me he dado cuenta, se nota que eres muy aplicada y con ganas de aprender – Así me gusta, bueno niña, me dejas que te pregunte lo que quiera? – Si, después de todo hablar no hace daño. Me puedes preguntar lo que quieras, pero primero dime si he aprobado el curso o no.

- Yo ceo que estas a punto de aprobar, solo te falta un pequeño esfuerzo y ya.

- Yo hago cualquier esfuerzo profe, usted solo dígame.

Yo creo que para ese momento los dos sabíamos que podía pasar de todo en esa oficina, nos mirábamos directamente a los ojos como midiéndonos y esperando a ver quien da el primer paso. Yo simplemente por cautela no podía dar el primer paso, esperaba que el empiece el juego.

Él sin quitarme la mirada de encima me dijo: – Seguro que tu calzón es blancoYo no me esperaba eso, y me demoré unos segundos en poder responderle, más por el desconcierto que por la frase ya que no esperaba que fuera tan directo, – Si es blanco, como lo sabes o solo te lo imaginas – La verdad que lo deduzco, como hoy has venido muy arregladita supongo que tu calzón hace juego con tu sostén.

- Pues si, son un conjunto, yo pensaba que habías visto algo cuando me subías la minifalda.

- No allí solo aproveché el momento de tocarte y ver si eso te incomodaba.

- Jajaja, para nada no me incomoda, además si solo me tocas que hay de malo en eso – Bueno ya quisiera yo que otras chicas pensaran como tu, ja, ja, ja, pero regresemos a las cosas serias, tú sabes que yo no creo mucho de lo que me dicen, yo prefiero ver para creer. Me puedes demostrar que en verdad llevas un calzón blanco? – hum, eso no es problemaRetrocedí mi silla un par de metros del escritorio y abrí las piernas, la minifalda se me subió un poco, el calzón era blanco y medio transparente por lo que se podía apreciar que tan grande era la mata de vellos que tenia.

- ya veo que no es un calzón normal, parece que tiene encajes y además es medio transparente no? – si, a mi me gusta usar ropa interior sexy, no necesariamente pequeña pero con cositas como transparencias.

- Ya veo, ¿y es posible ver de que esta hecho ese calzoncito tan lindo que llevas? – De algodón, y fibras sintéticas, jejeje – Ja jaja, pero ya sabes que a mi me gusta ver para creer, y bueno en este caso tocar para creer. Ven acércate que no te voy a comer, si ven acá párate frente a mi, si así linda.
Me puse en frente a el, y puse mis manos en mis caderas, él acercó su asiento hacia mi, abrió sus piernas un poco y se acercó más, su cara quedaba prácticamente debajo de mis senos, puso sus manos en mi cintura y empezó a bajarlas hasta el final de mi falda, despacio demorándose y presionando lo necesario para comenzar a excitarme, luego con la misma suavidad metió la mano debajo de mi falda y empezó a subirla lentamente, yo sentía como su respiración se hacia más frecuente a medida que subía sus manos y mi falda con ellas. Cuando ya mi falda estuvo a la altura de mi cadera se retiró un poco y se quedó mirándome por un rato sin decir palabra alguna. Luego, sin dejar de mirar mi calzón, hizo que girara para poder ver mi culo, me rozaba las nalgas suavemente con sus manos y luego me fue acercando poco a poco hacia el, ninguno de los dos decía nada, yo sentía que él acercaba su cara a mi culo y parecía que me olía, luego se acercó un poquito más y me dio un beso en una de mis nalgas.

Luego me jaló hacia él y me hizo sentar sobre sus piernas.

- Ay mamacita, que rica que estas, me encanta tu culito. Dichoso tu novio que te debe gozar como nadie – Jajaja, pero por lo visto tú me estas gozando ahora – Jajaja, muy cierto, entonces mejor digo que suerte de tu profesor que te puede gozarEstuvimos así unos minutos, yo sentada en sus rodillas y él acariciándome el cuerpo pero sin meter sus manos entre mis piernas o tocar mis pechos. Eso si, a veces pasándome su lengua por el cuello y las orejas. Lo cierto es que yo con eso y además sintiendo que su pene se ponía duro debajo mío ya empezaba a excitarme. Sentía que poco a poco mi conchita se iba poniendo húmeda.

Comencé a gemir lentamente, mostrándole que estaba disfrutando de lo que me hacia y de alguna manera invitándolo a que diera un paso mas. Él me cogió de la cintura he hizo que me pare, siempre dándole la espalda, luego me hizo girar y me empujó suavemente hacia su escritorio donde terminé sentada, me comenzó a acariciar las piernas y me las abrió poco a poco, al final quedé medio recostada sobre el escritorio con las piernas abiertas mostrándole todo mi calzoncito a él. A medida que me acariciaba se acercaba más a mi concha que cada vez estaba más húmeda. Cuando finalmente llegó a rozarla sentí como se excitaba más, comenzó a sobarme con más fuerza y poco a poco solo me sobaba sobre mi calzón, luego de un movimiento rápido me acercó hacia él quedando yo prácticamente en el borde del escritorio con las piernas al aire, él trató de quitarme el calzón pero yo no lo dejé, le dije que prefería no quitármelo, él me miró un poco desconcertado pensando tal vez que este encuentro no iba a pasar de un simple manoseo. Pero la cara le cambió cuando yo metí mi mano entre mis piernas y moví mi calzón para un lado, mostrándole mi jugosa vagina, él acercó sus dedos primero, pasándolos alrededor de mis labios vaginales y luego fue acercando su cabeza hacia mí, en un instante sentí su deliciosa lengua en mi concha, primero la pasaba como queriendo saborear mis jugos, luego pasó a lengüetearme rápidamente mi clítoris haciendo que yo empezara a gemir más y finalmente abrió mi conchita un poco colocando una mano en cada nalga para meter su lengua en mi hueco. No tengo que decir que yo solo estaba esperando a ver su pene y que me lo meta con todas sus fuerzas.

Cuando hubo terminado de lamerme todos los rincones de mi vagina se paró un momento y se desabrochó los pantalones, luego se bajó los calzoncillos mostrándome su palo completamente tieso, yo no pude resistir la tentación de chuparlo, así me que me bajé del escritorio, me arrodillé frente a él y comencé a chupar su delicioso pene, él me decía que parecía una profesional, yo no le iba a decir que fácil había tenido más de 30 penes en mi boca antes que tener el suyo.

Luego de darle una buena mamada, comiéndome sus huevos, chupando y lamiendo su palo, me senté de nuevo en el escritorio y abrí las piernas, él se quedó sentado un momento, yo pensé que de repente ya se había venido, pero rápidamente vi que no, su pene seguía tieso como roca.

- Isaac, no me digas que estas esperando invitación – Jajaja, como crees mi princesa solo estoy disfrutando la vista de tu deliciosa conchita.

- Bueno ven de una vez que tienes que terminar lo que has empezado – Con gusto linda, vas a ver como te hago gritarDicho y hecho se paró de la silla, me acercó nuevamente al filo de la mesa, acomodó su pene a la entrada de mi hueco y fue metiéndomelo poco a poco, yo sentía como se abría paso dentro de mí, era una sensación muy rica. Cuando llegó a meterlo todo me dio un empujón para que yo sintiera más y empezó a moverse más y más rápido.

- Métemelo más, le decía yo, no pares, si así, que rico – Si mamacita, te lo estoy metiendo todo para que goces – No pares por favor, más rápido por favor sigue así hasta el fondo.

- Ven ricura, voltéate si dame la espalda pon tus codos sobre la mesa, si así mi putita, hmm que delicioso es ver tu concha tan rica así, abre las piernas un poco más – Ahhh, si clávame todo por favor, métemelo más, que rico.

Estuvimos como 6 o 7 minutos así, yo le pedía que me la metiera toda por que así sentía más, y él trataba de moverse lo más rápido posible, era delicioso. Luego me pidió que me volteara nuevamente por que estaba cerca de terminar, yo le pedí que no terminara dentro mío, así que abrí mi blusa y le dije que terminara en mi abdomen, él se movió dentro mío unos minutos más, sacó su pene, lo apoyó sobre mi abdomen y me soltó su semen caliente, pero salió tan fuerte que llegó hasta mis cabellos, tenia algunas gotas de su leche en mi cara, otras en el cuello y un montón de su semen en mi abdomen, descansamos un poco por que quedamos rendidos, y luego le pedí algo para limpiarme, él solo tenia papel higiénico, me limpié lo mejor que pude pero algo de semen había caído en mi blusa y mi maquillaje se había corrido un poco, sin decir que mi calzón estaba completamente húmedo de mis jugos y su semen. Hice lo mejor que pude para limpiarme, y antes de irme el profe me dijo que había pasado con honores el examen, y que a ver si encontraba un tiempito para visitarlo, cuando me fijé la hora eran casi las 6 de la tarde había estado casi tres horas dentro y mi novio esperándome.

Cuando llegué a su auto él estaba medio dormido, me preguntó por que me había demorado tanto y le dije que tuve que convencer al profe para que me aprobara, y que bueno al final estaba feliz por que ya aprobé el curso, él me dio un beso de felicitaciones y nos fuimos a cenar para celebrar.

Ya saben, espero sus comentarios

Autor: JACKIE linda_konejita (arroba) yahoo.com

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EN CASA DE MI AHIJADA (II)

Publicado por fercho212 en Octubre 2, 2008

EN CASA DE MI AHIJADA (II)

Hetero. La madre y las hijas se convierten voluntariamente en pareja de juegos de cama de nuestro afortunado protagonista.

Me desperté contento conmigo, había disfrutado en cada día desde mi llegada dos manjares deliciosos, un culo casi infantil y uno maduro que paradójicamente había producido el primero. Pero era hora de comenzar mis labores habituales. En la mañana debía visitar una zona apartada para empezar un censo de campesinos y en el desayuno le pedí las indicaciones a Alicia, pero me dijo:

-”Esa zona es difícil, es mejor que Lucia te guíe que conoce la zona y adelantes más rápido tu trabajo”.
-”Seguro padrino sé que estás contratando un ayudante y yo puedo ser tu asistente y ganarme el sueldo que ofreces.”
-” Bueno estás contratada si tu madre está de acuerdo, pero no es fácil, la zona es difícil y la jornada es larga”.
-” No se preocupe compadre que Lucía es muy trabajadora y hará todo lo que Ud. le ordene”. Dijo mi comadre.

Salimos a iniciar la jornada en el campero y cuando iniciábamos la cuesta por el solitario camino me acordé que había dejado los pantys que mi amigo había mandado en la guantera del carro, tomé el paquete y saqué uno de los bikinis entregándoselo.

-”Este es un pequeño regalo para ti y el otro para tu mamá, el pequeño que es hilo dental y transparente lo voy a devolver porque no tapa nada y creo que no le va a gustar a tu mamá.”

Sacando la pequeña prenda y apreciando su tamaño dijo:

-”A mi no me importa usarlo, es lindo si me lo regalas me lo pruebo enseguida para ver si me queda.”
-”Bueno es tuyo y el camino está solo así que déjame me estaciono para que te lo pongas y me digas cómo lo sientes”.

Se apeó del vehículo, cerró la puerta y colocándose al lado del carro levantó su falda, aprovechando que el espejo retrovisor exterior del carro es eléctrico con mando en mi puerta, enfoqué el espejo de la puerta hacia mi ahijada, vi las nalgas blancas y redondas de mi ahijada cuando se levantó la falda sacó sus bragas de algodón y las tiró a la silla, las tomé estaban húmedas en el sitio en la entrepierna y un pendejo quedó adherido, quise olerla pero no me atreví, seguí mirando por el espejo y cuando se agachó su raja y levantó una pierna se abrió un instante y alcancé a divisar una zona oscura ente sus muslos, se puso el panty que entró en su surco trasero, con una mano abrió sus nalgas hasta que el hilo desapareció, metió un dedo en la raja para acomodar la tira que invadía su trasero y se bajó la falda y subió al vehículo. Había acabado el show de nalgas que ya empezaba a levantar mi polla.

-”Me gusta, sólo es raro por que el hilo se me mete y no estoy acostumbrada, pero no me molesta.”. Se montó al carro y tomando mi cara me besó al lado de los labios. “Gracias por tu regalo”. Seguimos nuestro rumbo.

Visitamos a varias casas rurales, llenando el registro correspondiente en formularios, mi ahijada era diligente y rápidamente entendió el procedimiento pero cada visita nos alejaba del camino principal y el estado de la vía se dañaba cada vez más, pero el cielo comenzó a oscurecerse, una lluvia pertinaz puso el camino resbaladizo, de pronto en una curva no vi a tiempo en tremendo hueco lleno de agua el campero se hundió el tren delantero y a pesar de la doble tracción no salió y en esa soledad nos tocaba resolver a nosotros.

-”Nos toca mojarnos Lucia, voy a conseguir un palo largo y con palancas levantamos cada rueda, para colocar piedras o madera debajo, me ayudas aunque esa falda no es la ropa más apropiada para desvararse”.

La lluvia arreció y tanto Lucía como yo estábamos empapados, la blusa de lino blanco delgado de mi ahijada comenzó a transparentarse y sus grandes tetas dejaban ver sus pezones con las puntas paradas por la bajada de temperatura y lo mojados que estábamos, cuando ella vio que yo miraba fijamente sus globos, y se dio cuenta que claramente se le notaban se quiso excusar diciendo, -”Padrino es por el frío, menos mal que estás sólo tú”.

Quedé un poco cortado por su expresión, y porque me había pillado mirándole con deleite su abundante busto. -”Perdona no era mi intención mirarte”.
- “No te preocupes padrino estoy acostumbrada a que me miren los senos en el pueblo, claro que trato de disimular el tamaño, pero bueno ya tú me los conoces”. Recordándome que incluso se los había tocado y medido.
-
Conseguí una fuerte vara y con una piedra inicié la palanca para levantar la rueda pero el apoyo se rodaba, por lo que me acosté en el barro boca arriba al lado de la llanta y le dije, -Yo mantengo la piedra y tú pones la vara para empujar y haces fuerza y yo voy metiendo piedras debajo para evitar el patinaje.”

Me tendí en el piso mojado pero mi propio cuerpo le impedía apoyarse bien y obtener la mejor ayuda de mi ahijada por lo que dijo, “Padrino si coloco mis piernas a cada lado de tus hombros creo que puedo hacer más fuerza”

Cuándo abrió sus piernas se colocó exactamente encima de mi cara, ella sabía que podría mirar sus pantys lo cual ya había hecho anteriormente, pero asumo que no se acordaba que se había cambiado sus bragas y mire hacia arriba… ¡¡¡sorpresa!!!.. Entre las piernas abiertas el minúsculo panty sólo tapaba la mitad de la vulva de mi ahijada, la gran pelambre que salía por los lados era un tupido bosque de pendejos negros que cubrían toda la ingle y que la pequeña prenda no era capaz de cubrir sino la mitad de la prodigiosa chucha de mi ahijada por arriba los pelos suaves y cortos subían hacia su ombligo marcando un caminito, además que siendo transparente la tela la visión de sus labios vaginales era completa, claro que la propia raja y la pepita no se veían por lo peluda que estaba su chucha, creo que en el último instante se acordó de su nueva prenda porque trató de cerrar los muslos pero la apertura del compás de sus piernas era muy ancha y obviamente que ella en ese momento fue consiente que su hirsuto paquete quedaba ante mis ojos.

Traté de no mirar pero la visión era un imán para mis pupilas y además la falda le impedía a ella ver la dirección de mi mirada por lo que pude apreciarla con cierta libertad, el hilo se metía en la raja y separaba los gruesos labios que debían tener más de una pulgada de ancho, en su parte trasera sobresalían un mechón de pelos a ambos lados de división, como pude coloqué la vara en la piedra para apalancarla, -”Ahora empuja”, y ella comenzó hace fuerza usando su cuerpo como peso y al flexionar las piernas estas se abrían en su unión, las nalgas también se abrieron y la vulva se acercó a mi cara, creí que se iba a sentar en mi rostro pero se detuvo a centímetros, incluso pude ver cómo el hilo pasaba al lado de su pardo y estriado ano, coloqué una piedra bajo la llanta, claro que al levantar la cabeza para maniobrar mi nariz tocó su chucha, pensé que iba a retirar su vulva pero creo que entendió que era una situación propia de las circunstancias y por seguir haciendo fuerza para incrustar la piedra debajo de la llanta terminé pegando firmemente mi cara al peludo cojín, los pendejos más largos acariciaron mi mejilla y sentí su fuerte olor a vulva. Ambos éramos conscientes de la situación tan insólita que se había dado de tener su chucha en mi rostro. Sólo fueron unos 20 segundos de tener su vagina sobre mi cara respirando el aroma que emanaba de su gruta, terminé con la piedra, cuando me salí de entre las piernas de Lucía pasado mis ojos a lo largo de toda raja densamente poblada de pelos y presentando una erección visible que traté de ocultar.

Me levanté todo embarrado y eludí su mirada dándole la espalda para que no viera como mi verga presionaba el pantalón como una estaca y Lucía también estaba apenada. La palanca funcionó y con palos y piedras que metimos le dimos tracción a las ruedas y salimos salpicando barro, iniciamos el regreso a casa mojados y embarrados, seguía lloviendo.

En el camino le comenté, “Lucia definitivamente ese panty que te regalé es muy pequeño, se te salen todos los pelos por los lados.”
“Bueno es que la tengo muy peluda y con casi todos los pantys se me salen los pendejos por los lados, pero por el afán de ayudarte no me acordé que me había puesto estos tan pequeños, ¿pero fue que se me vio mucho?”. Preguntó inocentemente.
“Realmente no miré muy bien” Mentí para no abochornarla. “Bueno pero vámonos para la casa que con esta empapada de ropa lo más seguro es que nos resfriamos”

Llegamos aún lloviendo y encontramos una nota de Alicia. “El almuerzo esta en el horno regresaré a las 6 p.m.”. Sólo eran las 3 de la tarde. . En la sala nos quitamos los zapatos embarrados.

-”Padrino, yo me voy a bañar para sacarme este barro, ¿tú no te vas a asear? Entrégame tu ropa para ponerla en el lavadero y no vayas a ensuciar toda la casa”.

Me quité el pantalón que era lo más embarrado y mojado que tenía quedándome en slip que por cierto era muy pequeño y resaltaba mi bulto y quedé en camisa que me tapaba el húmedo interior hasta la mitad, noté que Lucia miraba el paquete que notaba claramente.

“Dame también tu interior para de una vez llevarlo con mi ropa”.
-”Bueno no sé …este…”
-”Tranquilo que de todos modos hay que lavarlo, así que dámelo de una vez, además con esta lluvia mamá se atrasará”.

Dudé en hacerlo pero realmente mi ropa interior requería lavarse así que decidí entregárselo, claro que al deslizar mi pantaloncillo apareció la verga medio erecta que mi ahijada inmediatamente vio pero no dijo nada, ahora sólo quedaba tapada ligeramente mi verga por la parte inferior de mi camisa, Lucia se sacó la camisa mojada y quedó en brasier que contenía unas ubres en total desacuerdo con su cara de niña intelectual con sus lentes de aro. Cuando le entregué el slip me dijo

-”También te gustan pequeños no sé cómo hacen Uds. para meter sus cosas tan grandes sin que les moleste. Oye y definitivamente tienes el cuerpo bien cuidado, padrino, yo me voy a sacar la falda para lavar todo junto”. Ahora al quitarse la falda mojada apareció el pequeño panty, bueno el panty y lo que medio cubría. Me impacto su figura excitante. Ahora si aprecié lo hembra en que se había convertido la pequeña Lucía, que de pequeña no tenía nada, la abultada vulva con casi todos sus pelos al aire, le daban un tinte de una exótica Lolita, sumando las grandes esferas de sus tetas apenas contenidas por un brasier pequeño y muy gastado. Mi verga comenzó a levantar el ruedo de la camisa y el glande tapado por mí largo prepucio apareció cuando mi verga reaccionó con la visión de ahijada. Cuando Lucia bajó la vista y miró mi picha sin disimulo, me bajé la camisa pero ya Lucia había visto la cabeza de la imprudente verga así que la dejé salir completamente, total, ella tenía prácticamente su vulva al aire ante mí y no se cortaba.

Ante mi expectante mirada dijo. -”¿Cómo me queda tu regalo?, me miras como si no te gustara cómo me queda”.
-”Se te ve muy bonito. Pero no sabía que tenías arriba la chocha tan velluda a los lados”. Observando que los pelos llegaban hasta la unión con el muslo.
-”¿Es que te parece fea?, qué lastima, porque incluso tengo más peludos los labios de la vulva y hasta entre las nalgas tengo vellos”.
-”¿De verdad?, no te lo creo”.
“Seguro, quieres comprobarlo, mírame bien.”

Se saco el panty quedó casi desnuda al quedar sólo en brasier, a la vista quedó el gran monte de Venus con sus gruesos labios quedaban ocultos detrás de tanto pelo, para revisar me agaché frente a su chucha y tomé el mechón que estaba encima de la raja, por lo menos los pendejos tenían como 4 cm de largo, el olor a raja era fuerte, abrí en poco los labios y vi el brillo de los belfos internos.

-”Mírame atrás si quieres comprobarlo”

Cuando se giró confirme que la abertura entre las nalgas blancas y firmes tenía un vello largo y fino, ella misma abrió sus carnes y los lados internos estaban recubiertos de pelo y al fondo apareció su oscuro agujero, pasé mis dedos por su raja y continué el dedo hasta la grieta delantera que mojó con su jugo mi dedo anular, de pronto dio un pequeño respingo, había tocado su clítoris, por lo que saqué mi mano del chocho. Me levanté y la picha se asomaba obscenamente por entre la camisa levantando el ruedo completamente templada ante los ojitos ya no tan castos de mi ahijada.

-”Me corrió como una corriente cuando tocaste mi pepita. Bueno padrino, ya me has visto toda por qué no te bañas conmigo, no debes tener pena, para que sepas ya te visto bañándote antes pero quiero verte cerca, así como tú lo has hecho”
-”Creo que te voy a acompañar a bañarte, pero cuidado con comentar algo con tu madre.”

Lucía terminó totalmente desnuda al sacarse los sostenes y sus magnificas mamas se desbordaron, pensé que por su tamaño se bajarían pero se impuso la juventud y quedaron en su plenitud, deduje que estaba arrecha por lo parado de sus pezones, -”¿Te ayudo padrino a quitarte la camisa?”

Asentí con la cabeza y mi ahijada comenzó a desabotonarme la camisa, cuando llegó al último botón donde precisamente estaba mi verga totalmente rígida y al desabotonarlo necesariamente tocaba el tronco de la picha así que maniobró repetidamente pero con mas intención de tocarla que de desabotonarme, me miró y decididamente la tomó tímidamente en su mano, retrajo mi prepucio y le peló la cabeza.

-”Cómo está de caliente y dura, cuando te he visto bañándote desee tocártela, ¿así de dura es como se la meten a las mujeres?”. -”Cuéntame padrino ¿a cuántas mujeres se la has metido?”
-”Bueno, no sé exactamente, pero han sido varias.”

Una pequeña gota salía por la punta del glande, la tocó y un brillante hilo espeso quedó en su dedo. Lucia se arrodilló frente al palo rígido que manoseaba.

Me miró a través de sus lentes diciendo, -”Sabes que es el primer pene que toco, me dan ganas de apretarlo se ve tan bonito que dan ganas de morderlo.”
-”Pues si quieres morderlo hazlo como chupando pero muy suave y si quieres pásale la lengua,”

Abrió su hasta ahora inocente boca y metió el glande y mordió despacio, pero sus instintos ancestrales entraron a funcionar, porque cerró la boca y comenzó a chupar, yo tomé su cara y ayude a entrar y salir lentamente. -”Dame tus lentes para que chupes con más tranquilidad”.
Entregándome sus gafas dijo, -”Padrino, esto me gusta, te voy a confesar que estoy toda mojada en la chucha y me tiemblan las piernas, ¿qué es?
-”Es que estás muy arrecha, ven a la cama que te voy a ayudar y yo también quiero disfrutar de mi ahijada, acuéstate en la cama, por un momento vamos a ser como amantes, pero luego lo olvidamos, es un trato, Ok.”
-”Lo que digas, quiero saber lo que se siente, pero quiero seguir virgen, confío en ti, porque Aída está culiando desde hace dos años y en estos pueblos todo se sabe y le han perdido el respeto”.

Se acostó y me esperó con las piernas abiertas, sus grandes senos con los pezones parados y matorral oscuro entre sus piernas me sugirieron clavársela ahí mismo, pero no era justo, me subí encima de su juvenil cuerpo, poniendo la tranca entre sus pelos, me arqueé y chupé sus grandes tetas mordisqueando sus pezones, tomé la polla con la mano y froté su palpitante clítoris con mi glande una y otra vez ya que de su gruta manaba el liquido a raudales, hasta que empezó a gemir, me deslicé desde sus tetas lamiendo su abdomen dejando un rastro de saliva hasta que mi boca llegó al chocho oloroso, aparté los pelos negros y brillantes y me dediqué a la sensible pepita que recién descubría los placeres de una buena lengüeteada, mi ahijada levantó sus rodillas hasta los hombros y se abrió con sus propias manos tanto la grieta de su chocha como de su culo velludo como el resto del área, los pelos rodeaban el ojete pardo y se lo chupé lentamente haciendo círculos sobre sus bordes, Lucía suspiraba y gemía, metí despacio el dedo en el ano, y pasé de nuevo a lamer la vulva, cuando sintió que el dedo índice ingresaba a su recto, levantó la cabeza como inquieta.

-”No te preocupes, en el culo no pasa nada”. Le dije.

Seguí mamando sus líquidos y dándole dedo en el ano, hasta que decidí ingresar el dedo central para acompañar al que ya estaba dentro de su pequeño orificio, que a la sazón estaba dilatado, de pronto me agarró por el cabello y empujó mi cara contra su coño, mientras mi lengua aceleraba su vibración sobre el duro e hinchado clítoris

-”¿Qué es ésto? Qué rico, chúpame asiiiii… ¡¡¡aguuuuu…!!!”.Estoy sintiendo algo delicioso…sigue asiiiiiii… ¡¡¡aaaooooo!!!

Descendió más líquido con su primer orgasmo y luego sus músculos se aflojaron y seguí lamiendo su vulva suavemente.
Levantó su cara y me vio chupando su peludo triángulo, -”Qué cosa más deliciosa, cómo será cuando me la metas en la chucha, creo que me voy a morir del gusto”.

Yo seguía sin sacar mis dedos de su ano.

-”Por lo pronto voy a metértela por detrás, creo que te va a gustar, sólo te molestara al principio.”
-”Si mamá la resiste, yo creo que también la pudo recibir, porque no creas que no te he visto culiándote a mi mami y metiéndosela por ambos huecos, pero no te preocupes, ya podrás tenernos a las dos, por lo menos hasta que me vaya para la Universidad”.

Aquella revelación me indicó que mi ahijada había adelantado alguna información teórica y conocía el procedimiento en carne ajena (o en raja propiamente dicho), en este caso en la de su madre.

La giré para ponerla en pompa, con calma le abrí las nalgas, metí mi cara en el surco y puntiándolo con la lengua, chupé su ano y volví a meter los dos dedos que los recibió con facilidad, una tercera falange siguió y el hueco estaba listo para inaugurarlo. Estando en pompa la velluda raja del chocho estaba empapada y a mi disposición, decidí probar un poco la vagina, pero metí sólo la cabeza, era sólo un empujón y la hubiera desvirgado, pero yo sólo quería lubricar la picha así que mojé mi glande con su viscoso jugo. Lucia pensó que la iba a clavar por delante y me miró y dijo:

-”Prueba hasta dónde entra sin romperme y déjame sentir un poquito tu verga en mi chucha”.

Suave entró en la vagina la cabeza entera y una pulgada adicional, se la saqué y comencé a bombearle con cuidado, sin sacar los dedos de su chiquito, el tronco que había entrado salía brillante de los flujos de la niña, cuando entré una pulgada más un pequeño salto me indicó que su himen había contactando con mi glande, así que como padrino me sentí cumpliendo mi doble función de protector de la virginidad de mi ahijada y dándole la educación erótica que requería sin exponerla, el tronco salía brillante de sus abundantes flujos y los negros pendejos se adherían en el baboso cilindro.

-”Ahora sí cambia de hueco, padrino.”

Lucía colocó manos en el surco de sus nalgas y las abrió al máximo, puse la cabeza de la verga detrás de mis dedos y apenas los saqué sin dejar que se recogiera el ano, metí el glande que sintió la presión suave pero consistente, hice la pausa de rigor para acostumbrar el agujero.

-”Sigue, porque tengo que tragarme ese palo hasta las bolas.”

Presioné y su dócil esfínter se abrió, sólo un pequeño salto de sus nalgas me indicaron que algo le dolió, por lo introduje unos centímetros más y saqué el duro y venoso bate que se sentía suave pero firmemente comprimido, hice una pausa y un segundo envión lo hizo entrar más y ya estaban cuatro pulgadas dentro, una pausa y con mis manos en sus caderas la jalé, mis pelotas tocaron sus nalgas, mis 18 centímetros rígidos acababa de inaugurar completamente la vía trasera de mi ahijada.

“Ahuu…padrino creo que me comí toda tu verga, espera y me acostumbro no te muevas, porque me duele mucho.”

Esperé a que acostumbrara al palo que yacía ahora en sus intestinos y suavemente comencé a moverme, sacando la verga y deslizándola y volviéndola a meter, pero Lucia se comenzó a quejar.

-”Padrino sácame esa picha que me duele, estoy muy irritada mañana lo volvemos a intentar, no aguanto el ardor”.

Con gran pesar retiré mi verga del ajustado guante anal y frustrado me acosté boca arriba en la cama, Lucia se montó encima de mí y me dijo, -
“Probemos por delante nuevamente, porque si bien me dio miedo que me desvirgaras, me agradó tener la picha en la vagina, yo me voy a sentar encima de tu verga con cuidado y si quieres puedes darme tu leche adentro, ya que acabo de salir de la regla.”

Se ubicó colocando sus rodillas al lado de mis caderas y tomó la verga que hinchada y con sus venas resaltadas con una mano, con dos dedos de la otra mano se abrió el velludo surco y empezó a sobarse el clítoris con mi glande, al principio lento y luego cada vez más rápido, mientras sus voluminosos pechos oscilaban, los comencé a sobar y apretar sus pezones parados.

-”Padrino, chúpame las tetas y muérdemelas, no pensé que estar arrecha fuera tan deliciosa, déjame y me meto un poco tu polla en la vagina”

Nos reacomodamos y sentándome en la cama me metí el pezón derecho en la boca, mientras Lucia maniobraba con mi palo montándose directamente en él, tomó con su mano el tronco por su base de manera que el glande y una porción sobresalían de su puño cerrado sobre mi picha, la cabeza entró toda y una porción más iniciando una cabalgada controlada, ya que mi ahijada con la mano agarrando la base de mi tronco servia de tope y se la metía exactamente hasta donde comenzaba su himen y la volvía a sacar.

-”Ojo mi vida, no quites la mano que se te pude clavar porque estás muy húmeda”. Le advertí

Lucia gemía y mi boca lamía sus pezones, trataba de tomar por momentos más porción de sus tetonas, pero esos globos eran demasiado grandes para mi boca, pero comencé a morder sus picos, sus gemidos aumentaron exclamó:

-” ¡No aguanto, me la tengo que comer, necesito más que la cabeza!”.

Quitó la mano protectora que era su tope y barrera y la picha entró suave pero sin pausa en toda su longitud hasta el fondo de su vagina, me sorprendió su actitud loca y traté de sacársela y evitar romperla, pero me abrazó fuerte, sus uñas se clavaron en mi espalda y bajó sus labios a mi boca que ahogó su dolor, fue un beso intenso y largo, sentí cómo llegaron sus nalgas a posarse en mis muslos y sus pendejos se unieron con los míos, me sentí culpable por un momento pero pasada sorpresa, nos quedamos quietos conscientes que mi polla estaba en lo profundo de sus entrañas me separé un instante y mis pendejos y los suyos eran un solo nido de vellos, el tronco de mi verga no se veía oculto por el bosque piloso y la miré a los ojos interrogante, -” Bueno ahora soy tuya me he desvirgado yo misma por placer, y porque me gustas, perdóname pero no aguantaba más, no te culpes tú, sólo a mi arrechera, así que ya puedes culiarme como es debido “.

En un momento mi sentimiento de culpa desapareció, porque cuando bajé mi vista hasta el peludo bosque donde mi verga iba entrando ya sin impedimento alguno, no pude sino felicitarme del fantástico coño que tenía sentado sobre mi verga y Lucia no desperdiciaba ni un centímetro de polla ya que comenzó a clavarse y desclavarse con energía, de pronto, mientras masajeaba sus divinas ubres, una serie de gemidos recorrieron la casa.

-”Así, asiiiiii, qué rico estoy sintiendo… dame más rápido… ¡¡¡deliciosoooo!!!, padrino esto es lo más rico que me ha pasado, aaahhiiiiii… ¡¡¡me viiiinneee…!!!

Era el primer orgasmo que llegaba con la verga en sus entrañas y en qué forma se nota llegar por sus gruñidos de hembra en celo y que además coincidía con el mío, aceleré mis caderas y la leche se disparó en su interior, en su afán de seguir la sensación Lucia se movió de lado saliéndose la picha en el momento del segundo chorro el que cayó en su barriga y hasta a una de sus tetas fue a dar, el último baño los pelos de su coño empapándolos, pero volví a meter el enhiesto palo en las entrañas de mi ahijada, la seguí moviendo sacando la última porción del orgasmo, sentí mi picha ablandarse dentro de los de los jugosos labios y me dejé caer de espaldas con Lucia sobre mí, exhaustos después de nuestro primer polvo.

El hecho de haber desvirgado a mi ahijada no me hacía realmente feliz, si bien era cierto que lo había tratado de evitar, no podía evitar sentir que yo era quien tenía la experiencia.

Pero sólo fue un instante de sentimiento de culpa ya que Lucía se encargó de redimirme y justificarme al decirme. -”Sabes que mi hermana Aída me contó que te la habías culiado y lo rico que habían estado, y no era justo que yo siendo tu propia ahijada tuviera menos derechos, ya que al bautizarme te obligaste a colaborar en mi instrucción y guiarme en la vida, por lo que tomé la decisión que en la primera ocasión te entregaría mi virginidad, porque a pesar que tú te has preocupado por mí económicamente, no me has instruido en la sexualidad, así que pensé que debías iniciarme y deberías gozarme por primera vez, en vez de un perfecto desconocido, ha sido mi mejor decisión porque lo he disfrutado de lo mejor. Bueno pero alístate para bañarnos que pronto regresa mamá, y tienes que estar listo para la dueña de casa que seguramente reclamará parte de este sabroso banano, pero mañana me toca a mí”. Se levantó dándole un beso en la cabeza a su reciente desvirgador.

Cuando caminaba desnuda hacia el baño se giró en la puerta lanzándome un beso y con la visión de sus grandes globos y su negro y velludo coño me resigné a convertirme en el consolador de la viuda de mi compadre e instructor sexual de mi sensual ahijada.

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coleccion de relatos eroticos

Publicado por fercho212 en Octubre 1, 2008

Bienvenidos a ferelatos

Aqui pondran encontrar cualquir tipo de relato erotico

Para empezar me gustaria públicar este relato

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ANA LA APRENDIZ –

Ella gemia como loca, creo que hablaba, no se le entendia nada con la boca llena. En ningun momento interrumpio la mamada, era toda una profesional. El mejor 69 de mi vida

ANA LA APRENDIZ Ella gemía como loca, creo que hablaba, no se le entendía nada con la boca llena. En ningún momento interrumpió la mamada, era toda una profesional. El mejor 69 de mi vida

Allí estaba yo, en la consulta del médico, total y absolutamente acojonado. Tres o cuatro semanas atrás había empezado a sentir molestias en una zona muy delicada para los hombres, en los testículos. Acudí a mi médico, que inmediatamente me envió a un especialista, donde se me practicaron varias pruebas. Ahora estaba en su despacho, esperando los resultados de las mismas y tan asustado que la camisa no me llegaba al cuerpo.

- ¿Dónde se habrá metido este cabrón? – pensé – ¿querrá volverme loco o qué?

Aún tuve que esperar cinco minutos más, era como si el tipo hubiera tenido que ir a por los informes hasta el mismo laboratorio y además andando. Por fin, la puerta volvió a abrirse y el doctor entró con un montón de papeles en la mano. Sin decir nada, se sentó a su mesa y se puso a repasarlos, como si aún no los hubiese leído. Yo sudaba como un cerdo. Un par de minutos después separó sus ojos de los documentos y los plantó en mí:

- ¿Se encuentra usted bien? – me dijo – Tiene mala cara…

- Sí, sí, estoy bien, es que hace un poco de calor – dije yo mientras mentalmente me cagaba en sus muertos.

- Bueno, señor Rovira, aquí tengo los resultados de su examen médico.

- ¿En serio?, yo creí que era prensa deportiva – estuve a punto de decirle, aunque en realidad me limité a sonreír nervioso.

- Verá, hemos detectado un pequeño tumor en uno de sus testículos.

El alma se me cayó a los pies, mi mundo se hundía, quería morirme.

- Pero no se preocupe, es benigno y perfectamente operable.

¡Que resuenen las trompetas y las fanfarrias!

- ¿De verdad? – acerté a balbucear.

- Sí, tranquilo – dijo el médico sonriente – lo hemos detectado en una etapa muy precoz de su desarrollo. Sólo tendrá que pasar 3 o 4 días en el hospital y podrá llevar una vida perfectamente normal.

- Pero, ¿no habrá secuelas? – De ningún tipo. Bueno, ¡tendrá que pasarse un par de semanitas sin sexo! – dijo riendo.

Yo también me reí.

- Si es sólo eso – en ese momento aquel tipo era mi mejor amigo. Si fuese gay, lo hubiera besado.

Hablamos un rato sobre los detalles de la operación. Me ingresarían el martes siguiente, para hacerme unos análisis y otras pruebas. La intervención sería el miércoles por la tarde, recibiendo el alta con toda probabilidad el viernes o el sábado.

Me marché a casa mucho más tranquilo. Iba por la calle, feliz, sonriente, todo me parecía de color de rosa. Nada más llegar, llamé a mi novia, Pili y le conté las buenas noticias. Me hubiese encantado que viniera a mi piso para celebrarlo, pero por desgracia se encontraba fuera de la ciudad. Era azafata y en ese momento estaba en Argentina y no volvería hasta la semana siguiente.

La semana pasó rápidamente, teniendo que soportar las continuas bromas de mis amigos y compañeros de oficina, que si me iban a dejar eunuco, que la fimosis se opera de pequeño y otras lindezas similares. A medida que transcurrían los días, yo me iba poniendo cada vez más nervioso, pues por mucho que el médico dijera que era un procedimiento sencillo, no dejaba de ser una operación en mis pelotas y yo les tenía (y les tengo) mucho cariño.

Por fin llegó el martes. La hora de ingreso eran las once de la mañana, así que me levanté temprano y preparé una pequeña maleta con ropa y objetos de aseo. Cogí un taxi y me fui a la clínica.

Tuve que rellenar un montón de papeles antes de que me condujesen a planta. Por fin, terminé con los trámites burocráticos y un celador me llevó hasta el tercer piso.

- Entréguele esto a la jefa de enfermeras – dijo dándome un fajo de papeles y señalando hacia un mostrador que había más adelante.

Me dirigí hacia allí con los papeles en una mano y la maleta en la otra. El hospital era una clínica privada, por lo que en los pasillos no había enfermos arrastrándose, carritos de la limpieza, ni olor a desinfectante. Esto me alegró, pues yo detesto los hospitales. Al llegar junto al mostrador, dejé la maleta en el suelo y los papeles encima. De espaldas a mí había una mujer con el típico traje de enfermera, totalmente blanco, zapatos planos y cofia. Era muy alta, por lo que la falda le llegaba bastante por encima de la rodilla, lo que permitía observar parte de sus lustrosos muslos enfundados en unas sugerentes medias blancas. En ese instante se agachó para abrir un cajón de un archivador, con lo que alcancé a ver una porción todavía mayor de aquellas magníficas piernas. En esa postura su magnífico espléndido trasero apuntaba directamente a mí, por lo que censurables pensamientos comenzaron a asaltar mi cerebro.

Por fin, la razón se impuso y dije con voz calmada:

- Disculpe, señorita, ¿es usted la jefa de enfermeras?

La chica se enderezó y se dio la vuelta, mirándome mientras esbozaba una ligera sonrisa.

- Sí, soy yo, ¿qué desea?

Ante mí estaba un bello ejemplar de mujer. Su rostro era muy atractivo, boca grande, de labios carnosos, sensuales, nariz aguileña, bien definida y unos ojos verdes que me miraron divertidos, como si supieran que yo poco antes estaba espiando a su dueña.

Como yo me había quedado mudo, ella volvió a insistir:

- ¿Desea usted algo?

Por fin, reaccioné.

- ¡Oh, sí, sí! Disculpe. Traigo estos papeles, me tienen que ingresar en esta planta.

Ella tomó los impresos y se puso a leerlos. Mientras, yo le echaba disimuladas miradas. Llevaba todos los botones del uniforme abrochados menos el último, lo que me permitió contemplar su cuello, de piel morena y atractiva. Sus senos eran de buen tamaño, apretaban con firmeza la delantera de su vestido, que se veía bastante tensa. Sobre su seno izquierdo había prendida una plaquita. “Lucía Sánchez” decía. Yo estaba absolutamente hipnotizado.

- …Señor Rovira – dijo ella, creo que llevaba un rato hablándome ya.

- ¿Cómo dice? – dije despertando.

- Que me acompañe por favor.

Levanté la mirada hasta su rostro y me di cuenta de que ella había notado perfectamente adonde miraba yo. Me invadió un repentino sentimiento de vergüenza, seguro de que estaba a punto de llamarme la atención, pero, para mi sorpresa, se limitó a esbozar una sonrisa pícara. Salió de detrás del mostrador y echó a andar por el pasillo.

- Sígame – dijo.

Yo recogí mi maleta y eché a andar tras ella. Me mantenía un par de metros por detrás, para poder contemplar cómo su precioso trasero iba bamboleándose en el interior de su uniforme. Parecía tener un motorcito allí dentro, así de bien lo movía.

Por fin se detuvo frente a una habitación. Abrió la puerta y se apartó, para que yo entrara. Era la típica habitación de hospital, paredes blancas, una cama articulada, mesita de noche, armario empotrado y un sillón para las visitas. También había una mesa colocada a los pies de la cama, supongo que para la tele. Junto a la entrada había otra puerta, la del baño y al fondo, una ventana daba a la calle El cuarto era bastante grande, con seguridad cabría otra cama más.

Entré y dejé mi maleta sobre la cama. Ella entró detrás mía.

- Si necesita algo, pulse el timbre que hay en la cabecera de la cama y yo o una de mis compañeras vendremos enseguida. ¿Ha traído pijama? – comenzó a decirme.

- Por supuesto.

- Bien, póngaselo. Dentro de un rato habrá que sacarle sangre. ¿Desea que le traigamos una televisión? – No, gracias, he traído para leer. No soy muy aficionado a la tele.

- De acuerdo. Si no necesita nada…

- No, gracias, señorita Lucía.

Ella me miró interrogante.

- Oh, disculpe. Lo he leído en su placa.

Ella miró hacia abajo, a su pecho. Levantó la mirada y la clavó en mí.

- Ya comprendo – dijo con expresión seria.

Yo estaba muy avergonzado.

- Yo… Disculpe…

- ¿Cómo dice? – No nada, nada – dije yo, rojo como un tomate.

- Bien, pues hasta luego.

Se marchó cerrando la puerta, dejándome bastante avergonzado.

- ¿En qué estaría yo pensando? – exclamé.

Ya no podía cambiar nada, así que comencé a deshacer la maleta. No me parecía buena idea ir por ahí cabreando a gente en cuyas manos iba a poner mis pelotas dentro de poco. Tras ordenarlo todo, empecé a desnudarme, para ponerme el pijama. Mientras me quitaba la ropa, me acordaba de Lucía. Estaba buenísima y encima, vestida de enfermera ¡Uuuummmm! ¡Qué morbazo!

Cuando terminé de ponerme el pijama tenía una erección de campeonato. Estaba allí, de pié como un imbécil, contemplando el enorme bulto de mi pijama, cuando alguien llamó a la puerta.

Como un rayo abrí la cama y me metí dentro, arropándome hasta el cuello.

- ¡Adelante! – dije.

Era Lucía. Entró empujando un carrito con instrumental.

- Vengo para el análisis – me dijo.

- De acuerdo – contesté yo incorporándome.

Empujó el carrito hasta situarlo junto a la cama. Rebuscó un poco y se acercó a mí con una goma en la mano.

- Súbase la manga – me dijo.

Yo obedecí con presteza, quería portarme bien para que se olvidara de lo de antes.

- Estire el brazo – continuó.

En ese momento yo estaba pensando que no hay nada en el mundo para bajar una erección como la amenaza de una jeringuilla, pero entonces ella se inclinó un poco para atar la goma en mi antebrazo. Al hacerlo, noté que el segundo botón de su uniforme se había desabrochado, así que olvidé en un segundo todos los propósitos de portarme bien, y mi miembro recuperó de golpe todo su esplendor. Dirigí una mirada disimulada a su escote. Cuando se inclinaba, alcanzaba a ver el borde de un delicado sostén de encaje. Ella, tras atar la goma, golpeó con dos dedos en mi brazo, para que se marcaran las venas, pero yo apenas lo noté.

Disimuladamente, fui estirando el cuello, para obtener una visión más amplia. Su seno iba revelándose poco a poco a mi mirada. Su sujetador era blanco, bordado, lencería fina sin duda. Estaba preguntándome si llevaría las braguitas a juego, cuando oí su voz que decía:

- Ya está. Doble el brazo – dijo apoyando un poco de algodón sobre el pinchazo.

Se incorporó y dejó la jeringuilla sobre el carrito. Con un hábil gesto, soltó la gomilla de mi antebrazo, mientras yo la miraba anonadado.

- ¿Ya lo ha hecho? Es usted fantástica – le dije.

- Gracias, una tiene sus trucos para hacerlo rápidamente y sin dolor – dijo dirigiéndome una mirada enigmática.

Las implicaciones de lo que acababa de decir hicieron que me quedara momentáneamente cortado. ¿Qué quería decir? ¿Que era muy buena sacando sangre? ¿Que se había abierto el botón ella misma?

- Bueno, me marcho – me dijo – Le traerán la comida dentro de media hora más o menos.

- De acuerdo, gracias. Ya la llamaré si la necesito.

- Lo siento – respondió – Yo no podré atenderle, me marcho ya. Mi turno acaba a la una y media.

- ¡Ah! Ya veo. Pues entonces supongo que la veré mañana.

- Sí, mañana por la mañana vendré para afeitarle.

- Bueno, pues hasta luego – dije yo.

- Adiós – dijo dirigiéndose a la puerta con el carrito.

Entonces, lo que había dicho por fin penetró en mi mente y una espeluznante sospecha se apoderó de mí.

- Perdone – le dije – ¿Ha dicho usted afeitarme?

Ella se detuvo y se volvió hacia mí.

- Afeitarle, claro.

- Pero, ¿afeitarme cómo? – Afeitarle el pubis, por supuesto – dijo ella impertérrita.

- ¿Qué?

Ella me miró como una maestra mira al niño más torpe de la clase.

- Señor Rovira, va usted a ser sometido a una intervención quirúrgica en la zona genital. Como comprenderá, es absolutamente necesario rasurarle y desinfectarle esa parte.

- Sí, claro, ya comprendo. Es sólo que no lo había pensado.

- De acuerdo, pues hasta mañana.

- Hasta mañana.

Ella cerró la puerta tras salir, y yo me quedé allí, alucinando. ¡Esa pedazo de tía iba a afeitarme los huevos! ¡Dios mío! ¡Qué podía hacer! Ya la había cagado bastante con ella ese día, ¿qué pasaría al siguiente, cuando ella empezara a manipular por ahí abajo y mi polla se empalmara?

Traté de tranquilizarme, pero la perspectiva del increíble ridículo que iba a hacer me lo impedía.

- Vamos, tío – me decía – Es una profesional, seguro que si te pasa no le importa en absoluto. Además, ya piensa que eres un pervertido, ¿qué mas da que piense que eres un degenerado?

Estuve un buen rato sumergido en este tipo de pensamientos, cuando de repente, llamaron a la puerta. Tras dar mi permiso, entró en la habitación otra enfermera, una bastante mayor, de 50 años al menos.

- ¡Ojalá me afeitara ésta! – pensé.

- Buenas tardes – me dijo – Le traigo el almuerzo.

- Muchas gracias.

La enfermera acercó la bandeja hasta la cama. Estaba colocándomela bien cuando sonaron unos golpecitos en la puerta. Alcé la vista y allí estaba Pili, mi novia, todavía llevando su uniforme de azafata.

- ¡Pili! – exclamé – ¿Ya estás de vuelta? – Sí querido – respondió ella sonriente – Adelantaron mi vuelo y me he venido directamente a verte. Ni siquiera he pasado por casa.

- Luego vendré a por la bandeja – dijo interrumpiéndonos la enfermera.

- Sí, sí, muchas gracias.

Mientras la vieja salía, Pili se acercó a mí y me plantó un fuerte beso en los morros.

- ¿Y qué cómo estás? – dijo dejándose caer en el sillón.

- Pues qué quieres, un poco nervioso, pero bien.

- Vaya, creí que estarías cagado del susto, con lo aprensivo que eres – dijo riendo.

- Ja, ja. Muy graciosa.

Nos quedamos callados, mirándonos. Yo le dirigí una apreciativa mirada. Estaba la mar de sexy con su uniforme azul y las medias negras, llevando su rubio cabello recogido; más de una vez habíamos echado un polvete llevándolo ella puesto, por puro morbo.

- ¿Qué miras? – me dijo.

- Estás buenísima con ese traje – le dije.

- Sí, lo sé – respondió sonriente.

Seguimos conversando durante un rato, sobre la operación, su viaje, la situación en Argentina. Mientras, yo iba comiendo un poco de la sosa comida que me habían traído. Ella se puso cómoda, se echó hacia atrás y cruzó las piernas. Como el sillón era muy bajo, su trasero quedaba hundido, muy por debajo de sus rodillas, por lo que su minifalda se subió, revelando una buena porción de muslo. Alcanzaba incluso a ver el final de sus medias y el broche del liguero. Me estaba poniendo como una moto.

- Pili – le dije.

- Dime.

Una ominosa idea iba tomando forma en mi mente.

- Verás, quería pedirte un favor.

En ese momento llamaron a la puerta y la enfermera asomó la cara.

- ¿Ha terminado? – preguntó.

- Sí, sí, pase.

Entró y recogió la bandeja. Pocos segundos después volvía a salir cerrando la puerta tras ella.

- Ahora estaremos un rato tranquilos – pensé.

- Ven siéntate aquí – le dije a mi novia palmeando en el colchón.

Ella no dudó ni un segundo. Se levantó y se sentó a mi lado. Yo, poniéndole una mano en el cuello, la besé tiernamente. Mientras lo hacía, llevé mi otra mano hasta su cacha y empecé a acariciarla.

- ¡Ay, estáte quieto jolín! – Nena, por favor – dije gimoteante.

- ¿Se puede saber qué te pasa?

Yo la miré seriamente y se lo solté de sopetón:

- Hazme una paja.

- ¡¿QUÉ?! – Que me hagas una paja – repetí como si ella no me hubiera entendido.

- ¡Estás loco! – Loco de calentura.

Pili se levantó bruscamente de la cama y fue a sentarse nuevamente en el sillón, cruzándose de brazos, enfadada.

- En eso estaba yo pensando, en pegarme 10 horas de vuelo para venir a cascársela a mi novio en un hospital.

- Espera, déjame que te explique.

- Explicarme qué. ¿Que eres un salido? – No, no es eso – contesté con tono serio.

- No me interesa lo que vayas a decirme, no pienso hacerlo, podrían pillarnos.

Me quedé callado unos segundos.

- Verás Pili, llevamos más de una semana separados ¿verdad? – Sí, pero me da igual si vas caliente por eso.

- Exacto, hace bastante tiempo que mis necesidades no se ven satisfechas.

- ¿Qué quieres decir? ¿Qué tengo que “satisfacer tus necesidades” cuando a ti se te antoja? – No, mujer, no – continué – déjame explicarme.

Ella no dijo nada, se limitó a echarme una mirada de enojo.

- Mira, lo cierto es que no he tenido sexo en una semana, por lo que me excito con facilidad.

- Ya lo veo – dijo Pili, cortante.

- Pues sucede que mañana por la mañana, una enfermera vendrá a afeitarme el pubis.

- ¿Cómo? – exclamó ella incorporándose, noté que había un brillo divertido en su mirada.

- Lo que has oído, mañana vendrá la enfermera a rasurarme y yo estoy muy nervioso. ¿Te imaginas la vergüenza que voy a pasar cuando comience a trastear por ahí abajo y yo me empalme? Por favor Pili – dije juntando mis manos como si rezara – No puedes dejarme así.

Abrí las sábanas, dejando al descubierto mi pijama. En él se apreciaba un notable bulto a la altura de la ingle, pues yo, con la sesión de manoseo y la conversación, había vuelto a excitarme. Pili echó una mirada apreciativa a mi entrepierna.

- ¡Pobrecito! – dijo con tono pesaroso, aunque se notaba que estaba a punto de partirse de risa.

- Sí, tú ríete, pero yo estoy muy preocupado.

- ¿Lo que no entiendo es cómo se te va a empalmar con semejante adefesio! – ¿Adefesio? – dije yo perplejo.

¡Claro! Ella no había visto a Lucía, sino sólo a la vieja.

- Pues mucho peor – mentí – Imagínate qué vergüenza empalmarse con esa vieja, pero en el estado en que estoy, bastará con que me rocen ahí abajo.

- ¡Ja, ja, ja! – Pili, por favor no te rías, que yo estoy muy serio.

- Perdona – dijo todavía riéndose.

- Además, no van a pillarnos. La vieja ya se ha llevado la bandeja y no hay razón para que vuelva si yo no la llamo.

Ella seguía mirándome divertida, aunque yo notaba que ya la tenía en el bote.

- Y otra cosa – dije con tono sensual.

- ¿Qué? – A lo mejor mi picha le gusta a esa vieja y decide hacerme un “trabajito” ella misma. No sé si tendría fuerzas para resistirme…

- Eso es verdad – dijo ella levantándose insinuante – ¡Tu polla es taaan bonita! – ¿A que sí? – seguí bromeando.

- A ver, nene, enséñame la colita para ver si es cierto que no puede más.

Yo, muy animado, sujeté las sábanas con una mano mientras con la otra me bajaba los pantalones, dejando mi miembro al aire.

- ¡Aaaay! ¡Pobrecita! – dijo con tono de niña pequeña.

- Venga, Pili, no tontees más – dije lastimosamente.

- Bueeeno – dijo ella sentándose a mi lado.

Ella llevó su mano hasta mi falo y lo acarició delicadamente. Sentí que la electricidad recorría mi cuerpo.

- ¿Tienes pañuelos de papel? – dijo empezando a pajearme.

- Por ahí debe de haber, pero no los necesitamos ¿verdad?

Ella me entendió perfectamente, aunque hizo como si no comprendiera diciendo:

- ¿Ah sí? ¿Y por qué? – Pues porque había pensado que podrías acabar con la boca.

- Eres un guarro ¿lo sabías? – ¿Yo? – pregunté con aire inocente.

- Sí tú.

- ¿Y quién fue la que me hizo comerle el coño en Euro Disney?

Ella me miró sonriente, sin parar de masturbarme.

- Aquello fue diferente – dijo.

- ¿En qué? – Bueno – dijo encogiéndose de hombros – Si allí nos pillaban nos bastaba con no volver en la vida, pero aquí hay que volver mañana.

- Eso es cierto – reconocí – pero ya no puedes dejarme así.

- Tranquilo – me dijo guiñando un ojo.

Su paja era lenta, enloquecedora. Pili era (y es) una auténtica maestra en esos menesteres. Yo disfrutaba como un enano. Llevé mi mano hasta su muslo y comencé a acariciarlo lentamente. Poco a poco la introduje bajo su falda, deslizándola por la cara interna de sus piernas, sintiendo el tacto sedoso de sus medias. Por fin llegué hasta sus braguitas, las eché un poco hacia un lado y metí los dedos dentro. Estaba empapada.

- ¡Aahhhh! – suspiró.

- ¡Joder Pili! ¡Cómo te pones! – ¿Uumm? – ¡Estás chorreando! ¡Se nota que te gusta el morbo! – Eso ya lo sabías ¿no? – La verdad es que sí.

Seguimos disfrutando durante un rato, masturbándonos mutuamente. Pili me pajeaba espléndidamente, pero, lo cierto es que yo también soy bueno con las manos y su coño me lo conozco al dedillo. En pocos minutos, hice que se corriera.

Pili es una auténtica diosa del sexo, sus orgasmos son fuertes e intensos, lo que da al macho una sensación de poder, de ser buen amante. Al correrse, apretó con fuerza los muslos y se derrumbó sobre mi pecho, dejando durante unos instantes de pajearme mientras jadeaba. Mi polla protestó por esta interrupción.

- Pili, cariño.

- ¿Ummm? – Mi polla, mírala la pobre.

Ella sonrió y estiró el cuerpo. Parecía una gatita satisfecha.

- Eres un muchacho muuuy maaalo.

- Sí, sí, pero por favor.

Ella miró mi miembro latiente. Esbozó una sonrisa de zorra que yo conocía muy bien y acercó su cara a mi entrepierna.

- Tranquilo – me dijo – te voy a dejar tan seco que mañana no se te levantará ni con una grúa.

- Así lo espero – pensé.

Ella me la agarró por la base. Yo cerré los ojos para disfrutar y sentí como su lengua me la recorría desde los huevos hasta la punta. Iba a ser increíble.

- ¡Toc, toc! – llamaron a la puerta, y sin esperar mi contestación, comenzó a abrirse.

Pili pareció desaparecer de mi lado y volver a materializarse sentada en el sillón, así de rápido se movió. Tenía las mejillas arreboladas mientras se arreglaba un poco la ropa. Yo simplemente volví a arroparme, con la polla doliéndome horrores y cagándome mentalmente en todos los muertos de quien quiera que fuese.

- ¡Hola, cariño! ¿Cómo estás?

¡Oh, Dios mío! ¡Mis padres estaban allí!

- Hola mamá – dije casi lloroso.

- ¿Te encuentras bien? Tienes mala cara.

Si ellos supieran…

- No, estoy bien. Sólo un poco nervioso.

Entonces Pili se levantó a saludarles.

- Buenas tardes Encarna – dijo acercándose a mi madre.

- ¡Pili! ¡Cariño! No te había visto – dijo mi madre besándola en ambas mejillas.

- Sí es que el sillón está ahí, escondido. Hola Cristóbal – también saludó a mi padre con un par de besos.

- Hola Pili – dijo él.

- Encarna, siéntese usted en el sillón – dijo Pili.

- No, no cariño. Siéntate tú, debes estar reventada del viaje. ¡Si todavía llevas el uniforme! – Sí, es que acabo de llegar.

Mi madre no admitía un no por respuesta, y Pili lo sabía, así que se dejó caer de nuevo en el sillón, cruzando las piernas.

Mis padres estuvieron allí dándome el coñazo durante más de una hora. Yo sólo podía pensar en que se fueran, pues la polla seguía doliéndome. No hay nada peor que quedarse a medias. Era por eso que yo parecía distraído, por lo que encima tenía que soportar las bromitas de mis padres sobre lo asustón que yo era.

Pili intervino poco en la conversación. Se notaba que estaba cansada y de vez en cuando no podía evitar bostezar con fuerza. También advertí las disimuladas miradas que mi padre dirigía a las piernas de mi novia, supongo que en cuestión de mujeres en uniforme, he salido a él.

Por fin, mis padres decidieron marcharse. Yo me animé un poco, pero entonces mi madre se encargó de hundirme la moral.

- Cristóbal vámonos ya – dijo – Y tú te vienes con nosotros.

- ¿Yo? – dijo Pili.

- ¡Por Dios no! – grité mentalmente.

- Sí tú – insistió mi madre – estás a punto de quedarte dormida.

Pili me miró mientras yo ponía cara suplicante.

- No se preocupe Encarna, todavía me quedo un rato.

- De eso nada niña. Que te he visto bostezando. Tú te vienes con nosotros y te dejamos en casa. Éste se puede quedar un rato solo, pero tú te vas a quedar ahí frita. Necesitas descansar.

Mi madre me había derrotado. Pili me miró con expresión interrogante. Yo me encogí de hombros. Pili se acercó a la cama y me dio un casto beso.

- Lo siento – susurró.

- ¡Pues anda que yo! – pensé.

- Bueno, mañana por la mañana vendré a verte.

- Me operan a las cinco, así que ven por la tarde.

- ¿Seguro? – Tranquila, estaré bien.

- Pues hasta mañana – me dijo.

- Adiós, cariño – dijo mi madre.

- Sí, sí, adiós.

Se marcharon todos. ¡Vaya putada! Tenía una erección de campeonato y me habían dejado a medias en una situación de las más eróticas de mi vida. Qué se le iba a hacer. Me levanté y fui al baño, donde me hice una paja rápida, para aliviarme un poco. Me pasé el resto de la tarde leyendo, tratando de no pensar en lo que había pasado. Por la noche la enfermera me trajo la cena y se quedó un rato charlando conmigo. Era bastante simpática y me sentí un poco culpable por haberla llamada adefesio.

Por la noche y como no podía dormir, me hice un par de pajas más en el baño, para vaciar bien los depósitos y evitarme disgustos al día siguiente. O eso creía yo.

Descargado, por fin logré dormir y no me desperté hasta la mañana siguiente, cuando Lucía me trajo el desayuno.

- Buenos días – me dijo.

- Buenos días – dije sentándome en la cama.

- ¿Ha dormido usted bien? – Al principio me costó un poco, pero después dormí como un lirón.

- Eso es por los nervios, no se preocupe.

Colocó la bandeja frente a mí y pude observar que los botones de su uniforme estaban correctamente abrochados.

- Vendré dentro de un rato a por la bandeja – dijo.

Mientras salía, seguí el cadencioso ritmo de su trasero con la mirada. Desayuné poco, estaba nervioso, pues aunque me había desfogado a conciencia, la tía estaba muy buena y yo no las tenía todas conmigo. Como a la media hora, Lucía regresó.

- ¿Ha terminado? – dijo asomando la cabeza en el cuarto.

- Sí, gracias.

Diligentemente, recogió la bandeja y la sacó al pasillo, supongo que la dejó en un carrito. Volvió a entrar y se acercó a la cama.

- Señor Rovira.

- Dígame – dije yo bastante nervioso.

- Verá, quería pedirle un favor.

- ¿Sí? – Quería decirle si le importaría que le afeitase otra enfermera.

Lo cierto es que me sentí un poco decepcionado, pero la sensación de alivio fue tan grande que no me importó. ¡Tanto comerme la cabeza para nada!

- Bueno, no, no me importa. Pero no comprendo por qué tiene que pedirme permiso, ustedes deciden quien lo hace.

- No, verá usted. Sucede que se trata de una estudiante en prácticas y por eso hay que solicitar su autorización.

- ¿Una estudiante? – De último curso.

Me puse un poco nervioso.

- No sé – dije – ¿no es un poco arriesgado? – No se preocupe – dijo sonriendo – No puede pasar nada, la cuchilla es especial. Es sólo para que practique, pero si no quiere…

Me lo pensé un segundo, y decidí aceptar porque si no lo hacía y después me empalmaba, ella pensaría que lo había hecho adrede.

- De acuerdo, por mí no hay inconveniente.

- Muchas gracias. Iré a avisarla – dijo dirigiéndose a la puerta – Mientras tanto, tome una buena ducha, para asearse.

- Esto, Lucía.

- ¿Sí? – dijo volviéndose.

- Como me pase algo la perseguiré eternamente – bromeé.

- De acuerdo – rió ella marchándose.

Me quedé más tranquilo. Bueno, al final Lucía no iba a afeitarme, menos mal. Obedecí sus instrucciones y me duché, cambiándome de ropa interior y de pijama. Cuando terminé, aún tuve que esperar unos minutos hasta que Lucía reapareció empujando un carrito con una jofaina encima. Cuando vi a la mujer que entró después, me quise morir.

Era una chica de unos 20 años, 1, 60, cabello rubio, rizado, ojos azules. Su rostro parecía auténticamente el de una niña. Vestía el uniforme de enfermera, pero sobre él llevaba una especia de delantal blanco con rayas rosas, para indicar que era aprendiz. Se veía que estaba un tanto avergonzada. Estaba buenísima.

- Señor Rovira – dijo Lucía – Ésta es Ana, se encargará de afeitarle.

- Buenos días – dijo tímidamente.

- Buenos días – respondí alelado – ¿No es un poco joven? – Tiene más de 20 años – respondió Lucía – No se preocupe, está plenamente cualificada.

Mientras hablábamos, Ana llevó el carrito junto a la cama.

- ¿Prefiere que me quede señor Rovira? – preguntó Lucía.

- No, no, márchese, no se preocupe. Esto me da un poco de vergüenza, así que cuanta menos gente haya, mejor – acerté a decir.

Era cierto, si tenía que pasar vergüenza, al menos que fuera frente a una sola persona. Lucía se acercó a Ana y le dio unos últimos consejos.

- Me voy, avísame cuando esté listo y vendré a revisarlo – dijo.

- ¿Revisarlo? – pregunté sorprendido.

- Claro – respondió ella – Hay que asegurarse de que el afeitado sea correcto, es para supervisar su tarea.

- Ah, comprendo.

Lucía salió, cerrando tras ella, dejándonos a solas a aquel bombón y a mí.

- Bueno – dijo ella insegura – ¿Comenzamos ya?

Se acercó a la cama y apartó las sábanas. Intentó bajarme los pantalones, pero no podía.

- Levante un poco el trasero por favor.

Yo obedecí y ella no sólo me bajó los pantalones y los calzoncillos, sino que me los quitó por completo. Noté que dirigía una mirada fugaz a mi miembro, lo que me excitó sobremanera.

- ¡Margaret Tatcher en bolas! ¡Margaret Tatcher en bolas! – no dejaba de pensar para mantener mi miembro en reposo.

Se acercó al carrito y tomó un guante de látex, colocándoselo en la mano izquierda. Después tomó un recipiente con espuma y una brocha de afeitar.

- ¿Sólo un guante? – pregunté.

- Sí, la mano de la cuchilla es mejor tenerla libre, porque al fin y al cabo no va a tocar su…

Al decir esto enrojeció violentamente, lo que repercutió profundamente en mi grado de excitación.

- ¡Margaret Tatcher en bolas! ¡Margaret Tatcher en bolas! – volví a recitar mentalmente.

Respiró profundamente y comenzó a enjabonarme, el escroto, el pubis, por encima, por debajo, incluso la cara interna de los muslos.

- Oiga, Ana, ¿los muslos también? – Sí, y también la parte inferior del estómago, es importante que no haya vello en toda la zona – respondió mientras enjabonaba también mi barriga.

El tacto suave de la brocha con espuma estaba empezando a calentarme. La situación no podía tener más morbo. Involuntariamente, mi pene comenzó a despertar. No me empalmé, pero empezó a ponerse morcillón. Miré a su rostro y vi que estaba absolutamente rojo, sin duda se había dado cuenta.

Por fin dejó la brocha a un lado y trasteó en el carrito unos segundos de espaldas a mí. Gracias a eso, logré tranquilizarme un poco, mientras repetía mi exorcismo. Se dio la vuelta, llevando una cuchilla en la mano y acercó más el carrito a la cama.

Comenzó a afeitarme el estómago, una parte bastante inocente, así que logré controlarme. Ella iba enjuagando la cuchilla de vez en cuando en la jofaina, limpiándola de espuma. Después siguió por los muslos y yo pensé que estaba dejando lo bueno para el final, pensamiento que no contribuyó a relajarme precisamente.

Cuando empezó a afeitarme el pubis, mi cuerpo se tensó tanto que hasta ella lo notó.

- Relájese – me dijo – No voy a cortarle.

- No, si no es eso lo que me preocupa – respondí sin pensar.

Sus mejillas, que parecían haberse tranquilizado un tanto, volvieron a ponerse del color más rojo que he visto en mi vida.

Yo ya no podía más, mi polla volvía a estar morcillona mientras yo trataba de resistirme. La situación era tan erótica que se volvía insoportable por momentos, además yo notaba un extraño calor o picorcillo en las zonas ya rasuradas.

Entonces llegó el apocalipsis, tenía que afeitarme por debajo y mi miembro le estorbaba. Noté cómo sus dedos asían tímidamente mi verga y la mantenía separada de mi ingle mientras iba afeitando por debajo. No me importó que llevara guantes, no me importó el ridículo, ya me daba todo igual, así que me abandoné.

Mi miembro fue adquiriendo sus máximas proporciones en su mano. Ana trataba de adoptar una aptitud profesional, pero yo notaba que estaba pasando mucha vergüenza, lo que incrementaba mi calentura. Su mano enguantada agarraba mi picha ya completamente dura, con la cabeza escarlata asomando, con todas las venas bien marcadas. Daban igual todas las pajas que me hubiera hecho la noche anterior, aquella niña era capaz de levantársela a un muerto.

Seguimos así un buen rato, mientras afeitaba los últimos recovecos de mi escroto. En ocasiones me la soltaba para apartar los huevos y afeitarme bien por allí. Cuando lo hacía, mi pene se sostenía solo sin problemas, pero enseguida ella volvía a asirlo y yo empecé a preguntarme por qué.

Por fin, terminó el afeitado. Sin decir nada, soltó la cuchilla en el carrito y tomó una toalla. Me limpió bien toda la zona con ella, eliminando los últimos restos de espuma. Después revisó bien la zona, en busca de algún pelo suelto. Al hacerlo, tomaba mi pene con dos dedos, apartándolo para ver detrás. Acercaba su cara en ocasiones para ver mejor, yo casi sentía su respiración sobre mi miembro. Me quería morir.

Satisfecha, tomó un bote del carrito y se echó un líquido en la mano enguantada y comenzó a extenderlo por toda la zona rasurada. Supuse que era leche hidratante o algo así, para evitar el escozor, pero lo cierto es que no me importaba lo que fuera. Entonces ella hizo algo muy extraño, extendió el líquido también sobre mi polla, recorriéndola con su mano de arriba abajo.

- ¿Qué coño hace? – pensé excitadísimo – Si ahí no me ha afeitado.

Ella interrumpió mis pensamientos.

- Bueno ya está.

Miré hacia abajo y eché un vistazo. Me sorprendió mucho ver cómo quedaba mi polla sin un solo pelo. Me gustó. Alcé la vista y vi que ella apartaba avergonzada los ojos de mi miembro y comenzaba a recoger las cosas. Se quitó el guante y organizó de nuevo todo lo del carrito. Terminó de hacerlo y se quedó allí, plantada.

- ¿Llamo a la enfermera? – pregunté – No, no todavía – respondió un poco alarmada.

- ¿Cómo?

Ella se puso coloradísima y dijo:

- Será mejor esperar un poco.

Yo me quedé un tanto perplejo. Ella se apoyó en la pared, con las manos en la espalda mirando al techo distraída.

- Pero ¿qué coño le pasa? – pensé.

Pero entonces, la luz se hizo en mi mente y comprendí por qué no se marchaba.

- Vamos a por ella – pensé.

La miré fijamente, mientras ella seguía fingiendo estar despistada.

- Ana – le dije.

- ¿Sí? – ¿Se puede saber a qué esperamos? – Bueno… – dijo azorada.

- Porque si estamos esperando a que esto se baje solo, nos van a dar las uvas.

Su rostro volvió a enrojecer, había dado de lleno.

- ¿Qué te pasa? ¿Te da vergüenza que Lucía vea en qué estado me has puesto?

La mirada que me dirigió me demostró que había acertado.

- No, no es eso… – mintió.

- ¿Ah, no? Pues tú dirás, porque si es eso te aseguro que vamos a estar aquí muuucho raaato.

Ella me miró, se la veía un tanto asustada.

- Perdone – dijo.

- ¿Sí? – ¿Podría taparse? – ¿Por qué? ¿No tiene que venir tu jefa a revisar tu trabajo?

Mientras decía esto, agité el culo levemente, de forma que mi polla pegó un bote.

- No haga eso – me dijo.

- ¿El qué? ¿Esto? – dije repitiendo el movimiento.

- Sí, eso – dijo ella muy seria.

- ¿Por qué? ¿Te molesta? – Sí.

- Pues a mí me molesta que me hayas dejado así – dije cogiéndome la polla de la base y apuntando al techo.

Ella apartó la vista, avergonzada.

- Vamos, vamos, mi niña. Una chica tan sexy como tú habrá visto un montón de estas.

- ………

- Mira, Ana, tu jefa podría aparecer en cualquier momento e imagínate la vergüenza que vamos a pasar los dos.

- Ha dicho que la llamáramos.

- ¡Buena idea! – exclamé – La llamaré ahora mismo.

Cogí el timbre de la cabecera de la cama, pero ella se abalanzó sobre mí quitándomelo.

- ¡No! – casi gritó.

- ¿Por qué no? A mí me operan dentro de un rato y no podemos estar así todo el día. Si tú no vas a hacer nada para aliviarme, será mejor que llamemos a tu jefa y que venga a revisar tu obra.

- Por favor, no lo haga.

- ¿Por qué no?

Ella se puso muy seria y me dijo:

- Ya tuve problemas con un paciente. Era mi novio y nos pillaron besándonos, por lo que me echaron una buena bronca.

- Comprendo y esto puede ser un problema ¿verdad? – Sí – respondió bajando la mirada.

Estaba en mis manos. Con un poco de persuasión podía incluso follármela, pero aquello sería traicionar demasiado a Pili, así que decidí conformarme con algo menos.

- ¿Sabes? Podría llamar a tu jefa y decirle que me has estado manoseando mientras me afeitabas.

Su cara adquirió una tremenda expresión de horror.

- ¡No se atreverá! – exclamó.

- Claro, que no mi niña – dije tranquilizándola – pero eso no cambia nada. Mi polla no va a bajarse solita y antes o después Lucía aparecerá si no la llamamos. Venga, bonita, a ti no te cuesta nada…

Ella aún dudó unos segundos.

- Te juro que te recomendaré vivamente a tu jefa…

Por fin cedió.

- ¿Qué quiere que haga? – preguntó vencida.

- Que me cantes algo, no te jode – pensé.

- Ven aquí – le dije.

Ella se acercó hasta quedar a mi derecha. Yo tomé su mano por la muñeca y la conduje sobre mi miembro, apretando sus dedos sobre él. Retiré mi mano y la suya permaneció allí, empuñándolo.

- Vamos, preciosa, empieza.

Con la mirada un poco perdida, comenzó a masturbarme. No lo hacía muy bien, su mano se movía muy rápido.

- Así no – le dije – Hazlo bien. Estoy seguro de que sabes hacerlo mucho mejor.

Reanudó la paja, esta vez más lentamente, con mucho más arte. Sin lugar a dudas, aquella mujer con cara de niña había hecho más de una. Su mano se deslizaba hábilmente sobre mi polla, apretando convenientemente en los puntos adecuados. Mi miembro estaba aún lleno de leche hidratante, por lo que su mano se deslizaba estupendamente. De vez en cuando, me la soltaba, limitándose a pasar la palma de su mano por toda la longitud, desde los huevos hasta la punta, como extendiendo bien la leche esa.

Otras veces, sus dedos formaban una capucha que rodeaba mi glande, masturbándolo durante unos segundos. Entonces su mano se deslizaba hacia abajo y volvía a empuñar mi garrote, pajeándolo. Estaba disfrutando como un loco, pero las tres pajas del día anterior acudieron en mi ayuda, permitiéndome resistir y alargar mi estancia en aquel paraíso.

Era realmente fantástica, creo que incluso algo mejor que Pili. Miré a su rostro y noté un inequívoco brillo de excitación en la mirada. Me decidí a dar un paso más.

Disimuladamente, llevé mi mano derecha hasta el borde de su falda y la metí por debajo, plantándola directamente en su culo. Pude notar perfectamente que llevaba tanga.

- ¡Eh! – protestó ella – En eso no habíamos quedado.

- Vamos Ana – le dije – Así me excitaré más y acabaremos antes.

El argumento era débil, pero pareció convencerla, así que volvió a concentrase en su tarea, dejándome hacer. Yo comencé a magrear su culo con energía, amasándolo. Tenía un trasero magnífico, duro y apretadito. Con mis dedos aparté el tanga y los introduje en la raja de su culo, buscando su ano. Lo encontré e intenté meter un dedo dentro. Ella me miró muy seria.

- No, eso no – me dijo.

- Como quieras – concedí y seguí acariciando su trasero.

La paja era magnífica, esa tía era una experta. No me extrañaba que la tuvieran por una zorra en el hospital, es que lo era.

- Ana – le dije.

- ¿Sí? – respondió sin interrumpir su trabajo.

- Sería mejor que cogieras una toalla, si no lo pondré todo perdido.

- No te preocupes – contestó.

Entonces se abalanzó vorazmente sobre mi polla y se la metió de un viaje en la boca. Yo no me lo esperaba, pero desde luego no me resistí. Si la tía era buena con la mano, con la boca era una auténtica artista. ¡Cómo la chupaba! Su cabeza subía y bajaba por mi falo, llegando siempre hasta el fondo, donde se detenía para estimularme apretando con la garganta. Era increíble.

Su culo quedaba totalmente en pompa y yo quería devolverle un poco el favor, pero mi mano no llegaba bien desde atrás, así que agarré bien su trasero y lo acerqué más hacia mí. Ella comprendió lo que yo quería y no sólo no se resistió, sino que separó un poco sus muslos, dejándome mejor acceso.

Conduje mi mano por detrás, entre sus piernas y aparté su tanga. Me apropié con fuerza de su coño, que a esas alturas estaba chorreando. Hundí mis dedos en su interior y comencé a masturbarla.

- ¡Ughghg! – farfulló ella con la boca llena con mi polla.

Seguimos así un momento, pero la postura era incómoda para mí, porque tenía que inclinarme mucho hacia un lado, pues ella no era muy alta. Entonces le dije:

- Súbete aquí.

Ella me entendió perfectamente. Se sacó mi polla de la boca, un fino hilo de saliva iba desde la punta hasta sus labios. ¡Menuda visión! Siguió pajeándome lentamente mientras se subía a horcajadas sobre la cama, su culo frente a mi cara. Inmediatamente, volvió a meterse la polla hasta el fondo en la boca, reanudando aquella increíble mamada.

Yo subí su uniforme hasta su cintura, aparté su tanga a un lado y comencé a frotar su raja con mi mano, lo que le arrancó profundos gemidos. La agarré por las caderas, atrayéndola hacia mí. Por fin, su coño quedó sobre mi cara, chorreante, hermoso. Separé sus labios con los dedos y hundí mi lengua en su interior.

Un tremendo espasmo recorrió su cuerpo y se transmitió a mi polla. A aquella zorra le encantaba que se lo chuparan, así que me dediqué a complacerla. Recorrí su vulva con la lengua, de arriba abajo. Chupaba y tragaba todo lo que de allí salía. Busqué su clítoris, y lo encontré, gordo y jugoso y lo introduje entre mis labios, chupándolo como haría un bebé con el pezón de su madre. Metí un par de dedos en su interior, masturbándola mientras estimulaba su clítoris.

Ella gemía como loca, creo que incluso hablaba, pero no se le entendía nada con la boca llena. A pesar del placer que estaba sintiendo, en ningún momento interrumpió la mamada, era toda una profesional. El mejor 69 de mi vida.

Por fin, se corrió con violencia. Yo notaba que ella gritaba, pero con mi falo hundido hasta el fondo sólo se escuchaban gorgoteos incoherentes. Yo noté que también me iba, pensé en avisarla, pero recordé que ella me la chupaba para no manchar las sábanas.

Y me corrí. Mi polla disparó sus lechazos directamente en lo más hondo de su garganta. Yo pensé que se ahogaría y se pondría a toser, pero no fue así. Mantuvo mi verga bien hundida, tragándoselo todo. Fue alucinante.

Nos quedamos así unos segundos, reposando. Ella con mi polla menguante en la boca y yo con la nariz en su chocho. Por fin, pareció despertar y descabalgó mi cara. Se puso en pié y comenzó a arreglarse la ropa. Yo la contemplaba, respirando agitado.

Sin decir nada, cogió una toalla del carrito y me secó por todas partes, eliminando los restos de saliva. Después abrió la ventana, para airear el cuarto y fue al baño, a arreglarse el pelo.

Mi polla reposaba satisfecha sobre mi vientre, reducida al mínimo. Ana regresó y tocó el timbre. Entonces, sin decir nada, me besó. Tras hacerlo, se apartó de mí y se quedó junto al carrito.

Poco después se abrió la puerta y entró Lucía.

- ¿Has terminado? – preguntó.

- Sí, ya está listo.

Lucía se acercó a mí y me echó un buen vistazo a la entrepierna. La revisó por todas partes y pareció quedar satisfecha con el resultado. De ni haber estado tan cansado, sin duda aquello me habría excitado.

- Buen trabajo – le dijo a Ana – no has dejado ni rastro de vello.

- Gracias – respondió Ana.

Yo aproveché para volver a ponerme los pantalones, era mejor no tentar a la suerte.

- Lleva eso al cuartillo – dijo señalando al carrito.

- De acuerdo. Hasta luego – me dijo.

- Hasta luego.

Yo me quedé contemplando cómo salía.

- ¿Ve usted como no pasaba nada? – dijo Lucía.

- Sí, sí tenía usted razón – le respondí, fijando mi mirada en ella.

Entonces vi que sus ojos estaban fijos en las sábanas. Seguí la dirección de su mirada y vi que sobre la cama había una mancha de algo que inequívocamente era esperma. ¡Cómo no nos habíamos dado cuenta!

Entonces, Lucía estiró su dedo y recogió la mancha con él, llevándoselo a la boca, donde lo chupó con deleite.

- De acuerdo señor Rovira – me dijo – luego pasaré a verle.

FIN

Autor: Talibos

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