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Fui el amante de mi tia

Publicado por fercho212 en Enero 22, 2009

El relato que les contaré, es un tributo a la mujer que despertó en mi la pasión y el sentimiento que sentí por una mujer mayor.

Todos los muchachos de mi edad siempre fantasean con los placeres que les pueda brindar una mujer mayor, que puede ser la profesora de inglés o una vecina del edificio, etc. Cuando tuve 18 años la musa de mis sueños y mis pajas más memorables fue mi tía Marta.

Esta tía realmente era la cuñada de mi madre, pero hace unos años había quedado viuda. Antes que ese lamentable hecho sucediera, la recuerdo cuando venía a mi casa de visita, vestida de una manera que hacía que envidie al que era su marido. Creo que nunca se puso pantalones, ya que hubiese sido un crimen tapar esas maravillosas piernas, las cuales solo las cubría una falda corta.

Cuando nos sentábamos a almorzar en alguna reunión familiar, casualmente yo dejaba caer un cubierto al piso, de tal forma que cuando me agachaba para recogerlo, podía ver sus piernas enfundadas en medias de nylon. Recuerdo una vez que hice eso pude ver el encaje de las medias y sus braguitas, ya que se había sentado con las piernas un poco separadas.

En esa época mi tía tendría alrededor de 32 años, y a través de su ropa podía imaginar el cuerpo espectacular que tenía. Cuando caminaba se podía notar el movimiento de sus senos, y el contoneo de sus nalgas. Debido a la confianza que ella tenía en casa, había oportunidades en que se quedaba a dormir, o pedía utilizar la ducha cuando hacía calor. Siempre que podía la trataba de espiar cuando estaba en mi casa, pero nunca pude ver más allá de cuando estuvo en ropa interior.

Mi oportunidad de estar más cerca a ella ocurrió un año más tarde, cuando me ofreció su casa para vivir, ya que el lugar donde yo vivía quedaba más lejos de la universidad. Tuve que hacer esfuerzos para disimular mi alegría, ya que al estar en su casa tendría oportunidad de verla en todo momento y quizás de algo más. Ella no se había vuelto a casar, y al parecer no tenía una pareja en la actualidad.

Me mudé a su casa, la cuál era muy espaciosa ya que tenía un jardín interior, del cuál se podían ver las habitaciones. Estas poseían balcones que estaban rodeados de plantas, afición a la que mi tía se dedicaba mucho. En el centro del jardín había una banca donde poder sentarse a tomar el sol o a descansar.

Una tarde en que me encontraba leyendo en el jardín, vi a mi tía regando sus plantas en uno de los balcones, y como yo me encontraba debajo me brindó una visión espectacular de sus piernas, y de sus braguitas que apenas cubrían sus nalgas. Mientras distraídamente acomodaba sus plantas me preguntó si me gustaban, y yo mirando directamente como su par de nalgas se comían sus braguitas, le respondí que me encantaban.

A partir de esa vez me volví un fanático de la lectura, y pasaba largas horas en el jardín, esperando que mi tía saliera a brindarme ese ángulo tan particular de ella. Había ocasiones en que se ponía portaligas para sujetar sus medias, y cuando terminaba su labor yo corría al baño para darme un pajazo en su honor.

Mi necesidad de ver su cuerpo desnudo hizo que incursionara en el desconocido oficio de la albañilería, y ya que el baño colindaba con mi habitación, un día que ella no estaba hice un agujero que quedó debajo del lavabo, y que me mostraba directamente la ducha y la taza que se encontraba a su costado.

Cuando yo veía que ella iba hacía el baño, esperaba a que cerrara la puerta y cuál centella yo corría a mi habitación. Cerraba las cortinas para que no se filtrara la luz hacía el baño, y quitaba el tapón del agujero que había hecho. La primera vez que entró a bañarse vi con emoción el momento en que abrió su bata, y me dejó ver sus grandes senos y su perfecto culo. Antes de entrar a ducharse se sentó en la taza, la cuál daba directamente al agujero, donde mi ojo no perdía detalle de lo que ahí ocurría.

Esperé que se parara de ahí para apreciar como enjabonaba su cuerpo, pero para sorpresa mía separó un poco sus piernas, y se empezó a acariciar la concha. La falta de hombre la obligaba a aplacar sus deseos como cualquier mortal, sin saber que tenía un fiel espectador, que gustoso esperaba el momento de calmar esa calentura. Podía ver como su dedo índice lo frotaba en su entrada, y con la otra mano se masajeaba las tetas para al final apreciar la tensión de sus piernas, por el orgasmo logrado.

No podía permitir que mi tía viera el tiempo pasar, cuando yo estaba más que dispuesto a ofrecerle mi pene, y fue así que noche tras noche devanaba mis sesos, para lograr un plan que me permitiera enterrarle la verga a mi tía Marta. Para suerte mía el verano había llegado, y por consiguiente el calor nos obligaba a usar prendas más ligeras.

Cuando estábamos en casa yo solo vestía un bóxer con el torso descubierto.
Ya que tengo un carácter afable y juguetón, aprovechaba para abrazar a mi tía manifestándole mi aprecio. Ella no se molestaba por mis muestras de cariño, lo que me hacía más fácil poder tocarla.
Al parecer a ella le gustaban mis toqueteos, ya que en muchas oportunidades rozaba sus senos con mis manos, o me pegaba por detrás sintiendo sus nalgas rozar mi pene.

Debía hacer algo rápidamente si no quería llegar al punto de cometer una locura, y una noche en que nos encontrábamos en la sala viendo televisión, le dije que había salido muy bien en mis exámenes y que quería celebrar ese hecho. Fui a mi habitación y traje una botella de vino para beberla. Ella me dijo que tenía muy mala cabeza para el licor, pero gustosa haría una excepción en este caso.

Mientras yo servía las copas observaba a mi tía, la cuál estaba sentada en el sillón observando la televisión. Esa noche tenía puesta su minifalda negra, y sus medias de nylon. Calzaba unos zapatos que no tenían talón, los cuales resaltaban sus bellos pies. Me acerqué hacía ella y le ofrecí la copa, para luego brindar por mi supuesto éxito en la universidad.

A medida que se iba acabando la botella, me decía que no le diera más vino ya que la cabeza le daba un poco de vueltas, pero yo la convencía para seguir bebiendo. Se reía de cualquier cosa que le decía, y no sé si fue el vino o verla en ese momento tan vulnerable, lo que hizo que mi pene se empezara a inflamar. Ya anteriormente me había visto en ese estado, pero nunca me había hecho ningún comentario al respecto.

Me senté a su costado y mientras brindábamos puse mi mano en una de sus piernas. Ella se quedó callada, y dándose cuenta que yo quería algo mas, me dijo que no echáramos a perder esa relación tan bonita que teníamos. Sin atender a lo que me decía, subí mi mano por su pierna sintiendo su muslo. Le dije que era la mujer más hermosa, y que la deseaba desde mucho tiempo atrás. Ya me he acostumbrado a no tener hombre me dijo, y yo callé sus palabras dándole un beso en la boca.

Dio un largo suspiro y su copa vacía la dejó caer sobre la alfombra.

No hubo necesidad de palabras, ya que al sentir su lengua jugar con la mía, supe que ella deseaba que yo comenzara a amarla. Me puse de rodillas ante ella y separé sus piernas poco a poco, para que me dejara ver esa entrepierna con la cuál siempre había soñado. La miré ahí un momento y luego de acariciarla por encima de sus braguitas, las hice a un costado para sumergirme en su concha lamiéndola y chupando suavemente.

Su cuerpo se arqueó al sentir el placer largamente negado, y con mis manos le jalé sus braguitas y su falda quedó a la altura de su cintura. Me incorporé y bajé mis bóxers mostrándole mi verga, que en ese momento apuntaba hacía el techo. Ella se inclinó hacía ella y se la metió a la boca, dándome una mamada que hizo que mi cuerpo se estremeciera de gusto. El placer fue tan intenso que no pude aguantar la eyaculación, y mi semen salió para depositarse en el interior de su boca.

Nos dirigimos a su cuarto y cuando estuvimos ahí, me eché en su cama mientras ella se comenzaba a desnudar delante de mí. Al sacarse la blusa y el sujetador, pude ver sus melones sin la necesidad de estar escondido y luego se quitó la falda. Le pedí que se dejara puestas las medias, ya que quería sentirlas cuando recorriera su cuerpo con mis manos. Me senté en la cama apoyándome en el respaldar y ella se sentó sobre mi verga, de tal modo que quedamos frente a frente.

Comenzó a moverse mientras yo amasaba sus tetas, y para sentir que se la metía hasta el fondo, la agarraba de las nalgas atrayéndola hacía mí. La besaba en la boca y en un momento dejamos de hacerlo, por que ella empezó a cabalgar sobre mi verga de una manera bestial. Ella abrazaba mi cabeza contra su pecho, y el movimiento de sus músculos me indicaban la sucesión de sus orgasmos.

La eché boca arriba y puse sus piernas en mis hombros, sintiendo el nylon en mi piel. Metí y saqué durante un largo rato hasta que me corrí nuevamente, esta vez dentro de su concha. Me recosté exhausto, y ella lamió mi verga para limpiarme la leche que aún me quedaba. A partir de esa noche memorable dormí en su cama junto a ella, y fui feliz entregándole la fuerza de mi juventud en cada culeada que le di.

Mi tía Marta se convirtió en mi mujer los seis meses que viví con ella, pero como todas las cosas buenas al final se acaban, un día me dijo que no quería que la familia se diera cuenta de lo nuestro.
Fue así que regresé a mi casa, y unos meses más tarde nos visitó para comunicarnos que se casaba nuevamente. Esa época en que fui el amante de mi tía quedó marcado en mi alma, y ahora que han pasado 15 años aún la recuerdo con la misma pasión que entonces.

El tiempo pasa y deja huellas, y en alguna reunión en la que hemos coincidido, he podido constatar que a pesar de que ya es una mujer madura, aún se nota la belleza y fortaleza de sus piernas. En una oportunidad que pude hablar con ella, me confesó que la etapa de su vida en la que había sido más feliz, fue la época que viví con ella. Quise decirle que para mí también lo había sido, pero en ese momento llegó mi hija y mi mujer. Me fui con ellas y dejé a mi tía Marta para continuar con mi vida.

Autor: Arielcuento

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con la novia de mi hermano

Publicado por fercho212 en Enero 20, 2009

Cuando mi hermano trajo por primera vez a su novia a casa para presentarla a la familia, yo acaba de romper con mi novio poco tiempo atrás. Lidia era un encanto de chica; dulce, reservada, con unos ojos oscuros enormes y una boca sumamente atractiva.

No era muy alta, y tenía un cuerpo de líneas suaves y muy bien proporcionado. Las novias que había tenido mi hermano hasta el momento habían sido muy guapas, pero ninguna igualaba el encanto de Lidia.

Congeniamos desde el principio. Nos hicimos muy buenas amigas, cosa que agradó mucho a mi hermano. Al poco tiempo de la relación, Lidia comenzó a quedarse a dormir en casa los fines de semana, después de salir con mi hermano, pero lo hacía en mi habitación, por respeto a mis padres.

Una noche escuché como llegaron de madrugada. Me desvelé y escuché como discutieron. Lidia quería que la llevara a su casa, pero mi hermano le dijo que ya era muy tarde. Al parecer habían discutido (por lo que llegué a saber más tarde) por un tema de celos, nada importante, pero Lidia entró a mi habitación llorando. Yo me hice la dormida, y cuando se hubo cambiado y metido en la cama, hice ver que sus leves sollozos me habían despertado.

-¿Qué te ocurre Lidia? -Nada, tu hermano es un burro. -Ay cariño, no has tardado mucho en darte cuenta.

Me levanté y me senté en la cama de al lado, donde estaba acostada Lidia. Le acaricié su sedoso pelo para consolarla.

-Estas peleas son algo normal, tu no te preocupes, mañana ya estaréis bien- le dije.

Lidia se encogió para abrazar la almohada. El instinto protector me llevó a tumbarme a su lado y abrazarla. Ella seguía llorando, pero poco a poco se fue tranquilizando. En un momento abandonó la almohada y me abrazo. Noté sus ojos húmedos por las lágrimas en mis pómulos. Yo le besé la mejilla.

-Ya está, tranquila… tranquila…

Mientras le decía esto, noté como su cara se deslizaba por la mía. Al poco noté sus labios al borde de los míos. Un enorme escalofrío recorrió mi cuerpo. Yo continuaba acariciándole el pelo. Lidia me dio un beso cerca de la comisura de mis labios. Yo le respondí con otro, pero ella acercó más aún sus labios a los míos, hasta ponerlos a la misma altura, y volvió a besarme. En esa ocasión yo me quedé paralizada.

El escalofrío que había sentido hacia unos segundos se intensificó, y un fuerte calambre se instaló en mi barriga y en mi sexo. Estaba excitada. Lidia volvió a besarme suavemente, y otra vez, y otra vez, hasta que al final reaccioné y le correspondí de igual manera.

Después sus labios se engancharon con los míos, y poco después sentí su lengua resbaladiza hacerse hueco entre mis labios. Abrí la boca y le facilité la entrada. Estaba muy excitada. Moví mis piernas y sentí la humedad en mi ropa interior. Introduje mi brazo por debajo de la camiseta que usaba para dormir y le desabroché el sujetador. Levanté su camiseta y comencé a acariciar sus pechos y pezones con suavidad. Ella hizo lo mismo conmigo.

Sus besos se fueron deslizando hacía abajo hasta situar su lengua sobre mis pezones. Los besó y los chupó entre jadeos contenidos. Yo guié su cabeza de un pecho a otro, y ella chupó cuanto rato yo quise. Después le correspondí yo de la misma manera.

Las dos estábamos increíblemente excitadas, y al mismo tiempo nos deshicimos de toda prenda que llevábamos puesta, a excepción de las bragas. Ella se quitó la ropa estando tumbada, y yo de rodillas sobre ella. Me cogió la cabeza y me la llevó nuevamente a sus preciosos pechos.

Yo lamí al tiempo que mi ropa interior se iba humedeciendo más. Noté que Lidia empujaba mi cabeza hacia abajo. Yo sabia lo que quería, así que fui deslizando mi lengua por su vientre, bajando hasta la ingle, recorriéndola con mi lengua y deslizándola por su pierna. Ella dobló su rodilla, y yo seguí lamiendo hasta llegar a los dedos de su pie.

Agarré con ambas manos el diminuto pie de Lidia y me lo introduje en la boca. Jugué con mi lengua haciéndola pasar por sus dedos, y eso debió excitarla mucho, porque los gemidos se intensificaron. Eso me hizo dejar el pie. No quería que nos oyeran.

Volví a recorrer su pierna con mi lengua, esta vez me detuve en la ingle, y apartando con el dedo la goma de sus bragas, fui lamiendo hasta encontrarme por primera vez con un sexo como el mío. Su tacto me pareció suave y resbaladizo, se me hizo extraño lamer algo con lo que había fantaseado tanta veces. Rodeé el sexo con mi lengua y después me detuve largo rato sobre el clítoris.

Mi lengua recorrió, lamió, chupó y succionó durante un tiempo indeterminado el clítoris de Lidia, mientras esta se desvanecía de placer. Después me fui un poco más abajo y separando con mis dedos sus labios, introduje mi lengua. Con la otra mano estimulaba el clítoris humedecido. Metí y saqué mi lengua de entre sus pliegues buscando su orgasmo.

Finalmente llegó. Después intercambiamos posturas, y fue ella quien me brindó ese placer.

Al día siguiente mi hermano y Lidia se pelearon, por lo que no la volvía a ver más, aunque mis deseos de tener experiencias con otras mujeres aumentaron notablemente.

Este relato es ficticio, nunca he tenido relaciones con otra mujer, aunque me gustaría probarlo. Soy de Málaga.

Autor: Patricia S.

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solita sin marido

Publicado por fercho212 en Enero 20, 2009

El relato que les contaré, me ocurrió cuando fui a despedir a mi esposo al aeropuerto, y lo que sucedió luego de que su avión partió.

Debido al trabajo que realizaba mi marido, yo ya estaba acostumbrada a sus continuos y sorpresivos viajes. De un momento a otro su jefe le indicaba que debía abandonar la ciudad, y esta situación me daba cierta libertad para poder salir a algún lado cuando él se ausentaba de la ciudad.

Fue así que una tarde que me encontraba en la oficina, recibí la llamada de mi marido, pidiéndome que llegara rápido del trabajo para llevarlo al aeropuerto. Llegué lo más rápido que pude, y no me dio tiempo ni para cambiarme de ropa. Además de eso yo tuve que ir conduciendo el coche, porque mi marido se ponía muy nervioso cuando debía viajar.

Al llegar se registró en el counter, y me dijo que fuésemos al restaurante del aeropuerto a tomar un café. Estando ahí se puso a revisar unos documentos y casi ni me hablaba, por lo que yo comencé a mirar a la gente que había alrededor. Pude ver que en una mesa que se encontraba al frente de nosotros, había un par de hombres jóvenes. Ellos me miraban con descaro, aprovechando que mi marido les estaba dando la espalda.

Yo estaba vestida como siempre voy a la oficina, y en ese momento tenía puesto un conjunto, de chaleco y falda color crema, además de una blusa blanca. La falda era corta como las que siempre uso, y tenía puestas unas pantyhose cubriendo mis piernas, las cuales eran el centro de atención de los que tenía al frente. De pronto mi marido me dio el teléfono del hotel donde se hospedaría, y me dio también algunas recomendaciones.

Mientras escuchaba a mi marido, de vez en cuando volteaba hacía donde estaban ellos, y vi que uno movía la boca como tratando de decirme algo. Me estaba poniendo un poco nerviosa, ya que si mi esposo se daba cuenta que me estaban coqueteando, empezaría nuevamente con la cantaleta de que uso faldas muy cortas, y que me gusta provocar a los hombres con eso.

De pronto por el altavoz anunciaron la salida del avión, y nos paramos para ir hacia la puerta de embarque. Pude notar que los chicos que habían estado mirándome, se pararon también. Supuse que viajarían en el mismo avión, y en verdad era una pena que se fueran, ya que ambos eran muy guapos y grandes como a mí me gustaban.

Mi marido me dio un beso de despedida en la mejilla, ya que no era muy cariñoso. Cuando estuvo dentro me hizo adiós con la mano, y mientras yo le respondía voltee la cabeza a un costado, y vi que los dos chicos también movían sus manos como despidiendo a alguien. Me di cuenta que le decían adiós a mi marido, y no pude aguantar y comencé a sonreír de su ocurrencia.

Cuando me disponía a irme de ahí, uno de ellos se acercó y me dijo que me había estado observando en el restaurante, y que le permitiera decirme que era una chica muy linda. Le agradecí el cumplido, y ambos me solicitaron que aceptara tomar una copa con ellos. Como no tenía nada que hacer después, acepté acompañarlos y volvimos al restaurante donde habíamos estado.

Ya ahí conversábamos y pude notar que su conversación era muy amena, y en un momento uno de ellos propuso hacer un brindis por mi dentista. Cuando le pregunté que porque por mi dentista, él me respondió que yo tenía los dientes más perfectos que nunca había visto.

Por lo visto estos dos eran unos expertos en hacer sentir bien a una chica, y los invité a mi casa para seguir la conversación. Ellos aceptaron de buen grado, y nos fuimos los tres en mi coche. Cuando nos dirigíamos a mi casa, sentía sobre mis piernas las miradas del que tenía al costado, y yo tenía las piernas un poco separadas para utilizar los pedales. El que estaba en el asiento de atrás, se acercaba hacía delante, seguramente para poder ver mis senos a través del escote de la blusa.

Llegamos al edificio donde vivo, y subimos las escaleras hasta el tercer piso. En todo momento yo iba delante de ellos, y seguramente podían apreciar mis piernas mientras subía. Mi falda no era tan corta como para que pudiesen ver por debajo de ellas, pero seguramente habrían apreciado buena parte de mis muslos desde su posición.

Cuando llegamos a mi puerta saqué las llaves de mi cartera, y al parecer el sonido de estas, hizo que la chismosa de mi vecina saliera para ver quien había llegado. La saludé y mis amigos también, y la malcriada no se digno en responder, y se metió a su departamento nuevamente. Esperaba que no le fuera con el cuento a mi marido, de que estaba metiendo hombres a mi casa en su ausencia.

Al entrar los invité a sentar en la sala, y serví unos tragos para los tres. Me sentía bien ya que estaba acompañada, y mucho más ya que era compañía masculina. Puse música y después de un rato parecíamos grandes amigos, y ellos en todo momento me piropeaban y me hacían sentir muy bien. El que estaba sentado a mi costado, en un momento me acarició la oreja y yo le dije que no hiciera eso porque me daba cosquillas.

El que estaba al frente mío, me miraba como si me desnudara con los ojos, y no era que yo quisiera que algo sucediera, pero con la dieta rigurosa de sexo a la que me tiene acostumbrada mi marido, no es fácil disimular lo que una siente cuando un hombre te pasa la mano.

Nuevamente el que tenía al costado, puso su mano en mi pierna izquierda y apretó mi muslo, de tal forma que me puse caliente de solo pensar que tenía a esos dos chicos para mí. Algo desinhibida por el licor, les pedí que me dijeran sinceramente que cosa deseaban hacer. El que estaba al frente mirándome a los ojos me dijo, Yo lo que más quiero en este momento es lamerte el ojete ricura. Sus palabras hicieron que los colores se me subieran al rostro, por la franqueza de su pedido.

De pronto el que estaba a mi lado, me abrazó dándome un beso en la boca, y debido al apretujón que me dio yo separé un poco mis piernas, para que el que estaba al frente, pudiera ver por en medio de mi falda. Poco a poco desabotonó mi chaleco y mi blusa, quedando a la vista mi sujetador. Sus manos amasaban mis pechos, y el otro se acercó a mí para acariciar mis piernas y poner su cabeza entre ellas. Me besaba encima de las pantimedias, y podía sentir su boca que trataba de comerse mi coño con todo y braguitas.

Mientras uno me acariciaba y me besaba, el otro aprovechaba para desnudarse.
Poco a poco nos fuimos quedando sin ropa, y pude ver sus vergas gruesas ansiosas de penetrarme. Estando echada en el sillón uno de ellos me empezó a lamer la concha, mientras yo me metía la verga del otro a la boca. Sentía mis fluidos vaginales salir, mientras el que estaba entre mis piernas, chupaba y jalaba los labios de mi vulva.

El placer que en ese momento sentía, solo podría ser superado en el momento en que me penetraran, así que al que me chupaba lo jalé del cabello, para que subiera y me clavara con su tranca de una vez. Él entendió mis deseos, y puso la cabeza de su verga en la entrada de mi concha, y me la empujó de un solo envío. Mientras me bombeaba yo seguía lamiéndole la verga al otro, logrando con esto sentir un orgasmo que me provocó risa y llanto a la vez.

Daba gracias por el tipo de trabajo que tenía mi marido, ya que así yo podía gozar de cuanto macho supiera como lograr que le abriese las piernas.  Les dije que fuésemos a mi cama para estar más cómodos, y los tres nos dirigimos a mi habitación. Yo caminaba de espaldas y con cada una de mis manos les agarraba sus vergas, dirigiéndolos hacia el interior de mi cuarto. Estando ahí hice que uno de ellos se echara boca arriba, y yo me senté sobre su verga mirándolo de frente.

El otro se situó detrás de mí de rodillas, y puso su verga entre mis nalgas. En ese momento empecé a cabalgar sobre la verga que tenía dentro, y mis tetas empezaron a bambolearse para arriba y para abajo. El que estaba detrás mío, me abrazó agarrando mis tetas y las apretó fuertemente.
Le dije en ese momento que me penetrara por el culo, y puso la punta de su verga en mi ano, empujándola y haciéndome doler. El dolor que sentí no me importó, y seguí aguantando hasta que la tuve dentro. Me incliné un poco hacia delante, y así empezamos a movernos rítmicamente.

Nuestros cuerpos sudaban, y yo gozaba con la culeada que me estaban dando en ese momento. Al momento de elevarme, sentía como corrían las vergas casi al punto de salirse, y nuevamente me sentaba haciendo que entren hasta el fondo de mi concha y mi recto.

De pronto sentí que tendría otro orgasmo, y al parecer ellos también estaban por eyacular, así que empezamos a movernos rápidamente hasta que nos corrimos los tres en medio de jadeos de placer. Nos quedamos así un momento, y cuando me moví para recostarme, sentí que me chorreaba la leche que me habían dado. Vi que en la punta de sus penes había rastros de leche también, así que decidí limpiarlas chupándoselas.

Se quedaron toda la noche, y seguimos gozando hasta que se nos acabaron las fuerzas. Se fueron a las 6 de la mañana para que mi vecina no se diera cuenta que habían estado conmigo. Ya en mi cama me quedé pensando que si mi marido me diera el placer que yo tanto deseaba, no tendría la necesidad de ser tan puta con los hombres, ni de hacerlo cornudo.

Mientras cavilaba en mis pensamientos, llamó mi marido para ver si había alguna novedad, y le dije no y que solo esperaba que volviera pronto para que descansara, y viera su televisión. Me dijo que era una reina y colgó. Él regresaría luego de dos días, y mientras me dormía pensaba en lo que haría esos días en que estaría solita.

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el medico ruso

Publicado por fercho212 en Enero 20, 2009

Ha sido costumbre de mi esposo el estar presente en mis exámenes en el momento en que el médico los realiza. Ha presenciado exámenes donde he estado totalmente desnuda y pobremente cubierta con una bata de papel en manos de un doctor haciéndome un tacto vaginal, o insertándome una inmensa manguera por mi culito. Aún así lo que me acaba de pasar no logró entenderlo. Les cuento… Sentía una molestia en la cadera que parecía originarse en la columna y decidí visitar a un neurólogo. Mi esposo se encargó de conseguirme la cita con uno de origen ruso. Al llegar a su consulta y luego de esperar por mucho rato nos hace pasar y le explico el problema. El doctor era un hombre mayor, aún entrado en canas lucía muy bien y lo que me llamó la atención fueron sus enormes manos. Después de una conversación donde mi esposo participó activamente el doctor me manda a la salita de examen y a quitarme la ropa y quedarme en pantaleta y sostén, y colocarme una de esas batas de papel que apenas cubren y son prácticamente transparentes. Me acuesto en la camilla pensando que tenía puesto una tanga blanca de tela muy delgada en conjunto con un sostén muy sexy que me lucían muy bien. Nunca pensé que el médico me iba a examinar físicamente. Entra el doctor seguido por mi esposo quién se coloca en el otro lado de la camilla y observa muy callado las manipulaciones del médico. Comienza con el tradicional chequeo del corazón y me pide con mucha delicadeza que me quite el sostén. Mi esposo me ayuda y mis senos quedan descubiertos frente al médico. En estos momentos estoy de espalda a mi esposo, pero de frente a él. Siento sus enormes manos apoyarse en mi seno izquierdo mientras su otra mano se posa en mi espalda. Hasta ahora todo es normal, pero los duendes traviesos comienzan a brincar en mi mente. Me sonrojo en pensar que me encuentro casi desnuda frente a este inmenso hombre quien libremente me toca los senos con la excusa de querer oír mi respiración y mis latidos del corazón. Casi presiento que conoce el estado de excitación que está promoviendo por lo rápido que mi corazón comienza a latir. Manteniendo la posición mete sus manos entre mis muslos y los separa dejando expuesta a sus ojos esa zona donde el hilo dental se desaparece entre las nalgas. Me golpea con un martillito para revisar mis reflejos y a cada brinco de mis piernas solo sirve para exponer mi cuquita apenas cubierta por la delgada tela de la pantaletita ante sus ojos. Mientras palpa y acaricia con descaro la cara interna de mis muslos le explica a mi esposo su teoría sobre la debilidad de los músculos y como puede eso promover mis dolencias. Era una manera de justificar sus manos muy cercas de mi conchita y sus caricias que rozaban alegremente el borde de mi hilo dental. Continúa con el jaleo del martillito y me agarra los brazos manteniendo mis piernas separadas por posición de su cuerpo. Lo sentía muy cerca de mí, pero con la excusa de querer ver algo en mi espalda prácticamente se mete entre mis muslos y doblándome hacia delante le expongo la entrada del hilo dental en mis nalgas. Sus enormes manos bajan y comienzan a presionar algunos puntos en la cintura e inclusive le dice a mi esposo que lo ayude apretando algunas zonas y le describa lo que siente. Joder… las manos monstruosas del doctor, las manos de mi marido y estar doblada forzando la tela del hilo dental dentro de mis labios vaginales comenzaron a estimular mis sentimientos. Se me ocurría que la situación era sensual y sentía como mis jugos comenzaron a fluir. Me preocupaba porque siempre he lubricado en abundancia y lo menos que quería era mojar la tanguita. El doctor seguía dándole explicaciones a mi esposo mientras continuaba masajeándome la espalda y el comienzo de mis nalgas. Me manda a acostar boca arriba para revisar mis reflejos y la posibilidad de una lesión en la columna. Lo que parecía un examen tonto se convirtió en una verdadera deliciosa tortura. Nuevamente me separa las piernas y se coloca al final de la camilla para observar como las movía. Me ordena separar primero la pierna izquierda y hacer círculos. Cada movimiento solo servía para exponerme más a sus ojos. Podía sentir como la tela del hilo continuaba metiéndose entre mis labios depilados dejándolos expuestos al placer de la mirada del doctor. Mi clítoris se marcaba abultado en la tela del tanguita. De repente siento su mano acariciándome internamente el muslo y explicándole a mi esposo lo que siente. Mi reacción de rechazo no le pudo ganar al placer de la caricia prohibida y pienso que son solo exageraciones mías aunque el estímulo lo siento en el roce de la tela en mi vagina. El doctor continúa con su manoseo y le dice a mi esposo que coloque una mano exactamente encima de la línea donde el hilo dental es tragado con saciedad por mis nalgas. Ahora me pide que mueva las dos piernas como un abanico y me abra cada vez más. Él continúa haciendo preguntas sobre que siento y mete su mano entre la camilla y mi cintura mientras sus dedos buscan un contacto en el borde de la rajita del culo para verificar algo en la columna, pero realmente solo hurgan en la rajita muy cerca de mi huequito del culo. La mano de mi esposo reposa con timidez prácticamente en mi vagina, pero son las del doctor las que me tienen excitada. Detiene el movimiento de mis piernas y me indica que me quede en posición como si fuese a dar un hijo. Le pide a mi esposo que se ubique en la cabecera de la camilla y él se coloca en el otro extremo entre mis piernas. Saca una pequeña aguja y comienza a pinchar delicadamente la piel. Comienza con los pies alternado cada uno de ellos. Sigue subiendo por las piernas y se mete entre mis muslos… Coño… estaba segura que la mancha en mi pantaleta era obvia y por eso el desgraciado mandó a mi marido para la cabecera, para que no se diera cuenta. Charlaba sobre reflejos y daños neurales y muchas otras cosas que yo dejé de oír, pero que el manifestaba para complacencia de mi esposo. La aguja comenzó a subir y con el mismo desenfreno pidió permiso y haló mis pantaletitas con sus enormes dedos para descubrir mis labios exteriores de mi mojada vagina que los pinchó con la aguja que usaba. Me sobresalté, pero la ocurrencia era traviesa y el resultado fue un chorro de fluidos bajando apresuradamente por mi canal vaginal. Colocó de vuelta la pantaletita en su lugar y me la ajustó usando uno de sus enormes dedos como cuña directamente en el clítoris. No soporté y un orgasmo rápido y travieso se me presentó y traté de disimularlo, pero un grito se me escapó el cual expliqué con el cuento de que el corrientazo había regresado. Lamentablemente eso dio pie para que el doctor pensara en un tratamiento. Me ayuda a ponerme boca abajo mientras sus manos descuidadamente continúan agarrándome las nalgas. La bata de papel ya era un desastre y mis nalgas quedan expuestas y nuevamente me critico por haberme puesto el hilo dental el cual debe de estar mostrando mi humedad frente a los ojos del doctor. Mirando directamente a mi esposo le explica que lo que va a hacer es verificar un reflejo antes de hacer el tratamiento y mete su mano por debajo de mi cuerpo y me introduce un dedo entre la pantaleta y mi piel llegando directamente a mi clítoris. El movimiento es preciso y pego un grito de sorpresa. Mientras el doctor comienza a dar toda una explicación, su dedo se mueve rítmicamente y su otra mano reposa suavemente en mis nalgas para reafirmar el movimiento. Todo esto me trae otro orgasmo que me hace gemir de placer. Satisfecho saca sus manos y llama a mi esposo aparte. Al poco rato vuelven los dos y mi marido me susurra al oído con mucho cariño que lo que me van a hacer es un tratamiento y que el doctor ya me había pedido autorización para hacerlo. Confiando en él me puse en sus manos literalmente… Mi esposo me pide que me arrodille y me incline hacia adelante en una posición que a mí se me antojó muy sensual. De nuevo mi tanguita blanca se metió entre los labios y mi culito se relajó, efecto del roce de la tela. Veía a mi esposo como el enfermero que prepara a la paciente para que el doctor proceda a examinarla. Siento como él toma un instrumento largo y con forma de pene y lo engrasa ligeramente y el mismo me lo introduce en mi concha mojada. Wau, creo que mi querido esposo no tiene idea de lo que me está haciendo. Me relajo y me gusta que sea directamente mi marido quien me suministre el tratamiento. Me concentro en el instrumento que me tiene ensartada. No me doy cuenta cuando bajan la intensidad de la luz en la salita de examen. Entra el doctor y enciende un aparato que lo primero que hace es enviar una señal de vibración al aparato que tenía insertado en mi conchita. Con sus enormes manos y aprovechando la oscuridad siento como recorre mi espalda con una sensación más de caricia que de examen médico. Se acerca a mi oído y con voz de amante me dice que me relaje y me deje correr. En España ese término significa otra cosa, pero la suave vibración en mi concha decía a gritos que si. Sentí como sus manos abiertamente acariciaron mis nalgas de una manera lasciva y descarada, y todo frente a los ojos de mi esposo. Luego con la excusa del tratamiento uno de sus inmensos dedos encontró camino entre la tela del tanga y la rajita del culo tomando posesión de mi agujerito, penetrándomelo poco a poco acompañado de las vibraciones del instrumento que tenía en mi conchita. Su dedo en mi culito entraba y salía con mucho cariño, pero definitivamente firme y violador. Me pareció oír la respiración fuerte del doctor cuando me tenía metido el dedo hasta lo último y la otra mano me la acercaba a la boca y por reacción tomé uno de sus inmensos dedos y comencé a chupárselo. Mis orgasmos comenzaron a explotar y mis gemidos aumentaron en intensidad. El doctor explicaba que lo estaban haciendo bien porque esa era una reacción natural de alivio. Mentiras, eran mis orgasmos que brincaban de mi culito a mi clítoris y a mi punto G estimulado por ese aparato que inocentemente mi esposo había metido dentro de mí y era el responsable de metérmelo y sacármelo suavemente. La sesión duró poco, pero fue muy intensa. Poco a poco mis agujeros invadidos quedaron libres y mis sensaciones regresaron al normal. Mi culito me ardía, mi conchita todavía lubricaba a chorros y mi dolor en la espalda continuaba… pero realmente el rato fue muy agradable y excitante…

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follando con mi hermana y su amiga

Publicado por fercho212 en Enero 10, 2009

El otro día al llegar a casa me encontré a Sandra, la amiga de mi hermana, en el comedor. Esta tiene 18 añitos recién cumplidos, es un bomboncito listo para comer. Un culito respingón, cuerpo estilizado, unos pechos redonditos y puntiagudos. La verdad es que cuando venía a nuestra piscina a bañarse y la veía en bikini me ponía a cien.

- Hola Sandra, ¿que tal? -Bien, aquí esperando a Andrea. – ¿Donde anda?. -Ha ido un momento a casa de Ruth, vendrá en una hora, me ha dicho que la esperara aquí por si venía alguien y no tenía llaves para entrar. – Ah vale.

Yo la dejé viendo la tele y me fui a mi cuarto a cambiarme de ropa. Me desnudé y me puse a buscar unas bermudas para ponerme. En eso estaba yo cuando de repente se abre la puerta y entra Sandra.

-Oye Jose, ¿podrías?….. , perdón, perdón creía que estabas visible.

La verdad es que no, allí estaba yo desnudo y con la tranca al aire. Al ver a Sandra tan cerca y solo con su bikini y un top que cubría lo justo me comencé a empalmar. Sandra no dijo nada, solo miraba mi tranca. Los pezones se le comenzaron a poner de punta y las mejillas coloradas, pero no se iba.

- ¿Que pasa Sandra? ¿Nunca has visto un hombre desnudo?. -Si claro, pero es que … – ¿Que pasa que te has excitado? -No, no, que va. – ¿entonces porqué tienes los pezones de punta?. -Es que sabes, tu hermana Andrea ya perdió la virginidad y yo no sé cuando…- ¿Qué me quieres decir?

-Pues eso, estamos los dos solos, sé que te gusto por la forma que me miras cuando me baño en la piscina y eso, que si tú me hicieses el favor de… – Ven acércate. Tócala que no muerde. Tómala con las manos. -Uff, mira como crece. – Si acaríciala. Mueve las manos arriba y abajo.

-¡Que grande se ha puesto! – Ven arrodíllate, dale besitos. -Ummm, ¡que caliente está! – Ahora métetela en la boca y chúpala como si fuese un helado.

Joder, que bien la chupaba la niña, como siguiera así me iba a correr. La detuve y la tumbé en la cama, le quité el top y comencé a chuparle los pezones.

-Agggggggggg, que gusto, sigue, sigue. – Tócate el coñito con las manos, si frótate. Siiiiiiiiiiii.

Luego bajé las manos y le quité el bañador lentamente y comencé a chuparle encima del coño, luego seguí con los labios mayores, chupándolos, mordiéndolos con cuidado hasta que llego el momento y me dediqué a sus labios menores, comencé a chupar lentamente para pasarme a su clítoris, que parecía un pezoncito duro.

-Aaahhhhhhhh, Siiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii, me corro, que gusto. – Toma lengua… Si que coñito tan delicioso tienes. -Sigue, sigue.

Como se retorcía, acababa de tener su primer orgasmo. Los ojos se le quedaron en blanco mientras seguía retorciéndose.

-Ah sido fantástico. – Pues ahora viene lo mejor, te la voy a meter toda, voy a llenarte el coño de polla. -Si venga métela que me muero de ganas. – Espera que busque condones. -No, no, sin condón, no te preocupes, tomo la píldora desde hace tiempo, una es previsora. – ¿Seguro?.

-Si no te preocupes. – Pues vamos allá. Acércate que te ponga la almohada bajo el culo para que te entre mejor y te roce más la parte alta de la vagina. Así te entra mejor y te dará más gusto. -Si, pero métela ya que me muero de ganas. – Venga, la puntita, despacito.

Que maravilla ver como se iba enterrando mi polla en su coño. Que coño tan prieto y cerradito. Empecé a meter y sacar la puntita mientras ella se moría de gusto. Cuando ya estuvo bien lubricada empujé y le rompí el himen para entrar hasta el fondo y comenzar a meter y sacar toda mi polla en su coño.

- Siiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii, Siiiiiiiiiiii, que gusto joder esto es fantástico, sigue, sigue. – Joder chica que coño más precioso tienes, como me aprieta la polla. – Siiiiiiiiiiii, siiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii, la siento entrar, la siento abrirme, joder que gusto. – Ven gírate que te la voy a meter desde atrás. – Si, si métemela.

- Joder que espectáculo, me encanta verte el culito mientras te entra. – Y a mi sentirla dentro, empuja, empuja. – Aaaahhhh, me voy a correr, gírate que te la tire en la boca. – Si, en la boca. – Toma mi lechita, toma. – Ummm que rica, mira como me la trago.

- Joder chica, eres una viciosilla. – Si, ya lo sé, quiero disfrutar todo lo que pueda del sexo. – Pues siempre que quiera una polla lista puedes utilizar la mía. – Si ya veo como recobra vigor, así que no perdamos más tiempo y sigamos, tengo que recuperar todo el tiempo perdido, y tú me vas a ayudar. Así que por donde seguimos ahora.

- Bueno, para empezar chupa un poco que se ponga a tono, que me tengo que follar esas teticas tan ricas que tienes. – Ya sé que te encantan mis teticas, de hecho cuando me bañaba en la piscina y tenía que salir lo hacia cara hacia tu ventana porque sabía que estabas mirando, me encantaba exhibirme para ti.

En eso estábamos cuando de repente se abre la puerta de golpe y aparece mi hermana Andrea.

- Pero serás cochino Jose, y tu  Sandra, no te puedo dejar un momento a solas, a la mínima te tiras a mi hermano. – Lo siento, es que estaba caliente y la ocasión no se podía desperdiciar. – Andrea, esto no es lo que parece, esto… – No, si lo que me fastidia es que no me invitéis.

Andrea se quitó el bañador que traía de golpe, apartó a Sandra y se tiró sobre mi polla como una posesa. Yo me quedé sin palabras y la dejé hacer, no sabía que decir, y lo mejor es que esa morbosa situación me ponía más caliente.

Mientras Andrea seguía con mi polla yo me dediqué al coñito de Sandra, hasta que las puse una encima de la otra y comencé a follarme a las dos alternadamente. Metía en Sandra, sacaba y metía en Andrea.

-¡Joder que rabo tiene tu hermano!, y tú sin decirme nada. -Si, si, tú bien que te has aprovechado de él. -Veas, lo pillé en pelotas y no podía dejarlo escapar. -Pues a partir de ahora tendrás que pedirme permiso pues va a ser mío.

En eso estaba con Andrea cabalgándome y chupando el coño de Sandra cuando…

- Venga chicas no se peleen que hay rabo de sobra para las dos. Y dejen de hablar que me voy a correr.

En eso se giran las dos juntando las bocas para recibir mi cremoso regalo.

- Siiiiii tomen mi leche. -Leche. Venga dispara.

Les cubrí las bocas y la cara de leche, pero ellas no se lo pensaron en limpiarse con las lenguas y jugar con mi semen en sus bocas.

-Jose no se te ocurra desperdiciar nunca más tu leche, por aquí tienes dos perritas en celo cuando quieras.-Eso, eso, y una de ellas en casa. – Vale. Dejen de hablar y chupen, que hay que levantar mi polla para una nueva arremetida. -Yo prime…

-De eso nada, primera yo que para algo es mi hermano. – Venga, no se peleen, si hay rabo de sobra para las dos. -Siiiiiiiii, siiiiiii.

La verdad es que es un día que no podré olvidar. Dos guarrillas solo para mí. Lo que tendré que probar un día de estos es sus lindos culitos, pero eso ser otra historia.

Saludos.

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la mujer demi abuelo

Publicado por fercho212 en Enero 8, 2009

Mi abuelo era médico en un pequeño poblado del Estado de Guanajuato, en México, había contraído nupcias por segunda ocasión con una señora, a la que llamaré Martha, con la que había tenido tres hijas, que eran a la postre medias hermanas de mi padre y que eran mis tías, Esther la cual tenía 21 años en el tiempo en que se desarrolla el relato, mi tía Bety que tenía 19 y mi tía Rosita de 18, aunque aparentaba mucha menos edad, Martha en ese tiempo contaba con 39 años de edad y mi abuelo tenía 73, aunque  estaba muy fuerte aun en esa época, yo tenía 18 años, recién cumplidos, en ese entonces.

Cursaba el primer año de bachiller y mi tía Rosita el segundo en la misma escuela que yo. Con la señora de mi abuelo, que venía a ser mi abuelastra, no llevaba muy cordial relación por los prejuicios que mis tíos me habían creado, ya que no vieron con buenos ojos que mi abuelo se hubiese vuelto a casar, yo vivía en la casa de mi abuelo, no sé por qué razón, ya que aún vivían mis padres, pero desde que recuerdo ahí vivía, aunque no llevaba relación cordial con Martha, no le faltaba tampoco al respeto nunca. Un día que llegué del instituto, era jueves, bien lo recuerdo, estaba abatido, eran como las dos de la tarde, traía un reporte que me tenía que firmar mi abuelo y tenía, aparte, que ir a hablar con el director de mi comportamiento, como era jueves, yo sabía que mi abuelo no llegaría hasta entrada la noche, pero no sabía qué decirle ni cómo empezar.

Dieron las 3 de la tarde y Martha fue a hablarme para que bajara a comer, entró en mi recámara y yo estaba en la cama, con el radio encendido, pero sin oír la música, y ella me sacó de mis pensamientos diciéndome, ¿bueno qué no escuchas que te estoy hablando para que vengas a comer? ya sabes que es jueves, Pancho (que era mi abuelo) no va a venir, ya lo sabes, y Rosita de seguro está con mis padres (los jueves siempre se iba mi tía con sus abuelos), sólo estamos tú y yo, ya lo sabes, yo me disculpé diciéndole que no había escuchado que me hablaba y me dijo, oye ¿qué tienes?, ¿no crees que ya es tiempo de que seamos amigos?

Cuéntame lo que te pasa, me lo dijo, en un tono tan maternal que me convenció, y decidí platicarle que a otro compañero y a mí nos habían botado desde las 11 de la mañana de la escuela con un reporte que debía firmar mi abuelo y, aparte, ir a hablar con el director, a lo que ella me dijo y ¿qué hicieron?, a mí me dio mucha pena confesarle que habíamos estado espiando a las muchachas, escondidos debajo de una escalera que conducía al segundo piso de la escuela, para verles las pantaletas, ella se río y dijo conque ya andan de curiosos ¿eh?. Yo me desconcerté y ella me dijo, mira para que veas que soy tu amiga yo voy a la escuela mañana a hablar con el director y no le decimos nada a Pancho, y yo temeroso le dije ¿y el reporte?, me dijo, dámelo yo lo firmaré delante del director y disculparé a Pancho por no poder ir, esto me cambió el ánimo y le dije Gracias señora usted sí es mi amiga, entonces me pidió que le platicara cómo había estado lo de la espiada y ya le platiqué…

Ella me empezó a decir que era normal a nuestra edad y me hizo una pregunta que me desconcertó, me dijo ¿ya se te para? yo estúpidamente pregunté con un aire de inocencia ¿qué?, a lo que ya no me contestó, me metió la mano en los pantalones y agarró mi verga, hasta que logró la erección, yo no sabía qué hacer, estaba sorprendido y a la vez me gustaba, me quitó los pantalones y los calzones y empezó a darme fenomenal mamada que estaba a punto de venirme.

Ella también se excitó mucho y sólo se levantó la falda y se hizo a un lado las pantaletas color crema que traía puestas, y sin desvestirse, me montó y empezó a subir y bajar en mi pene, que en menos de 4 minutos, me vine en ella que seguía cabalgando hasta que el pito se me desinfló, luego se bajó y descansó unos minutos, y se empezó a desvestir y también me desvistió a mí, empezando a chuparme las orejas, sacándome el aire de las mismas y metiéndome la punta de la lengua en las mismas, luego me frotaba sus enormes tetas en todo mi pecho, me besó de una manera brutal…

Me metió la lengua en mi paladar, yo la sentía casi en mi campanilla, bajó al cuello, ya estaba yo excitado nuevamente cuando me mamó el palo ricamente y me puso su panocha en la boca, ordenándome Mámamela tú también a mí, yo empecé a lengüetearla torpemente, esa era mi primera experiencia, me dijo Saca toda tu lengua y métemela, así lo hice y ella me agarraba de los puros pelos y me arrimaba más a su panocha, hasta la nariz me hizo meterle, después de unos 15 minutos de que me tuvo mamándosela se vino en mi boca, la sentí y me volvió a montar y me dijo:

Vas a ver cómo el segundo palo va a estar mejor que el primero, y así fue, subía y bajaba, mientras sus enormes tetas brincaban sueltas, duró como 15 minutos hasta que yo me vine y ella también, cayó sobre mí y me abrazó, metiendo sus manos por debajo de mis axilas, y apoyándose en mis hombros, moviéndose muy fuerte hasta que se me desinfló el pito, todavía se vino dos veces, descansó nuevamente toda su humanidad en mí, me quedé dormido por el ajetreo, pero una nueva mamada me despertó aproximadamente una hora después de que me quedé dormido, me chupaba la verga apoyando la punta de su lengua en la rajada de mi pito y dándome unos lengüetazos en la cabeza del mismo que pronto estaba firme de nuevo mi palo y, otra vez, me puso su chocha en la boca y luego de volverse a venir en mi boca, ordenándome tragara sus jugos, me dijo:

Dame lengua por el culo, yo sólo obedecí y luego me dijo Dale duro papacito, y se acomodó mi verga en su culo, la cual se fue, sin ninguna dificultad, hasta la mitad y luego me dijo Empuja, empuja, métela y sácala, como no me movía al ritmo que ella quería, sin zafarse, se dio vuelta para quedar encima de mí nuevamente dando juego a un ritmo vertiginoso, subía y bajaba y me puso mis manos en sus tetas ordenándome No las sueltes ni las aprietes mucho Dimas, hazlo con cariño, tuvo dos fenomenales orgasmos que me vació en mis vellos, lo sentí y me dijo: Vente pronto que me matas, y en un rato corto me volví a venir en su culo, cayendo ella en mí, sin zafarse, mamándome las tetas y chupándome las orejas, hasta que mi pito se desinfló y salió solo de su culo, escurriendo de semen.

Me dejó descansar un rato, cuando nuevamente me lo empezó a chupar rico y me puso su panocha en mi boca para que le hiciera nuevamente el trabajito, ya estaba adquiriendo un poco de práctica y logré hacerla venir, esta vez, un poco más rápido que las anteriores, pero pedí más mientras ella mamaba toda mi verga, y esta vez me dijo Como ya estoy cansada y tú todavía no sabes montar ahora así, me subió encima de ella y se colocó mi palo en su vagina ardiente, el cual se fue hasta el fondo en el primer intento y luego que lo tuvo adentro me pasó las piernas por atrás y me abrazó como lo había hecho antes y empezó a moverse, yo sentía ya arder los hombros pero no podía decirle que me soltara, pues se movía tan rico, además de que movía las piernas tan rápido por atrás de mis caderas que pronto nos volvimos a venir los dos juntos, luego nos metimos a bañar por iniciativa de ella y ahí todavía me dio tremenda mamada que me hizo venirme en su boca, saliendo de bañarme me dijo:

Descansa, ahorita te traigo la cena, cuando yo estaba quedándome dormido por el cansancio, alcancé a escuchar que iban a ser las ocho de la noche, hasta entonces no me di cuenta del tiempo que había transcurrido haciéndole el amor a mi abuelastra, o mejor dicho haciéndomelo ella a mí, desperté un poco después al sentir un fuerte ardor en mi pubis, era mi abuelastra con una navaja depilándome todo mi pubis, yo le pregunté que qué hacía y me dijo Este es mi trofeo, mi niño, ahora que te inicié lo tendré muy bien guardado, lo cual me causó un tremendo ardor por tres días seguidos, hasta que me fui acostumbrando, me dijo que una amiga suya le platicó que eso les hacía a los muchachos que se metían con ella, diciéndome:

Pero tú Dimas no te preocupes, lo tú serás mi amante porque ¿sabes? tu abuelo me tiene muy abandonada en este terreno y tú lo sustituirás, pero éste también será nuestro secreto ¿te parece? y así seguimos por 5 años todos los jueves los primeros dos años y luego casi cada tercer día, hasta que me pilló con una hermana menor de ella, pero eso se los cuento en otra ocasión y también cómo estrené a dos de mis tías.

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compañera de trabajo

Publicado por fercho212 en Enero 7, 2009

Desde hace un corto tiempo me encuentro pasando por un infierno, soy o era hasta donde yo sé una mujer normal, decente, buena esposa, mejor madre, y una excelente profesional en el área de ventas, modestia aparte. Debido a mi trabajo, en ocasiones nunca falta uno que otro tipo, que pensando que como soy una mujer, y que deseaba hacer una jugosa venta, estaba dispuesta a irme a la cama con ellos. Pero conmigo se equivocaron, ya que a más de uno lo hice pasar una vergüenza, y en ocasiones me vi en la necesidad de hasta preferir, perder el cliente antes de llegar, a tan solo siquiera contemplar en la posibilidad de salir o acostarme con alguno de mis clientes.

Pero hace cosa de tres meses, me asignaron a una compañera nueva, que desde el principio que la vi, lo primero que pensé o se me vino a la mente fue, hasta donde había bajado la calidad del departamento de recursos humanos de la empresa, sí estaban contratando a personas como ella, que a simple vista se veía que era una buscona.

En otras palabras, tenía facha de ser una puta fina, pero puta al fin, que la habían contrataron con la idea, más que vender los productos, de seducir o acostarse con los clientes mientras les mostraba los productos que yo representaba, o por lo menos para serles franca, esa fue la impresión que me dio, desde que la vi el primer día que salimos juntas. Nada más de observar como caminaba, meneando sus caderas de un lado a otro, de la forma más provocativa que había visto en mi vida, en gran parte confirmaron mis temores. Además, usaba un ajustado vestido corto, de color rojo puta para completar el cuadro.

Cuando entrábamos a la oficina de un nuevo cliente, ya no me quedó la menor duda al respecto. Mientras que yo bien seria y circunspecta, me limité a resaltar las características técnicas de nuestros productos, y las grandes ventajas económicas de su uso, con respecto a los de la competencia. Bibiana se dedicó descaradamente a sacarle fiesta al cliente. Finalmente el trato se cerró, pero tengo la certeza de que ellos dos se habían puesto de acuerdo en verse luego. Por lo que le llamé la atención, discretamente mientras conducía con rumbo a nuestras oficinas. Bibiana solo se limitó a dirigirme una extraña sonrisa, digo extraña por ser de una mujer.

A los pocos días, me comisionaron para visitar clientes fuera del área metropolitana, con gastos de hotel transportación y alimentos a parte de un mayor porcentaje de comisión. Era casi como irme de vacaciones yo sola, sin pensar en hacer nada malo, sencillamente era que en lugar de llegar a casa a limpiar y atender a mis dos hijos, durante toda esa semana, estaría disfrutando de la comodidad de un buen hotel, cuando terminase de ver los clientes.

Mi madre y mi esposo, se las podían arreglar con las niñas muy bien sin mi presencia, por unos cuantos días. Pero como verán eso era lo que yo pensaba, hasta que me enteré que la tal Bibiana sería mi compañera de viaje. Lo primero que se me vino a la mente fue imaginármela corriendo desnuda por los pasillos del hotel y tras ella todos mis potenciales clientes, tratando de mantener una orgía con ella.

Por lo que la primera noche que pasamos juntas, no me sorprendió el ver que desde que llegamos a nuestra habitación, Bibiana sencillamente prendió el aire acondicionado, y sin la menor vergüenza de su parte, se quitó toda su ropa. Luego se dio una ducha, y  después de secarse se acostó tal como estaba. Aunque reconocí íntimamente  que ella tiene un lindo cuerpo, en esos momentos me pareció una desfachatez de su parte, permanecer del todo desnuda ante mí, pero lo que más me atrajo la atención de cuerpo, era que entre sus piernas no tenía ni un solo vello, a diferencia mía que nunca me he depilado esa área de mi cuerpo, ya que no veía que fuera necesario.

Cuando el botones nos trajo la cena, a nuestra habitación, Bibiana ni tan siquiera hizo el gesto de ocultarse bajo la sábana, por suerte yo recibí todo en la puerta. Cuando ambas nos sentamos en la mesa a cenar, discretamente abordé el tema de su desnudez una vez que las dos terminamos de comer. Pero ella en lugar de defenderse, digamos que me atacó. Sin tapujos me preguntó si yo no estaba orgullosa de mi propio cuerpo, mientras se levantaba de la mesa y caminaba junto a la silla donde yo me encontraba sentada, lo que en parte me puso algo nerviosa y confundida, sus expresiones.

Bibiana continuó diciéndome, que ella se sentía muy cómoda estando así, desnuda. Cuando después de un corto rato le respondí, que si estaba orgullosa de mi cuerpo, ella me comentó que no lo parecía, por la manera en yo vestía. Lo que tomé como un ataque personal, a mi gusto por la ropa, cuando le exigí que se explicase, Bibiana con una sonrisa me respondió, que yo parecía un transformista.

Al escucharla me quedé de una pieza, pensando en la caricaturesca imagen de un hombre vestido malamente de mujer, pero antes de que yo pudiera responderle, dijo. -Mírate no más, desde que llegué a la compañía, nunca te he visto con un vestido puesto. Siempre con esos serios conjuntos, de chaqueta y pantalón unicolor y oscuros, de camisa blanca con todo y corbata. De paso ni te maquillas, y para colmo cargas todo el tiempo tu cabello recogido con ese moño detrás de tu cabeza, de verdad, te digo que pareces un hombrecito.-

Cuando Bibiana tocó el tema de mi cabello, con un rápido movimiento de su mano, retiró la única horquilla que me sujetaba el pelo sobre mi nuca. Al tiempo que Bibiana se comenzaba a reír, como si hubiera realizado una pequeña travesura. Toda mi negra cabellera se soltó, y cayó sobre mis hombros y espalda, dándome una especie de sensación de libertad. Pero de verdad que me encontraba bien nerviosa, no sabía que decirle a ella, por lo que me quedé callada, sin saber cómo actuar ante esa situación.

Bibiana continuó diciéndome. –Ves ahora si comienzas a parecer, una verdadera mujer. Es más quítate esa austera chaqueta gris, y suelta el cuello nudo de esa corbata, que de seguro le va mejor a tu marido que a ti, ven siéntate frente al espejo para que yo te enseñe a maquillarte. A menos que seas de esas religiones, que no les permiten a las mujeres hacer eso, pero no lo creo, tampoco ahora que me acuerdo las dejan ponerse pantalones.-

Aunque me encontraba algo nerviosa, la risa de Bibiana me tranquilizó un poco, sobre todo cuando la escuché decir que me enseñaría a maquillarme, ya que yo no acostumbraba hacerlo, por esa misma razón, porque no sabía hacerlo bien, y no me gustaba como quedaba las veces que lo había trataba. Algo más relajada me levanté de mi silla, pero todavía algo nerviosa, por tenerla tan cerca de mí, desnuda. Me quité la chaqueta, y también la oscura corbata, y sin hacer ningún comentario me senté frente al espejo, mientras que Bibiana buscaba entre su cartera su estuche de maquillaje.

Al nuevamente verme comentó de manera alegre. -Ves ahora si pareces, casi toda una mujer.- cuando escuché la palabra casi, me dejó confundida, y nuevamente antes de que yo fuera a decir algo, mi compañera de habitación me señaló los pantalones, diciéndome. -Mejor te das una buena ducha, para que te relajes, y cuando estés lista te doy la primera clase de maquillaje.- Yo como si fuera toda una niña obediente, me levanté del pequeño taburete frente al espejo, y tomando mi toalla me dirigí a la ducha, donde terminé de quitarme toda la ropa y me dediqué a darme una relajante ducha. Mientras me bañaba, escuché a Bibiana decir algo, cuando le pregunté, me dijo que estaba haciendo un pedido por teléfono, que no me preocupase.

Durante el tiempo que estuve bajo la ducha aproveché y me depilé las piernas y brazos y axilas, que por lo general no lo hacía tan a menudo en honor a la verdad, ya que por lo general solo le mostraba mi cuerpo a mi esposo, y no me preocupaba mucho por eso. Aunque él de cuando en cuando me decía que yo era su osita de peluche, cuando lo escuchaba amorosamente llamarme de esa manera, que me sonaba tan chocante, entendía que ya era hora de depilarme, pero solo las extremidades. No como Bibiana que por lo visto, acostumbraba a depilarse toda, incluso totalmente hasta su monte de Venus, por lo que yo podía ver.

Antes de que saliera de la ducha, escuché tocar el timbre de la puerta, cuando me asomé Bibiana cerraba la puerta, y empujaba otro pequeño carrito con algunas botellas de cerveza. Por lo que vi me parece que los recibió de la manera en que se encontraba, ya que su toalla se encontraba sobre la cama al otro lado de la habitación, al verme soltó esa alegre risa, como de quien termina de hacer una pequeña travesura. Destapó una de las botellas y después de entregármela, colocándose su dedo índice sobre su barbilla y moviendo su cuerpo como una niña pequeña, al tiempo que imitaba la voz de una, dijo. -El pobre chico, solo dejó esto en la puerta y no dijo ni una palabra, ¿Por qué habrá sido?-

Yo me acuerdo que también, me causó bastante gracia la imitación que hizo de una niña traviesa, me imaginé la cara que habrá puesto el botones, al verla sin nada de ropa, y actuando como si fuera de lo más normal en el mundo, el estar toda desnuda frente a un extraño. Cuando terminé de salir del baño, envuelta en mi toalla y con la botella de cerveza en una de mis manos, Bibiana me pidió que me sentase nuevamente en el pequeño taburete frente al espejo.

De inmediato comenzó a darme una corta explicación sobre el tipo de piel que yo tengo, y como debería maquillarme. Los colores y tonos de las bases, que eran más recomendables, para mi tipo de rostro y piel. A medida que de cuando en cuando, ambas nos tomábamos un poco de cerveza. Luego se centró en mis ojos, que tipo de delineador y sombras debería usar, y la manera de hacerlo. Me fue sacando las cejas, y me dejó que yo terminase de hacerlo, bajo su experta dirección. Posteriormente me comenzó a explicar, la manera en que me recomendaba que me pintase los labios, y el porqué del color y tono que había escogido para ello, debido al color de mi piel.

Cuando pensé que ya habíamos terminado, me pidió que me quitase la toalla, para darme como dijo ella un pequeño retoque a mi busto. Un poco cortada, por quedar con mis senos al aire, frente a ella, retiré la toalla. Bibiana con una gran mota llena de talco, la comenzó a pasar por mi cuello, y parte superior de mi busto, al tiempo que me pedía que me pusiera de pie frente al espejo. Yo pensaba quedarme con mi toalla puesta alrededor de mi cintura, pero ella de manera suave me la desprendió, dejándola sobre el pequeño asiento.

Cuando terminé de pararme, Bibiana me indicó que me viera en el espejo y le dijera que le parecía mi nueva imagen. La verdad que me agradó mucho el verme como lucía, era como si me hubiera realizado una especie de cirugía plástica, en todo mi rostro en cuestión de minutos, y sin dolor ni anestesia alguna. Mientras yo embelesada admiraba el lindo trabajo, Bibiana me entregó otra cerveza, la que de inmediato me llevé a los labios con mucho cuidado para no despintarlos, y ella comenzó a pasar una de sus manos por sobre mi cabellera, a manera de arreglar su caída natural sobre mis hombros.

Cuando terminó, colocó sus manos sobre mis caderas y sin llegar a soltarme, se colocó tras de mí. Me preguntó al oído. -¿Cómo me sentía, con mi nueva imagen?- En ese momento era tal mi alegría, que me di vuelta y la abracé en señal de agradecimiento. Pero cuando sentí sus firmes pechos desnudos, contra los míos, y el resto de su piel en contacto con la mía, una rara sensación recorrió todo mi cuerpo. Por un corto momento me quedé turbada, en ese instante me di cuenta que jamás en mi vida había abrazado a otra mujer de esa manera, y mucho menos estando desnudas las dos.

Nuestras caras se encontraban una frente a la otra, y tuve el impulso de soltarme, pero sus labios, suavemente chocaron con los míos, mientras que sus manos sentí que me apretaban contra su cuerpo. No se realmente decir que más pasó, de momento cerré mis ojos y sentí divinamente, su lengua dentro de mi boca. Sus manos acariciaban mi piel, y yo no podía hacer nada o mejor dicho, no quería hacer nada por detenerla.

De joven siempre le tuve miedo a llegar a relacionarme con otras chicas, y de adulta ya ni pensaba en eso. Pero cuando Bibiana continuó besándome de esa manera que lo hacía, me sentí desfallecer en sus brazos. Sin soltarnos nos continuamos besando, y a medida que pasaban los segundos lo hacíamos con más pasión, hasta que de alguna forma llegamos a una de las camas, mirándonos a los ojos, volvimos a besarnos, sus dedos en cierto momento los sentí sobre mi vulva, y creo que yo a la vez también agarré la de ella.

Lentamente Bibiana, me recostó sobre la cama y a medida que comenzaba a besarme todo mi cuerpo, yo intuí a donde se dirigía su boca. Por un buen rato me besó los pezones, de manera única y divina mordisqueándolos ligeramente, causando más placer todavía, por medio de esa extraña sensación, que sentía cuando sus dientes se cerraban ligeramente sobre ellos, luego continuó pasando su lengua y labios por el resto de mi cuerpo, hasta que se detuvo finalmente sobre mi vulva, con sus manos separó mis piernas, y cuando sentí su caliente respiración sobre la piel de mi vulva me estremecí toda, pero casi hasta me orino encima de la felicidad que me produjo el sentir su lengua sobre mi clítoris, como con su boca me lo chupaba suave al principio, pero intensamente luego.

Como ya les dije, jamás en mi vida o por lo menos de adulta llegué a tan siquiera pensar el tener un encuentro o acostarme con cualquier otra mujer como yo, pero en el momento en que Bibiana me acariciaba, y me hacía sentir tan feliz, de la alegría que sentía comenzaron a salírseme las lágrimas. Creo que desde que antes que eso sucediera, perdí la noción del tiempo, se que ella por un buen y largo rato me hizo sentir extremadamente feliz, y no es que mi marido no lo haga, pero es algo definitivamente muy diferente o distinto.

Bibiana como sabía qué hacerme, cómo hacerlo y en qué momento, para que yo disfrutara al máximo de ese momento entre las dos. Durante esa noche Bibiana, me hizo sentir feliz de ser mujer, por medio de diferentes maneras, me hizo cosas que nunca llegué a pensar que me agradasen tanto. De cuando en cuando nos volvíamos a besar las dos, y en más de una de esas ocasiones, yo hacía con el cuerpo de ella, lo que ella había hecho previamente conmigo. Por primera vez en mi vida, ese término de una relación multi-orgásmica, verdaderamente tenía sentido para mí.

Durante el resto de la noche las dos nos divertimos la una con la otra, hasta que ya bastante agotadas, nos quedamos durmiendo juntas y abrazadas en la misma cama, con nuestras piernas entrelazadas. Cuando a la mañana siguiente nos despertamos creo que casi al mismo tiempo, me sentí sumamente avergonzada, hasta que Bibiana después de darme un lindo beso como saludo matutino, se levantó y me dijo que se nos hacía tarde para ver al próximo cliente.

Ambas nos bañamos juntas, nos comportábamos como un par de colegialas, nos vestimos y arreglamos y salimos sin desayunar, para comenzar a ver a nuestra clientela. A diferencia de cómo regularmente visto, Bibiana me convenció de que usara uno de sus lindos, pero cortos vestidos, de verdad que me sentía rara con eso puesto. Me molestaban un poco las miradas de la mayoría de los hombres y hasta de algunas mujeres con quienes nos entrevistamos, para realizar las ventas de nuestro producto.

Yo hablaba de los aspectos técnicos, y Bibiana se encargaba de tomar los pedidos, y vi con bastante asombro, como de dos cajas, que yo había recomendado comprar a un cliente, había subido a cinco. Después de que Bibiana astutamente hablaba con él. Al finalizar el día, al llegar al hotel pensábamos ir a la piscina, para relajarnos. Pero yo no había pensado en eso, al salir de mi casa, por lo que había dejado mi traje de baño de una sola pieza, y de color negro “clásico”, en mi casa.

Bibiana me ofreció amablemente uno de los suyos, pero cuando me lo fui a probar, me di cuenta de que como no me acostumbro a depilar entre las piernas, tenía  no una sino dos matas de pelos a cada lado del traje de baño. Bibiana antes de que yo me arrepintiese, se presentó ante mí con una crema depilatoria, y dándome un pequeño empujón sobre una de las camas, a manera de broma comenzó a pasarme sus dedos por sobre mi peluda vulva, desde luego después de que me quitó la parte de abajo del traje de baño o mejor dicho del tanga que me prestó.

Estuve a punto de pedirle que nos quedásemos en la habitación, pero como ella estaba tan deseosa de ir a la piscina, me callé la boca. Mientras que las dos nos encontrábamos en la piscina, sentí que cientos de ojos nos miraban, para mí fue algo nuevo, el estar prácticamente desnuda, apenas cubierta con dos pequeñas cintas de tela casi transparentes sobre mi cuerpo. Pero digamos que como nadie me conocía en ese lugar, no me preocupó tanto.

Antes de salir del área de la piscina, nos abordaron un par de hombres bastante simpáticos, Marcos y Tony, y vi como Bibiana sin consultarlo conmigo les dio el número de nuestra habitación y hasta había quedado con ellos en salir a cenar. Cuando ya en nuestro cuarto le reclamé lo que ella había hecho, me dijo con una gran sonrisa, que si yo no me quería divertir ese era problema mío, que su idea era salir a cenar, bailar y más nada.

Cuando escuché esos términos, realmente ya no me pareció tan mala la idea, y luego que me comuniqué con mi esposo por teléfono, y saludé a mis hijas nos arreglamos para salir, claro que sin decirle nada mi esposo, por supuesto. Nuevamente Bibiana me tuvo que prestar algo de su ropa, ya que la mía era demasiado formal para esa ocasión. Esa noche bajé vestida a cenar, usando un pequeño vestido color rosa, que Bibiana me había prestado, que de paso me quedaba bastante ajustado al cuerpo, tanto que tenía que jalar la ajustada falda, cada cierto número de pasos.

Cuando llegamos al restaurante nos esperaban los chicos, cenamos, bailamos, bebimos, y creo que en eso se me fue la mano. Los dos muchachos se estaban comportando de lo mejor, durante la cena charlamos sobre nuestros trabajos, y luego como si nos conociéramos de toda la vida nos fuimos a bailar. Bibiana como yo realmente, nos divertíamos bastante, pero en cierto momento, cuando fuimos al tocador de damas, en tono de broma Bibiana me dijo que si me atrevía hacer una apuesta, cuando le pregunté de que se trataba, con esa sonrisa maliciosa me dijo. -A ver quién es la primera en llevarse a su pareja para la cama.- yo en esos momentos le dije que si estaba loca o que, y lo dejamos así, pero a medida que pasaba la noche, ella me hacía señas y comentarios relacionados con lo que me había propuesto en el baño.

Pero al verla seduciendo tan descaradamente a Tony el joven con quien bailaba, de momento se me ocurrió competir con ella, pero sin la intención de acostarme con el tal Marcos realmente. Así que comencé a bailar, y actuar de manera un poco más suelta y seductora. Como mi acompañante no era retrasado, ni anormal, pensó que yo buscaba algo más que pasar un rato agradable bailando con él, por lo que en medio de la sala Marcos me ha comenzado a besar, y a tocar mi cuerpo mientras bailábamos de un modo tan especial, que algo se encendió dentro de mí.

De manera bien discreta, me invitó a su habitación. No sé si fue la cantidad de alcohol al que no estaba acostumbrada, los besos, las caricias, el ganar la apuesta a Bibiana o el hecho de estar haciendo algo, que yo bien sabía, que era algo que se suponía que no hiciera una mujer casada decente, como pensaba de mí en ese momento. Pero terminé subiendo a su habitación, que por casualidad quedaba en el mismo piso que la nuestra.

Apenas entramos, continuamos besándonos de manera más ardiente. En cierto momento sentí su miembro bastante duro, bajo la tela de su pantalón, no sé que me pasó realmente, pero al verlo a los ojos, sin que él me dijese nada, me he arrodillado frente a Marcos, y con mis manos saqué su miembro del encierro. En cosa de segundos, me encontraba chupando su miembro, como una verdadera desesperada.

Cuando él estaba quizás a punto de venirse, lo sacó de mi boca, y me pidió de manera bien lasciva. -ve quitándote la ropa, pero hazlo como una puta que quiere calentar a su cliente mostrándole el culo y las tetas.- Al escucharlo decir eso de forma tan sucia y vulgar, en lugar de aprovechar la ocasión para retirarme, molesta por la comparación con una puta, me agradó la idea, me di un trago de no sé qué cosa, que yo estaba bebiendo, y encantada de la vida le hice caso.

Lentamente al compás del ambiente musical de la habitación, me fui desprendiendo de todas las pocas prendas de vestir que estaba usando esa noche, lo primero en quitarme fue el ajustado vestido color rosa, por lo que de inmediato quedé en sostén y las pequeñas pantaletas, tipo tanga que se me enterraban dentro de mis nalgas y apenas ocultaban mi recién depilado coño.

Mientras que mi acompañante se acariciaba con una mano su miembro delante de mí. Luego me solté el broche del sostén, y por un corto rato jugué con el dándole vueltas con una de mis manos, mientras que con la otra bajaba la parte frontal o trasera del pequeño tanga, mostrando y ocultando rápidamente mi vulva y parte de mi culo, luego volvía a ponerlos en su lugar. Hasta que terminé por quitarme todo y quedar del todo desnuda frente Marcos sin un ápice de vergüenza de mi parte, moviendo mi cuerpo de manera erótica, abría las piernas, le mostraba mis nalgas, me acariciaba las tetas yo misma.

Me sentía orgullosa de que él admirase mi cuerpo desnudo y me desease, tanto como verdaderamente estaba deseosa yo de acostarme con él. Nuevamente hablándome de esa manera tan lasciva y sucia en que se dirigía a mí en esos momentos. –Así me gusta, bien putita mía, continúa mamándome la verga otro rato antes de que te la meta por ese coñito de nena que tienes.- Lo que hice de nuevo por un corto rato, hasta encontrarme de lo más entretenida chupando su aparato con mi boca, al tiempo que yo misma me acariciaba con mis dedos íntimamente, mi recién depilado coño.

En ese momento, se abrió la puerta de su habitación. Por unos segundos, me quedé sorprendida y avergonzada de que me hubieran encontrado así. Su compañero Tony, se encontraba de pie en la puerta de la habitación. No sé que se había hecho Bibiana, pero el recién llegado tras cerrar la puerta caminó directo hasta donde se encontraba el tal Marcos sentado en un sillón y yo agachada frente a él, manoseándome sabrosamente mi coño.

Marcos le preguntó cómo le había ido, y Tony comentó entre dientes que Bibiana tenía la regla y no se sentía bien. Cosa que yo sabía era mentira, ya que en cierto momento en que las dos nos bañábamos en la ducha, nos dimos cuenta que el período nuestro nos llegaba casi al mismo tiempo. Pero Tony realmente en ese instante no parecía molesto. Por lo contrario parecía estar contento con lo que se había encontrado en su habitación, lo digo porque con una gran sonrisa, se ha sacado su instrumento frente a mis ojos.

Al yo verlo, me quedé sorprendida, pero me vino a la memoria, esa oscura fantasía de hacerlo con dos hombres al mismo tiempo. Fantasía que siempre he tenido en secreteo, pero que a nadie se la he dicho ni siquiera a Bibiana hasta esos momentos. Por un corto rato continué mamando la verga de Marcos, hasta que él me preguntó del modo en que se había acostumbrado hablarme. -Vanesa putita linda, vamos los tres para la cama, para que sepas lo que es bueno, mientras que yo te doy por el chiquito, se refería a mi culo, el compadre te clava por el coño y luego cambiamos.-

El estar escuchándolo decir eso, al mismo tiempo que yo seguía acariciando mi coño y apretando mi clítoris con mis dedos, me hizo sentir un sabroso orgasmo. No tuve que responderle, tras sacar su verga de mi boca, fui la primera en acostarme en la cama. Marcos se terminó de quitar sus pantalones y su slip, y colocándose detrás de mí, sentí sus dedos acariciar mi esfínter, supongo que debió untarme algún tipo de crema, porque cuando comenzó a penetrarme por el ano, sentí como su miembro se deslizaba dentro de mi cuerpo.

En raras ocasiones, mi marido me ha hecho eso, pero siempre me duele al principio. Con Marcos no fue así, digo si me dolió algo cuando me lo metió, pero sencillamente me penetró divinamente por el culo. Por un corto instante nos movimos, hasta que Tony no tan solo se quitó el pantalón y el slip, sino que se desnudó del todo, para luego acostarse frente a mí y comenzar a introducir su verga dentro de mi coño. El resto de la noche no hubo cosa que esos dos no me hayan hecho, de manera alternada, cuando no me daban por el culo, me mamaban el coño o yo les chupaba su verga. En la mayor parte de las veces disfruté de sabrosos orgasmos, hasta que ellos finalmente terminaron por venirse sobre mí cuerpo.

Después de quedarme dormida, cuando me levanté y a duras penas me puse mi ropa y me marché a mi propia habitación. Al entrar en la habitación, me di cuenta que Bibiana me esperaba despierta, al ver en el estado en que me encontraba, se limitó a decir nada más. -Me ganaste la apuesta y por partida doble me parece.- Mientras que me conducía a la ducha me pidió que le contase todo lo sucedido, y yo en medio de mi borrachera le dije abiertamente que había hecho de todo, y hasta que me habían dado sabrosamente por el culo. A la mañana siguiente, tenía un soberano dolor de cabeza, producto de haber tomado tanto alcohol, cosa que no tengo por costumbre hacer. Ya Bibiana se había levantado, yo me di otra buena ducha, y a punta de pastillas para el dolor de cabeza, mi compañera de trabajo y yo seguimos con las ventas.

No fue hasta el medio día que Bibiana me comentó nuevamente, de manera jocosa que le había ganado de mano, al irme con esos dos tipos, a la habitación de ellos. Desde esa fecha a los momentos actuales Bibiana y yo mantenemos oculta nuestra relación, como también el sin número de veces que le he sido infiel a mi marido. Pero ese es el infierno a que me refiero, mi marido como que se está dando cuenta de que algo raro pasa conmigo, ya que me reclamó mi nueva manera de vestir, el hecho de encontrarse con mi coño depilado, y las muchas salidas de venta que tengo fuera de la ciudad. Además el gran aumento en mis porcentajes de venta. Lo triste de todo eso, es que todo me esta gustando cada día más y más y si mi esposo continua jodiendo tanto le voy a tener que pedir el divorcio.

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cuestion de tamaño

Publicado por fercho212 en Enero 3, 2009

Lo que voy a relatar ocurrió al año más o menos de haberme casado; la verdad que no puedo quejarme de mi matrimonio por que mi marido es muy bueno, fue mi primer novio y nos casamos muy enamorados, enamoramiento que continua hasta la actualidad.

Tengo una amiga llamada Liliana con la que tengo un trato relativo, digamos que no es del todo amiga pero nos frecuentábamos bastante, ella se hizo de novia y comenzó a traer a  a su novio a mi casa; con el tiempo se desarrollo un cierto trato entre las dos parejas aunque mas que nada conmigo por que mi marido es viajante y esta muy poco en casa

Me di cuenta q las cosas entre Liliana y su novio no andaban muy bien, me llamaba la atención por que el parecía muy bueno con ella. Una vez se me ocurrió preguntarle a mi amiga y me contó que no podía tener buen sexo con el por la descomunal verga que tiene de 30 cm. aprox. y de un grosor terrible; como ella es muy estrecha cada vez que él la penetraba le hacia doler tanto que antes de que el pueda acabar lo hacia salir de encima de ella esto hacia que ninguno de los dos pudiera gozar plenamente

A mi me pareció poco creíble su versión de la historia, consideré mas histeriqueada de ella que otra cosa pero lo concreto fue que el trato de ella hacia él era cada vez peor, yo lo veía al pobre muy triste incluso venia a mi casa solo y hablábamos mucho, ahí tuve la seguridad que el era la victima de las locuras de mi amiga y que no lo estaba valorando

Debo reconocer que me daba curiosidad lo que me contó Liliana sobre lo dotado que era su novio y aunque no era muy lindo tenia el  cuerpo muy bien formado, morocho, estatura, media, nariz ancha, labios gruesos, manos grandes, es decir todas las características que el mito popular atribuye a los bien dotados; se le notaba siempre un bulto muy grande sobre todo cuando me miraba ya que a diferencia de su novia que es morocha y flaca yo soy rubia, tengo el cuerpo del tipo guitarron, con curvas, lolas y cola bien grandes y cintura de avispa.

Un día el llego muy mal de una discusión fuerte que había tenido con su novia; estaba realmente triste, incluso tenia los ojos llenos de lagrimas y se lo notaba con mucha bronca. Yo lo hice pasar le di café y lo escuche para que se desahogara contándome, como lo vi tan mal en un momento le di un abrazo, el me apretó muy fuerte  y me dio las gracias por mi comprensión; estábamos los dos parados y sentí como su bulto crecía apoyado contra mi, increíblemente también me paso lo mismo, mi temperatura subió al primer contacto, del abrazo pasamos a acercar muy despacio nuestras bocas hasta terminar en un beso muy profundo y apasionado; me dijo en ese momento “desde que te conocí que te tengo unas ganas bárbaras” y nos seguimos besando sin parar; yo le dije “no podemos yo soy casada y amiga de tu novia”. El estaba de camisa y short porque hacia calor y yo tenia un pantalón ajustado y una remera que de inmediato me saco sin dejar de besarme al mismo tiempo, el se desprendía la camisa bajaba besando mi cuello desabrochándome el corpiño; mis tetas se habían puesto muy duras salieron disparadas y el las beso con mucha dulzura y sensualidad luego volvió a subir hasta mi boca y continuamos con los besos de lenguas mientras me agarraba de los glúteos apretándome contra el cada vez mas y así fuimos para el dormitorio.

Cuando quedamos los dos desnudos en la cama pude ver que su verga era descomunal y estaba durísima; sin dejar de besarnos se subió encima mío y cuando me la empezó a meter yo grite como nunca, era una mezcla de dolor y placer que jamás había sentido; a medida que iba entrando con cada empujón esas dos sensaciones eran mas fuertes y me dijo “no te imaginas cuanto hace que no puedo tener una buena descarga porque la cornuda  siempre me hace salir cuando me estoy calentando dice que le duele” y yo le dije “estoy caliente como nunca en la vida, cogeme, cogeme, me estas reventando la concha y me encanta” una vez que estaba toda adentro comenzamos a movernos como animales y gritábamos muy fuerte; tuve dos orgasmos seguidos y me di cuenta que el también estaba por acabar; lo apreté con fuerza y nos besamos a fondo; sentí el primer chorro de su semen hirviendo dentro mío que se sucedió con otro y otro y no paraba de inseminarme, jamás pensé que alguien pudiera tener tanta leche; mi vagina rebalsaba por los bordes cada vez que el se movía.

Se quedo adentro mío unos minutos, nos seguíamos besando dulcemente y le dije “fue el mejor polvo de mi vida, nunca me calenté tanto; tu novia es una entupida por lo q se pierde” eso pareció excitarlo de nuevo; su verga siempre dentro de mi concha se puso dura otra vez, nos besábamos mas y mas, empezamos el segundo polvo, esta vez con mas placer porque su verga de desplazaba mejor en mi en mi vagina al estar llena de su acabada; me calenté tanto que me subí arriba de el sin dejar de besarlo en ningún momento, mis tetas se aplastaban contra su pecho y parecían a punto de explotar, el me agarraba del culo y me apretaba lo q hacia que la verga entre en su totalidad, sentía que mi concha se desgarraba con semejante pija,  en un momento pensé que íbamos  romper la cama por la forma en que nos movíamos; le dije a los gritos “sos el mejor, sos incomparable, cogeme, cogeme, cogeme” en un momento es paso nuevamente arriba mío y acabamos juntos llegando el éxtasis total; jamás en mi vida había gozado tanto; nos seguimos besando y sentía su semen entrando otra ves hasta la ultima gota y sin dejar de abrazarnos nos dormimos por algunas horas con la tranquilidad de que mi marido no volvería.

Cuando nos despertamos el me trajo de la heladera algo frío para tomar y me trato muy dulcemente, enseguida nos metimos en la ducha y nos bañamos juntos, me encanto enjabonarlo, sobre todo su tremenda verga que con mis toques y caricias se ponía poco a poco mas y mas dura; el me acariciaba  las lolas y me abrazaba de a momentos, nos besábamos mucho, fue muy lindo todo eso y sirvió para reponernos un poco además de haber dormido unas horas. Al salir de la ducha yo seque todo su cuerpo y el seco el mío masajeándome muy suavemente con la toalla, la temperatura de los dos iba aumentando y le propuse hacerlo en la cocina sentados porque es la posición que mas me gusta; el se sentó en la silla mas fuerte de todas y yo me puse encima de el; nuestras caras pegadas, mis tetas contra su pecho, sentí como su verga entro hasta donde nunca antes había llegado mi marido; era la situación mas caliente de mi vida estábamos los dos frente a frente comiéndonos las bocas a besos; a su verga en mi vagina la sentí llegar hasta mi matriz; me movía suavemente y nos decíamos cosas calientes; así transcurrió hasta que la cogida fue totalmente plena y sentí una vez mas su acabada esta vez tan adentro que me pareció que me llegaba hasta el corazón.

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mi culito fue gozado

Publicado por fercho212 en Enero 3, 2009

Estaba algo angustiada pues no sabía como pasar mate I.

Nunca he sido buena en ello siempre me ha costado trabajo, el problema era de que mi madre siempre me ha exigido demasiado en la escuela y si reprobaba no podría irme de vacaciones a New York con una tía lindísima que tengo.

Mi profesor de mate es apuesto, delgado de ojos verdes, de facciones finitas, siempre he tenido delirio por ese tipo de hombres y en vista de lo mal que me iba me acerqué a pedirle asesoría…

Le comenté de lo mal que la estaba pasando y me ofreció ayuda, sin embargo es algo tímido, no tenía facha alguna de ser un pervertido caliente o de aquellos que se tiran a las alumnas con pretexto de que están reprobadas.

Pero algo inesperado sucedió, después de clase nos quedamos de ver en la biblioteca para que nadie pensara mal…

Después de tres días de vernos, el viernes en la tardecita estando en la biblioteca me acerqué a él porque de su lado se veía mejor el libro que del mío.

Mi brazo rozó con el suyo y sentí como mi piel se puso “chinita”, me senté a su lado, recuerdo que el calor que despedía su cuerpo era muy cálido el cual hizo que me acercara más…

Ese día terminó la asesoría, quedamos en ir al siguiente día por la tarde, considero que mi profesor no maquinó un plan pero yo si, porque me empezó a poner bien cachonda y quería un grandioso 10 en mi boleta de calificaciones.

Al dia siguiente me encontré con la sorpresa de que la biblioteca estaba cerrada y fui a su cubículo, vi que estaba sentado revisando exámenes, le dije se puede, claro pasa…

Al verme se estremeció un poco, debido a que llevaba una minifalda y debajo de ella una tanguita blanca y mi blusa algo escotadita, iba yo lista para que mi profesor de matemáticas me cogiera ese mismo día…

Me senté y comenzamos con la asesoría, después de un ratito me acerqué a él y vi como su verga estaba bien paradota, esa fue la gran oportunidad de mi vida.

Sin pensarlo me senté en ese miembro inmenso y le dije al oído:

- ¿Cree que haya posibilidad de que pase su materia profesor?

A lo cual respondió:

- Creo que si la hay, ¿Te parece si vamos a un hotel cerca?

Le dije:

- ¿Para que si aquí está perfecto?

Me comencé a tallar en su miembro sintiéndolo entre mis ricas nalgas, comencé a gemir, al verme mi tanguita me hizo saber que tenía yo un 10 en mate I

Me volteé lentamente y comencé a besar sus lindos labios y él me acariciaba mis tetas y después comenzó a mamarlas, lamerlas y estrujarlas.

Me bajé lentamente y comencé a comerme toda su verga dura y tiesa mientras él me decía:

- Eres bien putita, ¿verdad? para eso viniste para que te cogiera bien rico anda cómetela toda…

Enseguida su calentura brotó y me volteó hacia el escritorio diciéndome:

- Déjame cogerte por detrás, quiero ver esas nalgas ricas…

Me la metió en mi culito y poco a poco me la comenzó a dejar ir hasta que no resistió estar dentro y comenzó a empujármela cada vez con más fuerza mientras yo gemía rico de placer, me repetía:

- ¿Quieres 10?, pues tendrás un 10 por esta cogida tan rica que te estoy poniendo mira nada más como te gozo zorra, que rica estás, tú tienes mi verga y un 10 toma putita, toma, tu castigo por andar seduciéndome, deja te cojo como debe ser.

Yo gimiendo rico de placer ahhh, me decía:

- ¿Quieres un 10?, -Si profesor, un 10 necesito, -Pues toma tu 10 y me la deja ir todita hasta el fondo.

Después no aguanté con tanta cogida rica y me vine de tanto placer, al verme suspiró…

- Aaahhh putita rica, ven agáchate, chúpamela otra vez, anda, cómete tu caramelo, cómetelo a chupadas, devora mi verga, hazme venir riquísimo con tus mamaditas.

Hasta que lo hice venir, sentí su semen en mi boca, abrió mi boca y me la metió toda.

- Mmmmmmmm que rico me sacaste la lechita, eres toda una experta, anda sigue mamándomela hasta que me deje de salir la leche.

Nunca la había probado, fue la primera vez y me supo a gloria, me dio unos golpecitos en mis labios con su verga y así nos venimos bien rico los dos.

Pronto nos comenzamos a vestir porque vendrían los de limpieza, al verme vestida me besó y al oído me dijo suavemente:

- Está bien rica mamita, estás más que aprobada y probada por mi vergota.

Me fui feliz a casa y me relajé riquísimo en la noche.

Gracias por leer mi “aventura”, gracias por sus votos, un beso enorme…

Claudia

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FOLLANDO CON MI ALUMNA

Publicado por fercho212 en Diciembre 26, 2008

FOLLANDO CON MI ALUMNA Su conchita exprimía mi pene de una forma única, sus jugos me empapaban el pene y salía mojado dentro de su cueva. No soltaba sus caderas mientras le metía cada vez más al fondo mi verga

Hola:

Se acordarán aún de Elenita, les conté con lujo de detalles la sesión que tuvimos luego de un cumpleaños. Pues una de sus amigas, Carlita, es una chica que no se lleva bien con los cursos pero con suerte pasó todos. Ahora le tocó llevar uno conmigo y valgan verdades, ella se esfuerza y logra aprobar con la nota mínima. Pero una pregunta subjetiva me permitió desaprobarla en un curso e iniciar conversaciones con ella.

Su padre fue mi jefe en una empresa donde trabajé antes y creo que no supo valorar mi trabajo porque me despidió. Felizmente ahora estoy muy bien y estoy seduciendo a su hija con algunos regalitos. Carla es más alta que yo y eso me hace imaginarla como una yegua salvaje a pesar de su carita de inocente ovejita. Su piel es clara, no pálida, y su cabello castaño.

A ver, ¿qué creen que le he visto que me ha llevado a planear una estrategia para llevármela a la cama? Su vocecita, su inocencia y sobre todo su par de tetas que veo a través de su escote y su culito que tiene la forma de una manzanita.

Ella siempre asiste a clases en minifalda lo que me provoca ver qué calzoncitos usa. Así que preparé un maletín con una cámara de video dentro de él y me decidí a filmarle su ropa íntima. Además para esta ocasión conversé antes con Martín, un guardián de la facultad, para que me ayude a comunicarle el mecanismo de aprobación del curso que tenía reservado para la ricotona de Carlita. Él había quedado con una alumna para que le cuente una ficticia experiencia el año pasado en la cuál le había colocado la calificación necesaria para aprobar pero a cambio de una hora de sexo oral en mi casa.

Vayamos a la fecha tan esperada. Llegada la entrega de notas parciales fui entregando uno por uno mientras iban saliendo del salón, le entregué primero a los amigos de Carla para que fueran los primeros en salir del aula y luego de entregar treinta y cuatro exámenes le tocaba el turno a mi futura comidita.

- Señorita Carla. la llamé. – Usted ha obtenido una calificación desaprobatoria en este examen.- Pero profesor. – me dijo con voz de rogarme que la ayude. – No entiendo los temas del curso, es que no les presto mucha atención porque no son mi rama de Derecho. Yo voy a la parte penal, no civil. – Carla, este curso es obligatorio y lo mejor es que de una vez te liberes de él. M- Profesor, yo me voy a esforzar y de seguro que aprobaré aunque sea con once.

Al ver que ella no estaba asustada utilicé mi semblante más serio y le dije con lentitud:

- Tú no vas a aprobar mira tus notas, no te alcanza.

Allí ella hizo algunas sumas mentales y realmente me di cuenta que ni revisaba las notas de ese curso. No le interesaba en lo más mínimo. Yo le había cambiado un dieciocho por un once y ella no se daba cuenta. Coloqué la planilla de notas a mi derecha para que ella se empinara a ver las notas. Sutilmente empujé el maletín por debajo de sus piernas para grabar su ropa interior. Fueron minutos en los que tenía cerca de mí sus senos, sentía el aroma de un perfume que se había echado en el pecho. Pero casualmente ese olorcito provenía también de más abajo, se lo había echado en sobre su pubis.

No me aguanté las ganas de ver su interior y la dejé con la planilla para que revise bien sus calificaciones. Cogí mi maletín y me fui al baño a ver la imagen de su entrepierna. Llevaba una tanguita blanca, con estampado de corazoncitos. Qué dulzura de mamacita. Se le veían las nalgotas y sus piernas de leche, blancas y grandes. Vi a Martín revisando las puertas de las aulas vacías, le dije:

- Martín, ya tengo a Carla en el salón, manda a la chica que dices. Rápido pues varón, jajaja. Que se me va ese culito.

Él llamó por celular a una chica y le dijo que viniera en ese instante. Le pagué a Martín por su colaboración y le dejé un billete más para la chica que había contactado.

La vi subir por las escaleras, y al ver a Martín le hizo una seña preguntándole por el salón al que tenía que entrar. Justo esta en la puerta del Z-202 y Martín le indicó que allí debía entrar. Yo entré por la otra puerta y encontré a las dos chicas conversando. Así que cogí una revista y empecé a hojearla. Le dije a Carla que por favor se apresurase en revisar su examen, para darle presión y lograr que tome una decisión sin pensarla tanto.

Noté que la chica le decía a Carla que ella había llevado el curso el año pasado y con su mano le hizo el ademán de que agarraba un pene y se lo metía a la boca. Carla se tapó la boca con ambas manos, en una expresión de sorpresa y me miró asustada. Yo mantenía mi mirada seria haciéndome el desentendido.

La chica se fue y Carla permanecía sentada. De pronto se puso de pie, se acercó despacio a mi escritorio y me preguntó:

- Profesor, ¿Si doy el examen oral?

Me sentí en la gloria Carla había accedido a chupármela y no sabía que en mi casa luego de unas copas terminaría abierta de piernas sobre mi. La miré a los ojos, y le dije:

- Está bien Carla, vamos en mi auto.

Ella cerró los ojos, y luego miró al techo. Buscaba la respuesta a lo que estaba haciendo.

- Vamos. – le dije.

Y empujándola suavemente por la parte baja de la cintura, la conduje delante mío hasta la puerta del salón y luego hasta el estacionamiento del primer piso. Marqué mi salida del campus y llamé a Carlita. Ella permanecía mudita, sólo asentía con la cabeza. Salimos en el auto y tomé una vía rápida a un hotel que está a dos cuadras, como tenía un vino en el auto pensé en acelerar las cosas porque esta chica ahora estaba algo nublada y aprovechar esa circunstancia era la clave de una noche de pasión inolvidable.

Llegamos al hotel y no tenía estacionamiento discreto. A plena luz del día salimos del auto y en la puerta le dije:

- Carla, esto va a ser rápido, deja todo en mis manos.

Ella volvió a asentir con la cabeza. La noté triste y dejé de mirarla porque sino iba a ser imposible para mí follármela como a una perra que es la forma en la que me gusta poseer a las jovencitas con las que consigo tener relaciones sexuales.

Vi autos de otros profesores pasar por la avenida y algunos alumnos caminando. Pero me dio la gran sinvergüencería y quería mostrar a todos el lomazo de hembra que me estaba llevando a la cama. Ella si estaba algo sonrojada e incomoda, y yo con el celular hacía como que leía mensajes. Hasta que ella me dijo:

- Ya, entremos. – Ya, mi amor. – le respondí. – No te apures.

Entramos y la señorita que atendía me miró con cara de odio, sabía que me la chica que estaba conmigo no era ni mi esposa, ni mi novia, ni mi amiga. Se notaba que era una alumna varios años menor que yo y que estaba nerviosa. Le pedí las llaves de un cuarto. Me dio las de un cuarto barato y no se las acepté. Le pedí la mejor suite del hotel. Carla esbozó una sonrisa, sintió vanidad de saber que para mí ella no era cualquier chica. Así que aproveché para decirle: – Tú me gustas Carla. Perdóname por hacerte esto, pero deseo tu cuerpo.

Y la besé. Ella sollozó un poco. Yo tenía ya la llave del cuarto en mi mano y le dije que vaya avanzando. Le di las llaves a ella y me fui a traer el vino que estaba en el auto. Al regresar entré al cuarto y la encontré mirándose al espejo, se había lavado la cara, estaba sin maquillaje. Me acerqué detrás de ella y la abracé.

- Carla, ves mi vida, te ves hermosa.

Desabroché su blusa.

- Mira tus senos, ¿no son perfectos? ¿Qué más puedo desear yo que besarlos y tocarlos?

Sentí que sus hormonas estaban desplazando a su razón. Y más aún cuando se dejó caer hacia atrás pegando sus nalgas a mi pantalón. Y empezó la pasión entre los dos. Besé su cuello y terminé de sacarle la blusa. Su espalda estaba cubierta por su cabello castaño lacio. Lo hice hacia un lado y besé su espalda desde la nuca, hasta su cintura. Jalé su faldita hacia abajo pero estaba abrochada, ella solita la desabrochó. Y vi el calzoncito con los corazoncitos. Y besé su culo sobre el calzoncito. Ella se reía, sintió cosquillas. Soplé sus nalguitas y apliqué todos los juegos que sé que recibían con placer las chicas de su edad. La palpé bien y le di unas tanditas. Viendo su potito firme moverse todo junto, estaba tan durito. Le dije:

- Carlita, que rico culito tienes, mamacita. ¿Vas al gym? – Corro en las mañanas y hago aerobics en mi casa. – Me respondió, presumiendo su manjar de carnes. Y tus piernazas, te deseo toda Carla. Toda y la puse frente a mí, frente a frente. Miré sus ojos con lujuria e hice que me mire mientras observaba sus pezoncitos remarcados sobre el brasier y un punto de humedad marcado en su calzoncito.

- Qué rica eres Carlita, te has excitado para mí. Ven tómate este vino para que te desinhibas y de una vez hagas lo que has venido a hacer para irnos.

Totalmente cínico, porque yo la quería tener horas de horas.

Ella tomó mucho vino de un sólo trago. Y cogiéndola de una mano y de la cintura hice la maña de bailar con ella. Frente a un espejo viendo sus caderas moverse. Mientras más la movía noté que ya estaba haciendo efecto el vino. Le eché sobre la cama y le dije: – No vamos a tener sexo pero te voy a sacar toda la ropa.

Le saqué el calzón y se lo puse en una mano. Le dije:

- Mira, tal vez tú no quieras hacerlo ahora pero tu vagina dice otra cosa.

Saqué su brassier y se lo puse en la otra mano. Le besé los senos. Ambos pezones y toda la redondez de sus tetas. Dejándolas mojadas con mi saliva. Me dirigí a su vagina y le hice una rica sopita, el sexo oral a ella. Lamiéndole el clítoris, y besando sus labios vaginales. Le sobé su conchita rica y miraba su carita de placer.

Cuando noté que su conchita me contaba lo excitada que estaba me fui rápido cerca de su cabeza, al otro extremo de la cama y le mostré mi boca entreabierta. Sin palabras le dije que abra su boquita. Ella obedeció y acerqué mi pene sólo un poco. Ella estiró su cuello para alcanzarlo y yo lo retiraba. Estábamos en el juego en que ella quiere chupármela y yo no le dejo. Hasta que noto mi pene bien erecto y se la emboco.

Estaba parado al borde de la cama y allí tenía tendida a una hembrasa chupándomela. Ella me mamaba la verga, chupaba y chupaba. Sentía el sonido de sus chupadas y el placer en mi glande y a lo largo del falo. Ella soltó sus prendas íntimas y dirigió sus manos a su zona vaginal. Se estaba masturbando. Que escena tan erótica verla chupándomela y buscando placer en su conchita.
Miré la botella de vino aún por la mitad la cogí y le dije que tomara más. Ella aún con la boca abierta recibió todo el resto de la botella. La cargué. Ella estaba trepada en mí. Yo la cogía bien de su culito y le iba jugueteando la vulva y el anito. Ella tenía su cabeza sobre mi hombro derecho. Era toda una yegua, pesaba mucho pero era mi trofeo sexual.

La encajé aún cargada sobre mi pene. Y así trepada en mí empecé a penetrarla mientras ella daba pequeños saltos. Empezó el coito rico que sólo una veinteañera te puede dar. Que delicia sentir su piel suave y su concha caliente. Todas las hormonas revoloteando dentro de ella y su cuerpo que se deja llevar por el mío.

Rico me hacía sentir sus apretones aunque era incómodo tenerla cargada. El placer me daba la fuerza para cargar tremenda potra. Le dije:

- Bebita, a la camita.

Ella sonrió, ya era mi hembrita. Estaba gozando conmigo. Me recliné sobre la cama pero su peso me venció y caí de espaldas en el colchón, ella sobre mí sus mangazos firmes frente a mí, su cara de tierna pasó a la de una ninfómana. Y fue ella la que empezó a cabalgar sobre mí. Meneando sus caderas y apoyando sus manos sobre mi pecho. Yo le cogí las tetas, le jalaba los pezones. No descuide su colita que acariciaba con lujuria. Era un monumental rabo, en el espejo veía su rabo blanco asfixiando a mis testículos, y dando saltitos la muy putita.

Fue un golazo llevar a esta chiquita a la cama, se mueve bien, está rebuena y es una nenita. Le dije que me venía que se la tome y ella obediente cogió mi pene con su mano y me la mamó, se tomó mi semen.

Lo dejó caer sobre las sábanas. Ella se paró sobre la cama y con las piernas separadas me mostró su vagina, me dijo:

- Mira, la tengo húmeda. ¿Te gusta? – Si mami, es rosadita y tus labios hinchados me vuelven loco.

Ella se volteó de espaldas a mí y acercó sus nalgas a mi cara, tapándome la cara. Le cogí las nalgas con las manos y le lamí el anito y la conchita. Mi dedo se internó en su abertura anal explorándola y sintiendo el calor de su cuerpo.

Ya con la erección recobrada, ella se inclinó hacia delante y empezó a chupármela yo le correspondí y quedamos en un rico 69, con mis manos en sus piernas y culo y su boca en mi pene. La estaba haciendo mía.

Ya era mucho placer oral y quería volver a penetrarla. Ella misma vino hacia mí y me besó. Yo le acariciaba la cinturita. Y ella meneaba su cola, esta hembrita estaba con el instinto a flor de piel. Pidiendo más fricción.

La coloqué en cuatro al borde de la cama, para acomodarla la manoseé como quise. Le agarré las piernas, las tetas. Las caderas, y junté sus rodillas. Tenía la manzanita frente a mí, perfecta y bella. Bajo sus nalgas se encuadraba un hermoso rosoncito, era su conchita húmeda, sus labios separados y pegados a los bordes delataban mi penetración cuando la había cargado.

Así con la presión ideal, de sus rodillas juntas. La fui penetrando trepado sobre ella. Impactando sus nalgas en cada embestida. Me dediqué a hacerla gozar como perrita, en cuatro patitas, viendo su ano contraerse de placer, su cabello agitándose, su tremendo culo meneándose en la pose que es mi favorita. Siento que la someto y su expresión de placer me excita más. Verla a ella entregada a mi satisfacción, sus genitales mojaditos con lo mío ensartado dentro de ella. Tan jovencita y tan putita.

- Toma Carlita, recibe mi verga. – Mmmm, dámela todita. – Toma mi nenita. Cómo me gusta tu culo.

Poseída por la pasión ella empezó a responder mis embestidas y dejé que ella haga todo solita. Se movía y masajeaba mis huevos y principalmente mi pene. Era la hembra que tuve en sueños húmedos, hambrienta de sexo y colaboradora.

Su conchita exprimía mi pene de una forma única, y su olorcito a perfume se iba volviendo un olor a sudor, sus jugos me empapaban todo el pene. Me excitaba cada vez que la penetraba y mi pene salía mojadito dentro de su cuevita rica. Allí entre sus piernas que había abierto para mí. No soltaba sus caderas mientras le metía cada vez más al fondo mi verga, tenía que aprovechar esta primera vez que caía Carlita, tal vez nunca más habría una oportunidad con ella.

Sus movimientos y su ritmo no se detuvieron hasta que la abracé para eyacular. La abracé y la penetré profundo cuando sentí que me venía. Mucho semen salió de mi pene. Estaba satisfecho de follar a Carla. Ella estaba algo adolorida, en esa última pose había forzado mucho a su vagina.

- Te portaste bien princesa.

Le di unas suaves nalgadas y le dije para irnos.

Fueron tres polvitos deliciosos con Carlita. Quedé cansado y echado en la cama veía su hermosa figura, ella vistiéndose solita, acomodando su ropa interior a su cuerpo. Creo que nunca la habían llevado a un hostal porque no se bañó. No me importó porque prefería su olor a sexo en el auto que tenerla limpia.

Me cambié, y así vestidos la besé y manoseé a mi gusto. Apretándole las nalgas. Le dije que había estado fabulosa. Ella se dejaba tocar, y sonreía.

- Vamos ya. – Le dije.

Fuimos al auto y le dije que la dejaría cerca a su casa. Ella me pidió que la dejara cerca de la universidad porque la recogería un amigo suyo. Le dije:

- O sea que lo que hoy me invitaste tiene dueño. – No, en realidad mi papá me va a recoger.

No le respondí nada en el camino. Pero al divisar a lo lejos el auto de su padre ella me dijo que me detuviera por allí no más. Me hice el que no escuché y aceleré hasta detenerme al lado del carro. Su hijita bajaba de mi auto recién follada y bien atendida. Sin maquillaje, sudadita.

- Hola hermano. – lo saludo. – Nos vemos. – Hola. – me responde.

Termino este relato con un pseudo refrán. No hay que tener resentimientos con nadie. Por salud mental. Gracias a Carlita y sus dotes en la cama yo ya no tengo resentimientos con mi colega…

Pregunto, ¿Después de cepillarme una hembrita así no merezco su aprobación?…Entonces gracias por sus votos…

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